Exploración de las lagunas Negra y del Encañado/Observaciones

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda

OBSERVACIONES
ASTRONÓMICAS, JEOGRÁFICAS
Y METEOROLÓGICAS

HECHAS DURANTE

LA ESPLORACION DE LAS CORDILLERAS DE SAN JOSÉ

En marzo de 1873,

POR EL CAPITÁN DE FRAGATA DE LA ARMADA DE LA REPUBLICA

D. FRANCISCO VIDAL GORMAZ.

Rule Segment - Wave - 40px.svg Rule Segment - Wave - 40px.svg Rule Segment - Wave - 40px.svg
Santiago, abril 5 de 1873.

 Señor Intendente: Tengo el honor de dar cuenta a V. S. sobre la parte que me fué asignada en el viaje de esploracion a la laguna Negra.

En estos apuntes, hechos en forma de diario, haré algunas reflexiones jenerales, relativas a la parte que pude reconocer, como medio de dar cumplimiento a las instrucciones de V. S., concretándome, en cuanto a lo demas, a referir mis observaciones astronómicas, meteorolójicas i relativas al sondaje de la laguna Negra, única que el limitado tiempo de que pude disponer me permitió estudiar.

Antes de entrar en materia, séame permitido hacer conocer los instrumentos de que me serví i con los cuales he alcanzado los resultados a que voi a referirme; y hago esto, para garantir mis trabajos e inspirar la necesaria confianza ante las personas competentes. Por otra parte, como algunos de mis resultados discrepan, con relacion a los obtenidos por otras personas, i sobre todo con la Carta Topográfica, creo de imprescindible necesidad el justificar mis resultados.

Para la determinacion de las coordenadas jeográficas, he empleado un círculo de refleccion Pistor i Martin núm. 211, de propiedad del Observatorio Astronómico, un cronómetro de bolsillo Dent, núm. 26,593 i de un horizonte artificial de azogue. El cronómetro ha sido trasportado con todo esmero: fué arreglado en el Observatorio y confrontado en el mismo a su regreso a esta capital. El dia 5 de marzo, a las 9.h 59.m A. M., se encontraba adelantado de 1.m 14.s0 sobre el tiempo medio del Observatorio, i el 31 del mismo de 1.m 44.s 78; y de aquí el movimiento diurno, durante el lapso de tiempo, fué también de un adelanto de 4.s03.

Para la fijacion de las latitudes usé del método de séries de alturas circummeridias, meridianas i de alturas de Sol a una hora conocida. Para las lonjitudes, se tomó séries de alturas del mismo astro. Las refraccciones, atendida la gran altitud a que ordinariamente se observó, han sido calculadas en virtud de la presion atmosférica i de la temperatura del aire ambiente para la hora de las observaciones.

Los aparatos meteorolójicos para alcanzar las alturas absolutas fueron: un escelente barómetro, construido por Pistor i Martin, de Berlin, i un termómetro Reaumur de Greiner, dividido de décimo en décimo de grado, ambos instrumentos comparados préviamente con los normales del Observatorio Astronómico i cuyas ecuaciones eran;

m. m.
Para el barómetro —0,635
Para el termómetro R +0,°25

Las altitudes se han calculado por medio de observaciones simultáneas, con el Observatorio de Santiago i con la estacion del vapor Covadonga, surto en Valparaiso, merced a la bondad con que se prestó a cooperar el señor don José Ignacio Vergara i sus laboriosos ayudantes i a la amabilidad del señor comandante i oficiales de dicho vapor. Como era natural, he preferido la estacion de Santiago, por su mayor cercanía al punto en que operaba la Comision; pero he calculado también con relacion a la estacion de Valparaiso, como medio de poner de manifiesto lo inseguro de los resultados, cuando nos servimos de una estacion lejana. En el Apéndice A consignó las observaciones orijinales del barómetro i del termómetro, tanto las verificadas por el que suscribe en diversas localidades como las ejecutadas en las estaciones referidas.

Para poder referir las alturas sobre la superficie del mar, he tenido que calcular previamente la altitud de la cubeta del barómetro normal del Observatorio de Santiago, sirviéndome, no de las observaciones simultáneas que se rejistran en el Apéndice citado, sino tomando las presiones i temperaturas medias mensuales correspondientes a cada estacion, segun se rejistran en los Anuarios de la Oficina central meteorolójica de los años 69 i 70; i siendo la altura absoluta del Observatorio meteorolójico del Faro 46 metros, he hallado, por diezinueve operaciones, que el Observatorio astronómico de Santiago se eleva 535.24 metros. El cuadro siguiente contiene los datos de que me serví i sus resultados:

1869. VALPARAISO. SANTIAGO. Alturas sobre
el mar.
m.
Barómetro
red. a o°.
m. m.
Aire C.
'
Barómetro
red. a o°.
m. m.
Aire C.
'
Enero 756,77 17,5 717,42 21,6 542,07
Febrero 758,52 16,9 715,76 18,3 542,37
Marzo 759,43 16,1 716,72 15,6 537,88
Abril 760,74 13,2 716,70 12,3 547,05
Junio 762,05 8,8 718,45 5,4 530,04
Agosto 762,04 9,3 718,74 8,8 528,37
Setiembre 762,30 10,1 718,11 11,0 543,37
Octubre 761,62 11,6 717,71 13,4 544,28
Noviembre. 760,64 13,0 716,83 16,9 548,41
Diciembre.. 759,38 14,3 715,65 19,7 542,28
1870.
Febrero 756,95 17,64 715,21 18,70 532,65
Marzo 757,42 16,70 716,09 16,57 525,70
Abril 758,89 15,40 717,40 12,03 519,96
Mayo 758,92 12,44 717,97 8,63 522,32
Agosto 761,40 12,12 718,98 7,44 521,85
Setiembre.. 760,69 13,01 718,17 11,16 527,88
Octubre... 760,22 14,36 717,50 12,49 532,99
Noviembre.. 758,73 16,08 716,42 16,63 534,72
Diciembre.. 757,61 17,49 715,56 19,23 534,75

El promedio de los valores calculados, segun las escelentes tablas de alturas de Oltmanns, arroja la altitud de

535.24 metros,

número que solo discrepa en Om.24 con el que asigna el señor Vergara para la altura absoluta de la cubeta del barómetro normal del Observatorio astronómico, i que se rejistra en la obra ántes citada, de 1869, páj. IX.

Segun el informe del injeniero Allan Campbell, de 1.° de enero de 1852, relativo al ferrocarril de Valparaiso a Santiago, resulta que el término del ferrocarril que se proyectaba se encontraba a 1,776 piés ingleses (541.34 metros) sobre el nivel del mar, "a 5,000 piés ingleses (1,534 metros) de distancia de la plaza, i a la estremidad de una calle que viene desde ésta." Por esto vemos, i permítaseme el abundamiento, que el punto fijado en el proyecto era la medianía de la lonjitud de la calle de la Catedral o de la Compañía. Ahora, siendo la altitud de la plaza, segun el mismo Campbell, de 557.77 metros (=1,830 piés ingleses, p. 98) i de 541.34 metros (1,776 p. i, p. 98) la del punto que se proyectaba para la estacion del ferrocarril, no es de estrañar que el Observatorio Astronómico de Santiago se halle a 535.24 metros, desde que se encuentra a mas de 1,500 métros mas al oeste i siguiendo la pendiente del llano.

