A orillas del mar (Verdaguer)

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​A orillas del mar​ de Jacinto Verdaguer
Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

Subir me place al alto promontorio
Que el piélago domina,
A meditar mientras el sol radiante
Desde el zenit declina.

A la luz de esa antorcha miro el cielo,
Y cubierto de espuma
El dilatado mar; grandeza tanta
Mi pequeñez abruma.

Hablo, y escucho á las galanas ondas,
Y en mágico espejismo
Gozóme en festejar muertos ensueños
Que evoco del abismo.

¡Cuántos castillos levanté en la playa!
Derribólos el viento
Con sus torres y cúpulas altivas
De oro, y cristal, y argento.

Poemas ¡ay! que fueron un instante
Juguete de garzones;
Conchas que salen á la orilla, y vuelven
A incógnitas regiones.

Naves empavesadas que zozobran
En un albor de mayo;
Islas de oro que nacen, desparecen,
Del sol al primer rayo.

Ideas que mi ardor arrebatando
Abrevian mi existencia,
Cual ráfagas que flor marchita envuelven
Y le roban la esencia.

Algo al vivir ó al corazón le quita
Huyendo la oleada;
Los tumbos que ahora vienen ¿qué me piden,
Si ya no tengo nada?

Con las olas del mar ó las del tiempo
Iré á senos profundos.
¿Porqué, porqué, engañosa poesía.
Me enseñas á hacer mundos?

Lo que escribí en el polvo, el polvo borra;
¡Quién nada hubiera escrito!
¿Qué soy, Señor, qué soy? Grano de arena
Del mar de lo infinito.