Album poético-fotográfico de las escritoras cubanas/María de Santa Cruz

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Album poético-fotográfico de las escritoras cubanas (1868) de Domitila García de Coronado
María de Santa Cruz


María de Santa Cruz.jpg


María de Santa Cruz.




 «Nació á la sombra de un bosque vírgen
Y en las orilla de un manantial;
Por eso es ella sincera y pura.
Crédula á veces, falsa jamás.»


 En los cantos de la dulce poetisa Maria de Santa Cruz, no se deben buscar los acentos delirantes de la sublime Safo, la espresion severa y elocuente de Madama Staël, ni las vagas y sombrias imágenes de los cantos de Ossiam.

 En ellos no hay sino la queja sensible de su alma pura, las mas santas efusiones de filial cariño, y el amor hácia la virtud.

 No busca la inspiracion en los goces ni los pesares del mundo porque desconoce los primeros y acalla los segundos al eco blando y apacible de su sonoro laúd.

 Aplicables á ella misma nos parecen los versos que preceden á estas líneas. Nació en la jurisdicion de la bellísima ciudad de Matanzas en el partido de la Cidra: sus padres son los Sres. D. Francisco Javier y D.ª Maria del Cármen Figueras, condes de Mompox y de Jaruco.— Ellos han sido los maestros á quienes debe su instruccion, así es que por una parte su natural sensibilidad y timidez, como tambien la condicion de no haber salido jamás del estrecho pero dulcísimo recinto de su hogar, sin embargo de contar con una rica imajinacion y un estro lleno de armonia; ha limitado, puede decirse, sus inspiraciones á aquellos miembros mas amados de su familia, y con una gracia y abnegacion sublime repite á cada paso: «ella sola ha llenado siempre todos los momentos de mi vida.»

 Es decir que Maria de Santa Cruz no es la poetisa á quien el mundo alzará en su loor un himno de admiracion, porque quizás ni aun conoce el eco suave de su voz; pero en cambio en el santuario de su hogar siempre arderá radiante y bella la antorcha de la fe; siempre habrá para ella una flor fragante que embalsame su existencia, una palabra tierna que cual música dulce resuene en sus oidos y estre mezca su alma de placer.

 La primera inspiracion de Maria fué escrita por un acontecimiento de familia cuyo relato haremos mas adelante porque ahora vamos á ocuparnos de la siguiente composicion.

 Del lugar en que nació se trasladó muy niña aun, en union de su familia, al pintoresco y delicioso valle nombrado «La Macagua,» donde vivió feliz y tranquila sin que viniera la mas ligera nubecilla de pesar á empañar el claro horizonte de su risueña vida, hasta que por fin quiso el destino sufriese la pena de que para siempre le diera un adios tan triste como eterno á aquel lugar que amaba con delirio.

 Mr. Alfonso de Lamartine en semejante caso lo hubiera rescatado vendiendo unas pajinas recargadas de recuerdos que nutrían su alma encantándola; porque entre la idea de que los nuevos dueños de su amado recinto hollarían con planta irreverente los sitios en que oraba su Madre, y el hacha de la industria derribaría los árboles bajo cuya agradable sombra jugaba con sus hermanos, prefirió profanara mas bien el mundo con ávidas y curiosas miradas el libro de sus «Confidencias» y le diera por galardon una estúpida carcajada que miéntras resonaba en el espacio él oiria al despertar de mañana el agua del torrente á cuyo pié leyó y se inspiró con la «Jerusalen libertada,» y el canto de los gorriones y golondrinos posados en la cornisa de su ventana.

 Pero Maria, llena de sin par resignacion, dió una doliente mirada á aquellos bosques y prados, y volviendo los ojos á su adorable hermana Elena, hizo el siguiente bellísimo romance que vió la luz en el periódico «La Prensa,» y mas tarde lo imprimió en el «Libro de los amores» D. José Fornaris, por hallarse intimamente relacionado con muchas de las composiciones de dicho libro.

A MI HERMANA ELENA.




 Admite en este romance
En vez de versos el alma,
Y un suspiro y un recuerdo
Y mi adios á la Macagua.
Adios dulce como triste,
Cual toda dicha pasada;
Adios triste, porque entónces
Me despedí como ingrata;
Adios dulce, porque enjugas
Tú mis lágrimas amargas.

