Daany Beédxe/4

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Daany Beédxe de Guillermo Marín Ruiz
Tercera parte


D A A N Y B E É D X E.
TERCERA PARTE


Águila Nocturna yacía sobre un piso de lajas. No podía abrir los ojos y en sus adentros todavía resonaba el eco de un poderoso estallido que reverberaba en su interior; dejando sordos a sus oídos y vibrando en todas las células de su cuerpo. Un zumbido agudo se apoderaba de su mente y en momentos se transformaba en luces de colores iridiscentes, que rebotaban de las bóvedas obscuras de sus ojos y se iban, hasta lo más profundo del cerebro.

Quería abrir los ojos y no podía; o tal vez estaban abiertos y nada veía. El zumbido subía de frecuencia y tal parecía que le explotaría la cabeza. Sentía como el sudor frío empapaba todo su cuerpo y periódicos espasmos recorrían todo su ser adolorido. No sabía en donde estaba, todo era confuso e impreciso. La única sensación clara que tenía, era el dolor que sentía todo su cuerpo. Parecía que todas las partículas que lo conformaban, habían sufrido inmensamente de manera individual y como un océano enfurecido buscaban reintegrarse a su lugar de origen.

Un poderoso rayo había precedido su caída en ese extraño lugar. La oscuridad era total, no sabía si estaba ciego o estaba en medio de una noche obscura y cerrada. Lo único familiar era el piso de lajas, en el que se acurrucaba en posición fetal, buscando acaso, una anhelada protección.

Los primeros rayos de luz y el trino de las aves, hicieron que Águila Nocturna lentamente abriera los ojos. Una hormiga roja caminaba muy cerca de su cara, que yacía sobre el piso, compuesto de grandes piedras perfectamente pulidas y ensambladas.

Detenidamente observó los movimientos nerviosos del insecto, al enfocar a la hormiga, pudo apreciar sus pequeños ojos negros, sus antenas y sobre todo, las dos tenazas que tenía en la boca. Como si hubiera logrado su cometido de despertarlo, la hormiga se retiró rápidamente del enfoque de sus ojos. Águila Nocturna entonces, muy lentamente empezó a incorporarse y ver en dónde estaba.

El canto de los pájaros, cada vez era más fuerte y la luz iba ganando rápidamente espacios a la oscuridad y al silencio; la noche sigilosamente se introducía bajo la tierra.

Sentía su cuerpo muy adolorido, todavía le palpitaba algunas partes, como que no se daban cuenta de que nuevamente pertenecían a una sola unidad.

Tal vez, por primera vez en su vida, Águila Nocturna miraba absorto su cuerpo. Como un prodigio indescriptible, tanto por la alegría de ser y estar; como por la propia belleza intrínseca, que tiene el cuerpo.

Sus ojos, recorrían atentos los dedos largos y finos de sus manos. Asombrado atestiguaba la compleja maravilla de las articulaciones. Su piel, las venas y tendones lo mantenían hechizado. No daba crédito al prodigio de estar vivo y tener un cuerpo.

Después siguió con sus piernas, su pecho y abdomen. Con sus ojos acariciaba, con sus manos sentía; tanto la tersura de la piel, como su tibieza y elasticidad. La aurora estaba irrumpiendo en el horizonte; hacia el Oriente, empezó a emerger majestuoso el Señor de los Dardos de Fuego.

Águila Nocturna se dio cuenta, que estaba a los pies de una construcción. La claridad le permitió apreciar las paredes de un arco de piedra, que estaba exactamente arriba de él. Le llamó mucho la atención, que las piedras estuvieran perfectamente pulidas y ensambladas. Pocas veces se podía apreciar este trabajo, por lo general, los edificios estaban recubiertos de una capa de estuco; profusa y bellamente decorados, con temas del conocimiento secreto de los Viejos Abuelos toltecas. Cuando estaba concentrado en el trabajo de las piedras, de pronto, se empezó a iluminar el arco.

Inmediatamente alzó la vista y vio, como un rayo de luz, que se desprendía del horizonte, se incrustaba en la superficie plana, como de una banqueta, que se encontraba invertida en lo más alto del arco. Por algún efecto desconocido, la luz cobraba más potencia y solo iluminaba el espacio que cubría el inmenso arco de piedra.

Águila Nocturna sintió, como esa luz literalmente lo penetraba, encendiendo su cuerpo como una antorcha resplandeciente. Su cuerpo primero experimentó un aumento en su temperatura y después lo recorrió una sensación de energía y plenitud. Sintió una presión en el pecho, que fue desvaneciéndose a medida que lo inundara la certeza de que la muerte se había quedado atrás, en aquel inmenso y deshabitado acantilado, en la Sierra Norte, en donde había saltado al vacío.

Lentamente se incorporó y observó el lugar. El arco de piedra tenía una altura de cuatro cuerpos humanos y se componía de dos estructuras rectangulares, que a la altura de un cuerpo, comenzaban a juntarse hasta lo más alto, formando un arco. En la parte superior de la construcción, se encontraban cuatro hileras de piedra a manera de una pirámide en silueta y en el centro, estaba tallado con una serie de piedras ensambladas en la estructura, un rostro muy extraño, que tenía forma humana en su conjunto, pero cada una de las piezas que lo conformaban, individualmente simbolizaban extrañas formas.

Básicamente eran dos rostros, pues cada ojo pertenecía a un perfil, pero al estar colocados frente a frente, producían un tercer rostro.

La nariz del rostro, salía como una protuberancia de la talla. Su forma era muy parecida a la estructura de las famosas siete estrellas que casi unidas, formaban un símbolo espiritual y esotérico para Los Viejos Abuelos Toltecas. En la tradición antigua se decía que de esas siete estrellas, en el inicio de los tiempos, habían llegado los primeros Viejos Abuelos toltecas a la Tierra, en busca de un lugar prometido para vivir.

Cuando el muchacho dirigió la vista a su entorno, pudo apreciar que el arco de piedra, estaba en un claro de una selva. No existía ningún edificio a su lado, solo un sacbé, camino blanco hecho en piedra pulida, hábilmente ensamblada, lo que lo hacía verse como una superficie completamente lisa. Para llegar al arco de piedra, se tenían que subir, dos conjuntos de diez escalones cada uno, pues el arco estaba sobre una base rectangular de piedra, que se elevaba dos cuerpos, sobre la tierra.

Las últimas nubes se disponían a dejar su lecho nocturno, sobre las copas de los árboles. Águila Nocturna sabía que esa construcción era un sitio de poder de Los Viejos Abuelos, pues humanamente, no tenía sentido ese arco en medio de la selva, que no tiene una función práctica en la vida cotidiana.

El sol empezaba a calentar la mañana. La cabeza del muchacho, todavía estaba completamente confusa. No se acordaba absolutamente de nada. El estallido del rayo parecía que se mantenía permanente en su cabeza. No tenía fuerzas o no sabía cómo recordar lo que le había sucedido. Pocas cosas estaban claras y firmes en su mente; una era que se llamaba Águila Nocturna y la otra, es que había regresado de la muerte, eso era todo.

De pronto en la lejanía, empezó a escuchar un ruido rítmico de tambores y el sonar de los caracoles marinos. El sonido venía en dirección Poniente, justo por donde el camino de piedra se internaba por la cerrada selva. Sin pensarlo se dirigió por el camino, en busca del origen de la misteriosa música.

Al internarse por la selva, quedó fascinado por su belleza, espesura y peligrosidad. Nunca antes había apreciado este follaje, la humedad cada vez era mayor y la vegetación en su conjunto, le hacía sentir al ser humano, la fragilidad e insignificancia de su vida en particular, frente a toda la vegetación.

El camino estaba construido con una piedra calcárea de color blancuzco, que en la espesura de la selva, resaltaba con intensidad. A cada momento la música se hacía más clara y vigorosa. De pronto, apareció en un gran claro de la selva, una maravillosa revelación.

Un conjunto de espléndidos edificios, que salían de la selva, como por milagro deslumbrante y que se encontraban bellamente decorados. Un grupo de hombres lo venían a recibir. Su fisonomía y su indumentaria, eran diferentes a las que él conocía. Hombres altos y de cabeza grande, con una prominente nariz, que le recordaban ciertas aves.

Al llegar hasta él, el más anciano de ellos le habló en Maya, una extraña lengua, que no pudo entender. El anciano esperó un momento y después le habló en Nahuatl, otra lengua extraña, que Águila Nocturna misteriosamente entendió.

El anciano le dio entonces la bienvenida a ese lugar llamado Uxmal, que significaba "La Tres Veces Construida" y le dijo que sería bien recibido. Pidiendo que los siguiera, se encaminaron al impresionante conjunto de edificios, en donde sobresalían dos especialmente. El primero era una pirámide de extraña forma elíptica y de una altura sorprendente, pues alcanzaría unos veinte cuerpos en la parte más alta; el segundo era un edificio cuadrangular, que tenía una inmensa plaza en el centro. Todas las construcciones tenían una sofisticada y magnífica decoración en sus fachadas, integradas por representaciones de serpientes, jaguares, chozas y unos soberbios mascarones, muy parecidos al que estaba en el arco de piedra.

La comitiva pasó al lado izquierdo de la gran pirámide y al llegar a un juego de pelota, doblaron hacia su derecha, estaban de cara a la fachada Sur del edificio cuadrangular. La fachada estaba compuesta de dos plantas y una inmensa puerta, que tenía cuatro aberturas pequeñas a ambos lados. La puerta era un arco, exactamente igual, en donde él cayó al llegar a estas tierras, especialmente por las dimensiones de su oquedad.

Al pasar por dentro, experimentó una sensación en todo su cuerpo, como si penetrara un campo energético apenas perceptible. Del otro lado del arco, estaba la gran plaza rectangular y en ella se encontraban bailando, en torno a un nutrido grupo de músicos, varios cientos de personas, que en cuatro círculos excéntricos, giraban en direcciones encontradas, intercalados, dos a la derecha y dos a la izquierda. El sonido producido por los grandes tambores, ocarinas y caracoles marinos, era rítmicamente acompañado con los cascabeles hechos con semillas que todos los bailarines, hombres y mujeres, llevaban en brazos y piernas.

Cruzaron la plaza por el perímetro y subieron por unas escaleras que los condujeron a unas habitaciones en la segunda planta. El cuarto donde se alojó Águila Nocturna, estaba compuesto de dos espacios. El lugar era fresco y tenía una ventilación muy eficiente a través de unas pequeñas aberturas en lo alto de las paredes, por donde circulaba el aire.

En el fondo estaba una cama de piedra, un petate donde había fruta y una jarra con agua. El anciano le dijo que comiera y descansara, que por la tarde lo conducirían con la autoridad del lugar. El muchacho comió, bebió y cayó profundamente dormido.

Cuando despertó, salió de la habitación. A sus pies estaba la plaza ahora desierta y en completo silencio. El Señor de los Dardos de Fuego acababa de ocultarse bajo el horizonte. El cielo estaba de un azul intenso y algunas nubes que decoraban la tarde, empezaron a cambiar de colores. Las aves pasaban volando en parvadas, con sonoros cantos, en dirección al interior de la selva. La tibieza del ambiente y el olor de la selva, impregnaban un sentimiento de bienestar y gozo.

Llegó entonces el anciano. Llevaba una antorcha en la mano y le pidió que lo siguiera. Cruzaron la plaza y se dirigieron a la gran pirámide elíptica. Subieron por las escaleras del lado Este. Siguió la trayectoria de ascensión, tal como se mueven las serpientes.

Al finalizar el ascenso de las escaleras se encontraba una habitación. El anciano se quedó en la puerta e invitó al joven a pasar. El interior era pequeño y estaba en penumbras, un fuerte olor a copal inundaba la habitación. Escuchó una voz que le daba la bienvenida y le preguntó; quien era, de donde venía y cuál era el motivo de su presencia.

Hasta ese momento Águila Nocturna se dio cuenta, que tal vez por la violenta descarga que lo llevó a ese sitio, había actuado de manera inconsciente e instintiva, pero al escuchar las preguntas de la voz, aterrorizado se dio cuenta que él no tenía las respuestas.

El silencio era total, el guerrero empezó a sudar en frío. Su mente buscaba y rebuscaba en la nada, y con pánico veía, que nada llegaba. En su interior, resonaban las preguntas y como en una inmensa gruta obscura. Empezó a sentirse mareado y la penumbra de la habitación, se convirtió en obscuridad total.

Una inmensa angustia, empezaba a desbordarse de su pecho. Hizo un gran esfuerzo por recordar y nada podía llegar a su mente. Como una turbulenta corriente, la angustia lo empezó a inundar, recorría todo su cuerpo y ocupaba, hasta el más mínimo rincón. Cuando sentía que iba a estallar por la presión, de sus ojos, empezó a brotar la angustia, primero, en un hilo de llanto que después se convirtió en cataratas.

El muchacho cayó por tierra, su llanto desesperado, era acompañado de convulsiones, que sacudían su cuerpo, contra las lajas del piso. Después de un tiempo abrió los ojos y la oscuridad era completa. El piso estaba muy húmedo y se escuchaba correr el agua por doquier. Se dio cuenta que estaba en el interior de una caverna o una gruta.

La angustia regresó a su cuerpo con más violencia. Se quiso incorporar, pero cayó, el piso estaba lamoso. Torpemente se arrastró, quería salir de ese sitio a como diera lugar. Siguió la corriente de un arroyo, en la más cerrada oscuridad. Dejó de gritar y llorar, agrupó sus fuerzas y energía para salir de la gruta. Sentía que si se abandonaba, nunca saldría de ese lugar.

Después de un largo tiempo de caminar, resbalar y caer, sentía que las fuerzas se le estaban acabando. Un intenso frío salía de sus adentros, adormeciéndolo, lo invitaba a tirarse al piso a dormir. La temperatura de su cuerpo había bajado mucho. No sabía hacía donde iba y la desesperanza casi lo había atrapado. Por fin se tiró al piso agotado y cerró los ojos.

Soñaba como caía en un acantilado, con un grito pavoroso, que rasgaba las paredes del acantilado, produciendo un eco que se perdía en las altas montañas que lo rodeaban. Con los ojos desorbitados, veía como se dirigía al fondo del acantilado a gran velocidad. De pronto se escuchaba un trueno y estallaba en millones de luces pequeñas, que a su vez, volvían a estallar. Reagrupándose en una bola de fuego, que subía vertiginosa hasta lo más alto del acantilado, para de ahí, volver a estallar en un fogonazo luminoso y caer nuevamente al fondo del precipicio, con la muerte en los ojos. En lo más profundo de su sueño, de pronto escuchó un nombre, que lo cimbró hasta las entrañas.

—¡Águila Nocturna! regresa al Valle de Etla, te estamos esperando. Como un eco, empezó a reverberar el mensaje por todo su cuerpo. De alguna forma desconocida, tuvo la certeza de que él se llamaba Águila Nocturna, que su hogar estaba en El Valle de Etla y que ahí, lo estaban esperando.

Un haz de luz penetró la obscura caverna, percibió en un punto muy lejano la salida. Escuchó entonces nuevamente la voz, que le dijo:

—En la vida, no existe ningún camino hacia afuera, que antes no haya sido recorrido hacia adentro. Busca la voz de tus adentros, establece el puente con la partícula divina que llevas en tu interior. Tienes que luchar y recorrer un largo camino, para llegar a ti mismo.

Abrió los ojos y se encontró en la habitación, que le habían asignado esos bondadosos hombres, que lo recibieron en aquel lugar. Su cuerpo estaba muy débil, pero en su pecho, había luminosidad y armonía. Sabía quién era y de donde venía.

Águila Nocturna se dedicó a recorrer los impresionantes edificios de aquel maravilloso conjunto. Se dirigió a la parte Sur, en donde estaba una soberbia construcción, que tenía once puertas y un hermosísimo tablero en la parte superior. En el centro estaba una puerta ligeramente más grande, a ambos lados tenía tres puertas; inmediatamente un par de extrañas entradas al interior del edificio, en las que escasamente pasaba un hombre de frente y en lo alto, formaban un triángulo a través de un arco, que semejaba la punta de una flecha, que se dirigía al cielo. Después se encontraban dos puertas a cada lado de los arcos. Hacia el Sudeste miraba la fachada, después se encontraban unas escalinatas que bajaban a una gran plaza.

Por la tarde regresó al arco donde había caído y esperó sentado en las gradas la llegada de la noche. Apareció por el Oriente el lucero de la tarde. En el pecho de Águila Nocturna se apretaban sentimientos encontrados. Sentía una gran nostalgia de algo indeterminado; y al mismo tiempo, una profunda angustia por no saber nada de su pasado. Era presa de una extraña sensación, sentía como si estuviera a punto de recordarlo todo. Tenía sentimientos muy definidos, que casi le delataban toda la verdad de su vida, pero, todo quedaba tan solo a punto de la revelación, pues su mente seguía en blanco y su corazón a punto de estallar.

A la mañana siguiente, llegó a su habitación el anciano de su primer encuentro y le dijo que tendría que ir a la parte más alta de la pirámide, que ahí lo estaba esperando el Venerable Maestro.

En esta ocasión subió por la parte Este de la pirámide, las escaleras eran más anchas y ascendió de manera reptante. Todavía no salía el Señor de los Dardos de Fuego, pero la claridad era suficiente. Al llegar a lo más alto, encontró dos entradas, el guía le indicó que pasara a la del lado derecho. Al cursar el umbral vio a un anciano, sentado en una piedra que tenía la forma de un ser humano recostado sobre un bloque de piedra rectangular. Las plantas de sus pies descansaban sobre el piso, sus rodillas estaban en alto, sus caderas, abdomen y parte de su espalda se apoyaban en la superficie de la piedra y su pecho y cabeza estaban erguidos, únicamente apoyados sobre sus codos y sus manos se desvanecían en el abdomen.

Algo había en esa habitación, que hacía que el corazón de Águila Nocturna, palpitara con mayor velocidad. No sabía por qué, pero sentía una profunda emoción, algo de ahí o quizás todo, le transmitía un sentimiento de fuerza interior, de dominio de sí, de plenitud, pero al mismo tiempo, no era nítida la fuente del recuerdo.

Águila Nocturna se quedó viendo a los ojos del anciano. Su rostro transmitía una gran paz y armonía. Sin darse cuenta naufragó en la profundidad de la mirada del Venerable Maestro de aquel lugar. Sentía como su cuerpo casi recordaba y su mente seguía en blanco.

De pronto el anciano se dirigió al muchacho de esta manera: —Haz llegado a esta nuestra casa, gran misericordia y bondad ha tenido nuestro amadísimo Señor, “El que está en todas partes y por quien vivimos”, de habernos elegido para mandarnos a uno de sus Guerreros del Espíritu, a estas tierras de La Serpiente Emplumada.

Nuestro amadísimo Señor omnipresente. "El del Cerca y el Junto", nos ha enviado a un dardo de fuego, a una piedra preciosa, a esta su humilde casa. Nosotros somos aprendices de guerreros, humildes siervos de nuestro amadísimo Padre. Nosotros aquí somos pobrecitos artesanos, talladores de la piedra preciosa, que nuestro amado Señor depositó en nuestra alma, humildes aspirantes a La Libertad Total. Nosotros somos sus insignificantes hijos, que buscan acercarse con sus torpes pasos a la luz de la verdad.

