Voz y contravoz

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VOZ

Te ataré
a los puños
como una llama,
dolor de servir
a cosas estultas.
Echaré a correr
con los puños en alto
por entre las casas
de los hombres.

Hemos dormido, todos,
demasiado.

Dormido
a plena luz
como las estrellas
a pleno día.


Dormido,
con las lámparas
a medio encender;
enfriados
en el ardimiento solar;
contando el número
de nuestros caballos,
viendo crecer
nuestras veinte
uñas.

¿Cuándo?
los jardines del cielo
echarán raíces
en la carne de los hombres,
en la vida de los hombres,
en la casa de los hombres?

No hay que dormir,
hasta entonces.
Abiertos los párpados;
separados en los dedos,
si quieren ceder,
hasta enrojecerlos
por el cansancio,
como los círculos
lunares,
cuando la tormenta
quiere
desmembrar
el universo.

CONTRA VOZ

Entierra la pluma
antes de atarte a los puños
como una llama
el dolor de servir
a cosas estultas.

Por su punta,
como por los canales
que desagotan el río,
tu agua se desparrama
y muere en el llano.

La palabra arrastra limos,
pule piedras,
y corta selvas imaginarias.


Piden los hombres
tu lengua,
tu cuerpo,
tu vida,

Tírate a una hoguera,
florece en la boca
de un cañón.

Una punta de cielo
rozara
la futura
casa humana.