 Es de noche.— Entre las sombras
Triste el pensamiento vaga
En dulces melancolias
Y en ilusiones doradas.
La hermosa luna aparece
En trono de nubes blancas,
Y allá á lo lejos se oculta
Entre las nubes opacas.
La brisa murmuradora

Mis mejillas tierna halaga,
O jugando con las flores
Se mece entre verdes ramas;
Y yo triste y conmovida
Oigo el rumor de las auras,
El cielo miro, las flores,
Y la bóveda azulada;
Y un recuerdo por mi mente
Como un relámpago pasa,
Un recuerdo de otros tiempos
Encerrado aquí en el alma.
¿Por qué recuerdo tan triste?
Como esa noche estrellada
Así fueron tan hermosas
Las noches de la Macagua.
Esa fué su despedida,
Aun así pienso mirarla.
La luna pálida y bella
Rodaba entre nubes blancas,
Que á mis ojos parecian
Mil palomas en bandadas.
Bellas flores su perfume
Me regalaban ufanas,
El cefirillo un suspiro,
La luna rayos de plata.
Un jobo coposo y alto
En nuestro huerto se alzaba,
Y verdes enredaderas
A su tronco se abrazaban.
La olorosa madreselva
Adornó sus secas ramas
Con ramilletes de flores
Y follage de esmeralda.
Y los ojos del poeta
Y otras flores enlazadas
Formaban del alto jobo
Una gigante enramada.
La enramada al verme triste

Tiernamente suspiraba,
Y parece que decia:
==«Adios, adios, niña amada.»==
Y el campo ¡con qué tristeza
Su despedida me daba!
La fresca brisa amorosa
Besaba las verdes cañas,
Y acariciando mi frente
Parece que murmuraba:
==«Abandonas estos campos
Y te vas alborozada,
Olvidando á los amigos
De la infancia, niña ingrata.
¿Piensas tú que en las ciudades
Cual lo pinta tu esperanza,
Encontrarás corazones
Mas firmes? ¡Ilusion vana!
La amistad fiel y sencilla
Vive siempre desterrada
De la ciudad; vive solo
En los valles y montañas.
Mas no escuchas mis suspiros,
Abandonas tus cascadas,
Tus palmeras y tus bosques....
Adios, adios, niña ingrata.»==
Los grupos de verdes mangos
A lo lejos divisaba
Que tiernos me despedian
Doblando sus copas altas,
Y mas lejos todavia,
Miraba las guardarayas,
Y los güines y penachos
Que coronaban las cañas.
¡Cómo mirando los güines
Les hallaba semejanza,
A los indios ó guerreros
De las edades pasadas!
La luna ¡con qué tristeza

Parece que me miraba!
De los árboles frondosos
Penetrando por las ramas
Envió á mi abatida frente
Un rayo de luz plateada.
Y==«parte, me dijo entónces,
Pero pierde la esperanza
De volver á ver, Maria,
Estos campos de esmeralda.
Me verás en todas partes,
Pero nunca niña amada,
Me encontrarás tan hermosa,
Como aquí me contemplabas.
Adios por siempre Maria,
Las noches de la Macagua;
Adios, adios, para siempre,
Para siempre niña ingrata.»==
 Adios bosques y palmeras,
Adios bellas guardarayas,
Adios altos algarrobos,
A cuyo tronco abrazada
Ví nuestros campos un dia
Presa de terribles llamas;
Allí levanté á la Vírgen
Mi fervorosa pleg iria
Viendo el voraz elemento
Reducirlos á la llama.
Adios paisage que al Norte
Pintoresco te levantas,
Cuyas fábricas risueñas
Divisaba en lontananza
Entre el humo de sus torres
Y entre un mar de verdes cañas.
Y ¡adios hogar, hogar mio;
Que tan hermoso te alzabas!
¡Con qué natural belleza
Circundaban tus barandas
Las rosas y cambusteras

En caprichosas guirnaldas!
Tú eres mi cesto de flores,
¡O pacífica morada!
Y yo, la elegre paloma
Que en las flores me posaba.
Si allí muy queridas prendas
Me arrebataron las Parcas,
Allí las luces primeras
Vieron otras prendas caras.
Adios pobres labradores,
A quienes la suerte infausta
Miró con sañudo rostro
Cual hijos de la desgracia;
A quienes mi padre un dia,
(Memoria querida y santa)
Consoló con voz afable
En pura uncion empapada.
Adios, todos mis recuerdos,
Adios, huertos y enramadas,
Adios violas y jazmines,
Y lirios y rosas blancas;
Adios, luna. Donde quiera
Miraré tu faz nublada,
Hallaré tus rayos tristes
Y tristes tus nubes blancas,
Y esclamaré adolorida:
¡Con qué pesar me mirabas!
¡Con qué dolor me decias:
==«Adios, adios, niña ingrata!»==
No soy tan ingrata, luna,
Pues siempre llevo en el alma,
Con su luna y sus estrellas,
Las noches de la Macagua.