En este recinto, se talla la piedra preciosa, que todos llevamos dentro; cada piedra de estos edificios, está consagrada a la purificación del espíritu y a la fortaleza del cuerpo, aquí guardamos los tesoros del conocimiento de la Serpiente Emplumada.

Eres un dardo de fuego, llegaste por la puerta del conocimiento y tienes una misión que cumplir en esta tierra sagrada de la Serpiente Emplumada. Es nuestro deber apoyarte y auxiliarte en lo que debas realizar; más, no podemos hacer más.

Tu tarea es muy difícil, debes recordar que es lo que te hizo llegar a estas tierras, a través del arco de poder, y cuál es tu misión. Te asignaré a Viento del Norte, para que te enseñe nuestra lengua maya y nuestras costumbres, pues en la lengua Nahuatl que estamos hablando, que es la de Los Viejos Abuelos toltecas; en estas tierras, nadie te entenderá y será más difícil que cumplas con tu misión, que el poder te encomendó.

Águila Nocturna se dirigió de esta manera a su interlocutor:

—Humanísimo y Venerable Maestro, regidor y gobernador de este sagrado recinto. No tengo palabra para agradecer tanta bondad y misericordia, que tiene usted, con este pobre hombre que se atreve a hablarle a tan ilustrísimo Maestro.

En verdad que no sé quién soy yo, y mucho menos cuál es la misión, que nuestro amadísimo Señor, “El que se Inventa a Sí Mismo”, me ha encomendado. Solo siento con verdad, la inmensa nostalgia de mi espíritu por recobrar su plena conciencia.

Cumpliré con mi destino, agradezco infinitamente su voluntad y misericordia, con este pobre peregrino.

Acto seguido, Águila Nocturna se retiró del lugar. Pasaron los días largos del año, entraban las primeras lluvias y el calor empezó a retirarse. Viento del Norte era un hombre de edad madura con un semblante sereno, siguiendo las instrucciones del Venerable Maestro, empezó a enseñarle tanto el idioma, como las costumbres de La Tierra de la Serpiente Emplumada.

Águila Nocturna aprendía con mucha facilidad, parecía como si en vez de aprender, tan solo recordara. Viento del Norte se dirigía con mucho respeto al muchacho, ya que intuía, que Águila Nocturna era un decantado y virtuoso Guerrero de la Muerte Florecida, pero que en esos momentos, se encontraba en una situación de desventaja temporal.

Era su predilección, que cuando terminaba su instrucción, Águila Nocturna se iba a ver caer la tarde, a lo más alto de la pirámide Sur del conjunto. Tenía una inexplicable fascinación por ver la extensa superficie de aquellas tierras. La línea del horizonte lo hechizaba; tanta inmensidad de tierra, materialmente lo cautivaba, era como un insondable mar de tierra. Desde la punta de la pirámide, veía el lento naufragio del incandescente astro; poco a poco, era devorado por la tierra. Gran cantidad de parvadas de diferentes tipos de aves se dirigían a descansar y hasta muy tarde quedaba el resplandor rojizo del día que había muerto. Viento del Norte era parco con su boca, instruía a su alumno con una lujuriosa eficiencia, para ello no escatimaba palabra o ejemplo alguno. Pero siempre guardaba una prudente y respetuosa distancia con su alumno, lo sentía como una poderosa águila, que por algún motivo, no podía remontar las alturas y estaba en convalecencia.

Águila Nocturna llegó a conocer todas las instalaciones de este recinto de hombres y mujeres de conocimiento. Viento del Norte fue su paciente guía. Así llegó el día que Águila Nocturna era uno más, entre los guerreros que ahí buscaban la perfección del espíritu y la templanza del cuerpo a través de antiquísimas enseñanzas secretas. Sin embargo una mañana le pidió a Viento del Norte, que lo llevara ante el ilustrísimo Venerable Maestro, ya que sentía la necesidad de hablar con él.

Días después Águila Nocturna iba subiendo como las serpientes, las empinadas escaleras de la gran pirámide. Ahora se fijó, que en la parte superior, en medio de las dos puertas de la habitación, estaba un pequeño nicho en la parte superior de la pared. A manera de una pequeña choza labrada en la piedra, tenía una puerta y en sus adentros estaba una maravillosa escultura de una serpiente enrollada, estaba finamente labrada en piedra verde, la piel y sus diseños, se encontraban tallados y repujados en oro y plata. Sus ojos estaban representados por dos bellísimas piedras preciosas, incrustadas en la piedra verde. Los ojos de esa escultura tenían vida propia, Águila Nocturna sintió el peso de su mirada, cuando iniciaba el ascenso. Parecía que las piedras preciosas, atrapaban la luz y la regresaban en un fino y potente rayo de luz.

Entró a la misma habitación de la mano derecha y encontró al anciano, quien le preguntó la razón de su visita. Águila Nocturna le explicó al Venerable Maestro que sentía que el tiempo de su estancia había concluido y que debía salir a buscar su destino. Que no tenía palabras para agradecer tanta solidaridad y fraternidad de todos los que ahí, luchaban por ser lo mejor de sí mismos, llegar a ser humano y a florecer su corazón. Le explicó al Venerable Maestro que algo en su interior le decía que debía emprender el camino hacia el mundo profano. El anciano escuchó impasible y después de una larga pausa dijo:

—Veo con alegría que este cachorro, sigue los designios de su destino. La piedra interior que por largos años has trabajado hasta moldearla y pulirla, te está ayudando. Este sagrado recinto consagrado al maravilloso misterio de la vida, ha sido tu temporal refugio; ya tienes fuerza, ya tienes coraje, ya puedes iniciar tu camino de regreso al fondo de ti mismo.

Ten mucho cuidado, piedrita preciosa, porque es muy peligroso. Podrías muy fácilmente perderte y nunca más llegar al lugar de tu destino. La muerte podría ser una vida hueca y desatenta, perdida en los "ires y venires" de lo humanamente cotidiano, es muy fácil sucumbir a esto. Tal vez vas a pasar por la prueba más difícil que hasta este momento hayas intentado. Entrarás al mundo cotidiano de lo humano, es un mundo real y totalmente cierto, saturado de cosas urgentes que realizar, pero muy pocas cosas trascendentes. Es un mundo cautivador y seductor, el dolor y el placer son extremos, pero inocuos. Es un mundo de fantasmas reales, que te atrapan en sus hechizos mundanos, pero que si caes, te aniquilan convirtiéndote en un fantasma más. Recuerda siempre, que tú eres un Hombre Verdadero y que estas en pos de lo imposible, la gran diferencia entre los fantasmas y tú, es que tú sabes que es imposible lo que intentas lograr, por lo cual no te desanimas cuando tengas un tropiezo, simplemente te levantas y lo sigues intentando: esa es la marca de los hijos de la Serpiente Emplumada, ellos siempre van sin miedo y sin obsesión hacia su objetivo.

Antes de irte a cumplir con tu destino, este recinto sagrado, te dará un regalo para que puedas cumplir mejor tu misión.

Llegada la noche esperada, Águila Nocturna fue llevado a la gran plaza, donde estaba el edificio que tenía los arcos en forma de flechas que apuntaban hacia el cielo. Los hombres que lo acompañaban iban pintados, la mitad del cuerpo de color negro y la otra mitad rojo. Llevaban extraños dibujos en color blanco, como tatuajes, en todo el cuerpo. Lo sentaron de cara al Oeste, en la piedra tallada que está en la plataforma de la pequeña construcción. Cuatro guerreros pintados de azul, negro, rojo y blanco, subieron las cuatro escalera, con una antorcha y un incensario encendido; se arrodillaron de cara a los cuatro puntos cardinales y empezaron a entonar un rezo en extraña lengua, que Águila Nocturna no pudo identificar.

El rezo más bien parecía un canto, con cuatro tonos que se repetían de manera monótona, creando una atmósfera de mucha fuerza espiritual. Después fue llevado al arco en forma de punta de flecha, que está a mano derecha del edificio que preside la plaza. Subieron lentamente los escalones, la luz de la luna parecía que hacia brillar las piedras con luz propia, caminaron por el pasillo y al llegar frente a la entrada del arco, lo invitaron a entrar.

El hombre pintado de blanco le dijo a Águila Nocturna, que se quedara parado sin moverse y que pusiera su mente en blanco. El pequeño espacio estaba tapizado de olorosas yerbas y se quemaba copal.

La noche era fresca y apacible, un silencio absoluto solo era roto por una dulce y misteriosa ocarina, que de vez en vez, sonaba armoniosa como una bella plegaria. Águila Nocturna rápidamente quedó dormido o pasó a un estado de trance muy profundo.

Cuando abrió los ojos se percató de que estaba en lo más alto de una torre que tenía cuatro niveles. Se aferró inmediatamente y el vértigo recorrió su espalda rápidamente, dejando una huella de sudor frío. Miró con detenimiento para abajo y se dio cuenta que estaba en un lugar desconocido. Una gran pirámide de nueve secciones, con una construcción en la parte superior, con cinco grandes accesos. Miró entonces hacia el Norte y a lo lejos aparecía esa hipnotizante raya del horizonte, una planicie verde, como un mar inmóvil.

Al Sur se encontraba la cordillera en todos los tonos del verde, algo en sus adentros se emocionaba con las montañas. Estaba contemplando el maravilloso paisaje, cuando empezó a desprenderse parte de la cornisa en donde estaba apoyado. Sintió como el corazón se le salía por la boca. Se aferraba con desesperación, pero las piedras se le desmoronaban en las manos, poco a poco, fue deslizándose hasta quedar colgado con medio cuerpo.

Águila Nocturna sentía que las fuerzas se le agotaban. Cuando sintió que era el fin, se soltó, pero cayó en la parte superior de una inmensa pirámide, justamente enfrente de sus empinadas escalinatas, las más altas que había visto en toda su vida. Por un instante guardó el equilibrio, pero finalmente se fue hacia adelante, de modo que tuvo que dar un salto y caer escalones abajo, después otro salto y otro, hasta que empezó a sentir el vértigo de la caída, pero ahora en una veloz bajada de las empinadas escalinatas, que parecía que no tenían fin. De salto en salto cobraba más velocidad y sentía que se estrellaría al llegar al suelo. Una angustia de la velocidad y la caída, recorría su cuerpo con chorros de adrenalina.

Sentía que se perdía irremediablemente, cuando algo extraordinario sucedió. De pronto empezó a sentir un calor, que nacía abajo de su ombligo y poco a poco, fue extendiéndose por todo el cuerpo. La caída veloz se fue aminorando, hasta quedar inmóvil. La energía que salía del interior de su cuerpo, estaba acompañada de una nota musical en tono grave, que como el aletear de un escarabajo, iba en aumento.

Águila Nocturna sintió la plenitud y la fuerza de su cuerpo, que entonaban con la nota musical o la energía. Una necesidad de lo más profundo y antiguo de su ser, brotó como un volcán en erupción. Con el apoyo de la fuerza telúrica, Águila Nocturna salió literalmente disparado hacia el cielo. De su cuerpo se desprendían largas llamas de fuego y cuando llegó más arriba de las nubes, estalló en mil pedazos, con una inmensa alegría, caía en una lluvia de estrellas.

Águila Nocturna abrió los ojos con desesperación y se dio cuenta que estaba parado abajo del arco izquierdo de aquel edificio. Tal vez era de madrugada, cuando decidió emprender el camino de regreso. Cruzó por todas las instalaciones de ese bellísimo lugar. Parecían que estaba dormidas, para no sentir la partida de aquel dardo de fuego que había llegado misteriosamente en una noche y que después de una descarga eléctrica, quedó tendido bajo el misterioso arco que conduce a los intrépidos viajeros a la eternidad, y que en aquella extraña ocasión, les había arrojado a un peregrino del Espíritu, venido de remotas tierras y que hoy se retiraba como había llegado; sin dejar huella.

Enfiló hacia uno de los caminos blancos, que salían del recinto y se alejó silenciosamente del lugar.

Águila Nocturna caminaba hacia el oriente, a través del espléndido camino elevado, hecho en piedra, muy bien ensamblada y que mantenía un perfecto trazo horizontal, con respecto al piso, lo que en ocasiones lo hacía estar hasta un cuerpo sobre el nivel del suelo. El camino era tan ancho que podían caminar al mismo tiempo seis personas sin estorbarse.

La selva era verdaderamente fascinante y seductora, sin embargo inspiraba un profundo respeto. Sus grandes árboles y la vegetación exuberante, saturada de cantidades inimaginables de plantas e insectos, de las más diversas formas, tamaños y colores, que vivían en un absoluto equilibrio.

En el pecho del joven existía un sentimiento de emoción por algo que estaba por venir y al mismo tiempo una angustia, por no saber qué es lo que deseaba encontrar.

El no saber quién era en verdad, el desconocer su pasado, sus orígenes, sus antepasados, le creaba una angustia que se movía subterránea, como veneros de agua bajo la tierra, que lo mantenía asechado y bajo amenaza permanente.

No podía enfrentar el presente, si no sabía quién era él. Porque al no saber quién era él, no podía saber que quería de la vida y del mundo. De esta manera, sí desconocía sus orígenes, y si no sabía de dónde venía; nunca podría saber hacia dónde se dirigía. Se dio cuenta que un ser humano, una familia o un pueblo, son lo que recuerdan de sí mismos. Quién no tiene recuerdos, no tiene memoria, sustento, fuerza interna. Se convierte en una hoja al viento.

Se sentía totalmente neutralizado e indefenso. El no saber quién era, de dónde venía y a dónde se dirigía, lo seducía a abandonarse en la indiferencia y el olvido. Caminaba y caminaba, y no sabía a dónde iba. Este sentimiento se hizo más fuerte a partir de que en su recorrido encontró varios cruces de caminos y no tenía elementos para decidir su propia ruta, no sabía si iba o venía.

Durante todo el día de caminata, mantenía dos sentimientos que lo desbordaban. El primero era de asombro ante todo cuanto veía; el segundo era de angustia y desolación, por desconocer su identidad.

Por la tarde llegó a Dzibilchaltún, cuyo nombre significa "donde hay escrituras sobre piedras planas", era un lugar muy extraño, pues estaba constituido de un grupo de edificios y pirámides, pero estaban en ruinas y totalmente abandonadas. La selva implacable había recobrado sus espacios y los árboles, arbustos y plantas, se habían apropiado de las construcciones. Con la poderosa fuerza hidráulica de la naturaleza, poco a poco los vegetales, a través de las raíces, troncos y ramas, fueron derribando muros, descuadrando grandes piedras y derrumbando las pirámides. La selva implacable y celosa, no perdonaba la profanación de sus espacios.

Águila Nocturna entró entre las ruinas de aquel inmenso recinto, con sus piedras invadidas de musgos y sus edificios devorados por la vegetación. De pronto, frente a sus ojos, estaba un montículo y sobre de él, una construcción cuadrada, parecida a una casa, con una puerta y dos pequeñas ventanas en sus cuatro costados. Inmediatamente arriba de cada puerta, estaba realzada en piedra una figura que se asemejaba a un rostro humanizado, lo mismo en las cuatro esquinas superiores del edificio. Sobresalía una parte elevada de la construcción en el centro a manera de torre. Subió por lo que quedaba de unas escalinatas y penetró al edificio. La tarde empezaba a declinar, el Señor de los Dardos de Fuego, estaba casi en el horizonte. Águila Nocturna entró por la puerta Poniente y se dejó caer en el piso. Cuando su cuerpo se aflojó, el cansancio se le vino encima. No había comido en todo el día y estaba exhausto. Cuando apreciaba el techo en forma de arco de la extraña construcción, se percató que una luz rojiza empezó a invadir lentamente el recinto, creando una atmósfera de paz y bienestar.

Su cuerpo sentía que se encontraba en un lugar benigno. El sol antes de hundirse en el horizonte, dirigió directamente sus rayos, que entraron horizontalmente por la puerta Poniente, produciendo una luminosidad fuera de lo común; pareciera que las piedras del edificio, multiplicaran por una razón desconocida, la intensidad de la luz. Por la parte Oriente salían los rayos de luz rojiza, por la puerta y ventanas, dándole vida propia al recinto.

Águila Nocturna sintió como poco a poco su cuerpo recobraba el ánimo y las fuerzas pérdidas durante la caminata, pero lo más sorprendente, era que su corazón se llenaba de una inmensa paz y tranquilidad. Toda la angustia que había sentido desde el mismo momento en que llegó a esas extrañas tierras, se estaba disolviendo como una bruma mañanera en la selva y se convertía en nada.

Sentía una inmensa alegría de estar vivo, de sentirse vivo, de pensarse vivo. Esa casa era como el útero de la madre querida, sin pensarlo, se acurruco en posición fetal y cerró los ojos, tratando de concentrarse únicamente en el sentimiento de bienestar que lo envolvía, para quedarse profundamente dormido.

A la mañana siguiente, Águila Nocturna no quería abrir los ojos. Los pájaros desde temprana hora, habían comenzado sus ruidosos cantos y gritos. La luz de Oriente ya había penetrado la habitación y en su fulgurante ascenso, ya había dejado el recinto en busca de las alturas. El calor empezaba a subir y el muchacho se negaba a abrir los ojos. En lo más profundo de sus adentros, deseaba que el tiempo se hubiera detenido en aquel atardecer, con su impresionante y profundo sentimiento de bienestar.

Abrió lentamente los ojos, se estiró como un felino, lenta y pausadamente. Se incorporó y salió a la puerta.

El sol estaba a media mañana, si bien, el lugar no era muy alto, pero pudo determinar la extensión probable de lo que fue ese lugar. Decidió recorrerlo, había avanzado poco, cuando escucho con claridad el ruido que hace un cuerpo al caer en el agua, inmediatamente se dirigió cautelosamente a la fuente del sonido, entre unos arbustos pudo ver un cenote, con una agua totalmente cristalina.

De pronto surgió del agua, el cuerpo de un hombre joven, que salía a tomar oxígeno, para nuevamente sumergirse. Águila Nocturna estuvo observando desde su escondite al extraño, que de vez en cuando, sacaba un pez, ensartado en un arpón y lo introducía en una cesta, que estaba en la orilla del bellísimo cenote.

Finalmente en una zambullida del pescador, Águila Nocturna decidió salir de su escondite y alcanzó a ver como el buzo se perdía hacía un extremo del cenote, en donde el agua cambiaba a un color azul más intenso, lo que hacía suponer que el cenote tenía mucho más profundidad.

Poco tiempo después, se empezó a ver la figura del buzo aparecer. Nuevamente traía ensartado en su arpón a un enorme pez. Como un reflejo submarino se movía rápidamente el hombre, hasta alcanzar la superficie e inmediatamente, tomar una bocanada de aire fresco.

Al momento de percatarse de la presencia de Águila Nocturna, le saludo con una amplia sonrisa y le dio los buenos días, en la lengua que le habían enseñado los maestros que lo recibieron en el recinto de “La tres veces construida”.