Para la mensura de la laguna Negra i sus detalles circunvecinos me serví de una buena brújula i de un escelente anteojo micrométrico de M. Rockon, perfeccionado i que, como se sabe, se presta admirablemente para operar sobre costas accidentadas i accesibles solo por medio de embarcaciones, como ocurre en la laguna de que trato; i da un rigor tal que puede satisfacer al mas exijente cuando se emplea con esmero i ausiliado de una mediana práctica. [1]. En cuanto a la sonda de la laguna Negra, se ejecutó con un escandallo comun de peso de nueve quilógramos i con una sondaleza adecuada i dividida en metros convenientemente. El sondaje de la parte sur de la laguna, como el mas importante, se practicó a cortos trechos, i se fijó desde tierra por medio de dos estaciones, a indicacion de las personas que debian utilizarlo en sus proyectos.

En el apéndice B doi las observaciones astronómicas orijinales de que me he servido para el cálculo de las coordenadas jeográficas, i en el C se consignan los resultados, las altitudes i declinaciones magnéticas que ha sido posible obtener.

Finalmente, me creo en el caso de manifestar a V. S. los inconvenientes que siempre arrastra consigo un informe acelerado; pues, aparte de no alcanzar a madurar la forma que debe dársele, suele ir afectado de errores imprescindibles i de omisiones que un trabajo reposado podria evitar, en gran parte, arrojando mayor luz sobre el tema que hai que desarrollar. Temiendo haber incurrido en omisiones inevitables i en otras faltas, entraré en materia con la desconfianza consiguiente.


El dia 6 de marzo, a las 7h. A. M., salió la Comision de casa de V. S., i tomando el camino de San José de Maipo, llegamos a esa villa poco despues de medio dia. Inmediatamente monté mi barómetro i termómetro para hacer algunas lecturas horarias de ellos miéntras se preparaban las cabalgaduras para la prosecucion del viaje, tomando, ademas, algunas alturas de sol para el cálculo de las coordenadas jeográficas. El punto de observacion fué el centro del jardin de la casa del señor Lapostol, i resultó hallarse:

por latitud sur 33° 39' 49"
lonjitud E. de Santiago 0° 16' 04" [2].

La altitud para el mismo punto, segun una observacion simultánea con Santiago, a las 2h. P. M., es de 1,006.68 metros. Segun tres observaciones, también simultáneas con Valparaiso, se obtuvieron los valores siguientes:

para la 1 P. M. 984,68 metros.
para las 2 P." M." 1,002,22 metros."
para las 3 P." M." 1,007,99 metros."

números que arrojan por altura absoluta 998,29 metros. Según M. Gilliss, la altura absoluta de San José es de 3,176 piés ingleses[3] o sea 968,03 metros. La villa de San José de Maipo, establecida en 16 de julio de 1792 por don Ambrosio O'Higgins, ofrece un caserío triste, aunque poblado por cerca de mil almas. Le sirve de asiento una inclinada planicie del Cajon del rio Maipo, situada sobre la ribera derecha i encerrada pintorescamente por los primeros ramales de la Cordillera de los Andes. Los ricos veneros argentíferos descubiertos desde mui antiguo en los cerros de San Lorenzo i de San Pedro Nolasco dieron vida a la villa, siendo sostenida al presente por aquellos, i mui principalmente por algunas minas de cobre i los hornos de fundicion; mas estos últimos, por el gran consumo de leña que han demandado i que exijen aun, han ocasionado mas males que reales beneficios al valle de Santiago. El inconsiderado desmonte del valle i cordilleras cercanas, permitiendo mayor evaporacion en el terreno i vertientes, como así mismo, al facilitar el escape de las aguas fluviales, ha esterilizado los campos i montañas, reduciendo notablemente el caudal de los arroyos, i en consecuencia el del rio Maipo en la época seca del verano. Al presente se hace sentir este mal de una manera alarmante, debido al creciente desarrollo de la agricultura; pero podrá subsanarse satisfactoriamente por medio de obras artificiales, para lo cual se prestan los numerosos valles subandinos de la Cordillera.

A las 4 h. P. M., dejamos la villa con destino a San Gabriel, donde pensábamos pernoctar. El camino que conduce a ese punto mide veinte i medio quilómetros de lonjitud [4]:es accidentado, en partes orillando atrevidos barrancos del cajon del rio Maipo, estrecho i peligroso en muchos puntos i solo, en fin, adecuado para cabalgaduras i acémilas. No obstante esto, hai trechos carreteros i gran facilidad para hacerlo carril en toda su estension. Actualmente se encuentra en construccion en diferentes puntos de su trayecto, i es de esperar que, dando mayor impulso a los trabajos i mas ensanche en algunas localidades, se forme una escelente carretera.

Despues de haber recorrido el camino i la senda que conduce al Portillo de los Piuquenes, no ha dejado de asombrarnos su abandono i su deplorable estado en la parte propiamente andina. Casi es increible que un camino que parte de la capital para la vecina república i por el cual se hace tanto tráfico haya sido mirado con tal descuido, no obstante de prestarse ventajosamente para una carretera espedita.

A poco de haber salido de San José, observamos que el camino converje al sud-sudeste por larga estension, orillando la derecha del torrentoso Maipo. Esta circunstancia nos hizo consultar la carta topográfica que llevábamos a la mano, notando, desde luego, que adolecia de graves errores de detalle. Segun la citada carta,—la prueba grabada en Santiago i que se encuentra en el Ministerio del Interior,—el camino que media entre la villa i San Gabriel apénas se prolonga por siete quilómetros, siendo que, como ya dijimos, en realidad mide mas de veinte i medio, i esto fué también confirmado por el tiempo que invertimos en salvarlo a paso de marcha, pues empleamos mas de cuatro horas tanto de ida como de vuelta.

Una vez en San Gabriel, monté mi barómetro i termómetro para hacer lecturas de ellos a las nueve i diez de la noche i a las seis i siete de la mañana siguiente; mas solo pude utilizar de ellos una observacion simultánea con Santiago, que dió por altitud 1,123,9 m. i dos con Valparaiso, que arrojaron por altura absoluta media 1,040,63 m., valor inaceptable por su discrepancia con la obtenida con Santiago, i debido a la diversa influencia de las corrientes aéreas entre localidades tan distantes i de posiciones topográficas tan diversas.

Bien hubiera querido tomar algunas estrellas durante la noche para determinar las coordenadas jeográficas de San Gabriel, que reputo erróneas en la carta citada; pero el estado de escitacion nerviosa que me habia producido el pesado viaje de todo el dia i la conduccion a pulso del cronómetro me imposibilitaban para ello. Por otra parte, el no haber llevado el trípode del círculo de reflexion, por alijerar el equipo, me privó de tal trabajo.