 Habíamos aplazado para mas adelante relatar los motivos de su primera inspiracion, que no dejan de encerrar gran interés; por lo menos si se estima concienzudamente el valor del objeto á que fué consagrado y la circunstancia que la ocasionó.

 Unos asuntos de gran interés y cuyas trascendencias penosas iba á sufrir injustamente su bondadoso padre, lo alejaron del lado de la virtuosísima familia que cifra en él su mas bello porvenir, su ventura en fin; y las distintas fases que iba tomando el asunto así como el doloroso sentimiento de perder una parte de su fortuna le causaron un pesar profundo, y el génio de la melancolía bajo sus lánguidas álas doblegaba la venerable frente del noble anciano; pero ¡ay! que entonces el cielo con un destello purísimo vino á iluminar la frente de'Maria, y con el arpa divina de Apolo preludió un canto á cuyo eco había de renacer la alegría y la esperanza en el alma de un padre abatido y sin aliento.





 La voz de mis hermanas uniéndose á mi acento
Te ofrecen, tierno padre, filial inspiracion:
Verás en cada verso y en cada pensamiento
La voz de nuestras almas, la voz del corazon.

 No invocaré á las flores, ni al refulgente dia,
Ni al armonioso canto del tierno ruiseñor;
Si acaso no es bastante la pobre lira mia,
¡Oh padre idolatrado! me bastará mi amor.

 Yo buscaré espresiones que sepan conmoverte:
Mi amor lo encuentra todo, mi amor los hallará,
Porque mis dichas todas se cifran en quererte:
Contigo vá mi vida, contigo mi Dios vá.

 Si el mar nos lanza un dia, rujiendo furibundo,
A alguna estéril roca y con tus hijas vas,
Conformes perderemos las dichas de este mundo:
Si tu nos amas siempre ¿qué importa lo demás?

 No sufras, ni abatas porque la suerte dura
Nos siga presentando desconsolada faz;
Nos basta tu cariño, nos basta tu ternura
Para vivir dichosas en sosegada paz.

 Tú formas el tesoro que tengo mas precioso,
La vida de mi vida, mi luz, mi inspiracion;
Y en tus amantes brazos ¡oh padre cariñoso!
Tu amor y tus caricias mi recompensa son.


 Hay tales tesoros de ternura y bondad en su corazon que es imposible conocerla sin amai'la con esa respetuosa pasion que inspira la virtud.

 Su vida carece de los episodios curiosos que embellecen las pájinas en que se consignan los nombres de las celebridades que dan gloria á la Patria.

 Para ella se limita el mundo en su casa, sus encantos en la familia y cuanto no tenga relacion con ella nada le inspira.

 Es virtuosa y humilde como la persona mas infeliz: ni los bienes, ni los títulos, que de tiempo inmemorial blasonan el ilustre nombre de su generacion, ni las muy justas celebraciones que le han prodigado muchos poetas, han podido llevar hasta su alma el indomable brio del orgullo, ni el vértigo de la vanidad: muy léjos de esas mezquinas pasiones dista el corazon de esta dulcísima cantora cubana: observen nuestros lectores el reflejo de sus sentimientos en la siguiente sentida composicion.




 Es de los prados violeta humilde,
Que entre sus hojas se ve temblar,
Si la acaricia céfiro blando
Gratos perfumes recogerá.


 Es filon rico que en sus entrañas
Encierra á veces el pedernal,
Y la constancia sola del hombre
¡Cuántas riquezas suele encontrar!

 Es la corriente que inagotable
Sale perenne del manantial,
Y aunque parece que ya está exausta
Nunca sus aguas se agotarán.

 Yo no la brindo, vale tan poco,
Pero la acepto siendo cordial;
Y agradecida le formo tierna
Aquí en el alma sagrado altar.

 Porque es un rayo de luz divina,
Que penetrando la inmensidad
Llega á nosotros como consuelo,
Y como un lazo de amor y paz;

 Yo no la brindo porque me temo
Si mis protestas rechazarán,
Y tiemblo solo que llegue el mundo,
Mis ilusiones á marchitar.

 Yo soy tan débil que me pregunto
Allá á mis solas con ansiedad,
Si de esta vida triste y amarga
Los desengaños podré arrostrar.

 Por eso nunca rechazo votos;
Pero entre dudas dice mi afan
¡Ay! ...... entre tantas protestas dulces
La verdadera ¿dónde estará?

 Hija del campo suspiro y temo
Los artificios de la ciudad;
Así en el alma la guardo siempre
Como la joya que quiero más.