Sin mediar más comentarios, el buzo invito a Águila Nocturna a sumergirse en el cenote. Acto seguido los dos muchachos se internaban por la parte obscura. Águila Nocturna estaba maravillado de la belleza subacuática de aquel lugar. Pequeños pececillos los acompañaban y de vez en cuando les daban pequeños mordiscos. El color del agua era de un azul claro y de una nitidez asombrosa. La luz al penetrar el cenote se fundía con el agua y le daba vida propia.

Después de un tiempo, el canasto se llenó de pescados y los dos jóvenes subieron a descansar a la superficie. Águila Nocturna le dijo a su interlocutor que era de lejanas tierras y que iba de regreso a su casa. Por su parte el pescador le dijo que se llamaba Serpiente Marina y vivía en la costa, como a medio día de camino.

Mientras preparaban un pescado a las brasas, los dos muchachos ya se habían hecho amigos. Una corriente de empatía desde el primer momento los unió. Ambos sentían como si de toda la vida se conocían. Águila Nocturna se dio cuenta que estaba muy hambriento hasta que empezó a comer.

Serpiente Marina después de preparar con sal su pesca, invitó a su nuevo amigo a conocer su pueblo, Yucalpetén que estaba frente al mar. Muy entrada la noche llegaron a la pequeña comunidad de pescadores y Serpiente Marina presentó a sus padres a su invitado, quien fue respetuosamente recibido.

A la mañana siguiente Serpiente Marina llevó a su invitado ante las autoridades del pueblo y pidió permiso para tener a Águila Nocturna de huésped en la comunidad. El Consejo Supremo interrogó al forastero y se dio cuenta que era un Guerrero del Señor de los Dardos de Fuego, por lo que obtuvo la aprobación, tomando el hecho como un buen augurio.

Serpiente Marina, como casi todos los jóvenes de su comunidad, habían estudiado en Tulum, una ciudad que estaba como a cinco días de navegación hacía el Oriente. Recién había terminado sus estudios en la Casa de los Jóvenes y había regresado a casarse con Estrella de la Mañana, una jovencita a quien desde la adolescencia había amado. La costumbre era que el hombre joven que deseaba tener familia, primero debía capacitarse en lo que sería su vida de adulto. La vida en una comunidad pequeña de la costa, hacía que mujeres y hombres fueran menos especializados y conocieran diferentes fuentes de sostenimiento familiar, aunque desde luego, la pesca era la base fundamental de su alimentación.

Águila Nocturna acompañó a su amigo, a pescar, cazar, recolectar, tejer, colectar el hule que era sacado de unos árboles especiales, a partir de unas incisiones que se les hacía, para que de ellas, manara una substancia blanca, que después se usaba con fines religiosos y deportivos, pues de este material se hacían las pelotas con que se jugaba el ancestral juego de pelota. La siembra de maíz, Frijol, calabaza y chile, se hacía en menor intensidad, ya que los suelos no tenían una capa espesa de tierra, por lo que se rotaban los lugares de cultivo en cada cosecha, lo que implicaba la roza y la quema, y grandes distancias que caminar y pequeñas extensiones para el cultivo.

Por ello, la comunidad llevaba cada cinco días, sus productos a un mercado local y cada veinte a un mercado regional donde se hacía plaza y se podían intercambiar el pescado salado y el hule, por todos aquellos productos que se necesitaban y que no producía la comunidad.

No existía la noción en el comercio, como una fuente de riqueza. El espíritu del intercambio era satisfacer necesidades primarias, para tener la libertad de entregarse en cuerpo y alma, a la devoción de la Divinidad Suprema, representada en múltiples advocaciones que están relacionadas con la naturaleza. La razón de la existencia era básicamente de carácter espiritual, esto se traducía en manifestaciones religiosas, que saturaban todos los espacios de la vida cotidiana y la forma de expresar esta espiritualidad era a través de “Flor y canto”.

Sin embargo existían un grupo muy reducido de hombres, que a través de una cofradía, realizaban el intercambio de mercancías con tierras remotas y lejanas. Esta acción no era comercial propiamente, pues los productos que intercambiaban eran estrictamente de uso religioso, por lo que su labor era muy reconocida en todas las comunidades, ya que sin sus valiosos servicios, el culto que el pueblo les hacía a las diversas manifestaciones de “Aquél por quien se vive”, no se podría realizar debidamente.

Además que era de todos reconocido, que estos largos viajes eran sumamente peligrosos y muchas de las veces, jamás regresaban, pues tenían que caminar, en ocasiones meses enteros, cruzar selvas, pantanos o subir por desoladas sierras y cordilleras, siempre asechados por animales e insectos ponzoñosos, fieras salvajes y un sinfín de peligros; y todo esto lo hacían a pie y cargando ellos mismos, las preciadas mercancías sagradas.

Sí de una parte se llevaban caracoles marinos, perlas, tintes, plumas de quetzal y papagayo, carapachos de tortuga y armadillo, jade, esmeraldas, pieles de jaguar; de otras traían, papel, copal, piedras preciosas, hierbas medicinales, tintura de cochinilla, piel de conejo, mantas de algodón, cuchillos de obsidiana y de cobre. Esta hermandad de transportadores, tenía sus propias reglas y sus conocimientos eran de carácter secreto e iniciático. Su organización era paramilitar, por lo cual eran muy respetados y valorados, por todos los pueblos. A donde quiera que llegaran, eran bien recibidos y se les proporcionaba todo cuanto necesitaban para cumplir con su cometido sagrado.

La comunidad de Serpiente Marina, Yucalpetén, estaba situada en una pequeña caleta junto al mar azul. La arena de sus playas era muy blanca y sumamente fina. Pueblo pequeño de pescadores, vivía de manera sencilla y armónica con la naturaleza.

Al transcurrir el tiempo, Águila Nocturna se fue incorporando a la comunidad sin darse cuenta. El Consejo de Ancianos, veía con buenos ojos la presencia del joven, que ya comenzaba su etapa de madurez y podría desposarse con una doncella del pueblo. De esta manera, las ruedas calendáricas seguían su inexorable marcha y Águila Nocturna aprendió rápidamente el arte de pescar, tejer redes y navegar en pequeñas embarcaciones costeras. Era sorprendente su gran capacidad para aprender, parecía que ya lo sabía y solo recordaba.

Serpiente Marina y Águila Nocturna hicieron una gran amistad, compartían el trabajo y la diversión por igual. Serpiente Marina sentía una gran admiración y respeto por su amigo, quien era un poco mayor que él. Por su parte Águila Nocturna había encontrado en Serpiente Marina, más que a un amigo, una familia y un cimiento en donde poder asentarse, pues la incapacidad para recordar su vida anterior era total.

Y a pesar de que todo se desarrollaba armónicamente, en esas noches calurosas, cuando todo el pueblo dormía, Águila Nocturna se mantenía despierto en su hamaca, luchando contra esa pared de niebla que le impedía ver su pasado. Como una obsesión lo acechaba, impidiéndole gozar a plenitud todo cuanto estaba viviendo en ese maravilloso lugar y con esa gente, amable y sencilla, que lo había recibido fraternal y solidariamente, sumándolo sin distinción, como uno más, a la vida cotidiana del pueblo.

Cierta noche, cuando la angustia parecía que haría estallar el pecho de Águila Nocturna y que la pared de niebla lo asfixiaba, Águila Nocturna empezó a repetir un verso, que salía misteriosamente de lo más profundo de sus entrañas. Como una avenida de sentimientos, habría un boquete a la niebla que lo presionaba. Una a una, fueron saliendo las palabras y como un bálsamo, aliviaban a su corazón adolorido.

"En vano he nacido,
en vano he venido a salir
de la casa del dios de la tierra,
¡Yo soy menesteroso!
Ojalá en verdad no hubiera salido,
que de verdad no hubiera venido a la tierra.

No lo digo, pero...
¿qué es lo que haré?
¿vivo frente al rostro de la gente?

¿Habré de erguirme sobre la tierra?
¿Cuál es mi destino?
Yo soy menesteroso,
mi corazón padece,
Tú eres apenas mi amigo
en la tierra, aquí.

¿Cómo hay que vivir al lado de la gente?

¡Vive en paz
pasa la vida en calma!
Me he doblegado,
sólo vivió con la cabeza inclinada
al lado de la gente.
Por esto me aflijo,
¡soy desdichado!,
he quedado abandonado
al lado de la gente en la tierra.
Ha venido a crecer la amargura,
junto a ti y a tu lado, Dador de la Vida."

Habían pasado tres años, la piel de Águila Nocturna se había curtido con la sal y el sol marino. Su cabello estaba ligeramente rojizo. En ese tiempo se había logrado ganar un sitio en el pueblo y era ya un excelente pescador. La lengua la dominaba a la perfección y si no fuera por su diferencia física, podría pasar como un nativo del lugar.

Por fin llegó el gran acontecimiento, los padrinos de Serpiente Marina fueron a pedir la mano de Estrella de la Mañana, acompañados de una mujer anciana del pueblo, que tenía el oficio de "pedir" doncellas. La embajada llegó con maíz, pescado seco, chocolate y una manta de algodón. La mujer fue escuchada con atención y respeto, por los padres de Estrella de la Mañana, pero al final, negaron el permiso diciendo que la muchacha no estaba todavía en edad de casarse y que no era digna de Serpiente Marina.

Después de cinco días regresó la comitiva a la casa de Estrella de la Mañana, nuevamente se inició los discursos de pedimento. Esta vez, el padre y la madre aceptaron; los padrinos de Serpiente Marina hicieron los arreglos con los hombres de "la tinta negra y roja", para buscar un día propicio para la boda.

La ceremonia se llevó a cabo en la casa del novio al caer la noche. El día anterior se había realizado una fiesta en la casa de Estrella de la Mañana. La tarde de la boda, la novia había tomado un baño con olorosas flores y se puso un huipil de lujo para esa ocasión. De su casa fue llevada en una pequeña litera adornada de flores, que cargaban sus parientes, seguida de dos hileras de muchachas, que llevaban flores y antorchas. Atrás de ellas, iban los músicos, tocando chirimías y unos tamborcillos, atrás seguían los parientes y amigos.

Cuando llegaron a la casa, ahí los estaban esperando los familiares y amigos de Serpiente Marina. Después de haber sido recibidos con un elocuente discurso, pronunciado por el abuelo del novio. Sentaron a la pareja en unos petates que estaban adornados de flores y con cuatro olorosos incensarios en sus esquinas. Entonces la madrina de Estrella de la Mañana empezó un discurso de esta manera:

—Hija mía, que estás aquí, por ti son honrados los viejos y las viejas y nuestros parientes; ya eres del número de las mujeres ancianas: ya has dejado de ser muchacha y comienzas a ser mujer; ahora deja ya las niñerías.

No podrás ser de aquí en adelante como una niña, conviene que hables y saludes a cada uno como conviene; tendrás que levantarte de noche y barrer la casa, y poner fuego antes que amanezca, tendrás que levantarte cada día; mira hija mía que no nos avergüences, que no nos deshonres a los que somos tu padre y tu madre, a tus abuelos que ya son difuntos. Mira, pobrecita, que te esfuerces, ya te has apartado de tu padre y madre, mira que no se incline tu corazón más a ellos; no puedes estar más con tu padre y con tu madre, ya los has dejado del todo: Hija nuestra, deseamos que seas bienaventurada y próspera. Después de un momento, Estrella de la Mañana contesta a su madrina, Señora mía, persona de estima me han hecho un gran favor los que han venido; con su corazón han hecho causa mía, han recibido pena y trabajo para honrarme; las palabras que se me han dicho las tendré por cosa preciosa, y de mucha estima han hecho como verdaderos padres y madres en hablarme y avisarme; agradezco mucho el bien que se me ha hecho.

Acto seguido, los parientes de los novios anudaron el huipil de la novia, con la capa del novio, simbolizando de esta manera que el matrimonio se había consumado. Entonces la parienta más anciana del novio le habló de esta manera a Estrella de la Mañana:

—Hija mía, tus madres que aquí estamos y tus padres, te queremos consolar; esfuérzate hija, no te aflijas por la carga del casamiento que ahora te has echado a cuestas, y aunque es pesada la carga, con la ayuda de nuestro Señor la podrás llevar, ruégale que te ayude; le gustará a nuestro Señor que vivas muchos días y subas por la cuesta arriba de los trabajos; por ventura llegarás a la cumbre de ellos sin ningún impedimento ni fatiga que te envíe nuestro señor.

No sabemos lo que nuestro Señor te deparará por bien, espera humildemente todo de él. Aquí están cinco mantas que te da tu marido, para que con ellas cambies en el mercado y con ello obtengas el chile y la sal, y las antorchas, y la leña con que tendrás que guisar la comida. Esta es la costumbre que dejaron Los Viejos Abuelos; trabaja hija mía y haz tu oficio de mujer, porque nadie te va a ayudar.

Inmediatamente después, la madre de Estrella de la Mañana, se dirigió de ésta manera al novio: —Aquí estas, hijo mío que eres nuestro jaguar y nuestra águila, y nuestra pluma rica y nuestra piedra preciosa, ya eres nuestro hijo muy tiernamente amado; entiende, hijo que ya eres un hombre, y hombre casado, y hombre que tiene por su mujer a nuestra hija; esto no debe parecerte cosa de burla, date cuenta que ya estás en otro mundo, ya estás en el ejercicio de tu libertad, tu decisión te lleva a otra manera de vivir, hazte responsable.

Mira que ya eres un hombre y que no tengas corazón de niño; no te conviene ser un niño travieso; no te conviene de aquí en adelante andar en los vicios que andan los muchachos, porque ya tienes la responsabilidad de un casado, que es un padre de familia; comienza a trabajar en llevar cargas a cuestas por los caminos, como es el chile y la sal, y salitre, y peces, andando de pueblo en pueblo; enséñate a los trabajos y fatigas que debes de sentir en el corazón y en el cuerpo, durmiendo en los rincones en las casas ajenas, en las portadas de las casas donde no te conocen. Debes de templar tu espíritu y fortalecer tu cuerpo, sin lastimar a tu tierno corazón. Todos estos esfuerzos y muchos otros más deberás de hacer, porque así nos los dejaron dicho y nos los enseñaron, nuestros Viejos y Sabios Abuelos.

La fiesta duró cinco días con sus noches, se bailó y se comió, con plenitud y en abundancia. Águila Nocturna acompañó como uno más de la familia a Serpiente Marina, pero algo en sus adentros le decía que estaba perdiendo algo más que al amigo entrañable.

A partir de ese día, Águila Nocturna se volvió un solitario. Cumplía escrupulosamente con sus tareas, pero ya no existía la alegre compañía de Serpiente Marina, pues era la tradición, que los jóvenes no se mezclaban con los hombres casados, en los trabajos y en los grupos de amigos.

Los días empezaron a ser largos y tediosos, Águila Nocturna de vez en cuando visitaba a Serpiente Marina, a quien el "Conjunto de Casas", le había otorgado su parcela. Era esta institución milenaria, quien administraba las tierras, ya que nadie las tenía en propiedad privada, está se consideraba propiedad del pueblo o "Conjunto de Casas", quien a través del Consejo de Ancianos y por conducto "Del que Habla" o líder, se les otorgaba en usufructo a los ciudadanos que tuvieran una familia establecida.

Las nuevas obligaciones de Serpiente Marina, le dejaban muy poco tiempo disponible para estar con su entrañable amigo. Águila Nocturna se fue haciendo inaccesible. La angustia se le había venido encima, como una enorme avalancha de vacíos y dudas lacerantes.

Cierta mañana el cielo amaneció cerrado. El viento soplaba con gran fuerza. El mar estaba embravecido, estrellaba sus crecidas olas sin piedad, contra las desiertas playas. A mediodía, se reunió el Consejo de Ancianos, la situación a cada momento se tornaba más peligrosa.

Se discutió ampliamente la situación y por consenso, se decidió, que la población entera, se iría a refugiar a las grutas del Cenote Sagrado, debido a que se acercaba un Huracán.

A un día de distancia del pueblo, tierra adentro, en el pueblo vecino de Motul, el cual tenía varias construcciones y un importante templo, el cual estaba conectado con el cenote por un sacbé largo, tenía dos grandes plazas de las que partían varias sacbe hacia los cuatro puntos cardinales, dirigiéndose a los lugares con quienes comerciaban en lejanas tierras, cerca existía un cenote llamado Bolonchol donde se tomaba el agua para la comunidad, era un espacio público, para el cual se tenía unas escaleras acondicionadas en piedra, que permitían salir cómodamente de las profundidades del cenote, cargando el agua sin mayor esfuerzo y peligro. Pero había una zona restringida, en donde no llegaba el común del pueblo. Al final de la caverna, estaba un pequeño túnel, por donde apenas podía pasar una persona agachada. Después de un tramo, el túnel desembocaba en una inmensa galería, que bajaba un buen trecho, hasta llegar a un lago interior de grandes proporciones. En la parte central del lago, en lo más alto del techo de la caverna, entraba por un agujero una gran cantidad de luz, la abertura, que en forma vertical llegaba hasta la superficie, tenía las huellas de un cataclismo. La luz al chocar con el agua, producía bellísimos reflejos, ya que las paredes tenían cantidad de mineral, lo que multiplicaba los reflejos y les daba un mosaico de colores indescriptibles.

Este era el recinto secreto de los pochtecas. Tenían un altar tallado en la roca misma, profusamente decorada con estuco pintado. Sobresalía en especial la máscara de la Divinidad del Agua. Cada uno de los ojos estaba formado por tres piedras de forma rectangular y profusamente labradas. La primera semejaba una ceja, con una línea parecida a un monte, pero que al mismo tiempo, era el símbolo de la serpiente, tres círculos dentro del monte y debajo de ellos, una talla de líneas verticales simbolizando las pestañas. La segunda piedra, abajo de la primera, tenía la oquedad del ojo y tallado un circulo a manera de ojo, con tres círculos de piedra por lado. La tercera piedra, abajo de la segunda, tenía el mismo diseño que la primera, nada más que invertido, formando la parte complementaria del ojo. En medio de las seis piedras, se encontraban empotradas otras tres, haciendo la forma de la nariz, que era característica del Dios del Agua en estas tierras, pues era muy parecida al diseño de las "siete estrellas que brillan"; la boca estaba inmediatamente abajo de los ojos y se conformaba, por las fauces de dos serpientes que se ven de perfil.

La tormenta se convirtió en un Huracán y como nunca antes se había visto, los vientos destruían todo lo que encontraban a su paso. Gracias a las precauciones que tomó el Consejo de Ancianos, cuando el viento estaba destruyendo casas y derribando árboles, toda la población estaba a salvo en el improvisado refugio.

La noche fue terrible. La lluvia que caía sin parar, era acompañada de feroces ráfagas de viento, que aullaban cuando entraban a la boca de la gruta. La comunidad estaba a salvo en esa caverna y esperaría hasta que pasara el Huracán.

Debido a la cantidad de personas que estaban en el lugar, pues también habían llegado otros pueblos vecinos a refugiarse, Águila Nocturna y otros hombres pasaron a la parte secreta del cenote. Cuando Águila Nocturna vio el impresionante altar, un rayo cayó a pocos metros de la abertura superior, por lo que pudo ver por un instante la caverna totalmente iluminada y algo, en lo más profundo de su ser, se sacudió también con la violenta descarga. Por el trueno del rayo, que se multiplicó en la caverna, tuvo entonces un recuerdo fugaz, como una visión congelada de algo, que estaba relacionada con esa caverna y en su pasado, algo que era muy importante y que casi estuvo a punto de atrapar en la parte del consciente.

