Elementos de economía política: 65

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Capítulo XVII : Del rédito de la tierra.[editar]

    • I. Del rendimiento de las tierras.
    • II. Del arriendo.
    • III. De la cuota del interés del capital empleado en la compra de las tierras.

§. I. Del rendimiento de las tierras.[editar]

457. Al completar la noción de la tierra (cap. XI) hemos debido investigar la naturaleza de la renta [1] o del rendimiento, que se ha definido «la diferencia entre el precio natural y el precio corriente en el mercado de los productos agrícolas.»
Si la doctrina que hemos expuesto es verdadera, de ella resulta que la renta del posesor del suelo, cuando nada contraria la marcha natural de las cosas, debe ser idéntica a aquel rendimiento.
458. Es preciso confundir con la tierra los capitales que se han fijado con ella (212) bajo formas muy variadas de nivelaciones, de desmonte, de canales, de zanjas, de edificios, de plantíos, etc. [2], que la han mejorado y hecho ser más productiva; de aquí se deduce que el propietario de esas tierras debe hallar, en la renta que percibe, siempre que haya echado bien sus cuentas al hacer aquellas mejoras, el interés del capital que ha empeñado al precio corriente de los intereses de esa especie de capitales, más la amortización del suyo; en fin, es también consiguiente que una vez amortizado ese capital, su rédito debe confundirse con la renta lisa y llana (69).
459. La renta del propietario se diferencia esencialmente de las retribuciones que se pagan al operario por su trabajo o al empresario por el beneficio de los adelantos hechos por él, en que estos dos últimos géneros de retribución son la indemnización, el primero de un afán, trabajo o molestia que uno se ha tomado; el segundo de una privación y de un riesgo a que se ha sometido en vez de que el propietario recibe la renta gratuitamente y sólo en virtud de una ficción de la ley que reconoce y sostiene en ciertos individuos el derecho de propiedad.
460. Cuanto más aumenta la sociedad en población y riqueza más pedidos son los productos de la tierra y más numerosos los equivalentes que se ofrecen en cambio; más aumenta también, por consiguiente, la renta del propietario en cantidad y en valor; porque así como todo otro objeto útil al hombre se paga tanto más caro cuanto es más pedido y menos ofrecido, el instrumento-tierra es tanto más pedido cuanto el territorio en que se halla está más poblado y es más productivo. Entonces, en efecto, hay más necesidad de los productos de la tierra; y al mismo tiempo cada individuo tiene más medios para comprarlos.
461. El estudio y la feracidad de las tierras son los que determinan en el mismo distrito la cantidad de los servicios que, pueden prestar. Hay circunstancias particulares que hacen a ciertos terrenos más propios que otros para ciertas producciones, pero sólo por una casualidad puede aumentarse el rendimiento de súbito y de un modo natural, por el descubrimiento de un manantial o de una mina, por el paso inesperado de un camino, o por cualquier otro accidente de que el propietario tiene muy buen cuidado de aprovecharse.
462. Siendo la tierra una cosa limitada, resulta que la oferta de las tierras es forzosamente limitada más bien que el pedido; esto es indudable. Sin embargo, parece que esta oferta no ha de ser de suyo limitada mientras existan en el globo terrenos incultos, y lo que es en teoría nada hay más cierto; pero sabido es que la lejanía de las tierras o su difícil acceso, que aumentan extraordinariamente los gastos de cultivo, equivale a la esterilidad, y que por lo mismo esas tierras no pueden entrar en competencia con las otras. Por igual razón, la proximidad de una capital, de un camino, de una salida, en fin, equivale a un verdadero monopolio.
463. De este modo de considerar el plusvalor que adquieren ciertas localidades, y de la teoría de la renta, resulta que los propietarios nada tienen que reclamar de la sociedad, cuando en otras circunstancias desaparece el monopolio, cosa que continuamente, estamos viendo a consecuencia de la perfección a que por días van llegando las vías de comunicación. También se puede con lo dicho apreciar en su justo valor la singular pretensión de los labradores que, so pretexto de que la libertad del comercio de cereales disminuiría el producto de las tierras, se oponen a los progresos de la industria comercial [3].
464. Si hay, pues, terrenos baldíos, como ya hemos visto que la población se aumenta siempre al mismo tiempo que las necesidades, es porque faltan los capitales necesarios para cultivarlas, o bien porque son bastante ingratas para que su producto no dé ningún provecho, y no pague tan siquiera los adelantos hechos para el cultivo. En resumen, también la tierra más productiva, no es solamente la más feraz, sino además la que está al alcance de los consumidores más ricos y más numerosos.

  1. Esta palabra tiene por lo menos tres sentidos distintos: en el lenguaje ordinario, la palabra renta es casi sinónima de rendimiento anuo y general; entre hacendistas, designa alternativamente a la vez el rédito y la naturaleza del empréstito que proporciona este rédito; en fin, en economía política tiene también el sentido que le damos aquí.
  2. Aquí no tratamos más que de los edificios, plantíos, etc., que sirven para el cultivo, para la producción; los que no están en este caso no son capitales (209).
  3. Tal es la pretensión de los propietarios ingleses.