Zaratustra 2:De las tres transformaciones

De Wikisource, la biblioteca libre.
Saltar a: navegación, buscar

Así habló Zaratustra
De las tres transformaciones del espiritu
de Friedrich Wilhelm Nietzsche


Tres transformaciones del espíritu os menciono: cómo el espíritu se transforma en camello, y el camello en león, y el león, finalmente, en niño.

Hay muchas cosas pesadas para el espíritu, para el espíritu fuerte, de carga, en el que habita la reverencia. Su fortaleza demanda cosas pesadas, y las más pesadas.

¿Qué es pesado?, así pregunta el espíritu de carga, y se arrodilla, como el camello, y quiere que lo carguen bien.

¿Qué es lo más pesado, oh héroes?, así pregunta el espíritu de carga, para que yo cargue con ello y mi fortaleza se regocije.

¿Acaso esto no es: humillarse para lastimar a su orgullo? ¿Hacer brillar su locura para burlarse de su sabiduría?

¿O acaso es: apartarnos de nuestra causa cuando ella celebra su victoria? ¿Subir a altas montañas para tentar al tentador?[1]

¿O acaso es: alimentarse de las bellotas y de la hierba del conocimiento y sufrir hambre en el alma por amor a la verdad?

¿O acaso es: estar enfermo y enviar a paseo a los consoladores, y hacer amistad con sordos, que nunca oyen lo que tú quieres?

¿O acaso es: sumergirse en agua sucia cuando ella es el agua de la verdad, y no apartar de sí las frías ranas y los calientes sapos?

¿O acaso es: amar a quienes nos desprecian[2] y tender la mano al fantasma cuando desea causarnos miedo?

Todas esas cosas, las más pesadas, lleva sobre sí el espíritu de carga: semejante al camello que cargado corre al desierto, así corre él a su desierto.

Pero en lo más solitario del desierto tiene lugar la segunda transformación: El espíritu aquí se transforma en león, desea capturar la libertad y ser señor en su propio desierto.

Aquí busca a su último señor: quiere convertirse en enemigo de él y de su último dios, luchará por la victoria con el gran dragón.

¿Cuál es el gran dragón, al que el espíritu no quiere llamar ya señor ni dios? El gran dragón se llama »Tú debes«. Pero el espíritu del león dice »yo quiero«.

El »Tú debes« se halla apostado en su camino, como un animal escamoso de áureo fulgor, y sobre cada escama brilla áureamente »¡Tú Debes!«

Valores milenarios brillan en esas escamas, y el más poderoso de todos los dragones habla así: »Todo el valor de las cosas – brilla en mí.«

»Todo valor ha sido ya creado, y todo valor creado – soy yo. ¡En verdad, no debe haber más ningún ›Yo quiero‹!« Así habla el dragón.

Hermanos míos, ¿para qué se requiere del león en el espíritu? ¿No basta la bestia de carga, que renuncia y es respetuosa?

Crear valores nuevos – todavía el león no puede hacer eso: mas crearse libertad para nuevas creaciones – eso puede hacer el poder del león.

Crearse libertad y un no sagrado incluso frente al deber: para eso, hermanos míos, se requiere del león.

Tomarse el derecho de nuevos valores – ése es el tomar más horrible para un espíritu de carga y respetuoso. En verdad, eso es para él robar, y cosa propia de un animal de rapiña.

En otro tiempo amó el »Tú debes« como lo más sagrado: ahora tiene que encontrar ilusión y arbitrariedad incluso en lo más sagrado, de modo que robe el quedar libre de su amor: para este robo se requiere del león.

Pero decidme, hermanos míos, ¿qué puede hacer el niño que ni siquiera el león ha podido hacer? ¿Por qué el león rapaz tiene que convertirse todavía en niño?

El niño es inocencia y olvido, un nuevo comienzo, un juego, una rueda que gira por sí misma, un primer movimiento, un sí sagrado.

Sí, para el juego de la creación, hermanos míos, se requiere de una afirmación sagrada: el espíritu quiere ahora su voluntad, el que perdió el mundo gana ahora su mundo.

Tres transformaciones del espíritu os he mencionado: cómo el espíritu se transformó en camello, y el camello en león, y el león, finalmente, en niño. –

Así habló Zaratustra. Y por aquel entonces residía en la ciudad que es llamada: La Vaca Multicolor[3].

De las tres transformaciones

  1. Reminiscencia, modificando su sentido, del Evangelio de Mateo, 4, 1. En el evangelio es el Tentador el que sube a la montaña para in¬ducir a Jesús a pecar.
  2. Véase el Evangelio de Mateo, 5, 44: «Amad a vuestros enemigos.»
  3. La expresión «La Vaca Multicolor» (die bunte Kuh) es traducción literal del nombre de la ciudad Kalmasadalmyra (en pali: Kammasuddaman), visitada por Buda en sus peregrinaciones.