El valle ocupado por San Gabriel, aunque mui rocoso, a causa de los escombros que arrastran los aludes de la cordillera del norte, ofrece, sin embargo, algunos trechos escelentes que aprovechan los pocos vecinos de aquella internada localidad. Durante nuestra corta permanencia en ella, nos sorprendió agradablemente el ver uvas esquisitas i abundantes frutas; pues los europeos pretenden que la vid muere a los 700 metros de altura absoluta, lo que, como se ve, no ocurre en nuestro privilegiado clima. Los mas hermosos nogales que he visto en el pais existen en San Gabriel i rinden abundante fruto, no obstante que también se fija por límite de este árbol la altura de 1,100 metros. El maiz rinde bien en los terrenos que median entre aquel punto i San José, a pesar de fijársele por altura máxima 850 metros. A ésto, como debe suponerse, contribuye por mucho la esposicion topográfica de la localidad i la direccion norte-sur de los Andes.

El dia 7, poco despues de las siete de la mañana, continuamos nuestro viaje hácia la laguna Negra, siguiendo la márjen derecha del rio Yeso, tributario del Maipo, calificativo que le es mui propio, a causa de la gran cantidad de sustancias calcáreas que arrastra en suspension i que le dan un tinte amarillo.

A poco de haber dejado San Gabriel, trepamos la cuesta de los Cipreces, pendiente desfiladero, solo útil para cabalgaduras, con una gradiente, a lo ménos, de 35°. Una vez que descendimos esta mal elejida i peor trazada senda, caimos a la caja del rio Yeso, local por demas pedregoso i destructor para las cabalgaduras, i siguiendo por ella cruzamos el rio Manzanito. Las aguas cristalinas de éste contrastan notablemente con las de su recipiente. Un poco mas adelante, comenzamos a ascender por un escarpado filon de terreno de acarreo que corre hácia el N. E., denominado con harta propiedad Cuesta de la Sepultura, i que separa a los referidos rios. Estos torrentes ruedan casi paralelamente i, separándose, por donde mas, a dos quilómetros, detalle en que tambien no corresponde la referida Carta Topográfica.

A las 2h. P. M. fuimos subiendo pesadamente la cuesta que conduce a la Laguna Negra, i atravesando un dique sienítico mui accidentado, bajamos al lago, campo principal de nuestras operaciones. En seguida monté el barómetro i el termómetro para comenzar las observaciones horarias.

Al atravesar los escabrosos cerros graníticos que represan por el sur las lagunas Negra i Encañado, esperimentamos una impresion estraordinaria. El estado de fracturacion de las rocas, las pruebas palpables de un solevantamiento relativamente reciente, el cual ha empujado aquella faja sienítica sobre los pórfidos, produce en el ánimo una impresion de respeto hacia las fuerzas interiores de nuestro planeta, causantes de las ruinas colosales que ostentan aquellos cerros conmovidos i desgajados por todas partes. Profundas hondonadas anunciaban los hundimientos locales consiguientes, i las rocas trituradas i proyectadas sobre su base demostraban, por medio de sus afiladas aristas, que la accion atmosférica aun no habia tenido el tiempo necesario para escoriarlas; i todo, en fin, acusaba lo reciente del fenómeno i la intensidad de la conmocion que hubo de producir tan notables estragos.

El dique sienítico a que me refiero cruza de Oes-Sudoeste a Este-nordeste magnético, desde el empinado monte llamado Meson Alto hasta el cordón occidental que conduce al cerro de San Lorenzo. Tal formacion es del todo idéntica al granito tipo, pero, por faltarle el cuarzo, la ha colocado el señor Pissis entre las variedades de la sienita. En atencion a la facilidad con que puede equivocársela i por no ser mui comun, he depositado una muestra en el Museo Nacional.

En la tarde, se organizaron las secciones para el trabajo, fijándose, ademas, las operaciones de que cada una debia ocuparse. Se me asignó la parte hidrográfica de la Laguna Negra. Entraba tambien en mi parte de trabajo la fijacion de las coordenadas jeográficas del campamento i otros detalles de cuyo resultado hablaré mas adelante.

No pudiendo, desde el principio, usar de la chalupa para el desempeño de mi cometido, utilicé el dia 8 en practicar observaciones astronómicas i meteorológicas, elijiendo la cima de una gran roca granítica por estacion, roca que, mas tarde, fué pomposamente denominada el Observatorio i cuyo nombre se escribió en ella con gruesos caracteres plomizos.

El dia 9 lo ocupé, como el anterior, en buscar algunas plantas para el herbario. Proporcioné, también, una brújula i un termómetro centígrado (su ecuación—0, 4) a don Victor Carvallo como auxilio para la mision de que estaba encargado en la laguna del Diamante.

Siendo el dia 10 el designado en el mes de marzo para practicar observaciones horarias en todos los observatorios meteorolójicos de la República, presté a estas operaciones todo el esmero posible, como medio seguro de alcanzar la verdadera altitud de la Laguna Negra i otros resultados relativos a la climatolojia del pais. El valor medio arrojado por estas observaciones i algunas otras, tomadas en los dias anteriores i subsiguientes, fué de 2,771,3 metros, primera altitud que se haya asignado a la referida laguna.

El número de valores simultáneos con Santiago que he calculado fué de 13, pero se eliminaron dos de ellos por discrepar notablemente con los demas, diferencias que deben provenir de la temperatura del aire ambiente; siendo de notar que los valores que mas se han separado del promedio han sido los arrojados por las observaciones de las primeras horas de la mañana i de la noche. De veintiseis valores calculados con la estacion de Valparaiso, resultó 2,710,88 metros.

En la mañana del 11 practiqué la sonda de la estremidad sur de la laguna, situándola desde tierra i con estaciones fijas dos de los injenieros de la comision. En la tarde, habiendo sido puesta a mi disposicion la chalupa, comencé la mensura del lago, usando una buena brújula,—que mas rigor no exijia,—i del anteojo micrométrico de M. Rochon, operacion en la cual fuí bondadosamente ayudado por don Luis Figueroa, don Pacífico Alvarez, don Miguel Lazo i don Eduardo L. Hempel. El dia 12 continuamos la mensura i el sondeo, i terminamos ambas operaciones en la tarde del dia 13.

La laguna Negra, no consignada en la carta topográfica, no obstante su importancia, corre de norte a sur magnético por algo mas de cinco quilómetros de estension. La anchura, en su parte sur i media, alcanza a mil setecientos metros, pero su forma es algo irregular, con motivo de internarse en ella un filon de cerros escarpados que le envia el monte Cinco de Abril, dividiendo el estremo norte en dos sacos estrechos aunque bien profundos. El mas oriental i que puede llamarse del norte se estrecha mucho en su estremidad, hallándose interrumpido a su final por grandes taludes i rodados de los cerros vecinos, los cuales han formado pequeñas lagunillas destinadas a desaparecer en breves años. Los aludes i la accion atmosférica van destruyendo los peinados crestones de los cerros del norte i precipitando abundantes escombros sobre el lago. Segun opinion de don Miguel Lazo, que habia visitado aquella parte en 1868, la reduccion de la laguna marcha aceleredamente en su estremo septentrional, lo cual imprime diversas fisonomías a sus riberas.

La ensenada del noroeste es algo mas profunda, aunque su saco es ménos dilatado que en la del norte. Los escarpados ribazos que la contornean, tajados a plomo sobre la formacion porfírica de sus rocas, se suinerjen casi verticalmente en las aguas de la laguna. Al fondo se alza un agrio cerro, respaldado, a su turno, por algunos picachos cubiertos de nieves eternas i cuyo conjunto determina una quebrada que, recojiendo las aguas de los deshielos, los precipita sobre la laguna por medio de la catarata Victoria. Esta mide como 25 metros de altura, i sus turbias aguas caen desgreñadas desde lo alto del ribazo, manchando por aquel punto las cristalinas de la Laguna Negra.

