Consejo

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No ahuyentes al mendigo sin socorro,
con viles amenazas:
cuando a un pobre rechazas de tu corro,
¿sabes a quién rechazas?
¡Ah! ¿tan seguro estás de tu linaje
que no abrigas siquiera
ni el lejano temor de que ese ultraje
de rechazo te hiera?
Ese, que en Dios al menos es tu hermano,
¿sabes quién es de fijo?
¡Ay! ¡teme hallar un padre en cada anciano
y en cada mozo un hijo!