 Nació á la sombra de un bosque vírgen
Y en las orillas de un manantial;
Por eso es ella sincera y pura,
Crédula á veces, falsa jamás!


 Y aunque parezca que ya no existe
Los que la busquen la encontrarán,
Si la cultivan con dulce empeño
Nunca su fuente se agotará.

 Porque es la humilde, pobre violeta,
El filon rico y el manantial,
Siempre se oculta, nunca se agota
El dulce afecto de mi amistad.

 Sus padres, temiendo que por dedicarse á hacer versos atrasara en los ramos de instruccion primaria, trataron de desviar su natural inclinacion; pero su constancia pudo vencer este poderoso obstáculo, porque no hacia una obra que no tuviera relacion con el objeto de su constante adoracion: la familia; y luego que comprendieron era en ella una cosa espontánea, un impulso secreto del alma, la dejaron en completa libertad que siguiese el curso de sus buenas ideas.

 Al principio de su carrera literaria no fué posible que desistiese del empeño con que ocultaba su nombre bajo el anagrama de Amira: el popular poeta D. José Fornáris que siempre la ha distinguido mucho, ya como escritora, ya como mujer, le dedicó unos lindos versos instándole á cantar y que descubriese su nombre; ella le contestó entonces con estos, bastante bellos y sonoros al par que modestos.



 Tus versos me dejan confusa y turbada
Mas tanta indulgencia me presta valor,
Por eso te ofrezco mi pobre trovada
Luchando en las dudas de un vago temor.
 ¿Celebras mis versos? Con ojos de amigo
Tu viste sin duda mi pobre cancion,
Pues ellos belleza no llevan consigo,
Ni tienen tampoco ninguna ambicion.

 Yo canto ¡oh Fornáris! cual canta el sinsonte
Sin lauros ni glorias, por solo cantar,
Cual corre el arroyo, en selva y en monte
Cual se oye en las palmas la brisa silbar.
 Me dices amigo, que rompa la lira,
Que espire mi canto y adjure el laurel?
Laureles no quiero: mas ay! puede Amira
Con su arpa sencilla mostrarse tau cruel?
 ¿Y cómo romperla si fué la primera
Que vino á halagarme con dulce amistad?
Mi amiga de infancia, mi fiel compañera,
Egida sagrada de eterna verdad.
 Escucha: en un tiempo lloraba afligida
Sintiendo en el alma no sé que opresion,
Las tiernas palabras buscaban salida
Mas siempre espiraban con lánguido son.
 Si acaso á mis padres decirles queria
Mi ardiente cariño con dulce espresion
Los lábios apenas dudosa entreabria
Dejóme turbada la misma emocion.
 ¿Por qué este silencio que el pecho oprimía?
Lloraba á mis solas..... mas oigo una voz
Que el arpa de Apolo del cielo me envía
Y allá entre las nubes la sigo veloz.
 ¡Y como de entonces alegre mi acento
Ya entona ferviente mi humilde cancion!
Cual ave en los bosques mi voz doy al viento
Y digo cuanto ántes calló el corazon.
 Qué importa la envidia? Su amargo veneno
No puede á mis versos jamás alcanzar,
Pues son tan humildes..... el hórrido trueno
A míseras chozas no puede llegar.
 No temas me tilden si pulso la lira,
Laureles ni glorias aspiro á alcanzar,
Me basta que vengan los padres de JJmira
Con ósculos tiernos mi frente á adornar.
 Mas ya te arrepientas: conoces, poeta,
Que el arpa sencilla no puedo romper,

Que no hay para el bardo ventura completa
Si acaso la lira llegará á perder.
 ¿Unir á mi acento tu voz poderosa?
¿Y como atreverme contigo á cantar?
Si solo escuchando tu voz melodiosa
No puede mi lira ni un' son preludiar.
 Tu acento es el éco que va repetido
Por manso arroyuelo, por selva y palmar;
Tu canto es el trino del ave en su nido,
La voz del torrente, la queja del mar.
 Y el tierno susurro, la voz misteriosa,
Del valle escondido, del verde pensil,
Que en noches calladas resbala amorosa
Y en flores y ramas se mece sutil.
 Tu pulsas las cuerdas del arpa de Apolo
Y encuentras en ella perenne raudal,
Por eso ¡Oh Fornáris! de un polo á otro polo
Al son de tus cantos te harás inmortal.
 ¿Y quieres que juntos cantemos un dia?
¡Tan altos escollos no puedo arrostrar!
Si tu me diriges..... entonces Maria
Pudiera atreverse contigo á cantar.
 Y en cuanto á las flores que quieres mandarme
No acepto claveles ni azul tulipan;
De Cuba mi patria ven solo á brindarme
Un lirio silvestre del claro San Juan.