Águila Nocturna pasó toda la noche tratando de abrir la compuerta de los recuerdos. Una inmensa pared de niebla hacia que perdiera claridad su inteligencia angustiada y terminaba con la mente en blanco, como en trance o dormitando. Se recuperaba y nuevamente se concentraba en sus recuerdos, y nuevamente aparecía la pared de niebla, que poco a poco lo envolvía, haciendo que perdiera claridad y voluntad.

Uno de los ancianos, miembro de la hermandad secreta de transportadores, se dio cuenta de lo que le estaba pasando a Águila Nocturna y le hablo en la lengua de Los Viejos Abuelos:

—Escucha joven viajero, estas torpes palabras de un pobrecito y un ignorante, que desea darte, entregarte su pobre corazón.

Este que te habla es ya un viejo, que pronto vendrán los zopilotes por él. Mi nombre es Luz de la Noche. Lo único que tengo, lo único que poseo, te lo quiero dar; porque veo y siento que en tu corazón habita una gran pena, una gran tristeza que está lastimando a tu noble y tierno corazón. Sígueme.

Águila Nocturna no se sorprendió en lo más mínimo de las palabras del anciano. Todo su cuerpo entendía lo que estaba pasando y su mente no se oponía. Siguió lentamente al anciano, quien lo llevó hasta un discreto recodo, donde había un túnel por el cual entraron a una cámara pequeña. Luz de la Noche llevaba una antorcha que iluminó el recinto. Águila Nocturna se encontraba en una cripta. Horadados en la pared, estaban unos nichos que contenían esqueletos humanos. En el centro estaba una superficie de piedra a manera de un rectángulo, donde cabía un cuerpo humano.

Toda la cripta estaba tallada en piedra, el techo en forma de arco, estaba decorado con figuras humanas, que iban en procesión. Luz de la Noche, invito a Águila Nocturna a acostarse sobre la piedra y le dijo:

—Pon la mente en blanco, silencia a tu corazón y aleja a la angustia. Todos vamos a morir, unos antes, otros después. Así que si vamos a morir, lo demás es lo de menos. Tranquilízate.

Efectivamente, el poder te está poniendo una prueba. No importa si sales victorioso o no de ella. Lo que importa es que seas impecable en resolverla. La impecabilidad implica hacer lo que debes hacer de la mejor forma. No ves, a la luz de la muerte nada es importante. Los que están aquí, fueron guerreros igual que tú. Como ves, sus victorias y sus derrotas, ahora de nada importan; lo único trascendente es que ellos fueron impecables y por eso sus despojos simbólicamente están aquí, como un testimonio de su lucha espiritual, para los que vamos atrás de ellos.

La diferencia entre un guerrero y un hombre común, es que el guerrero sabe que lo que está intentando, es imposible de realizar y cuando cae, se levanta y sigue luchando, sin entregarse y sin ninguna queja. El hombre común no conoce sus limitaciones y quiere todo y de todo y sin medida en la vida.

Es muy difícil tener todas las ideas claras en la vida, más aún, si es la de un Guerrero del Espíritu. Pídele consejo a tu muerte, ella siempre está a nuestro lado y observa todo cuanto hacemos. Hasta que llegue el día en que nos toque por la izquierda, con su mano descarnada. Pídele consejo a la muerte, si la haces tu amiga, ella siempre te aconsejará de la mejor forma, pues a la luz de su toque, todo cobra su verdadera dimensión y sentido. Águila Nocturna se acostó sobre la piedra, cerró los ojos, puso la mente en blanco y se quedó dormido.

Transcurrieron cinco días. Cuando abrió los ojos, sentía una profunda tranquilidad interior. Todo le resultaba lejano e indiferente. Se estiró como un jaguar y tronaron sus huesos, pudo ver en la obscuridad y encontró la salida. La gruta estaba desierta y al subir a la superficie, la luz le lastimaba los ojos.

Un espléndido cielo azul, completamente limpio y transparente, era medio día, la furia de la naturaleza había desbaratado todo cuanto le rodeaba. Se sentía mucho calor y la humedad era sofocante.

Llegó en ese momento el anciano y le dijo de manera directa, sin preguntarle nada, que se fuera al pueblo a ayudar a la reconstrucción y que cuando terminara, se despidiera para siempre de ellos y que lo esperaba a la entrada del cenote. Que no se preocupara, que él sabría cuando era el momento preciso.

Águila Nocturna se encamino a su pueblo adoptivo, con paso firme y un corazón tranquilo.

Pasaron tres meses y Águila Nocturna regresó una tarde a la entrada del cenote sagrado. El día había estado nublado y la temperatura era bastante fresca.

En su pecho estaba encendida la flama de la convicción de conocer su pasado, algo había sucedido aquella noche en la cueva del Cenote Sagrado y Águila Nocturna, entendía que no podría vivir tratando de negar la profunda angustia que sentía, al desconocer su pasado. No tenía más en este mundo, que la necesidad de saber, ¿quién era él y de dónde venía?, sin conocer esto, todo lo demás carecía de sentido. Entonces a su mente misteriosamente, vino un canto sagrado:

"Pero yo digo:
sólo por breve tiempo,
sólo como flor de elote,

así hemos venido a abrirnos,
así hemos venido a conocernos
sobre la tierra.

sólo a pulir la piedra preciosa,
sólo como águila y jaguar en batalla florida,
así hemos venido a esculpir un rostro propio,
así hemos venido a forjar un corazón verdadero,
sobre la tierra, corazón firme como la piedra."

Un haz de luz le inundó el cuerpo. Como un bálsamo, ese poema lo serenó y aplacó su corazón. Cerró los ojos, tomó una bocanada de aire fresco y se sentó a esperar al anciano. Estaba pensando en que haría cuando lo viera y al detener sus pensamientos, se dio cuenta que Luz de Noche había estado ahí, casi enfrente de él, pero su absoluta inmovilidad y el color verde de su capa, lo hicieron invisible para los ojos de Águila Nocturna y el tumulto de su corazón.

—Veo que eres fiel a tu destino— dijo el anciano. Águila Nocturna rápidamente se incorporó, se postró a los pies del Maestro. Luz de la Noche, lo tomo de las manos y lo levantó inmediatamente y le dijo:

—Un Guerrero del Señor de los Dardos de Fuego, un valiente de la batalla florida; jamás se inclina ante ningún mortal. Los guerreros solo se inclinan ante el Señor del Cerca y del Junto, ante el Impalpable e Invisible, aquel que se inventa así mismo. Nunca jamás, ante hombre alguno. No lo olvides. Caminaron hasta la entrada y empezaron a bajar por las grandes escaleras del cenote sagrado.

—Nuestra Hermandad comprende —siguió diciendo el anciano—, que si bien tú no eres uno de los nuestros; también no eres un hombre común. Seguramente vienes de lejanas tierras y estás cumpliendo un designio del Poder o una prueba de conocimiento. Sea cual fuera tu destino, La Hermandad ha decidido apoyarte en el cumplimiento de tú compromiso. Nosotros vemos en tu energía, que tienes conocimientos en estado latente, por algún misterioso hecho, parece que necesitas recuperarte a ti mismo, para poder avanzar. Tanto tú, como nosotros sabemos que si no lo haces morirás de pena o de desolación.

Tú sabes que nuestra Hermandad, tiene encomendado desde hace muchos atados de años, el intercambio de productos para mantener el culto de nuestro amadísimo Señor, el Invisible e Impalpable. Que esta labor nos la encomendaron Los Viejos Abuelos toltecas, y de generación en generación, hemos venido cumpliendo escrupulosamente con nuestra difícil labor.

Entre nosotros existe gente muy experta, muy conocedora de los caminos y sus peligros. Deseamos sumarte con nosotros, pero necesitas pasar una prueba. Nosotros creemos que cada uno de los hombres, posee la capacidad innata para orientarse y llegar al lugar correcto. Todo es consecuencia de la sensibilidad y del desarrollo de cierta intuición.

La prueba consiste en que sí quieres sumarte entre nosotros, para recorrer este mundo y recuperes tu rostro propio y tu corazón verdadero, tu identidad; deberás dar con "La Piedra de Poder de los Hombres de la Tierra de la Serpiente Emplumada". Si aceptas, tendrás diez días para llegar a ella, de lo contrario perderás la memoria.

Águila Nocturna respondió que no tenía una mejor opción, y que sí iba a morir, prefería morir intentando recuperar su identidad. Preguntó que cómo era la piedra de poder y el anciano le respondió que ellos tampoco lo sabían, por eso Águila Nocturna lo intentaría, pues tu eres un guerrero y nosotros simples y humildes cargadores de los instrumentos, para honrar y adorar a nuestro amadísimo y bondadoso Señor, Aquél por quien se vive. Terminó diciendo Luz de la Noche.

Entrada la noche, Águila Nocturna inició la prueba, se introdujo al recinto sagrado de los transportadores, ahí le entregaron dos guajes, uno con maíz tostado y molido y otro, con agua y un morral. Luz de la Noche previno al muchacho, que no debería comer y beber más que aquello que le estaban dando, de lo contrario perdería la memoria. Acto seguido se le dio un extraño brebaje y se puso a orar con ellos toda la noche, hasta quedar dormido.

A la mañana siguiente despertó, en un claro de la selva. A su lado estaban los dos guajes y el morral, recordó todo de inmediato y lentamente se levantó y emprendió la marcha.

Sin saber por qué, caminó en dirección donde se ocultaba el sol. Pasaron dos días y a nadie encontró por el camino, hasta la tarde del tercero. Tres hombres ricamente ataviados lo saludaron efusivamente; le preguntaron que hacia donde se dirigía. Águila Nocturna le dijo que iba en busca de “La Piedra de Poder de los Hombres de la Tierra de la Serpiente Emplumada”. Los hombres rieron al unísono y le dijo uno de ellos:

¿Quién te dijo semejante mentira? Esa piedra no existe. Nosotros nos dirigimos a las tierras fértiles del Valle de las Águilas, en donde crecen la milpa hasta dos cuerpos de altura y las mazorcas son del tamaño de un brazo. Allá todos los hombres son inmensamente ricos y la felicidad es eterna. Vente con nosotros, te enseñaremos el camino.

Águila Nocturna les agradeció el ofrecimiento y se despidió con cortesía, emprendiendo el camino. Los hombres lo alcanzaron y lo trataban de persuadir mientras seguían el paso presuroso del guerrero.

Los días transcurrían y Águila Nocturna seguía caminando en dirección Poniente. La selva era casi impenetrable y al quinto día, al empezar a morir la tarde, Águila Nocturna percibió un sentimiento de inquietud. Apresuró el paso, en busca de algún claro para poder hacer un fuego y poder dormir. La selva seguía cerrada y tupida. Las aves iniciaron sus ruidosos cánticos, los monos gritaban con algarabía. La primera estrella de la noche apareció en un cielo naranja con diversos tonos de azul.

De pronto, misteriosamente todos los animales de la selva guardaron un repentino silencio y Águila Nocturna detuvo la marcha y quedó inmóvil. La selva que segundos antes estaba viva y sonora, había quedado en total silencio.

Águila Nocturna agudizó el oído y abrió su percepción. Eran minutos de angustia. Por la espalda del guerrero, un sudor frío bajaba lentamente. La atmósfera se cargó de electricidad.

De pronto, se escuchó el poderoso rugido de un jaguar a muy poca distancia de Águila Nocturna. Las piernas del guerrero se doblaron involuntariamente y algo le desgarró el estómago. De un brinco felino, Águila Nocturna encaró el lugar de donde venía el rugido. Su cuerpo se tensó y se puso en estado de alerta. Otro rugido se escuchó, pero del lado contrario.

Por la potencia de los rugidos, el guerrero estaba rodeado de por lo menos de dos inmensos jaguares. Resolvió apresurar la marcha, en espera de encontrar un lugar de resguardo o un claro donde poder hacer un fuego salvador; pues en esa estrecha y cerrada vereda, estaba totalmente indefenso.

La noche se dejó venir de súbito, Águila Nocturna caminaba a un paso muy veloz, pero sin correr. Él sabía que debía hacer sentir a los animales, su fuerza y su templanza, de no ser así, caerían inmediatamente sobre él.

El guerrero no traía ninguna arma, más que sus guajes, el morral y su poder personal. Los rugidos cada vez se escuchaban más cercanos y siempre se adelantaban en su camino. El guerrero urdió una estrategia. Recogió un tronco y se puso a gritar con todas las fuerzas que salían de su desesperación, al mismo tiempo golpeaba todo cuanto a su paso se ponía al alcance, haciendo un verdadero escándalo. La estrategia dio resultado, al parecer los jaguares desconcertados se alejaron un poco, para saber qué pasaba.

Mientras tanto, Águila Nocturna avanzaba rápidamente, desgarrándose la garganta y golpeando con desesperación, esperando encontrar una salida a la situación. Cuando los jaguares empezaron a acercarse nuevamente, pues se habían dado cuenta del truco, su rugido era más amenazador y feroz. Águila Nocturna sabía que no tendría más tiempo, los felinos estaban por atacar, cuando apareció el ansiado claro en la selva.

A un lado, estaba una pequeña loma y en ella estaba una cueva. El guerrero al ver el claro, corrió a esconderse en la pequeña oquedad. Para su fortuna, encontró ramas y troncos secos, e inmediatamente se puso a hacer una fogata. Con destreza y velocidad, tallaba dos maderos con un pequeño arco, que traía en su morral.

Los jaguares mientras tanto, daban vueltas en torno a la boca de la cueva y no se atrevían a entrar, solo se escuchaban sus resoplidos y gruñidos. Cuando brotaron las llamas, los felinos se retiraron silenciosamente.

A la mañana siguiente, el guerrero inició de nuevo su camino. Había sido muy austero con el agua y el maíz molido, por lo que tenía lo suficiente para aguantar los cinco días que faltaban.

Con la determinación del principio, inició la marcha hacia el oriente. Antes del mediodía, al llegar a un lugar muy fresco en donde prodigaban sombra, unas grandes y frondosas ceibas llamado Xmabén, escuchó una voz muy dulce de mujer, que cantaba una melodiosa canción. Se fue acercando con cautela y descubrió a una muchacha, que recolectaba plantas. Nunca había visto a una mujer tan bella.

Misteriosamente su corazón empezó a latir con gran fuerza y sentía que le faltaba la respiración. La muchacha cantaba y les hablaba a las plantas. De pronto, ella volteó y descubrió a Águila Nocturna, quien se quedó inmóvil. Ella corrió a esconderse y después de unos instantes el guerrero reaccionó. Se disculpó y le dijo que no tenía por qué temer, que no había sido su deseo asustarla y que se marcharía de inmediato. La joven se quedó callada y cuando Águila Nocturna daba la vuelta para retirarse por donde había llegado, la muchacha lo llamó. Ella le explicó que no estaba acostumbrada a ver a nadie por esos lugares, pero que le gustaría platicar con él. Una extraña fuerza arrastraba al guerrero hasta los ojos de esa muchacha, nunca antes se había sentido atraído por una mujer, algo en su mirar le despertaba un sentimiento desbordante.

Caminaron hasta una pequeña casa, hecha de piedra, que estaba cerca de un pequeño cenote. Después de unas horas de conversación, Águila Nocturna supo que la joven se llamaba Flor de Lluvia y que estaba prisionera en ese lugar por un encantamiento. Por su parte, Águila Nocturna le contó lo que sabía de su vida y la angustia que vivía por no conocer su pasado.

Era ya de noche cuando, abajo de un cielo cuajado de estrellas, la pareja no pudo contener la pasión que los consumía. Águila Nocturna por primera vez en su vida, conocía la intensidad del amor. Con ternura y con la mayor dulzura se introdujeron en los ritos mágicos del amor. A través del cuerpo, el guerrero descubría un universo completo y virgen a sus sentidos. Con su propia dinámica, el cuerpo tomaba el mando y casi, se separaba de su yo, integrándose perfectamente al de Flor de Lluvia. Águila Nocturna sentía como los millones de seres que lo conformaban, habían entrado en una conmoción absoluta. Una fuerza que venía de lo más profundo de su ser, desde un milenario origen marino, sentían la maravillosa y vital posibilidad de perpetuarse en este mundo, burlando a la muerte y aferrándose al porvenir.

Su cuerpo se estremecía delirante y lo recorría ardiente, un haz de fuego que buscaba la plenitud. Como un volcán en erupción, Águila Nocturna sintió nítidamente, como el fuego de la vida se desprendía de sus huesos, de su carne, de su sangre, y entre estertores de pasión, Águila Nocturna naufrago en las profundidades de Flor de Lluvia. Por un instante fugaz, en un chispazo divino; aquellos cuerpos se fundieron en uno solo. Por un instante estuvieron unidos por el inconmensurable misterio de la vida.

Cuando todo quedo en reposo, se abrazaron y estuvieron llorando con mucho sentimiento. La emoción era tan grande, que no cabía en sus pechos y se desbordaba por sus ojos. Lloraban de felicidad y de alegría. Finalmente terminaron durmiendo. Se abrazaban tiernamente, inconscientemente no estaban dispuestos a separarse nunca más.

La mañana despertó con el amor. Los primeros rayos de luz que entraron a la habitación, encontraron a la pareja en un rito de amor. Flor de Lluvia y Águila Nocturna querían recuperar todo el tiempo perdido. Su tiempo de amor.

Cuatro días con sus noches, el amor ocupó todos los espacios de esa habitación. A veces con ternura, otras con pasión, los amantes recobraban todos los besos y caricias que el destino les negó. Águila Nocturna estaba materialmente cautivado. El mundo había desaparecido. El amor era el sentimiento más fuerte que había vivido. La única realidad, la encarnaba la ternura y la pasión de Flor de Lluvia. Su cuerpo, era lo único cierto y representaba el paraíso perdido.

La mañana del décimo día Águila Nocturna reaccionó cuando vio sus guajes vacíos. Recordó en ese mismo instante, que ese era el último día, para encontrar “La Piedra de Poder de la Tierra de la Serpiente Emplumada”.

Le explicó a Flor de Lluvia su situación y le propuso que se fuera con él en busca de la Piedra. Flor de Lluvia le explicó a su amado, que por el encantamiento, ella no podía alegarse del cenote, en cuanto lo hiciera, se iría desvaneciendo como la bruma y que si él se iba, por el mismo encantamiento, nuca más encontraría el camino de regreso. La muchacha apasionadamente le pidió en cambio, que él se quedara a vivir con ella en aquella casa. Con besos y caricias, le dijo que nada les faltaría y que podrían amarse toda la vida.

