Himno de la ciudad

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Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

 No sólo en yermo llano,
Ni allá en selvoso apartamiento esquivo,
 El pensamiento humano
Puede á Dios contemplar presente y vivo;
 Ni sólo oye su acento
Donde la onda retumba y silba el viento.

 También aquí presente
Yo te adoro ¡Señor! aquí te miro,
 Donde bulle la gente
Con vasta resonancia y vario giro
 Entre muros, do ufana
Puso su sello audaz la industria humana.

 Tu luz, vertida á mares
Del combo cielo, la ciudad inunda,
 Penetra los hogares,
Espacio lleno de aire nos circunda;
 Por ti el mar sus tributos
Nos da, y las costas sus preñados frutos.

 Goza vital aliento
Tanto agrupado ser, y á ti lo debe;
 Y el sordo movimiento
De inmensa multitud que habla y se mueve,
 Tu alto poder proclama
Cual tormenta que zumba ó mar que brama.

 Y á la hora del descanso,
Cual duerme la alta mar, cesa el tumulto;
 Y aquel silencio manso,
Obra tuya también, te ofrece culto;
 Tú, soberano dueño,
De la inerte ciudad guardas el sueño.