 Cuando el Liceo de Guanabacoa contaba en el número de sus mas entusiastas socios al Sr. D. Nicolás Azcárate, este Sr. comprometió á Maria, en nombre del alto aprecio que generalmente se le tributa, para que leyese algo en él, y venciendo su natural timidez hizo un esfuerzo por complacer á tan distinguido caballero, y recitó ante la numerosa é ilustrada concurrencia unas octavas cuyo asunto principal era alentar la sociedad á que continuase siempre por la senda del progreso: numerosas fueron las demostraciones de aprobacion que recibió.

 El Sr. de Azcárate corno presidente del Instituto, pronunció un elocuente discurso alusivo al acto y colocó en sus manos un ramo de olorosas y bellas flores tropicales habilmente sugetas en un valioso bouguet de oro, artisticamente trabajado, el que cariñosamente conserva como inapreciable tesoro.

 Para todas las fiestas de beneficencia y patriotismo siempre ha tenido en las cuerdas de su lira una nota de dulce armonía; ha compuesto con motivo del bazar piadoso una Oda á la mas bella de las virtudes, la Caridad; ha escrito tambien una sentida Elejia para el aniversario de Martinez de la Rosa, el ilustre cantor del Manzanares; otra en loor de nuestro gran Zambrana, dedicada á su digna esposa.

 Aun cuando su modestia se resienta nosotras le hacemos justicia al añadir á su nombre, y honrosos títulos, los de la virtud mas ejemplar porque es un modelo del amor filial y fraternal.

 Su familia tiene en ella una joya riquísima y los pobres y desvalidos su ángel tutelar: respecto á estos últimos espresa sus delicados sentimientos así:





 Cuando con trémula mano
Toque un mendígo á mi puerta,
La encontrará siempre abierta
Como amigo y como hermano.

 Si el que implora mi clemencia
Peina ya blancos cabellos,
Me hace recordar á aquellos
Que me dieron la existencia.

 Y digo á solas conmigo:
«Si la fortuna traidora

 «Fuesa con ellos ahora
«Cual fué con este mendígo.

 «¡Si entre crudos desengaños
«Viese á mis padres del alma,
«Sin tranquilidad ni calma
«Al fin de sus largos años!»

 Entónces mis labios frios
Al consolar al anciano
Así murmuran, hermano
Pedid á Dios por los mios.

 Si es un huerfano inocente,
Si una mujer desvalida,
Pionso que tambien mi vida
Pudo ser tan inclemente;

 Y digo: —Dios poderoso
¿Qué mérito he tenido
Para haber yo merecido
Destino tan venturoso?

 Que pruebas, que sacrificios
Me impusistes en el mundo,
Si no son tu amor profundo,
Tus inmensos beneficios?

 Si la brillante fortuna
Me negó sus resplandores,
Ni el hambre ni sus horrores
Cercaron mi pobre cuna.

 Y si he llorado algun dia
Por fugaces desventuras,
¡Cuantas esperanzas puras
Aun renacen todavia!

 Mas no he visto á mi familia
Para buscar el sustento,
En contínuo sufrimiento
Y en una eterna vigilia.

 ¿Quién soy yo, Dios justo y pio;
Para tal merecimiento?
¿Cómo probarte, Dios mio,
Mi amor, mi agradecimiento?
...............................................

 Por eso cuando la mano
De un pobre toque á mi puerta,
La encontrará siempre abierta
Como amigo y como hermano.

 Nosotros lamentamos hoy con gran sentimiento el silencio en que permanece su lira: no es causa de él el abandono, sino la pérdida de un ser querido.

 Hace apénas un año que la muerte arrebató á su cariño la existencia de una angelical hermana llamada Manuela, á quien era muy unida, y desde entonces no ha vuelto su yoz á cantar sino á gemir doliente y conmovida porque dice que Manuela era


Ave que plegaba el ala
De su existencia en la orilla,
¡Y luz inmortal del cielo
Que iluminaba su vida!


 Alentamos la halagüeña esperanza de que vuelva á brillar serena su frente sin que la sombría tempestad del dolor la empañe jamás.

 Maria de Santa Cruz nunca ha querido coleccionar sus versos; pero varios amigos que la estiman tanto cuanto vale, en distintas obras han colocado algunas composiciones suyas. Entre ellos se cuenta el Sr. Azcárate que hizo de las que fueron leídas en sus salones un grueso volumen, figurando en las primeras de sus pajinas las de esta poetisa, con cuya amistad nos honramos y de cuyo talento nos enorgullecemos al llamarla hermana.