Águila Nocturna entonces le contó, que él también sufría de un conjuro, pues si en diez días no encontraba "La Piedra de Poder", perdería para siempre la memoria. El Guerrero le dijo a Flor de Lluvia:

—De modo que si me quedo, mañana amaras a un cuerpo, pero mi ser, estará totalmente perdido. La mujer lloraba desconsolada en los brazos del guerrero. No tenían alternativa, el amor había sido eterno en esos cinco días. El pecho de Águila Nocturna estaba saturado de dolor, su corazón estaba ensartado de espinas y pequeños hilitos de amargura corrían por sus mejillas. Apenas había conocido el amor y tenía que dejarlo, no había alternativa.

Águila Nocturna se desprendió de los brazos de su amada y le dijo con firmeza, que encontraría "La Piedra de Poder" y regresaría por ella. Salió de la habitación y empezó a caminar hacia el oriente. Por sus mejillas rodaba lacerante toda la amargura que oprimía a su corazón; Flor de Lluvia sabía que el guerrero no podría regresar por ella y conociendo lo que le pasaría, se fue atrás de su amado, sin que él se diera cuenta; pues sabía que de todos modos moriría de pena.

Como una sombra, Flor de Lluvia se mantenía a distancia de Águila Nocturna. Sus ojos profundos, cubrían de amor al guerrero. Poco a poco la mujer enamorada se fue esfumando, sus lágrimas se convertían en gotas de rocío y su cuerpo se fue desvaneciendo, hasta convertirse en nada.

Esa noche fue de luna llena. El guerrero caminaba a grandes zancadas por un camino blanco que antes había encontrado. Su cuerpo estaba totalmente mojado por el sudor, la fiebre de la sed y el cansancio, estaban a punto de desmayarlo. En su mente estaba inmóvil la idea de "La Piedra de poder de la Serpiente Emplumada"; y en su corazón la imagen de Flor de Lluvia. Involuntariamente empezó a repetir en voz alta, como una plegaría, un canto sagrado:

    
"No es verdad que vivimos,
no es verdad que duramos
en la tierra.
¡Yo tengo que dejar las bellas flores,
tengo que ir en busca del sitio del misterio!
Pero por breve tiempo,
hagamos nuestros los hermosos cantos."

De pronto a lo lejos, en la planicie apareció la silueta de la gran

pirámide de Chichén Itzá y el camino se dirigía hacia allá. Apresuro el paso, era casi la media noche.

Se encontró abajo de un gran arco de piedra y una barda que tenía forma de serpiente. Cuando penetró al recinto por la puerta Norte, sintió una descarga eléctrica que recorrió todo su cuerpo. Un campo energético que se abrió y se volvió a cerrar.

El brillo de la luna, hacía que todo se viera claramente. Primero llegó al inmenso cenote Itzá, que tenía una circunferencia perfecta. Cuando se asomó, la luna se reflejaba dándole un tono azul claro a la profunda oquedad.

Caminó por una calzada y llegó a una gran plaza. En frente de él, estaba una pequeña plataforma cuadrada de dos cuerpos de altura con cuatro escaleras rematadas con cabezas de serpientes emplumadas y tenía grabado en piedra, el símbolo de Venus. Inmediatamente atrás estaba una maravillosa pirámide de nueve cuerpos y una construcción en la cúspide. Tenía cuatro escalinatas, una por cada lado, que a su vez, se dirigían a los cuatro puntos cardinales y remataban con inmensas cabezas de serpientes emplumadas.

A su mano derecha estaba una monumental cancha de juego de pelota y a su izquierda, una pirámide más pequeña que la primera, pero tenía cientos de columnas. Algo en su interior lo hizo dirigirse hacia allá.

Parado en frente del edificio, observó que estaba sobre una gran plataforma rectangular, que tenía en el centro unas pequeñas gradas para subir y en donde se encontraban cuatro hileras de diez y seis columnas. En seguida de ellas, unas escaleras para ascender a la pirámide de cuatro cuerpos.

Subió lentamente el guerrero por las escaleras, en donde encontró dos piedras rectangulares grabadas. Al llegar a la parte superior, Águila Nocturna estaba a punto de desplomarse, su cuerpo ardía en temperatura y temblaba de cansancio.

En la parte superior de la pirámide, estaba una gran habitación, que tenía dos compartimentos. A la entrada estaban esculpidas, dos inmensas serpientes a modo de columnas centrales.

Sus cabezas, con las fauces abiertas descansaban en el piso, su cuerpo de columna, se elevaba hacía las alturas y la cola emplumada se doblaba arriba de la cabeza del animal sagrado, dirigiendo como una ofrenda, sus plumas al cielo.

Flanqueando la puerta del edificio y enfrente de las dos serpientes guardianas, estaba la escultura de Chac Mool, un hombre ligeramente recostado sobre el suelo, con sus piernas plegadas y sus talones junto a sus nalgas. Su cintura se elevaba y con su pecho levantado, recargaba sus codos en el piso y las manos tocaban su vientre. La cabeza de la escultura giraba noventa grados hacía su izquierda. En sus ojos, había una mirada penetrante, casi humana, con un rostro sereno e impasible, que exudaba sobriedad y templanza.

Águila Nocturna sentía que en ese mismo instante, sus fuerzas lo iban a abandonar. Empezó a escuchar el cascabeleo rítmico de una serpiente. Por sus oídos, un zumbido muy agudo penetraba en todo su cuerpo, haciéndolo vibrar en una frecuencia muy alta. La luz pálida de la luna rápidamente se fue perdiendo. Una oscuridad intensa empezó a envolver el recinto. En un momento todo estaba en total oscuridad. De pronto el zumbido se proyectó en la escultura y tenuemente unos chispazos de energía, empezaron a brotar de ella.

El guerrero hacía un gran esfuerzo, por no caer desmayado. El zumbido se hizo más agudo y alrededor de la escultura empezaron a girar cargas eléctricas, que se convirtieron en luces iridiscentes.

El espectáculo era impresionante, en completa oscuridad, la escultura del Chac Mool refulgía en intensas luces de colores, que giraban a gran velocidad en torno al monolito. Águila Nocturna estaba parado frente a "La Piedra de Poder de la Tierra de la Serpiente Emplumada". De su silueta empezó a emanar energía y sus cabellos se empezaron a levantar en todas las direcciones. Un puente de energía se creó entre la piedra y el guerrero.

De pronto un poderoso tronido, que perturbó el silencio y se fue multiplicando, al expenderse en la atmósfera con rápidos y sucesivos estallidos. Un rayo bajó del cielo a la tierra zigzagueando, iluminando por un instante el recinto sagrado, uniendo al guerrero con la Piedra de Poder, a través de una corriente eléctrica, que circuló por todo su cuerpo y se introdujo a la tierra, a través de la escultura.

Águila Nocturna cayó de bruces sobre la piedra.

Cuando abrió los ojos Águila Nocturna, habían pasado cinco días. Estaba en una pequeña habitación, yacía en un petate y le dolía todo el cuerpo. Tuvo la intención de incorporarse, pero su cuerpo no le respondió. Como un animal herido, se mantuvo a la expectativa.

Más tarde entró un hombre que tenía pintado el rostro con tres franjas. La primera en toda la frente era roja, la segunda, de las cejas a la nariz, era negra y la última de la boca hasta el mentón era roja. Como era la costumbre en el vestir, traía amarrado a la cintura un lienzo de algodón, con una parte que le pasaba por la entre pierna y calzaba huaraches. Un pectoral de huesos de venado le cubría el pecho y unas muñequeras hechas con pequeñas piedras de jade, horadadas y tejidas en hilo de algodón, completaban su atuendo.

—Amadísimo hermano nuestro, —dijo el hombre. Por fin haz regresado del lugar de los descarnados, pensábamos que nunca jamás estarías con nosotros, bienvenido seas a esta tú pobre casa, "La Boca del Pozo de los Guerreros.

El hombre pintado, le relató con voz pausada y muy clara, que se encontraba en un Centro de Conocimiento de la Serpiente Emplumada. Que Águila Nocturna era un guerrero y que venía de tierras muy lejanas a recuperar, lo que en su día había sido un "rostro propio", labrado a base de un sistemático estudio y una profunda comprensión, de todo lo que sus antepasados habían logrado en su milenario acenso en la escala animal; ya que todos venían de una sola civilización continental y milenaria. Todo cuanto nos rodea, fue creado y recreado por nuestros antepasados, por los venerables y sabios, los Viejos Abuelos toltecas.

Nosotros —señaló el hombre—, ahora estamos haciendo lo que nos corresponde: tratamos de ser lo mejor de nosotros mismos, nos esforzamos en alcanzar el grado de "ser humano" y tratamos de florecer nuestro corazón, a través de la sabiduría de “La Serpiente Emplumada”, en este sagrado recinto, donde en cientos de atados de años, los guerreros han aprendido a ser "Hombres Verdaderos" en busca de La Libertad Total.

Tienes que recuperar tu propio rostro, y con ello recuperar también tu "corazón verdadero", ese que a lo largo de toda tu vida, haz ido esculpiendo; esa piedra preciosa que ha limado sus aristas cortantes, que ha adquirido una bella forma y que esta pulida con la paciencia, la sabiduría y el amor. La piedra preciosa que llevas en tu interior.

Haz llegado a nosotros en forma misteriosa y gracias a tu poder personal, pudiste traspasar la barrera energética del muro de la serpiente y llegaste directamente a "La Piedra de Poder de la Serpiente Emplumada".

Nosotros te ayudaremos a que vuelvas a tener un rostro propio y un corazón verdadero. Pero esta difícil tarea es estrictamente personal, es tu desafío de Guerrero. En este lugar podrás iniciar tu camino de regreso. Primero tienes que recuperarte, pues recibiste la descarga de un rayo, esto a un hombre común le hubiera costado la vida. Como eres un guerrero y tienes un destino, sigues vivo. Ahora solo descansa.

Águila Nocturna pasó quince días restableciéndose. Todos los días era atendido por dos guerreras, que impecablemente le procuraban todo cuanto necesitaba. Conforme pasaba el tiempo Águila Nocturna se sentía mejor y al mismo tiempo, crecía la necesidad de regresar por Flor de Lluvia, su corazón sufría una inquietud que nunca antes había sentido.

Cuando se restableció, Águila Nocturna se sumó con los guerreros en la preparación de la ceremonia del equinoccio de primavera. En la gran pirámide de La Serpiente Emplumada, dos veces al año, se celebraba un ritual que tenía que ver con el descenso simbólico de la energía del sol a la tierra. Esta energía esta simbolizada por "La Serpiente Emplumada".

Dos veces al año, cuando el sol empezaba a iniciar su descenso, la luz solar se proyecta sobre la balaustrada principal, ocasionando la formación de siete triángulos isósceles, que sugieren el cuerpo de una serpiente de aproximadamente veinte cuerpos humanos de longitud, que está conectado a las cabezas de serpiente de la base de la pirámide. El efecto ondulante y descendente de la serpiente, quien baja del cielo a través de la pirámide, dura muy poco tiempo, pero es motivo de una gran celebración.

Ese día los cientos de guerreras y guerreros, que se capacitaban en el recinto de "La Serpiente Emplumada", para buscar La Libertad Total, bailaban con todas sus fuerzas, alrededor de la pirámide acompañados de un nutrido grupo de músicos.

Sus cuerpos vibraban al convocar con sus golpes a la Madre Tierra. Un portentoso fluir de energía, salía del interior de la tierra y como un remolino de fuego, una serpiente de energía se elevaba en la atmósfera y unía a los hombres con lo inconmensurable. En los equinoccios, es cuando los días son iguales a las noches, por ello, la energía está más equilibrada. El ser humano es el puente, el conducto entre nuestra Madre Querida y nuestro Padre el Sol. El ser humano es donde el cielo y la tierra se "besan".

Por esta razón, el ser humano encarna este símbolo dual; el Quetzal, el pájaro sagrado que busca las luminosas alturas de la conciencia superior, y la serpiente, que representa las fuerzas telúricas que aferran al ser humano en los campos de la materia obscura y la tierra. Los opuestos complementarios. Principio y fin de la vida humana. El Quetzalcóatl es un símbolo filosófico que encarna la aspiración humana de encontrar el equilibrio entre el espíritu y la materia.

La pirámide estaba rodeada de guerreros y guerreras, que en círculos excéntricos giraban bailando al ritmo de los inmensos tambores de tronco de árbol, las ocarinas, y los cascabeles, que llenaban con su estruendo todo el espacio. Los caracoles marinos bramaban, Águila Nocturna sin saber cómo, estaba bailando con una destreza propia de un maestro. Su cuerpo parecía que recordaba mejor que su mente. El rítmico golpeteo de los pies a la Madre Tierra, convocaba a las energías telúricas a unirse al cielo a través de los seres humanos, quienes se convertían en un puente sagrado, entre lo divino y lo mundano. Por horas todos danzaron, no había discursos o rezos. El cuerpo hablaba su propio idioma con la Madre Tierra, un diálogo de amor filial, que los Viejos Abuelos toltecas habían enseñado. Un diálogo a través de la energía. El "lenguaje" más antiguo del ser humano sobre la Tierra... ¡la danza!

Águila Nocturna tenía una flama encendida en su corazón. El recuerdo de Flor de Lluvia incendiaba sus pensamientos y se había llegado a convertir en una necesidad imperiosa. Nunca antes en su vida, había sentido esta apremiante necesidad de estar con una persona. El recuerdo de Flor de Lluvia estremecía a su cuerpo y hacía saltar en desorden a su corazón.

El guerrero informó la decisión de su inminente partida al Venerable Maestro, quien le dijo que cumpliera con su destino.

Lo único que te pido, —dijo el anciano—, es que cuando regreses con los transportadores de los objetos para el culto de los dioses, diles que "La Piedra de Poder de la Tierra de la Serpiente Preciosa" está bajo sus pies. Diles siguió diciendo el anciano , que toda esta península es una enorme piedra, que está viva y siente...no les digas más. Águila Nocturna salió por la mañana y se dirigió hacia el Oriente, en busca de la mujer que había atrapado toda su energía y concentración. Sus pasos eran zancadas y el corazón jalaba a al cuerpo. Por su mente pasaban muchas imágenes y Flor de Lluvia ocupaba el centro de todas ellas.

Por fin llegó al lugar donde estaba la casita y la encontró en ruinas y totalmente desierta, parecía que ahí en años nadie había vivido. Desconcertado el enamorado exploró el entorno, para saber si ese era el lugar buscado. Después de un tiempo comprobó que efectivamente ese era el lugar, solo que se encontraba cubierto por la selva y la casita de piedra, tenía huellas de no haber sido habitada en años.

El guerrero sintió un dolor muy fuerte en el pecho, la negación de su amor en esas ruinas desoladas, era violentamente rechazado por el fuego que estaba a punto de estallar adentro de su corazón.

Águila Nocturna no podía aceptar que Flor de Lluvia y su amor, no hubieran existido, y aunque las evidencias físicas así lo señalaban, los recuerdos y su cuerpo no lo aceptaban. Flor de Lluvia era el sentimiento más grande, la pasión más desbordada que el guerrero había vivido y eso no podía ser un sueño.

El guerrero entró a las ruinas de la casita y en su penumbra se puso a llorar. Primero poco a poco y después con gran fuerza, Águila Nocturna lloraba como nunca antes lo había hecho. La desolación que azotaba a su alma era tan grande que se sentía morir. Como un lobo aullaba, con sus largos y desgarrados lamentos se estremecía la selva. Nunca antes había abrazado a la soledad. Estaba en las ruinas de lo que había sido el espacio más florido e intenso de su existencia; y el abandono y la desolación del recinto, hacían coro con los gritos de dolor y rabia del guerrero, su corazón se iba desmoronando como las piedras de aquellas ruinas, que indiferentes y mudas lo contemplaban.

La tarde entró por la puerta y la noche poco después. Águila Nocturna no les hizo caso, pues estaba sumido en el dolor. Por fin, se quedó dormido en un sueño intranquilo. Muy de mañana Águila Nocturna despertó. Su cuerpo estaba sumamente lastimado, pues es un reflejo de su espíritu. Entendió que un guerrero no se puede aferrarse a nada en la vida. Que un guerrero es un maestro en el arte del desapego, porque si se aferra, se hunde y hunde a lo que se aferra. Por ello un guerrero no tiene apego a los sentimientos, a las ideas y menos a los objetos. Un guerrero carga lo menos que puede, para ir ligero por el mundo, sin tener que defender nada, solo protege su existencia, de esta manera el guerrero es invulnerable.

Estos sentimientos iban en aumento, como el sol en el horizonte y de la misma manera que los rayos calentaban a la selva, de la misma manera el entrenamiento que había recibido el guerrero durante años, calentaba su desolado corazón. Él sabía que era un ser humano y que sentía el dolor a pesar de ser un guerrero, lo que lo hacía diferente, es que el guerrero no se entrega al dolor.

Volvió el ánimo del guerrero y recordó que tenía una cita con Luz de Noche en el cenote sagrado. Emprendió la marcha de inmediato y por su mente apareció un canto sagrado:

"¿A dónde iremos
donde la muerte no existe?
Más, ¿por esto viviré llorando?
Que tu corazón se enderece:
aquí nadie vivirá para siempre.
Aun los príncipes a morir vinieron,
hay incineramiento de gente.
aquí nadie vivirá para siempre.

Águilas y jaguares ¡atentos!
a la batalla florida
con los cantos y los dardos
resuena el tambor de turquesas,
un camino de luz.
¡Comience la batalla!”

Con el corazón sereno, Águila Nocturna llegó al cenote sagrado, no

había nadie en la entrada y decidió entrar. Llegó hasta la cripta en la que se había quedado dormido e instintivamente se acostó, buscando protección y refugio.

Pasó el tiempo y cuando abrió los ojos, se dio cuenta que estaba rodeado por trece guerreros, que estaban ataviados con sus implementos de guerra. De sus rostros pintados, salían feroces miradas que lo inquietaron. No sentía miedo, pero su cuerpo estaba envuelto en un ambiente de censura.

Águila Nocturna fue tomado por los guerreros y llevado a una cámara en la que estaba una piedra en forma de cilindro, de medio cuerpo de altura y de un cuerpo de ancho. La pieza estaba bellamente esculpida con símbolos que hablaban de la energía luminosa, representada por el agua y la energía espiritual, representada por el viento. En el centro, un sol humanizado y señalamientos de los cuatro puntos cardinales.

Los guerreros lo acostaron boca arriba sobre la piedra y cuatro de ellos le tomaron fuertemente cada una de las extremidades. Águila Nocturna no sentía ningún temor y estaba muy atento. Entonces uno de los guerreros se dirigió a él de esta manera:

—Somos hijos del Quinto Sol, llamado “El Sol del Equilibro”. Este sol fue precedido por cuatro anteriores, en el que los seres humanos perdieron la oportunidad de trascender. En esta quinta oportunidad de humanizar la vida, el ser humano lo puede lograr mediante el sacrificio espiritual y el equilibrio de las fuerzas que mueven el universo y habitan en su corazón.

Los seres humanos encarnamos un universo dentro de otro universo. Los cuatro rumbos del universo están dentro de tu corazón. La cabeza representa el cielo o el espíritu, los pies la tierra o la materia, la parte derecha del cuerpo representa la razón o el mundo conocido y la parte izquierda lo intuición o el mundo desconocido. El ser humano no puede ser totalmente espiritual, ni totalmente material; tampoco puede ser totalmente racional, ni totalmente intuitivo. El justo equilibrio de estos dos pares de opuestos complementarios, es el arte de vivir, La Batalla Florida de los Guerreros Jaguares, de los Guerreros Águilas. Cuando se logran equilibrar estas cuatro fuerzas que rigen al micro universo, el guerrero logra ubicar su energía en el quinto punto, en el centro.