Los tres costados Norte, Este i Oeste de la laguna se encuentran respaldados por cerros altos i barrancosos que se levantan a la altura de las nieves perpétuas. El cordon oriental ofrece hermosas cúpulas i se denomina Loma Alta, i el occidental, no ménos pintoresco, contiene las cumbres Echáurren i Cinco de Abril: ambos son ramales de la cordillera que cruza el lago por el norte. Los cerros del sur apénas se alzan a cien metros sobre las aguas de la laguna.

El color de las aguas del lago es de un hermoso verde, como ocurre casi ordinariamente en los estanques andinos, pero, cuando se encuentran ajitadas por la brisa, suelen adquirir un tono azulino de agradable aspecto. Por esto ya podrá suponerse cuán impropio es el nombre de Negra con que se la califica. En la ensenada del norte se nota a veces manchones de un rojizo mui marcado, fenómeno que es orijinado por una asombrosa cantidad de aradores de aquel color, una nueva especie del jénero Hydrachna, que se distingue de la H. Chilensis por ser mas alargada [5].

La laguna no alimenta peces de ninguna especie, i fuera del citado arador, de otro plomizo, que abunda entre las rocas ahogadas de las riberas, i de una variedad de ditiscos, no hemos encontrado otros seres habitantes del lago. Esto no tiene nada de estraño, pues, en los Pirineos, segun M. Ramond, no existen peces a los 2,280 metros de altitud, i ello depende de que los estanques se conjelan durante una parte del año [6]. La laguna del Valle o sea la de los Piuquenes de la Carta Topográfica, segun el señor Leybold, no tiene peces, no obstante de encontrarse 171 metros mas baja, en la del Encañado debe ocurrir otro tanto, pues su diferencia de nivel con la Negra apénas llegará a poco mas de 200 metros.

El perímetro de la laguna alcanza a quince quilómetros; el área total sube a cinco millones novecientos seis mil doscientos metros cuadrados (5.906,200), i el área, bajo la cual se encuentra mas de cincuenta metros de profundidad, es de tres millones novecientos setenta i tres mil doscientos metros (3.973,200), siendo la hoya que la alimenta de cincuenta millones quinientos veinticinco mil doscientos metros cuadrados (50,525,200), sin contar el área de la laguna.

La profundidad es mui crecida, como sucede comumente en los lagos andinos. Oscila, por su centro, entre 200 i 279 metros, hondura que disminuye lentamente al acercar los ribazos; motivo por lo cual se prestaria ventajosamente para ejecutar obras hidráulicas que permitiesen utilizar sus aguas en la época de escasez. La naturaleza del fondo es algo variada: en algunos puntos presenta grandes farallones i en otras una planicie mas o ménos uniforme i cubierta de una gruesa capa de limo fangoso de color oscuro, blanquisco o ceniciento, verdadero detritus de los cerros vecinos, acarreados por las aguas de los deshielos. Se ve, pues, que la Laguna Negra, aunque pequeña relativamente, si la hubiésemos de comparar con los lagos de Suiza o de Saboya, es, no obstante, mucho mas profunda que todos ellos; pues el lago de Jinebra, que es el mas hondo, solo tiene, segun Mr. Saussure, 265 metros.

El clima de la rejion que contornea la laguna de que tratamos puede decirse que es, en el verano, mas templado de lo que podria esperarse de aquellos parajes andinos. Durante los nueve dias que permanecimos acampados en el estremo sur del lago, el termómetro centígrado asignó una temperatura media de 10° 4 [7]; el máximo de calor no se verificaba a una hora fija y parecia depender de la mayor o menor intensidad del viento, oscilando entre las 11h. A. M. y las 4h P. M., y alcanzó hasta 18° 8. El mínimo no pude determinarlo con seguridad, por no haber encontrado un punto adecuado para la colocacion del termómetro de mínima. Por otra parte, el terreno sienítico del campamento que ocupábamos, herido durante el dia por los rayos solares, guardaba hasta la mañana siguiente una temperatura de 5 y 6 grados, mas alta que la del aire ambiente, lo que impidió obtener el mínimo con alguna aproximacion; pero fué estimada en 4° 5 sobre cero, no obstante de bajar dentro de la carpa hasta 1° 5 y 2° centígrados, al amanecer.

Varias veces pude notar de una manera bien sensible tales diferencias al abandonar la carpa o al penetrar en alguna gruta o hueco formado por las grandes rocas. En estos últimos la temperatura solia diferir en la mañana hasta de 6° centígrados con la del aire ambiente, asignando para aquellos puntos un mínimo de 7° a 8° sobre 0. Caverna de alguna profundidad que se prestase para el cálculo de la temperatura media, no ví ninguna, i ni la Gruta de las Amazonas tenia la estension suficiente para este fin.

Los dias que pasamos en la laguna fueron hermosísimos, por lo que la columna mercurial solo tuvo ocasion de esperimentar las oscilaciones diurnas. El máximum de presion tenia lugar entre las 12 i 3 P. M., i el mínimum de 6 a 7 de la noche i a iguales horas de la mañana; pero sin regularidad i alcanzando la amplitud media diurna a 2,2 milímetros. Por esto ya se podrá notar, de una manera bien marcada, las irregularidades que esperimenta la presion atmosférica en la rejion andina, i, por consiguiente, las causas que influyen para que las altitudes barométricas sean un tanto defectuosas cuando la estacion inferior se encuentra colocada léjos de la superior.

La temperatura de las aguas de la Laguna Negra, segun dos observaciones hechas a las 6 h. A. M., fué de 9° 6 centígrados, siendo la del aire ambiente a esa hora de 4° 5.

El dia 8 tomé el grado de temperatura de la ebullicion del agua, elijiendo para esta operacion la nieve mas pura que se pudo obtener, i resultó verificarse a los 90° 6 del termómetro centígrado, valor correjido de la ecuacion instrumental, cuyo cero fué determinado con la nieve que despues sirvió para la ebullicion. Faltando un aparato adecuado, se usó uno de porcelana; pero me fué posible notar algunas oscilaciones al hacer la lectura del termómetro, por lo que creo puede adolecer el grado de ebullicion de un error probable de =0° 3, debido a que el instrumento, aunque de grandes dimensiones, solo marcaba los grados de uno en uno.

En cuanto a la flora de las cordilleras que contornean la Laguna Negra, bien poco nos es dado decir, con motivo de que la naturaleza de nuestras operaciones dejaron escaso tiempo para ello, i por otra parte, creyendo que alguno de los miembros de la comision fuese dedicado a ese ramo de las ciencias naturales, no llevé prensa ni el papel de herbario necesario para una numerosa coleccion. No obstante, ayudado por mi entusiasta i estimado amigo don Luis Figueroa, pude organizar un herbario de circunstancia, usando papel de diarios, i mediante esto, ofrecer el catálogo siguiente, que debo a la bondad infatigable del doctor Philippi.

