Canto en honor de Santa Cecilia

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Canto en honor de Santa Cecilia de John Dryden
Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

De armonía, de célica armonía,
La fábrica brotó del universo.
Cuando en revuelto caos
De discordantes átomos yacía
Atónita Natura
Y alzar el ciego rostro aun no podía,
Plácido acento resonó en la altura:
"¡Los que nunca habéis sido, levantaos! "
Cada elemento al punto, antes disperso,
Húmedo ú seco, frígido ó ardiente,
Salió en orden luciente
A tomar puesto en la extensión vacía,
Al poder de la música obediente.
De armonía, de célica armonía,
Brotó el mundo, y cesó la noche densa;
De una en otra armonía
Recorrió la creación escala inmensa
Hasta llegar al sér que siente y piensa.

La Música divina
¿Qué pasión no despierta y no domina?
Cuando Jubal glorioso
El arpa de canoras cuerdas hizo,
En torno sus hermanos le escucharon,
Y hasta el polvo las frentes inclinaron
Reverenciando el soberano hechizo.
Que no menos que un dios imaginaron
Guardase aquel portento
Que les hablaba con tan dulce aliento.
La Música divina
¿Qué pasión no despierta y no domina?

Manda bélica trompa
Que ya la lid se rompa,
Y la cólera aviva, y la batalla
Cual tempestad estalla.
El redoblar, el redoblar tremendo
De roncos atambores
Anima á los porfiados lidiadores,
¡Adelante! ¡adelante! repitiendo.

Dulcísima consuena
La flauta gemidora
Con la amorosa pena
Del que tímido adora,
Del que esperanzas llora.

Violin sonoro expresa
Impetus del que ama

A desdeñosa dama;
Los celos de que es presa,
La rabia que le inflama.

¿Mas dónde está la ciencia
Que enseñe, ó dónde humano digno acento
Que del órgano diga la excelencia?
Notas graves que santo amor infunden,
Notas que se difunden
En las alas del viento
Y á afinar van el celestial concento.
Con su cítara Orfeo
Las fieras amansó que el bosque cría,
Y el roble giganteo
Descuajado y absorto le seguía.
Mas Cecilia alcanzó mayor victoria:
Cuando aliento vocal se dió al teclado,
Un ángel escuchábala, y pasmado
Tomó la tierra por mansión de gloria.

CORO.

Como á impulso de cantos celestiales
Nacieron las esferas,
Y en movimiento acorde placenteras
De la Fuerza Creadora
Cantaron alabanzas inmortales;
Así cuando la hora
De final destrucción llegue tremenda,
Y la trompeta clamorosa hienda

Los ámbitos desiertos,
Despertarán los muertos,
Caerán los vivos yertos,
Y con trueno la Música profundo
Conmoverá las bóvedas del mundo.