Cuando esto sucede, el Guerrero entra en contacto con las fuerzas que rigen el macro universo a través de su quinto punto, que se encuentra en la parte media del cuerpo. La energía del guerrero se eleva a planos superiores; cuando los cuatro rumbos del micro universo se desequilibran y la energía se carga sobre uno de ellos, cualquiera que sea, se cae en los abismos de la negación y la estupidez. Ha llegado el momento de abrir tu cuerpo energético.

Los nueve guerreros restantes empezaron a emitir un canto monótono, que seguía una escala tonal muy bien determinada y que producía un amplio estado de percepción sensorial.

Los cuatro guerreros tiraban hacia los cuatro puntos cardinales con gran fuerza. Águila Nocturna sentía que se iba a desmembrar. Pero extrañamente el dolor más intenso provenía de su vientre. De pronto el más anciano de los guerreros, alzó la mano izquierda y está empezó a resplandecer. Águila Nocturna se quedó mirando la mano, que de pronto se transformó en un pedernal de cuarzo que emitía luz, y con estupor, vio cómo se precipitaba sobre su cuerpo.

El golpe sobre su vientre se escuchó como un tronido y la mano del anciano penetró en el cuerpo de Águila Nocturna. De pronto, por su vientre empezó a salir con gran presión hacia arriba, un chorro de luz, como un arcoíris, pero con luces de mucha intensidad y colorido. Águila Nocturna no sentía dolor, por el contrario, una sensación de bienestar y armonía, nacía del chorro de luz y se iba extendiendo por todo su cuerpo, en círculos excéntricos, como ondas en un estanque de agua. El canto de los guerreros tomó más brío y el chorro de luz se convirtió en un espléndido y maravilloso árbol, que tenía dos grandes ramas laterales, que en conjunto le daban la forma de una cruz.

En la parte superior del árbol, apareció una bella ave de maravillosos e iridiscentes colores; era un águila que resplandecía como un sol y tenía en sus plumas pedernales. Águila Nocturna sintió la plenitud absoluta; como nunca antes, sentía que sus extremidades tocaban los confines del universo.

El árbol de luz, tenía unos frutos todavía más luminosos y el águila los estaba devorando. El guerrero tuvo una revelación en ese instante. El águila lo miró con sus ojos penetrantes y el guerrero sintió miedo por primera vez, el guerrero se sintió una presa y lo invadió el pánico de ser alimento del águila. El animal luminoso abrió su pico y lo introdujo en el vientre del guerrero. Águila Nocturna sintió como la vida se le iba, en una succión de energía.

Sintió la conmoción de los millones de seres vivos que tenían la voluntad de conformarlo y que desordenadamente se precipitaban de manera espiral y en forma ascendente, hacia el pico del águila. De pronto sintió mucho dolor y vio un túnel negro. Lo que quedaba de su conciencia se resistió y con todas sus fuerzas, emitió un poderoso grito negando ese destino.

Águila Nocturna abrió los ojos y se dio cuenta que estaba soñando y que estaba empapado de sudor. Se incorporó inmediatamente y quiso salir de la cámara, pero una voz lo detuvo.

Luz de Noche estaba en la cabecera de la piedra y tomándolo por los hombros le dijo que se recostara en la piedra.

La vida es un sueño, joven guerrero. Los despojos de los trece guerreros inmaculados que aquí descansan, nos recuerdan que sus sueños como su vigilia, son para nosotros exactamente igual. Son tan ciertos y tan vividos sus sueños, que te invitaron a vivir con ellos una maravillosa experiencia. Tuviste un sueño de poder, gracias a la fuerza de estos guerreros. La revelación que viviste fue un regalo del poder. Tu cuerpo fue realmente abierto y a partir de hoy, estas en contacto con los cuatro rumbos del universo.

A partir del día de hoy, eres uno entre los nuestros. Nuestra misión es recorrer los cuatro puntos de la existencia, llevando y trayendo, los materiales y objetos necesarios, para que los seres humanos les rindan culto a las diferentes manifestaciones de “Aquél por quien vivimos”, y con ello desarrollen su conciencia espiritual. Más tú ahora sabes, gracias a esta revelación, que La Fuerza tiene un objetivo sobre nosotros los seres vivos y nuestra conciencia. En una inconmensurable cadena de aliento energético, que va mucho más allá de nuestra Madre Querida, los seres humanos somos alimento de una conciencia muy superior a todo lo entendible.

Caminarás con nosotros y abrirás nuevos caminos, en la búsqueda de "tu rostro y tu corazón", nosotros ahora, tus hermanos, te ayudaremos. Porque es muy cierto, que no existe reposo y equilibrio, en un pueblo, una familia o en un ser humano, que no tenga conciencia clara de dónde viene, en dónde está y hacia dónde se dirige.

"El rostro propio y el corazón verdadero", es el derecho más inalienable de cualquier ser consciente y de todo pueblo. Sin un rostro propio y un corazón verdadero, somos polvo al viento. Pero antes de proseguir, inmaculado Guerrero de los Dardos de Fuego, viajero del espíritu, tienes que decirle a esta hermandad en donde está "La Piedra de Poder de la Tierra de la Serpiente Emplumada".

Águila Nocturna se quedó viendo fijamente al sabio anciano le dijo, con vos clara y lentamente:

—Estamos parados sobre ella.

Águila Nocturna se incorporó a la vida cotidiana de aquella comunidad de transportadores de los insumos para rendirle culto a las diversas advocaciones de la Dualidad Divina, aquella que no tiene nombre, ni forma, ni se ve o se toca. A pesar de que en principio la comunidad era igual a todas, pues se sembraban las tierras y se producían ciertas manufacturas para vivir adecuadamente. Los caminantes tenían como principal actividad, el viajar y transportar los sagrados utensilios. Esta encomienda era realizada con el mayor orgullo y la tradición venia de familia en familia a lo largo de muchos atados de años.

Luz de Noche le informó a Águila Nocturna, que debía prepararse para partir con un grupo de caminantes que llevarían una gran cantidad de papel amate, traído del altiplano, a las remotas regiones al Sur de la Tierra rodeada de las Grandes Aguas. De aquellas lejanas tierras traerían oro, para hacer los utensilios sagrados.

Desde tiempos inmemoriales, Los Viejos Abuelos toltecas les habían enseñado a usar al oro como representación de la pureza que puede llegar a alcanzar la materia y que por esta misma pureza, se evita la corrupción. Por ello, el oro era un material simbólico de la aspiración suprema de los mortales de llegar a la pureza, para impedir la muerte o corrupción de la materia.

Se prepararon debidamente las cargas de papel amate, las provisiones y un día por la mañana, Águila Nocturna salió con veinte caminantes rumbo a las lejanas tierras del Sur.

La hermandad de los transportadores tenía una estructura militar, en la cual había rangos y la disciplina era muy rigurosa. Los caminantes debían entre otras cosas, dominar varios idiomas y conocer la pluralidad cultural de los pueblos, tener una constitución y una condición física impresionante, y ser expertos conocedores de los vastos territorios y sus caminos de La Tierra entre las Grandes Aguas, así como de la naturaleza, los climas, plantas, animales e insectos.

Las travesías que hacían estos intrépidos hombres, estaban llenas de peligros, muchos de los cuales resultaban, las más de las veces mortales. Para ellos, pertenecer a esta hermandad, representaba el más grande privilegio que un hombre común podía aspirar. En este intercambio de materiales para el culto, no mediaba ningún interés personal de lucro, ya que desde la enseñanza básica de la sociedad, esta no tenía ninguna actividad especulativa o de apropiación y atesoramiento de la riqueza. Por el contrario, la sociedad en su conjunto, estaba orientada a aspectos más místicos y espirituales de la existencia. Desarrollando, desde temprana edad y de manera muy precisa, la idea que el ser humano debía servir la comunidad. Que era más importante el “nosotros”, que el yo individual.

Por ello, ser parte importante de los posibilitadores del culto religioso, representaba para los integrantes de la hermandad, un privilegio que se pagaba con un alto sacrificio y muchas veces con la propia vida. Por otra parte, la hermandad era experta combatiente y excelentes cazadores.

La disciplina militar no solo radicaba en la organización. Desde muy pequeños eran adiestrados en el uso de las armas. Los antepasados, desde el origen mismo de los tiempos, habían inventado armas muy rudimentarias, como la lanza, el escudo, el arco y las flechas y unas macuahuitl o macanas con piedra de obsidiana muy cortante en los extremos, mismas que hasta la fecha se seguían usando, pues las guerras no eran muy comunes entre los hijos de Los Viejos Abuelos toltecas y ellos nunca usaron su inteligencia en el desarrollo de armamento, salvo el lanzador de dardos, que Los Viejos Abuelos lo inventaron para cazar aves al vuelo y que era muy efectivo, pues lograba arrojar un dardo a mucho mayor velocidad que la flecha de un arco.

El concepto de la guerra y el guerrero, estaba enfocado a la lucha espiritual, por lo cual le llamaban Guerra Florida y el guerrero, emprendía exclusivamente una lucha interior. Sin embargo, este carácter espiritual, no las hacia a estas batallas menos difíciles y feroces. De esta manera Los Guerreros del Espíritu, por tradición se confeccionaban trajes de una disposición más alegórica que práctico militar. Las pieles y las plumas, representaban más un orden místico, que tenía que ver con los animales simbólicos, como el jaguar y el águila, por ejemplo. La guerra interior fue uno de los legados espirituales más importantes de los toltecas.

La hermandad en cambio, era un grupo militar de verdaderos combatientes, pues en las grandes travesías, en ocasiones eran atacados por grupos de nómadas hostiles o por fieras, que saturaban los bosques o las selvas. La organización más pequeña, estaba compuesta de cinco personas, la siguiente era de veinte personas y era la unidad común, aunque podían organizarse de veinte en veinte, como los dedos de un cuerpo, hasta llegar a conformar unidades de cuatrocientos transportadores.

En aquella unidad, Águila Nocturna iba como invitado y fue encomendado a Jaguar de Fuego por Luz de Noche. Jaguar de Fuego era un jefe de transportadores muy experimentado y reconocido en el pueblo por su inteligencia, valor y por su fuerza. Se le había dicho que Águila Nocturna era un guerrero y que estaba en busca de su pueblo, por lo que se le prestarían todas las facilidades para que en el camino, pudiera encontrar su hogar.

Iniciaron la marcha, la unidad de transportadores se organizaba como una serpiente de cascabel. El hombre que iba al frente, hacia la función de los ojos, era el explorador. Un arquero, que no llevaba carga para estar ligero y ser rápido en sus desplazamientos, era los colmillos de la serpiente. Inmediatamente atrás del arquero, venía el responsable del grupo o la cabeza de la serpiente. Después venían quince cargadores y al final, estaba el hombre responsable de la retaguardia, que representaba los cascabeles de la serpiente y quien periódicamente tocaba un caracol marino, que era el medio de comunicación a distancia. Era fascinante ver como ese grupo humano se organizaba perfectamente como un solo organismo. Ellos sabían que el éxito de su sagrada responsabilidad y su vida misma, dependía del grado de organización y disciplina, con que operará el equipo.

Los transportadores cuando salían a llevar y traer su valioso cargamento, usaban ropas y se pintaban el cuerpo de tal manera, que se confundían fácilmente con el entorno. Esta pintura era más que un ritual, una costumbre. En muchas ocasiones, por esta pintura, salvaban la vida; por ello, se tenía la costumbre de no bañarse hasta haber concluido su misión y estar en la seguridad de su pueblo.

Águila Nocturna como invitado especial, no vestía los atuendos de la hermandad y cargaba solamente los alimentos para la larga travesía, pues no pertenecía a la Hermandad. En cuanto a las provisiones, que por las grandes distancias y por el tiempo en recorrerlas eran muy escasas. La templanza y fortaleza de los transportadores era legendaria. Existían tres fuentes de alimentación. La caza y recolección que hacían durante la travesía, que era la más importante, pues estos equipos aprendían a ser lo más autónomo posible; en segundo lugar, lo que en ocasiones les ofrecían los pueblos por donde pasaban, que siempre era más simbólico y ocasional; finalmente, los provisiones que llevaba el equipo y que solo eran usadas para los momentos más apremiantes. La tecnología alimentaria para los viajes, que los Viejos Abuelos les habían dejado, era excelente, pues desde cientos de atados de años, la comunicación entre todos los pueblos que vivían sobre La Tierra rodeada de las Grandes Aguas, era una costumbre muy importante. Salvo los productos y utensilios utilizados para el culto de los dioses, lo que los pueblos intercambiaban más eran las ideas y los sentimientos.

Entre los alimentos que llevaban los porteadores estaban, el maíz y los Frijoles molidos, insectos preparados, semillas, amaranto, miel, pescado y carne de venado salada, y unas tortillas grandes que eran muy elásticas y que se comían frías. La mayoría de estos alimentos podía durar mucho tiempo durante la travesía.

El equipo de Jaguar de Fuego avanzaba hacia el Sur por la planicie, como una serpiente de cascabel. Los transportadores llevaban su sagrado cargamento en unos canastos, que eran sostenidos por una correa ancha de cuero que se detenía contra la frente, de modo que llevaban las manos libres.

Águila Nocturna pronto aprendió la marcha de estos milenarios caminantes. Con el cuerpo ligeramente inclinado y las piernas flexionadas sobre las rodillas; caminaban ligeros y rápidos, por las veredas zigzagueante. El guerrero aprendió muy pronto a llevar la respiración correcta y a dejar de pensar, para fundirse en el espíritu del equipo. Los Viejos Abuelos habían enseñado a la Hermandad todas las técnicas para lograr su difícil misión. Entre ellas, era el canto de camino; un número de canciones de poder, que hacían que los transportadores se integrarán más como equipo. Antiquísimas canciones que eran entonadas con mucha alegría y pasión. Estas canciones se utilizaban cuando el cansancio o lo peligroso de un trayecto, requería que la energía se reconstituyera o se fortaleciera el ánimo. Estos formidables cantos se escuchaban por los caminos como la voz de un solo organismo, vigorosa y sonora; alejando a los enemigos, fueran estos seres humanos, animales o espíritus malignos.

El guerrero pronto aprendió que la seguridad del equipo, radicaba en la eficiencia en que cada uno de los integrantes cumpliera su función individual. El equipo solo funcionaba, si cada uno de los integrantes, cedía una parte de su individualidad y se integraba al todo del equipo; obedeciendo estrictamente al responsable, a la cabeza. Para ello, se requería a lo largo del tiempo, desarrollar una absoluta confianza entre si y todos con la cabeza.

Las jornadas eran de sol a sol. Iniciaban antes de que saliera el sol, con una ceremonia de pedimento al Señor y Señora de los Caminos, bosques y animales. Se les pedía el libre paso sin ser dañados y sin dañar a nadie. Acto seguido, se quemaba copal y se enterraba una pequeña ofrenda en la tierra. La otra ceremonia se hacía en la noche, donde se daba las gracias por la bienaventuranza del camino.

El equipo solo descansaba un poco después de los alimentos del medio día. Las jornadas eran intensas. Una de las funciones del puntero o lengua de víbora, era adelantarse al grupo a medio día y por la tarde, para seleccionar el lugar más propicio para comer y dormir.

Cierto día, que Águila Nocturna, estaba haciendo su guardia nocturna, envuelto en su manta de algodón y caminando en torno a la fogata. Observaba como los ojos de animales y de las entidades nocturnas, acechaban a los vigilantes. Jaguar de Fuego ya había instruido al guerrero de estos peligros. Pues el Señor de la Noche, mandaba a sus hijos a cazar a los incautos vigilantes, que atraídos por extraños ruidos, voces o imágenes, se alejaban del fuego protector y jamás regresaban de la obscuridad.

Pronto el equipo de transportadores dejó las tierras planas de la península y empezó a subir por montañas, que a cada momento crecían en tamaño y altura.

El clima y la vegetación empezaron a cambiar. La selva húmeda paso a transformarse en una exuberante vegetación de medía montaña, la frescura de la sombra que proporcionaba los árboles hacían más ligero el camino. El cuerpo de Águila Nocturna inmediatamente registró el cambio. Algo en su interior, recordaba esos árboles y esas montañas.

El equipo después de unos días, dejó la media montaña y pasó a los majestuosos bosques. Inmensos pinos, que saturaban los cerros y montañas cambiaron el clima totalmente. Un aire frío pasaba entre las ramas de los árboles, haciéndolas cantar y silbar. El cuerpo de Águila Nocturna se alertaba, como quien reconoce una antigua canción, que le es muy familiar.

Los transportadores cruzaban hacía el Sur, entre cordilleras que iban en dirección Oriente Poniente. Subían por empinados caminos, hasta llegar a las altas cimas, para inmediatamente, iniciar el descenso, hasta llegar a pequeños riachuelos que se encontraban en el fondo de las cañadas, para de nuevo iniciar el ascenso de otra cima.

En medio de esas remotas y deshabitadas montañas del Petén, apareció un hombre en medio del camino. Era alto y portaba un tocado hecho en piel curtida, que tenía el diseño de la cabeza de una serpiente, por medio de pequeñas piedras de turquesa, que estaban adheridas a la piel y que en conjunto daban la idea de un espléndido mosaico de colores, en el que sobresalían los ojos y los colmillos de la serpiente, en color blanco. Coronado con bellísimas plumas de quetzal, que a pesar de hacerlo majestuoso por su tamaño, lo hacían ligero. El hombre llevaba un protector del pecho y espalda, hecho de conchas de mar, que estaban armadas a través de pequeñas cuentas verdes. En el abdomen tenía un protector hecho de huesos de venado, también engarzados con cuentas verdes. Vestía una pequeña falda hecha con piel de jaguar. En sus muñecas y tobillos, llevaba tejidas en cuentas verdes, protectores muy vistos. En la mano derecha portaba una inmensa lanza, que en la parte superior tenía unas bellas plumas y estaba coronada de una gran navaja de obsidiana.

El hombre les marcó el alto y les informó que Murciélago Jaguar, Venerable Maestro de La Casa del Espejo Humeante en Mutal, les invitaba a descansar y reaprovisionarse, para seguir el camino. Jaguar de Fuego entendió que esta era una invitación muy especial, ya que por tradición, él sabía de aquel lugar, pero nadie de los transportadores había llegado hasta él, por lo que ordenó a sus hombres seguir al guardia.