Las plantas han sido cojidas desde el nivel de la laguna, que se encuentra a 2,772 metros de altura absoluta, hasta poco mas de 3,000 m. de altitud. Si bien la cantidad fué reducida a causa de las razones espuestas, escúsesenos las novedades científicas que ofrece a las ciencias el corto catálogo que sigue:

Barneondia mayor, Ph.
Draba rosulata, Ph.
Hexaptera cuneata.
Cerastium arvense, L.
Oxalis penicillata, Ph.
Phaca nubigena, Meyer.
Phaca oreophila, Ph.
Epilobium nivali, Meyer.
Epilobium glaucum, Ph.
Pozoa hydrocotylaefolia.
Galium trichocarpum, D. C.
Boopis botrytis, Ph. nuev. esp.
Nasauria revoluta, Gill.
Coloptilium Lagascae, Hook et Arno.
Leuceria Vidali, Ph. nuev. esp.
Clarionea cartomoides, Don.
Perezia mutans.
Erigeron Figueroae, Ph. nuev. esp.
Senecio Vicuñae, Ph. nuev. esp.
Senecio trifidus? Hook et Arn.
Senecio Renjifoanus, Ph. nuev. esp.
Senecio Pissisi, Ph.
Senecio purpuratus, Ph.
Phacelia circinata, Joeq.
Guilia Crassifolia.
Stachys Gilliesi, Benth.
Schizanthus Crahani, Gill.
Alstroemeria sericantha, Meyer.
Carex propinqua, Nees et Meyer.
Deyeuxia erythostachya, Dess.
Aurado? Danthonia? andicola, Ph.
Poa robusta? Heud.
Bromus unioloides, Humb. et Kth.

Las plantas cuyos nombres van subrayados son nuevas para la ciencia, i sus descripciones serán publicadas mas tarde por el doctor Philippi.

El estremo sur de la laguna, o mas bien, la gran roca que se denominó Observatorio, se encuentra

por Latitud sur 33° 41 28"
Lonjitud E. de Santiago 0° 32' 37"

Por la primera coordenada se viene en conocimiento de que los detalles de la Carta Topográfica son notablemente defectuosos, i puesto que la Laguna Negra se encuentra, poco mas o ménos, a tres quilómetros al oeste de la de los Piuquenes que rejistra la citada carta, el error en latitud alcanza a 11' 00" o sean 20,270 metros. Esto esplica nuevamente las faltas ya mencionadas al hablar del camino que une a San José de Maipo con San Gabriel. I, aceptadas estas novedades, el trazo del camino del Portillo de los Piuquenes habria de ser modificado radicalmente para que se asemejase a la verdad.

Mui léjos de mi ánimo el hacer reproches al sabio autor de la Carta Topográfica. El corto tiempo en que se ejecutó una obra de tan vasta estension i el personal mas corto, aun que se ocupó de aquellos trabajos, son la verdadera causa de que quedasen vacios en la carta i faltas de detalles en las rejiones de menor importancia relativa. I no se crea que el revelar nosotros pequeñas faltas implique de ninguna manera un descrédito para el mapa de Chile, como vulgarmente podria suponerse. Lo hacemos en virtud de un deber, i estamos en el caso de confesar que si él adolece de faltas de detalles i de algunos errores, en la parte que nos ha sido posible juzgar por las primeras pruebas grabadas en Santiago, ellas son faltas subalternas i cometidas en una época en la cual el pais no abundaba de elementos. Mas, de todas maneras, la Carta Topográfica constituye uno de los mejores timbres de honor para Chile, timbre que los Estados americanos,—con escepcion de los Estados Unidos de Norte-América,—no pueden exhibir ante el mundo científico. La Carta Topográfica, a no dudarlo, será por muchos años una de las grandezas de que puede enorgullecerse el pais, sin que la hagan desmerecer lijeras o justas observaciones; pues que los que conocen las dificultades que para su estudio ofrecen los Andes, las salvajes rejiones araucanas i las seculares selvas del sur, habrán de mirar con induljencia las omisiones o errores que deben haberse cometido al tratar de ellos.[8].

El dia 14 a las 8 h. 30 m. A. M., acompañado del honorable lord Cochrane, de don Eduardo L. Hempel i de don Miguel Lazo, ascendimos los cerros graníticos que limitan por el sur la Laguna Negra, i descendiendo hácia el oriente llegamos al valle del Yeso por frente a la laguna del Valle o de los Piuquenes. Atravesamos el rio Yeso, i continuamos por su hermoso valle, camino del Portillo.

La laguna del Valle se presentó a nuestra vista con el aspecto de grandes charcos situados al estremo sudoeste del valle del Yeso. Se encuentra a 2,600 metros de altura absoluta, segun el señor Pissis, i a 2,593 segun M. Leybold, de manera que se halla a 171 metros bajo el nivel de la Laguna Negra, i puede mui bien ser, en parte, alimentada por las infiltraciones de ésta, al través de las fallas que ofrece la sienita del muro que las separa, como vemos se realiza respecto de la laguna del Encañado.

El valle del Yeso presenta, en su principio, una anchura próxima de 1,200 metros, i corre hácia el nordeste con una suave pendiente que no alcanza a 75 centímetros por ciento. Por su centro serpentea murmurando el turbio rio a que debe su nombre i que hai necesidad de atravesar por tres veces para seguir el camino del Portillo.

El rio Yeso tiene su oríjen en las Vertientes del sudoeste del monte Tupungato, i sus aguas, incrementadas por algunos torrentes que le envía el ramal de cordilleras del norte, van arrastrando en su acelerada marcha las sustancias calcáreas del terreno i los yesos del cordon del volcan de San José. Estas materias, disueltas en el agua en abundante cantidad, le hacen adquirir un color bayo mate i una sorprendente fertilidad. Tomadas por el Maipo i mezcladas con las suyas i las espesas del rio Colorado, se esparcen por el fértil valle de Santiago sembrando sus ricos légamos [9].

La anchura media del rio puede estimarse en 12 metros, la profundidad apénas llega a 50 centímetros i la velocidad de la corriente a 2 metros por segundo de tiempo. De aquí i tomando por profundidad media 35 centímetros, resulta una descarga de 8, 4 m. cúbicos por segundo o sea 477,5 regadores de a 18 litros por segundo; mas, como el rio tiene la propiedad de incrementar sus aguas durante la noche en un tercio próximamente de su caudal, la descarga media debe ser de 9,8 metros cúbicos, lo que da 544 regadores, poniendo de relieve la gran importancia del mencionado rio en la época veraniega.

El valle del Yeso se encuentra encerrado por dos ramales de cordillera. El de la derecha nace del costado sudoeste del monte Tupungato i, converjiendo algo mas hacia el sur, termina en el cerro de San Lorenzo. El ramal de la izquierda sale del colosal macizo del volcan de San José: corre hácia el oeste hasta apoyarse en el cerro Meson Alto, que sirve de verdadero atalaya de las lagunas, tornando en seguida al sudoeste para fenecer cerca de la afluencia del rio del Yolcan con el Maipo. El valle se estrecha lentamente, i a los 11 o 12 quilómetros al oriente de la laguna de los Piuquenes i como a 2,260 metros de altitud, se encuentra el punto denominado las Yeseras. En este lugar se nota una casita de madera i una rueda hidráulica que habia dado movimiento a las sierras de una máquina destinada a laminar piedras de yeso, las cuales se ha esplotado con el nombre de mármol blanco. Sobre las faldas de los cerros se dejan ver las manchas blancas de las Yeseras i los tres puntos que han sido esplotados. Es sensible que el mal estado de los caminos i la necesidad de conducir a lomo de mula las piedras laminadas hayan paralizado esta industria.

