El Ombú

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El Tesoro de la Juventud (1911)
El libro de la Poesía, Tomo 2
El Ombú
 de Luis L. Domínguez

Nota: se ha conservado la ortografía original.


¡El ombú! El árbol secular y gigantesco de la pampa, que bajo de su espeso ramaje, impenetrable así a las lluvias del aguacero como a los abrasadores rayos del sol, brinda protección y abrigo á viajero fatigado, y que ha sido mudo testigo de cien luchas entre la civilización y la barbarie, tiene su cantor inspirado en el poeta argentino Luis L. Domínguez (1819-1898), que nos describe sus glorias, en vibrantes « octavillas », con la galanura y el brío que realzan la siguiente poesía.


EL OMBÚ

CADA comarca en la tierra
Tiene un rasgo prominente:
El Brasil, su sol ardiente;
Minas de plata el Perú,
Montevideo, su cerro;
Buenos Aires, patria hermosa,
Tiene su pampa grandiosa;
La pampa tiene el ombú...

¡El ombú! — Ninguno sabe
En qué tiempo, ni qué mano
En el centro de aquel llano
Su semilla derramó.
Mas su tronco tan nudoso.
Su corteza tan roída,
Bien indican que su vida
Cien inviernos resistió.

Al mirar cómo derrama
Su raíz sobre la tierra,
Y sus dientes allí encierra
Y se afirma con afán.
Parece que alguien le dijo,
Cuando se alzaba altanero:
Ten cuidado del pampero,
Que es tremendo su huracán.

Puesto en medio del desierto
El ombú, como un amigo
Presta a todos el abrigo
De sus ramas con amor.
Hace techo de sus hojas,
Que no filtra el aguacero,
Y a su sombra el sol de enero
Templa el rayo abrasador.

Cual museo de la pampa
Muchas razas él cobija;
La rastrera lagartija
Hace cuevas a su pie,
Todo pájaro hace nido
Del gigante en la cabeza,
Y un enjambre en su corteza
De insectos varios se ve.

Y al teñir la aurora el cielo
De rubí, topacio y oro,
De allí sube a Dios el coro
Que le entona al despertar
Esa pampa, misteriosa
Todavía para el hombre,
Que a una raza da su nombre
Que nadie pudo domar.

Desde esa tumba salvaje,
Que en la llanura se oculta.
Hasta la porción más culta
De la humana sociedad.
Como un linde está la pampa
Sus dominios dividiendo.
Que va el bárbaro cediendo
Palmo a palmo a la ciudad.

Y el rasgo más prominente
De esa tierra donde mora
El salvaje que no adora
Otro dios que el Valichú,
Que en chamal y poncho envuelto
Con los laques en la mano
Va sembrando por el llano
Mudo horror, es el ombú.

¡Cuánta escena vió en silencio!
¡Cuántas voces ha escuchado,
Que en sus hojas ha guardado
Con eterna lealtad!
El estrépito de guerra
A su pie se ha combatido;
Su quietud ha interrumpido
Por amor y libertad.

En su tronco se leen cifras
Grabadas con el cuchillo.
Quizá por algún caudillo.
Que a los indios venció allí;
Por uno de esos valientes,
Dignos de fama y de gloria,
Y que no dejan memoria
Porque nacieron aquí...

A su sombra melancólica
En una noche serena
Amorosa cantilena
Tal vez un gaucho cantó;
Y tan tierna su guitarra
Acompañó sus congojas,
Que el ombú de entre sus hojas
Tomó rocío y lloró.

Sobre su tronco sentado.
El señor de aquella tierra
De su ganado la hierra
Presencia alegre tal vez;
O tomando el matecito
Bajo sus ramos frondosos,
Pone paz a dos esposos,
O en las carreras es juez.

A su pie trazan sus planes
Haciendo círculo al fuego
Los que van a salir luego
A correr el avestruz...
Y quizá para recuerdo
De que allí murió un cristiano
Levantó piadosa mano
Bajo su copa una cruz.

Y si en pos de larga ausencia
Vuelve el gaucho a su partido.
Echa penas al olvido
Cuando alcanza a divisar
El ombú solemne, aislado.
De gallarda, hermosa planta.
Que a las nubes se levanta
Como faro de aquel mar.