Por la tarde llegaron a Mutal en un estrecho valle flanqueado por dos altas cadenas montañosas. La ciudad fue construida alrededor de una gran plaza central, con muchos edificios, otras plazas y estructuras, profusamente decoradas con pictogramas esculpidos en escalones y las múltiples estelas en toda la ciudad. La Casa del Espejo Humeante estaba construida sobre la cima de una colina artificial como a un kilómetro al este de la plaza principal, de donde se dominaba todo el valle. El acceso estaba en la parte Poniente. Caminaron al interior de la gran plaza. A mano izquierda, hacia el Norte, estaba la parte más alta de la colina y ahí, estaban los edificios más importantes. En la parte superior se encontraba una pirámide. Entre la plaza y la Casa del Espejo Humeante se encontrada el templo del murciélago, el cual era un complejo secreto y muy importante con acceso interior a una serie de cuevas y túneles bajo tierra que se extendían por varios kilómetros. Hacía el noreste, un inmenso y bellísimo juego de pelota acompañaba a una pirámide de proporciones regulares, que en la parte Norte poseía cinco pequeñas construcciones. El guardia los llevó a la parte Norte y en el interior de un edificio, encontraron preparados petates, alimentos y agua, para que descansaran. Se les informó que serían recibidos por el Venerable Maestro Murciélago Jaguar por la mañana.

La ceremonia de recepción fue solemne. El Palacio de los Jaguares estaba preparado con bellas flores y en él, se quemaba copal con mucha abundancia. Un grupo de músicos tocaba suaves melodías con diferentes ocarinas. Los invitados fueron colocados en la parte Sur de la habitación. La música calló y los participantes fijaron su vista en una puerta que estaba en la parte Oriente, de donde salió el Venerable Maestro acompañado de cinco ancianos, que vestían en forma muy austera y sobria.

Después de sentarse en unos petates rodeados de flores el Venerable Maestro se dirigió de esta manera a sus invitados:

"¡Démonos gusto, amigos míos:
Vengan aquí los abrazos!
En la tierra florida andamos andando
y no hay quien pueda ponerle fin.
La flor y el canto se tienden
allá en la Casa del Sol.
Sólo por breve tiempo en la tierra vivimos:
No será así siempre: espera la región del Misterio
¿Hay allí alegría? ¿Hay allí amistad?
¡Ah no, que no sólo en la tierra
venimos a conocernos!"

Murciélago Jaguar informó ampliamente a sus invitados de la misión que tenía encomendada La Casa del Espejo Humeante. Tenía muchos atados de años, que los Viejos Abuelos habían sembrado en todo el continente, recintos parecidos a éste, que tenían como misión la de conservar inalterables, los conocimientos y sabiduría que los Viejos Abuelos toltecas habían dejado en la tierra desde los mismos orígenes de esta milenaria civilización. En lugares apartados y remotos; inaccesibles y herméticas, éstas Casas de Conocimiento atesoraban esta información en la lengua y en el corazón de hombres y mujeres sabios. Estas personas eran preparadas desde niños. Los hombres de "la tina negra y roja", que vivían en las comunidades, tenían encomendado que cuando vieran a un recién nacido con una energía muy especial, que solo ellos podían observar, convencieran a los padres de estas extraordinarias criaturas, para que fueran ofrecidos a esta misión.

El niño entonces era iniciado en una ceremonia muy parecida a la de Las Primeras Aguas, la cual se realizaba en secreto y en la presencia de los orgullosos padres. En esta ceremonia se ejecutaba una operación energética, la cual garantizaba que al niño, jamás se le cerraría la mollera, para con esa abertura estar en permanente contacto con las fuerzas inconmensurables del mundo. Durante los primeros cinco años, el niño vivía con sus padres, los hombres sabios le enseñaban a la madre a ponerle unas tablillas en la cabeza, para que ésta, se fuera deformando poco a poco, lo que les permitía tener una configuración en su cerebro, que a su vez les facultaba percibir campos energéticos, que al común de los mortales no les era posible.

Al cumplir los cinco años el niño, que ya era bastante diferente, era llevado a éstas Casas de Conocimiento, en donde aprendía su misión.

Estos seres humanos, no eran ni Hombres de Conocimiento, ni guerreros o sacerdotes. Su misión era la de mantener intacto el conocimiento de Los Viejos Abuelos toltecas de una generación a otra. Por decirlo de alguna forma, eran libros humanos, que garantizaban la permanecía y pureza de la sabiduría humana. Vivían de una manera muy austera y frugal, alejados totalmente del mundo profano.

Después de haber explicado ampliamente el Venerable Maestro a sus invitados concluyó de esta manera:

   
"El sabio: una luz, una antorcha,
una gruesa antorcha que no ahúma.
Un espejo horadado,

 un espejo agujereado por ambos lados.
Suya es la tinta negra y roja,
de él son los códices, de él son los códices.
 
El mismo es escritura y sabiduría.
Es camino, guía veraz para otros.
Conduce a las personas y a las cosas,
es guía en los negocios humanos.

El sabio verdadero es cuidadoso
y guarda la tradición.
Suya es la sabiduría transmitida,
él es quien la enseña,
sigue la verdad.
no deja de amonestar.

Hace sabios los rostros ajenos,
hace a los otros tomar una cara, una personalidad,
los hace desarrollarla.
Les abre los oídos, los ilumina.
Es maestro de guías,
les da un camino,
de él uno depende.

Pone un espejo delante de los otros,
los hace cuerdos cuidadosos;
hace que en ellos aparezca una cara, una personalidad.

Se fija en las cosas,
regula su camino,
dispone y ordena.
Aplica su luz sobre el mundo.
Conoce lo que está sobre nosotros
y, la región de los muertos.

Es hombre serio.
Cualquiera es confortado por él,

es corregido, es enseñado.
Gracias a él, la gente humaniza su querer
y recibe una estricta enseñanza.
Conforta el corazón,
conforta a la gente,
ayuda, remedia,
a todos cura.

Los que ven,
los que se dedican a observar
el curso y proceder ordenado del cielo,
cómo se divide la noche.

Los que están mirando, leyendo,
los que cuentan o refieren lo que leen.
Los que vuelven ruidosamente las hojas de los códices.
Los que tienen en su poder
la tinta negra y roja, la sabiduría
y lo pintado,
ellos nos llevan, nos guían,
nos dicen el camino."

Por la noche Jaguar de Fuego y Águila Nocturna, fueron invitados a una ceremonia especial por el Venerable Maestro, quien les dijo que ellos estaban esperando la llegada de Águila Nocturna, que La Fuerza así se los anunció y que ellos estaban cumpliendo humildemente los designios.

—A esta Casa del Conocimiento no llegan gente del mundo profano, nuestro contacto es a través de los sabios y los sacerdotes; quienes vienen a instruirse o a enclaustrarse. El hecho que ustedes estén aquí, es un suceso extraordinario. Estos lugares deben estar lejos de la energía mundana, esta Casa de las Pinturas Floridas y de los Cantos Floridos, es una reserva inmaculada que asegura el futuro de la sabiduría de Los Viejos Abuelos toltecas. A través de los cientos de atados de años, la sabiduría de nuestros antepasados ha estado amenazada en muchas ocasiones y nosotros sabemos que lo estará en el futuro. De modo que, solo perdiendo la memoria y la lengua, podrá borrarse la presencia de nuestros amados y sabios, nuestros Viejos Abuelos toltecas sobre la faz de nuestra Madre Querida.

En algunas ocasiones en el pasado, nuestra voz ha sido reducida al soplo del viento que canta entre las ramas de los solitarios bosques o condenados a vivir con el jaguar en sus cuevas, cobijados por la Madre Tierra y la oscuridad de la noche misteriosa. El conocimiento y la sabiduría de nuestros antepasados, nos permite reducirnos a nada, nos prepara para ser inaccesibles cuando es necesario, por esa razón somos invulnerables. Somos el viento, somos la noche, desaparecemos y seguimos estando allí eternamente.

Ahora vivimos buenos tiempos, pero como es el día es la noche, una primero, la otra después, todo es cambio y movimiento, nada es estático todo se mueve, sucede y vuelve a suceder. En la luz del día está la esencia de la oscuridad de la noche; y en medio de la oscuridad de la noche, se encierra la esencia de la luz del día.

Por eso nuestra sagrada misión, de mantener viva la sabiduría y el conocimiento de nuestros padres, para que así, sus hijos siempre obren en consecuencia, con un corazón firme como la tierra y un rostro propio y verdadero como el jade. Estamos preparados para permanecer todo el tiempo que sea necesario en el canto de los bosques, en la humedad de la selva o en la profundidad de la tierra.

Nada es eterno, después de la noche sigue la luz del día y luego nuevamente llega la oscuridad. Lo importante es que en una y en otra, se mantenga la sabiduría y el conocimiento de nuestros antepasados, que no se pierda la raíz de nuestro pueblo, que nunca quedemos huérfanos y desmemoriados. Somos una de las casas más antiguas del hombre sobre la tierra.

Ahora que sabes que te estábamos esperando Guerrero del Espíritu, cumpliremos con el designio de La Fuerza, tendrás que pasar la noche en Templo del Espejo Humeante. Águila Nocturna fue conducido a la parte superior la colina en donde estaban dos pirámides. La que daba al Poniente tenía cuatro escalinatas por los cuatro puntos cardinales, la segunda tenía una sola escalinata que daba al Poniente. Subió y en la parte superior encontró una pequeña construcción cuadrada que tenía pintado en sus paredes, jaguares emplumados que al abrir sus fauces, brotaban de sus profundidades palabras floridas, representadas por vírgulas con flores.

La habitación tenía cuatro puertas que apuntaban a los cuatro puntos cardinales. Murciélago Jaguar llegó hasta la puerta Sur con Águila Nocturna y le dijo:

—Iluminado Guerrero del Espíritu, hijo de la esperanza, piedra preciosa. Tu destino te ha traído ante las puertas de esta, la Casa del Señor del Espejo Humeante, el guerrero eternamente joven, el de la guerra interior, el que no deja en paz a los corazones, el que tiene el espejo y refleja la imagen del hombre y su conciencia de sí, el amparador de todos y perdonador y purificador de todos los pecados, el joven eterno de perfecta perfección y sin tacha.

Él es obscuridad y sombra conocedora del corazón humano, él es el insoportable espíritu revelador de la verdad, de peligrosa presencia reveladora. La verdad que es principio de la guerra interior, de la batalla florida.

Caminas en busca de tu rostro de tu corazón, pero no hay camino recorrido hacia afuera, que antes no haya sido recorrido hacia adentro, ahora tienes una cita con El Espejo Humeante.

Acto seguido, el Venerable Maestro invitó a pasar a Águila Nocturna a la habitación. Las cuatro entradas eran parte de un pequeño laberinto, que conducía a una cámara interior que estaba iluminada por antorchas. La entrada estaba en la parte inferior de una pared y se tenía que pasar a gatas.

Adentro, las cuatro paredes estaban forradas de oro y tenían grabados a manera de un códice la historia de Espejo Humeante, en sus cuatro representaciones. El techo estaba forrado de láminas de plata, con incrustaciones de piedras preciosas a manera de un cielo estrellado. En las cuatro paredes estaban sendas esculturas, una en barro rojo, otra en piedra de obsidiana negra, otra en madera pintada de azul y la última en jade verde.

En el centro de la cámara, que no tenía acceso aparente y que proyectaba una sensación de profundo hermetismo, estaba una piedra perfectamente cubica, que tenía grabadas en sus cuatro caras la representación del Espejo Humeante. En la parte superior, estaba un bellísimo marco, hecho en huesos muy largos que estaban debidamente ensamblados y profusamente labrados.

El marco no contenía nada, estaba vacío. De pronto por la boca de las cuatro esculturas empezó a salir grandes cantidades de humo azuloso, que en breves momentos inundó totalmente la cámara. El marco entonces empezó a resplandecer y de él se empezó a escuchar extraños sonidos, como cantos o rezos en desconocida lengua.

En la oquedad del marco, el humo empezó a asumir formas caprichosas, como si tuviera vida y voluntad. Un zumbido, como el aletear de un escarabajo empezó a salir de sus adentros. Instintivamente Águila Nocturna despejo de su corazón todos los sentimientos y de su mente las ideas, bizqueando fijó la vista por separado y se concentró en el zumbido interior.

Después de un tiempo se dio cuenta que tenía los ojos cerrados y al abrirlos, vio entre el humo que estaba del otro lado del espejo un rostro que apenas se distinguía. Enfocó la vista y apareció una osamenta. De las oquedades oculares del cráneo, salía una mirada profunda e inquietante, que penetraba en el guerrero, inundando sus entrañas de un frío desolado. Águila Nocturna sabía que esa osamenta era la suya y esa mirada era su propia muerte que lo llamaba.

Águila Nocturna cerró los ojos y se concentró con toda su energía en la parte media de su cuerpo. La presión cesó y escuchó un ruido de un hueso al romperse. Abrió los ojos y vio como el cráneo se partía lentamente por la mitad de manera longitudinal. Con gran sorpresa vio que de él, aparecía un rostro de un anciano. Al observarlo con detenimiento se reconoció, era él mismo, pero con todos los años encima. El anciano tenía un rostro que proyectaba paz y armonía, el rostro le sonrió levemente y Águila Nocturna fue invadido de una sensación de bienestar. Cerró nuevamente los ojos para hundirse en ese sentimiento, cuando escuchó otro chasquido y al abrir los ojos, vio como el rostro del anciano se partía y de él surgía su imagen pero sin ninguna expresión, como si fuera una escultura, estaba observando atentamente cuando la escultura se partió y de ella surgió el rostro de un niño. Tenía los ojos grandes, una mirada llena de ternura y de sus labios delgados se delineaba una sonrisa de completa felicidad y armonía.

Águila Nocturno sintió un dardo ardiente que se incrustaba en su corazón. Por primera vez en muchos años tenía algo más que un leve recuerdo, tenía la certeza de que ese niño era él. Un cuasi recuerdo, un sentimiento y una seguridad interior de que él había sido muy feliz en su niñez. De sus ojos empezaron a derramarse lágrimas, su cuerpo empezó a vibrar y el zumbido del escarabajo se hizo más fuerte, hasta que lo abarcó todo.

Las piernas se le aflojaron y calló por tierra. El rostro del niño seguía prendido a sus ojos, sentía que estaba a punto de recordar. De pronto escuchó el canto de una mujer, una voz tan conocida y amada, que le evocaba seguridad y amor, cantaba una canción de cuna, y claramente sintió la mano de esa mujer de rostro indefinido y nebuloso, que acariciaba su frente y sus lacios cabellos. Águila Nocturna tenía mucho tiempo que no sentía la seguridad y el bienestar, que ese cuasi recuerdo le evocaba.

Algo en sus adentros encontró su base, algo indefinible se ensambló y le produjo una oleada de bienestar, que lo hizo que se abandonara totalmente en la oscuridad del tiempo y de los recuerdos que estaban por llegar. A la mañana siguiente, el equipo de transportadores salía de La Casa del Espejo Humeante. Silenciosos como una serpiente, avanzaban entre las escarpadas montañas. Cuando el sol estaba en lo más alto del cielo, empezaron a bajar a las tierras cálidas.

Águila Nocturna iba radiante, sentía que su cuerpo que estaba muy contento, algo había pasado y sin saber qué era exactamente, algo le decía que estaba en el camino correcto.

El equipo de Jaguar de Fuego empezó a atravesar una región de volcanes, lagos y lagunas de una belleza incomparables. El clima y la vegetación eran exuberantes. Las montañas se cuajaban de todos los verdes inimaginables, los cantos de las aves, el grito de los animales y el cielo de un azul transparente, hacían que los transportadores emprendieran la marcha con brío.

La caminata estaba dando sus frutos en el cuerpo y el espíritu del guerrero. Los años que pasó en las cálidas y húmedas tierras de la gran planicie, viviendo las pasiones de la vida profana, habían adormecido a su espíritu y aflojado su cuerpo. El agotador esfuerzo físico, el contacto con la naturaleza y la práctica de una disciplina, llena de mística y fuerza, habían nuevamente templado y afinado, el cuerpo y el espíritu del guerrero.

Los caminantes avanzaban por las serpenteantes veredas de las tierras de media montaña. Muy seguido veían en su camino a los animales de esas tierras; venado, jaguar, tapir, jabalí, mono. Aves de todos los colores y tamaños, en donde sobresalían los quetzales, las guacamayas, los patos y águilas.

Más adelante, cuando llegaron a una región de pequeños lagos, encontraron muchos pueblos, donde eran bien recibidos. Los Viejos Abuelos toltecas habían derramado por doquier su sabiduría desde el origen de los tiempos. Todos los pueblos tenían una misma raíz. Por múltiples que fueran sus diferencias, lingüísticas, étnicas y culturales; todos poseían un origen filosófico común, que los hacía compartir una sola civilización. De modo que la religión era muy parecida en todos los pueblos. Cambiaban los nombres, un poco las representaciones físicas y las figuras metafóricas de las diversas advocaciones de “Aquél por quien se vive”, pero en el fondo la esencia era la misma. Una Divinidad absoluta que es abstracta, pues no se ve ni se toca, por lo que no se representa y no tiene nombre. En seguida una segunda representación de esa abstracción, pero ahora palpable y visible, como La Dualidad Divina, principio masculino y femenino de todo cuanto existe, en un par de opuestos complementarios. Inmediatamente después, la representación de las dos energías que rigen el universo, la luminosa y la espiritual, representadas en el símbolo del Agua y el símbolo del Viento y de ahí, se desprenden una serie de símbolos de las leyes que rigen el universo a través de todas las advocaciones que interpretarán la enseñanza básica de Los Viejos Abuelos toltecas. La esencia de la religión era igual en toda La Tierra que está rodeada de las Grandes Aguas. Así lo enseñaron los toltecas.

Por esta razón, los transportadores eran bien recibidos en todas partes y sólo algunas pocas regiones en donde vivían pueblos que no poseían la antigua tradición de sabiduría de los remotos antepasados, los transportadores eran hostilizados. Estos pueblos generalmente eran cazadores nómadas o estaban en periodos incipientes de sedentarización; lo que los hacía belicosos y ajenos al mundo civilizado del continente.

Después de cuatro lunas, el equipo de transportadores de Jaguar de Fuego llegaba por fin a su destino. La Ciudad de Nicarao en los límites del Anáhuac. Era una ciudad bellísima asentada a la orilla del enorme lago de Cocibolca. Esté era el último reducto de la civilización, más al Sur, estaban las impenetrables y misteriosas selvas de las que los hombres nunca volvían. Hasta aquí el sol “baja en su recorrido” y subía a través del año hasta la parte más al Norte, en dónde empieza el gran desierto impenetrable.

Esta era la tierra de Nicarao, gobernador de un vasto territorio llamado tierra de volcanes y temblores, que incluía señoríos en toda la región, incluyendo la isla de Ometepe con sus dos impresionantes volcanes.

Desde cientos de atados de años atrás, se tenía contacto con otra gran civilización que estaba en las Grandes Montañas al Sur del continente. Se sabía que Los Viejos Abuelos toltecas habían iniciado su desarrollo al mismo tiempo que en el Norte, y que las dos civilizaciones eran hermanas. Sin embargo, aunque se tenía contacto a través de la navegación con ellos, éste era muy esporádico y muy peligroso. La barrera de aquellas selvas, pantanos y manglares, resultaba impenetrable y la ansiada ruta terrestre que uniera a las dos civilizaciones hermanas, nunca se había logrado, pues en cada intento, los expedicionarios nunca regresaban.