El señor Pissis, hablando de estas yeseras, dice que "son, en jeneral, de grano mui fino; su color varia del gris al blanco mas puro, i son por la calcinacion una mui buena mezcla de enlucir. En el mismo sitio se halla también el yeso laminor u hojoso que suministra una mezcla mui fina i muí conveniente para moldes de objetos delicados." [10]

Seis quilómetros, poco mas o ménos, mas adelante de las Yeseras, el valle se convierte en verdaderas ruinas: el terreno, removido de arriba a abajo en 1844 i del todo transformado por una convulsion volcánica, ofrece a la vista del viajero el aspecto de un cementerio o semeja los despojos de un gran pueblo. Por este trecho i sobre la ribera derecha del valle cae un torrente tributario del Yeso i que parece brotar de la tierra. Cinco quilómetros mas al oriente, el valle hace una inflexion hácia el sudeste, faldeando las escarpadas laderas septentrionales del volcan de San José, para volver luego hácia el nordeste, direccion que conserva hasta llegar al pié de la cuesta de los Piuquenes.

En el valle i sobre la ruta del camino, por frente al volcan, se dejan ver grandes moles o rocas calcinadas por las erupciones volcánicas, fenómeno mui notable i que hace suponer fuesen pequeños cráteres aparecidos durante la última erupcion del San José. "El último efecto de las fuerzas volcánicas en esta parte de los Andes, dice el señor Pissis, fué el gran sacudimiento que en 1843 trastornó el fondo del valle de los Piuquenes [11]. El suelo se volvió completamente de arriba a abajo en una estension de mas de tres leguas; formáronse pequeños conos de escorias sobre varios puntos, i de las montañas vecinas, conmovidas tambien por este sacudimiento, se precipitaron enormes trozos al valle, colmándolo de ruinas. Semejante accidente parece no haberse limitado solo a este paraje; porque se nota todavía en la garganta de donde nace el rio del Volcan un derrumbe reciente, formado de diferentes peñascos, que ocupan mas de una legua de lonjitud i parece haber acaecido en la misma época." [12]. Creo, por mi parte, que el dique sienítico, de que ya hemos hablado i que sirve de barrera a la Laguna Negra i del Encañado, debe su estado de facturacion al mismo fenómeno que nos describe el señor Pissis.

Mas, ya que tratamos del volcan de San José, citaremos aquí alguna de las tradiciones que se conservan sobre las últimas manifestaciones igneas, no obstante de que, en los escritos que de él se ocupan, se asegura no haber recuerdo de erupcion alguna, i que lo que se sabe es que, en 1838, despedia columnas de humo de su cráter [13].

Segun los recuerdos de los habitantes de la villa de San José, el volcan hizo erupcion en 1822, el 19 de noviembre, dia aciago para el pueblo de Valparaiso i no ménos funesto para Santiago [14], cayendo en la villa grandes cantidades de ceniza despedidas por el volcan i arrastradas por una lijera brisa del oriente. Despues de esa fecha se notaba que, casi constantemente, despedia densas columnas de humo. En 1843 fué también causa de los trastornos ya mencionados, continuando, aunque a intervalos, manifestando su ignicion por medio de columnas de humo que se observa con frecuencia sobre su cráter. En los meses corridos del presente año no se ha notado señal alguna de actividad.

Terminada la rejion conmovida del valle, el terreno abunda en grandes cantidades de turba hasta llegar al pié de la cuesta de los Piuquenes, esto es, en una estension bastante dilatada i comprendida entre 2,750 i 2,989 metros de altura absoluta. Es de la formacion mas moderna de testura fibrosa i de un color pardo claro. El espesor de los mantos superficiales que se exhiben a la vista, sin desviar la senda, varia entre uno i tres decímetros. Quema bien, produce mucho humo i constituye el único combustible de aquellas rejiones; i a juzgar por el que se encuentra en formacion en las partes húmedas de aquella localidad, una juncocea es el primer elemento que entra entre los componentes de la turba.

Al pié de la Cuesta de los Piuquenes i ántes de cruzar el rio Yeso, dimos descanso a nuestras cabalgaduras, abrigándonos en una estrecha quebrada que ofrecia buena agua i alguna yerba; sin embargo, fuimos batidos por fuertes ráfagas de viento sur, tan súbitas, que una de ellas estuvo a punto de dar al traste con nuestros instrumentos; mas, por felicidad, me encontraba haciendo una lectura barométrica cuando se hizo sentir la mas recia de ellas, pudiendo así salvar el barómetro; pero la brújula, que estaba sobre su trípode, fué al suelo impelida por el mismo golpe de viento. Los chismes de las monturas volaron, esparciéndose a grandes distancias, i el polvo i los fragmentos pequeños del terreno nos envolvieron por algunos instantes. Es increible la fuerza inicial de algunas de las ráfagas, mas, por suerte, son de mui corta duracion.

En el punto en que nos encontrábamos, el mismo talvez en que pernoctó M. Leybold la noche del 6 de febrero de 1871, observé, no sin algun trabajo, una serie de alturas de sol que lo fijaron

por Latitud sur 33° 27' 11"
Lonj. E. de Santiago 0° 47' 15"

Pude hacer también dos lecturas barométricas simultáneas con las que se practicaban en el Observatorio astronómico de Santiago, las que dieron por altura absoluta 2,988.33 metros. El señor Leybold encontró 2,938, con tiempo variable i amenazante [15], i Mr. Gilliss 11,184 piés ingleses, o sea 3,112 metros [16]; mas es posible que este último tomase el pié de los primeros caracoles de la cuesta.

Un poco mas adelante se atraviesa el barrancoso lecho del rio Yeso, notándose que lo forma la confluencia de dos torrentes que tienen su oríjen en las vertientes sudoeste i occidental del Tupungato.

Poco despues de las dos de la tarde, comenzamos la ascension de la pendiente i pedregosa cuesta que conduce al Portillo de los Piuquenes, serpenteando por laderas áridas i fracturadas por la accion atmosférica, lo que hace de aquel tránsito un verdadero páramo. La vejetacion cesa casi por completo a los 3,200 metros de altitud, i 500 metros mas arriba los mantos de nieve se conservan permanentemente sobre las rejiones australes de los picachos de la cordillera i en las hondonadas de los cerros. En cuanto a la rejion de las nieves perpetuas, me inclino a creer se encuentra mas arriba de 4,200 metros de altitud. Es de notar, sin embargo, cuánto cambia la línea de las nieves eternas segun se hallan espuestas. En la parte oriental del notable monte Meson Alto, no alcanza a 4,000 metros; en las laderas australes del cerro Cinco de Abril, no llega a 3,150; miéntras que, en los declives orientales de la línea divisoria de las aguas, la altura absoluta de las nieves permanentes solo llega a 3,400 metros. No comprendemos cómo sea posible asignar una línea fija para las nieves eternas, cuando tan caprichosamente las encontramos colocadas a diversas altitudes sobre un mismo paralelo. El señor Barros Arana, en sus escelentes Elementos de Jeografía física, asigna para el paralelo de Santiago la altura de 3,300 metros, número que, despues de lo que llevamos espuesto, no nos es dado aceptar.

