El niño muerto

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​El niño muerto​ de David Macbeth Moir
Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

¡Duerme, duerme, criatura!
Del regazo maternal
Ya no esperes la dulzura,
Sino olvido y paz segura
En el nicho sepulcral.

¡Ay, á cuántos ha faltado
La esperanza de salud,
Que pudiendo, de buen grado
Compartieran ese estado
De inocencia y de quietud!

Formará la tierra leve
Nido herboso para ti;
Nacerán por cima en breve
Florecillas, y la nieve
Caerá en copos blanda allí.

¡Paz, silencio! Se retira
El calor del corazón.

¡Paz, silencio! No respira;
Su ojo inmóvil ya no mira;
Del morir señales son.

Gracia, y risa, y donosura
Ostentar le he visto yo;
Pero nunca su figura
Tan preciosa así, tan pura
Ante mí resplandeció.

Entreabierto el labio anhela,
Y aun parece que en redor
Exhalada el alma vuela,
Como al viento que la hiela
Su perfume da la flor.

¡Torna, torna, etérea esencia,
Al principio de tu ser!
¿Dó la muerte y su violencia?
Si es tan bella su presencia,
No es tirano su poder.

¡Inocente criatura!
No el partir te duela, no;
Tu destino está en la altura;
Dios la dicha te asegura,
Él por ti lidió y venció.

Miro entorno al ancho suelo,
Todo es culpas, todo horror;
Tú la tierra por el cielo

Has trocado en presto vuelo;
¿Qué pudiste hacer mejor?

No en tu seno entró el pecado,
Y tu labio puro fué;
De mis brazos separado
¿Siempre hubieras conservado
Limpio afecto, limpia fe?

Libre ahora de extravío,
Como en urna de cristal
Pura gota de rocío,
Salvo estás, amado mío,
En la esfera celestial.

Triste, efímero viajero,
Debo yo también morir;
Mas contigo unirme espero
En la gloria, y tú el primero
Me saldrás á recibir.