Los hombres de Jaguar de Fuego fueron recibidos con alegría y fraternidad. Las autoridades de la ciudad, encabezadas por El Que Habla, La Mujer Serpiente y el Sumo Sacerdote atendieron personalmente a Jaguar de Fuego, quien dio cuenta de la travesía, pues los transportadores no solo transportaban objetos para el culto, con ellos viajaban las noticias, las ideas y los sentimientos.

El Consejo de Ancianos estuvo presente en el banquete que se les ofreció a los viajeros. Águila Nocturna también fue invitado y pronto salió a la conversación. Algunos hombres del consejo de ancianos inmediatamente lo reconocieron como un guerrero, por lo que a partir de ese momento tuvo un trato diferente.

El equipo descansó veinte días, para recuperar las fuerzas para emprender el largo regreso. Ahora se llevarían oro, que era común encontrar en los ríos de esa región y que era utilizado para fabricar objetos ceremoniales. El oro era un símbolo que representaba el grado de pureza que puede llegar a alcanzar la materia. El oro era el símbolo de la pureza, que aspiraban los seres humanos frente a “Aquél por quien se vive”. De igual manera se utilizaba la plata y el jade. Se tenía la idea de que la energía luminosa iniciaba su camino de regreso a su fuente creadora; de modo que se iba reciclando a través del tiempo, cada vez purificándose. Así de energía mineral llegaban al grado superior que era el oro. De ahí pasaban a ser energía vegetal, hasta llegar a ser una ceiba o un ahuehuete, que son los seres vivos más longevos; para pasar después a ser animales, hasta llegar a la categoría de seres humanos, quienes son los que tienen la posibilidad, al alcanzar la pureza espiritual de convertirse nuevamente en energía pura, en luz.

Jaguar de Fuego tenía pensado al regreso a su comunidad, recomendar a Águila Nocturna para que fuera iniciado en la Hermandad, pues en la travesía se había convertido en un decantado y experimentado transportador. Sin embargo Águila Nocturna tenía otros planes.

En la estancia en la ciudad, había conocido a un grupo de jóvenes que estaban preparando una expedición, a la parte Sur del continente. Se habían propuesto buscar una ruta terrestre que uniera a las dos civilizaciones del continente. El grupo encabezado por Jaguar Despertado, contaba con el respaldo de las autoridades de la ciudad, que sabían que era necesario y al mismo tiempo, muy peligrosa la expedición.

Águila Nocturna había recibido en La Casa del Espejo Humeante una señal que lo impulsaba a encontrar su hogar, que no era otra cosa que su memoria y destino; su propio rostro y su corazón verdadero. La razón de su existencia. No estaba dispuesto a seguir caminando por la vida, sin saber de dónde venía, cuáles son sus orígenes; en dónde estaba. Pero fundamentalmente, a dónde deseaba ir, cuál era su destino, qué futuro desea construir. Preferiría la muerte a vivir sin un rostro propio y un corazón sólido y verdadero como una piedra.

Cuando Jaguar Despertado le contó del plan de encontrar la ruta para llegar a los pueblos que vivían en las Grandes Montañas del Sur, Águila Nocturna vislumbro la posibilidad de que El Valle de Etla estuviera a los pies de una de esas montañas. La invitación a formar parte de la expedición no tardó y antes de que partiera el equipo de transportadores, Jaguar de Fuego conocía la decisión del viajero del espíritu. Veinte días después de la partida de Jaguar de Fuego hacia el Norte; Águila Nocturna salió rumbo a las selvas del Sur, con el grupo integrado por nueve exploradores. El equipo se integraba del mismo modo que el de los transportadores, la diferencia es que no llevaban carga.

Un explorador iba al frente y representaba la lengua, Águila Nocturna era los colmillos, pues era un excelente arquero. Sin saber cómo, cuando el guerrero tomaba un arco lo fundía con su brazo. La flecha era el vehículo de la fuerza interior. Cuando cargaba la flecha y tensaba la cuerda, su dialogo interno se detenía. Los sentimientos y pensamientos, eran desplazados por el espíritu. Entre su ojo derecho y el blanco escogido, solo mediaba un instante, en el que la fuerza del espíritu del guerrero se impactaba en el blanco. La arquería es el dominio del mundo interior, que se condensa en el mundo exterior, a través de un tiro certero. Atrás de un excelente arquero, esta una impecable templanza espiritual.

Después de los colmillos venía Jaguar Despertado como la cabeza y los ojos del grupo. Inmediatamente después seguían seis exploradores con sus armas atentas y al final, uno de los más experimentados exploradores Cabeza de Venado, que hacía las funciones del cascabel de la serpiente. Todos cargaban sus provisiones y sus pertrechos.

El grupo se había pintado todo el cuerpo, como la piel de un jaguar, lo que les daba algunas ventajas y llenaba de poder. Avanzaban en completo silencio y atentos, en espera de un ataque sorpresivo tanto de hombres, como de animales. Una zona de manglares y pantanos circundaba las impenetrables selvas. El agua salobre, que estaba en estado de descomposición; entre maleza y troncos, despedía un olor nauseabundo. Los insectos y víboras, hacían del pesado avance, un martirio y un desafío, que a cada momento se movía entre la vida y la muerte; pero lo más peligroso resultaba la presencia agazapada de los lagartos y caimanes que infestaban la zona. Entre esas aguas putrefactas y lodosas, hacían muy difícil su detección. Si no se observaba a la perfección el terreno que se pisaba, el animal tiraba su dentellar asesino; con fuerza inaudita jalaba a su presa, a las partes profundas del agua. El ataque sorpresivo era tan veloz y con tanta fuerza, que nada se podía hacer cuando un hombre era atrapado por uno de estos feroces animales.

El manglar y los pantanos eran tan extensos y la marcha tan lenta y cansada, que los exploradores tardaron diez días en llegar a la tierra firme. Fueron días de grandes sufrimientos, pues la tensión y el desgaste de la jornada, no se podía recuperar por la noche. Los mosquitos y los insectos hacían imposible el descanso, además de que cierta noche uno de los exploradores se despertó al sentir una gigantesca víbora en torno a su cuerpo, que lo tenía completamente atrapado y lo estaba asfixiando, apretaba sus anillos con tal fuerza, que sus compañeros apenas pudieron cortar a tiempo en pedazos al animal, para liberarlo, pues aún muerta la serpiente, sus anillos apretaban por sí mismos.

Por fin llegaron los exploradores a las Selvas del Sur, los manglares y pantanos habían quedado atrás. La vegetación era tupida, grandes árboles impedían la entrada de la luz. Un cielo verde y amenazante los cubría.

Jaguar Despertado se dirigía hacia el Sur. Por las noches, trepaban a los árboles, para desde sus copas ver a las estrellas y poder orientarse. En sus bastimentos siempre había agua y comida, pues en aquellas selvas húmedas no faltaban.

Caminaban en la espesura, cuando escucharon el ruido de agua al correr. Se acercaron buscando el riachuelo que pasaba en medio de una pequeña cañada. Estaban descansando al lado de unas grandes piedras, cuando Águila Nocturna que estaba de vigía, vio que entre la maleza algo se movía veloz en dirección a uno de los compañeros que estaba llenando su guaje de agua en el arroyo.

Inmediatamente templo su arco y disparó una certera flecha que detuvo la carrera de un enorme jabalí, que al sentirse herido empezó a chillar de manera estridente. Cuando el grupo se estaba percatando de lo que pasaba, Águila Nocturna apenas tuvo tiempo de disparar nuevamente a otro jabalí que atacaba furioso. Los exploradores se replegaron a lo más alto de las piedras, en donde estaba Águila Nocturna.

El grupo fue rodeado por una numerosa manada de jabalíes. Entre cien y ciento treinta animales de todos los tamaños, atacaban a los exploradores. Aunque no podían trepar por las altas piedras, su odio y ferocidad imponían a los exploradores. Jaguar Despertado dio la orden de que no les dispararan más, pues tal parecía que la muerte de sus compañeros y la frustración de no poder alcanzarlos, hacía que los animales se mantuvieran en un estado de agresividad. Chillaban estruendosamente y en una actitud desafiante, se lanzaban encarrerados contra las piedras, sabiendo que no podrían trepar y que podían ser muertos fácilmente.

Jaguar Despertado preparó a sus hombres a pasar la noche en lo más alto de aquellas peñas. Durante toda la noche los feroces animales no dejaron de estrellarse contra las piedras. Sus gritos de rabia mantuvieron toda la noche a los exploradores despiertos. Al llegar la mañana, pensaron que los animales emprenderían la marcha, pero extrañamente seguían ahí, empeñados en acabar con los hombres. Los jabalíes parecía que estaban dispuestos a quedarse ahí una eternidad, hasta que bajaran los exploradores. Unos se iban y otros regresaban, pero el caso es que permanentemente estaban rodeados al menos por cincuenta animales. Unos se echaban entre la vegetación, otros, los más agresivos trataban de subir entre las piedras, desafiantes ante la presencia de los hombres. Lo que no dejaban era de chillar y gritar, de manera tan estridente y molesta, que los hombres empezaron a perder el control.

Llevaban cuatro días con sus noches encaramados en esas peñas y rodeados de los obstinados animales, que parecía que estaban dispuestos a acabar con ellos de cualquier manera. Ellos sabían que tenían el tiempo de su parte y sabían lo que estaban haciendo. El quinta día se desencadeno una gran tormenta por la tarde. El arroyo se convirtió en un río que arrastraba mucha agua. Los jabalíes seguían ahí esperando. Al entrar la noche la tormenta arreció y un milagro propicio el desenlace. Como por mandato, empezaron a caer alrededor de las peñas poderosos rayos, que iluminaban en la obscuridad de la tormenta a los atemorizados y desconcertados animales. Cada rayo era seguido del chillar despavorido de las decenas de animales que corrieron en todas las direcciones. Jaguar Despertado dio la orden de salir corriendo en columna, sin saber cómo Águila Nocturna iba al frente guiando a los exploradores en medio de la oscuridad.

Cuando se cumplió tres lunas desde su partida de la ciudad, la expedición era un desastre. Además de los peligros pasados, habían enfermado dos hombres con altas temperaturas, otro había sido mordido por una serpiente venenosa y aunque se le había extraído el veneno y se la había proporcionado el jugo de una planta milagrosa, su organismo estaba muy debilitado. La moral del grupo estaba muy baja, fundamentalmente porque ellos sabían que habían avanzado muy poco y que la selva parecía que se los iba a tragar vivos de un momento a otro.

Jaguar Despertado le consultó a solas a Águila Nocturna sobre su desesperada situación. Hasta el momento no se había perdido ninguna vida y las posibilidades del equipo de exploradores, día a día iba aminorando. Águila Nocturna coincidió con Jaguar Despertado que lo mejor era regresar. Con la firmeza del líder, Jaguar Despertado comunicó la decisión al equipo, quien con el ánimo deshecho se resignó a emprender el regreso.

Levaban tres días de fatigosa y lenta marcha, cuando el puntero detecto a un grupo de cazadores que se aproximaba. Eran quince hombres armados que seguían las huellas de un animal herido. Unos y otros se percibieron. Jaguar Despertado dio la orden de no disparar y mantenerse escondidos en la vegetación. Los cazadores rodearon lentamente a los exploradores. Eran momentos de mucha tensión. Los cazadores estaban preparándose para atacar a quienes habían invadido su territorio. Águila Nocturna se dio cuenta que sería inevitable el enfrentamiento. Todos prepararon sus armas. Los arcos se tensaron y las lanzas y cuchillos de obsidiana se apretaron con fuerza.

Cuando el cerco se cerró completamente y sabiendo de la ventaja numérica, los cazadores atacaron emitiendo alaridos de muerte. Los exploradores se defendieron hábilmente, antes de llegar al contacto físico, las certeras flechas de los exploradores habían derribado a la mitad de los atacantes. La lucha fue rápida y los cuatro cazadores que sobrevivieron a la escaramuza salieron corriendo.

Jaguar Despertado revisó a sus hombres, todos estaban bien, solo tres tenían cortadas superficiales y golpes. Entonces dio la orden de emprender la marcha inmediatamente, sabían que pronto regresarían los cazadores en busca de venganza.

Por la tarde Jaguar Despertado dio la orden de que los ocho hombres del equipo se alejaran hacía el Norte sin detenerse; él y Águila Nocturna se quedarían a esperar a los cazadores para atacarlos y entretenerlos, dándoles tiempo de que pudieran huir con los enfermos. Hubo un silencio y los exploradores le dijeron a Jaguar Despertado que consideraban imposible huir, y que como de todos modos iban a morir esa tarde, deseaban morir peleando juntos. La respuesta del grupo era contundente, no era un desacato a una orden, era la última voluntad de un equipo de compañeros, de recibir a la muerte dignamente.

Escogieron de común acuerdo el sitio de su muerte. En torno a una inmensa ceiba, tal vez la más grande de aquellas selvas. Ahí empezaron a atrincherarse. Cuando se pintaban el rostro de manera ritual, entonaban cada uno su canción de despedida. Ya se escuchaban los caracoles que anunciaban a los cazadores, que seguían el rastro de sus enemigos. Finalmente unos y otros, los exploradores se despidieron y tomaron su lugar para la lucha.

Finalizaba la tarde cuando aparecieron los primeros cazadores, uno a uno, las flechas los iban derribando. Cuando un hombre está frente a su muerte inminente y la recibe con dignidad y valentía. La muerte le concede respetuosamente, en esos momentos tan sublimes, la impecabilidad. De modo que cada flecha de los exploradores daba en el blanco. Los cazadores que habían llegado en desorden al ver la matanza se replegaron y a pesar de ser más de ochenta, no estarían dispuestos a dejarse matar de esa manera. Decidieron esperar a que entrara la noche, pues en la oscuridad las temibles flechas no tenían eficacia y la lucha se tendría que dar cuerpo a cuerpo.

Jaguar Despertado dio la orden a sus hombres de que prepararán las armas para luchar cuerpo a cuerpo. Empezaron a cantar una canción con tanta pasión y fuerza, que por un momento los cazadores se desconcertaron. Aquellos hombres se disponían a vender muy cara su muerte, pues dejaban sentir un desapego inusual, ante su inminente muerte. El efecto fue demoledor en los cazadores, algunos discretamente se retiraron y otros les faltaba el ánimo para iniciar el asalto final.

Los gritos nerviosos de los jefes de los cazadores, incitando a su gente a pelear, contrastaban con el canto seguro y firme de los que se disponían a encontrar la muerte con sobriedad. Finalmente después de muchas indecisiones, los cazadores atacaron.

Los hombres de Jaguar de Fuego se multiplicaban en rapidez y en fuerza. Una y otra vez los cazadores eran rechazados por los exploradores, la mortandad de los cazadores era alarmante. Pero poco a poco, los compañeros de Águila Nocturna fueron cayendo. Al final estaban luchando más de diez cazadores contra Jaguar Despertado; Águila Nocturna logró trepar por la inmensa ceiba, lo que evitó que fuera atacado por los cazadores, que en ese momento hacían pedazos con una saña inaudita el cuerpo de Jaguar Despertado.

Entre las ramas de la ceiba, Águila Nocturna estaba acorralado como un jaguar. Se posesionó del único acceso al árbol y cada que intentaba subir un cazador a matarlo, Águila Nocturna con una fuerza y una habilidad felina, de un tajo les cortaba la vida. Los cazadores caían unos y otros, el guerrero cobraba su vida muy cara. Llegó un momento en que a los pies de la ceiba, estaban quince cazadores muertos y nadie quería subir a luchar con ese extraordinario enemigo. Los cazadores entonces decidieron prender una enorme fogata a los pies de la ceiba, para poder cazar al guerrero con los arcos y las flechas. Águila Nocturna al ser alumbrado, empezó recibir cercanos flechazos. Lo que hizo que subiera a la parte media del árbol, en donde la fronda lo resguardaba de las flechas. Nuevamente los cazadores intentaron trepar al árbol y cuando llegaron a las ramas en donde se escondía Águila Nocturna, entraban en combate personal, como no podían atacar más de dos juntos, empezaron a caer nuevamente heridos de muerte.

Águila Nocturna sentía que estaba viviendo los últimos momentos de su vida. No sentía temor o rabia en contra de sus adversarios. No podía desperdiciar energía tan valiosa en esa entrega. Por el contrario, al saber que moriría, ejecutaba cada movimiento en el combate, con la conciencia de que podía ser el último movimiento de su vida, por eso tenía que ser el mejor. Con una lujuriosa eficiencia, se había convertido en un instrumento de muerte; que tenía desconcertados y aterrorizados a los cazadores, quienes decidieron cambiar de táctica y empezaron a talar el árbol, para que cayera en sus manos el guerrero.

Águila Nocturna comprendió de inmediato la intención de sus adversarios. Decidió entonces, subir hasta la parte más alta de la ceiba y desde ahí, contemplar por última vez al cielo, ahora oscuro y tachonado de estrellas. Abajo se escuchaba el rítmico golpeteo de las hachas, que marcaba el destino del guerrero.

Al estar en la copa del árbol y contemplar el firmamento, con su inmensidad de luces de colores. Al sentir a la selva como un ser vivo; empezó a sentir nostalgia de tener que dejar este mundo tan intenso y tan bello. Sentía que todo su cuerpo se despedía de este maravilloso mundo. Un canto vino a su corazón:

"No es verdad que vivimos,
no es verdad que duramos
en la tierra,

¡Yo tengo que dejar las bellas flores,
tengo que ir en busca del sitio del misterio!
Pero por breve tiempo,
hagamos nuestros los hermosos cantos.

¡Esmeraldas son: turquesas
tu greda y tus plumas,
oh dador de la vida!
Dicha y riqueza de los Guerreros
es la muerte en la guerra."

Águila Nocturna no sentía pena por su muerte inminente. Algo en sus entrañas no aceptaba el dejar este mundo, sin haber encontrado su propio rostro, su corazón verdadero, su hogar. El Valle de Etla vino desde muy lejos y se prendió al corazón del guerrero.

La muerte se tornaba en desolación, al no haber recuperado su identidad, al no saber cuál era su verdadera historia, cuáles eran sus orígenes. Frente a esta verdad, su presente se descontextualizaba, se dislocaba hasta su propia muerte. Pensó Águila Nocturna, si no sé quién soy, ¿quién muere en verdad?

Una descarga de coraje y de indignación salió de las entrañas del guerrero. En ese instante había decidido que no podía morir sin haber recuperado su memoria. El inmenso árbol empezó a crujir y los gritos de entusiasmo de sus perseguidores no lo perturbaron. El árbol empezaba a inclinarse produciendo un estruendo. Águila Nocturna alzó la vista al firmamento y vio, en ese instante, como una estrella fugaz caía luminosa rayando a la bóveda celeste. En el momento en que la estrella venía cayendo, Águila Nocturna estiro sus brazos hacia la inmensidad del firmamento. El árbol iniciaba su estruendosa caída y el guerrero en la oscuridad de la noche, milagrosamente se convertía en una inmensa águila, que abría sus alas para remontar lentamente el vuelo en pos de lo inconmensurable.

En su vuelo majestuoso dejaba atrás a la selva y regresaba hacia el Sur, bordeando la costa Poniente en un vuelo nocturno.