Al paso que ascendiamos por aquellas pendientes laderas cubiertas de piedras sueltas, nos fué posible notar la rapidez con que se apagan los sonidos. Gruesos guijarros, removidos por los cascos de nuestras cabalgaduras, rodaban a los abismos, sin causar mas que un leve ruido: caian dando botes i apénas nos era dado escucharlos, pues la rarefaccion atmosférica, ofreciendo un medio ménos ponderable para la propagacion de los sonidos, parecia que contribuia a conservar el frio silencio de aquellas soledades.

El camino, si tal puede llamarse el que conduce al Portillo, se nos presentaba a la vista como un vasto cementerio. Por todas partes blanqueaban las osamentas de los animales rendidos al cansancio o a la necesidad; i de trecho en trecho, se dejaban ver las últimas víctimas, aun vistiendo su piel, aunque medio devoradas por los cóndores. Tal espectáculo induce a tristes meditaciones, i mui especialmente cuando se observa las propias cabalgaduras i las muestras de terror que esperimentan al notar los restos animales que pueblan la senda.

Es también digno de notarse el instinto que demuestran las cabalgaduras al ascender la empinada cuesta. La rarefaccion atmosférica las obliga a detenerse cada cincuenta o sesenta pasos para alimentar sus pulmones i tomar aliento; mas, cuando sienten la espuela que las impele adelante, tuercen su cuello, i lanzando una tristísima mirada hácia el valle que han abandonado, baten hácia adelante sus orejas i se resignan a seguir su destino. Esta circunstancia nos fué posible observarla numerosas veces durante el ascenso de la cuesta, notando que en pocas ocasiones olvidaban dar la mirada hácia el valle ántes de decidirse a la marcha.

A los 3,800 metros de altitud comenzamos a ver grandes manchones de nieve en las hondonadas, muchos de ellos a medio cubrir por los taludes o derrumbes pedregosos que habian rodado desde las altas cumbres. Algunos de los mantos de nieve ofrecian a la vista el mas hermoso aspecto avellanado de la blancura mas perfecta, i otros, tomando un tono sucio i amarillento, formaban contraste con aquellos.

Una vez sobre el Portillo de los Piuquenes,—el Portillo Chileno,—hirió nuestra vista, con agradable sorpresa, el majestuoso Tupungato, envuelto en su sudario de nieves eternas, i ostentando su atrevida cúpula occidental, sombría i escarpada. Al oriente de él se alzaba una semiesfera cubierta por un grueso manto de nieves, dando al macizo un aspecto jiboso, i a su cumbre todos las apariencias de un viejo volcan. [17]

La cima afecta la forma de un cono truncado, cuya base superior es notablemente alargada de noroeste a sudeste. Sus bruscos cantiles no permiten se sostenga la nieve en sus laderas, de manera que luce el color violado mui oscuro de la formacion de sus rocas. Se cree que es un volcan apagado, i se eleva, segun el señor Pissis, a 6,710 metros, constituyendo así la tercera elevacion de los Andes chilenos; pues solo lo propasan el cerro del Mercenario, por 88 metros, i el colosal Aconcagua por 124. [18]

Al oriente se dejaba ver una profunda quebrada, mucho mayor que la occidental, la cual, reuniendo las aguas de los cerros i las vertientes del costado sudeste del Tupungato, forma el rio Tunuyan. Las cumbres que contornean la hoya presentan un magnífico aspecto, con mucho mas pintoresco que las que determina los del rio Yeso, de este lado de los Andes. El color de algunos cerros de aquella, variando entre el vermellon, que distingue a dos de ellos, i el plomizo i el amarillo entre los demas, daban a aquella hondonada una fisonomía mui especial.

Por el sudoeste se alzaba el ensanchado macizo del volcan de San José, coronado por algunos picachos negruscos i de forma piramidal; i entre éste i el Tupungato, se veia correr, en forma de sierra, el agudo espinazo que forma la línea divisoria de las aguas, frontera entre Chile i la República Arjentina.

Al oeste del Portillo, se levanta un escarpado cerro, tajado a plomo en su parte oriental para hacer ver, de la manera mas pintoresca i curiosa, la formacion sedimentaria que la constituye, ofreciendo a la vez una de las pruebas patentes de la brusca conmocion que orijinó el sacudimiento i la aparicion de los volcanes San José i Tupungato. El citado cerro, cuya cúspide se eleva sobre la línea de las nieves eternas, ha esperimentado un verdadero trastorno. Sus estratas se encuentran rigorosamente verticales, luciendo su vetada formacion, que cambia entre varios tonos del amarillo, interpolados entre plomizos i azulejos.

El Portillo, punto que bien merece el nombre con que se le califica, es un pequeño tajo dado a la cresta de los Andes. Está cortado a plomo al norte, i asciende bruscamente hácia el sur; en una palabra, se presenta a la vista como un lienzo de muralla derribado. Su formacion es calcárea i se encuentra mui fracturada por la accion atmosférica, lo que imprime a la naturaleza del cerro el aspecto de una ruma de adoquines. Las ammonitas que encierra, i cuyas hermosas muestras puede verse en el Museo de la capital, califican de jurásica la formacion a que pertenece. [19]

Sobre el mismo Portillo monté el barómetro i el termómetro, i a las 5h P. M., mareaba el primero 0m.4,724, el termómetro anexo 13° 6 centígrado i el aire ambiente 6° 5 Reaumur. Soplaba una regular brisa del oeste i el cielo se encontraba purísimo, aunque en el zenit podia notarse ese tinte azul negro de que se tiñe la bóveda celeste, al paso que se rarifica la atmósfera, para convertirse en verdadero caos en sus últimos límites. A la misma hora la presion de la columna mercurial en el Observatorio astronómico de Santiago marcaba 0m.71,791, el azogue de la misma 72C F. i el aire ambiente 26° 5 centígrado. Introduciendo estos valores en las recomendables tablas de Oltmanns, he encontrado que la altura absoluta del Portillo era de solo 4,113.7 metros, valor que difiere algo con el hallado por otros viajeros.

El señor Pissis asigna al Portillo 4,200.5 metros, el señor Ley bold 4,174.2 i Mr. Gilliss obtuvo dos valores: 13,198 i 13,475 piés ingleses, cuyo promedio dá 4,063.51. Con la estacion de Valparaiso hallé por latitud 4,066.88, valor poco discordante con el de Mr. Gilliss, pero bien diverso al obtenido con la estacion de Santiago [20]. Ahora, si tomamos la media de los cinco números citados, se llega a asignar al Portillo de los Piuquenes la latitud de 4,123.55 metros, valor que puede suponerse cerca de la verdad. Calculando la diferencia de nivel entre el Portillo i la Laguna Negra, nos resultó de 1,367.24 metros i por consiguiente la altura absoluta de aquel es de 4,138.94, valor que viene a confirmar la aproximacion arrojada por el promedio. No obstante esto, solo me es dado aceptar el valor de los señores Pissis i Leybold i los dos del que suscribe, cuyo promedio es 4,156.84 metros.

Respecto al tono oscuro que toma el azul del cielo al paso que ganamos en altura, Mr. Boussingault hace observaciones curiosas con motivo de sus notables ascensiones en el Cotopaxi, Chimborazo, Tunguragua i otras grandes alturas de los Andes ecuatoriales, i se inclina a sostener no haber notado la intensidad del color del cielo. Así lo dice en su interesante ascension al volcan Cotopaxi, aunque manifiesta respetar las observaciones de Saussure, i agrega a este propósito: "lo que quiero decir es que esta diferencia de color no es sensible sino por comparacion, i que el tinte negro del cielo, que se observa en ocasiones sobre los nevados, depende de la fatiga del órgano de la vista i quizá es también un efecto del contraste" [21]. Por nuestra parte, aun cuando no disponíamos de un cianómetro, nos ha sido posible notar, de la manera mas evidente, la intensidad del color del cielo, tanto en la Laguna Negra, donde permanecimos por nueve dias a 2,771 metros de altitud, como sobre el Portillo de los Piuquenes.

En el Portillo, el fenómeno es mui notable: desde el zénit hasta los 45°, el azul negro del cielo era, mui intenso; pero, desde los 45° hácia el horizonte el tono aclaraba notablemente, sin adquirir jamás el color azul que se observa desde las llanuras, terminando por brumas blanquecinas, que hacian resaltar aun mas la intensidad del negro del zénit.

Durante nuestra corta permanencia en el Portillo, esperimentamos esa respiracion acelerada i penosa que ocasiona la rarefaccion atmosférica en las grandes alturas; mas, la verdadera puna, soroche ó "mal de las montañas" no se hizo sentir, merced probablemente a la absorcion de nuestro espíritu al contemplar los bellos cuadros que se nos ofrecian a la vista o a la ninguna necesidad talvez que tuvimos de hacer esfuerzos musculares violentos. Sin embargo, al pié de la cuesta, 1,171 metros mas abajo, en el momento que haciamos nuestro frugal almuerzo de viaje, sufrimos de una manera bien marcada los efectos de la tenuidad del aire; ocurriéndonos el no poder masticar un bocado sin respirar muchas veces i obligarnos a paralizar la operacion para alimentar nuestros pulmones harto mas necesitados que el estómago. El hablar es el peor ejercicio que puede hacerse, porque, ántes de terminar una frase, se produce un cansancio que obliga a terminar con sonidos guturales. Es necesario, pues, hablar con calma i parcamente, so pena de jadear de una manera lastimosa.

En cuanto al cordon de los Andes, tema de alguna de nuestras conversaciones, con motivo de haber viajeros que suponen la existencia de dos sierras madres o cadenas principales, me veo obligado a tocar este asunto, aunque con la rapidez consiguiente al que carece de datos por no haber cruzado los Andes en su totalidad.

Los que suponen la existencia de dos grandes ramales en las cordilleras se fundan simplemente en que hai dos Portillos, el de los Piuquenes o Chileno i el Mendocino; mas es preciso tener en cuenta que de ordinario, todos los viajeros signen las huellas de los que los han precedido i que rara vez se apartan de las traqueadas sendas. El temor a las tempestades i las conversaciones obligadas de los guias relativas a sus efectos; las molestias del viaje i los fastidiosos desfiladeros, todo, en fin, contribuye a que el paso de los Andes sea mirado con desapego i que, una vez en ellos, se procure salvarlos en el menor tiempo posible. Tales motivos son, a no dudarlo, los que contribuyen a hacer ver en los Andes dos cordones paralelos de cordilleras.

El Portillo Mendocino, a mi juicio, es un paso sobre el ramal de cordillera que despide el elevado núcleo del Tupungato hacia el oriente, el mismo que, en seguida, converje al sudeste. El volcan de San José envia, a su turno, algunos ramales hácia la vecina república, para formar con el primero un gran valle por donde corre el caudaloso rio Tanuyan. Mas, como el camino de los Portillos no desciende por el rio, sino que lo cruza a solo 2,800 metros de altura absoluta, para ascender, en seguida, i salvar el Portillo mendocino a 4,388 metros segun Leybold, de aqui deducen que hai dos cordones de cordilleras paralelas; suposicion errónea, que proviene únicamente de que no han abandonado la hollada senda por donde se hace el tráfico ordinario.

Para avanzar la opinion de la existencia de dos cordones, es, pues, necesario un largo estudio, cosa que creemos no han llevado a cabo los viajeros que tal pretenden; pues el solo hecho de la altitud a que el camino cruza al rio Tunuyan está demostrando lo antojadizo del aserto i por consiguiente la falta de continuidad del cordon oriental, puesto que éste es cruzado por aquel para caer a las pampas arjentinas.

A las 5h 20m. P. M., interrumpidos en nuestras observaciones meteorológicas por un numeroso ganado vacuno que llegaba a flanquear el Portillo de los Piuquenes, nos vimos en el caso de guardar aceleradamente nuestros instrumentos i abandonar el estrecho paraje para comenzar el descenso de la cuesta; i no sin harto sentimiento, pues no es posible resolverse a retrogradar cuando, por vez primera, se ha trasmontado la linea divisoria de las aguas por el paso de los Piuquenes. Enviamos un sentido adios a las yermas cumbres del oriente i nos resignamos a abandonar la cresta de los Andes, en profundo silencio, todos dominados talvez por idénticas reflexiones.

Las coordenadas jeográficas del Portillo son próximamente:

Latitud sur 33° 38' 30."
Lonjitud E. de Santiago 0° 50' 40."

Seguimos el descenso por las peinadas laderas, batidas de frente por un seco viento del oeste, sin poder prescindir de ir contemplando los bellos cuadros que los Andes nos ofrecian a la vista por todas partes; lo que nos hizo sufrir las consecuencias harto desagradables del agrietamiento de los labios, una fuerte inflamacion de los ojos i el completo arrebato de la cútis.

Antes de caer al valle del Yeso, el sol se nos habia ocultado del todo, i las crestas de los Andes, espléndidamente iluminadas por la luz crepuscular, nos ofrecian hermosos panoramas delicadamente detallados e imposibles de ser reproducidos en el lienzo. La luna, levantándose simultáneamente al ocaso del sol, como dia de oposicion, reflejaba sus pálidos rayos sobre las crestas del occidente, pintando nuevos cuadros fantásticos de índole mui diversa a los que habiamos contemplado i que acababan de desaparecer.

Al pié de la cuesta, nos detuvimos por algunos minutos para arreglar los instrumentos, continuando en seguida la marcha. El viento habia calmado del todo, i las capas superiores de la atmósfera, condensadas i enfriadas al contacto de las nieves, descendian al valle, enfriando el ambiente de una manera mui marcada, poco agradable al viajero, se este modo, continuamos por la senda ántes descrita hasta llegar a las Yeseras. Aquí atravesamos el rio, a la sazon mui crecido, turbio i torrentoso, para seguir faldeando los cerros del sur o sea los flancos del elevado macizo denominado Meson Alto, atalaya de las lagunas. Cerca del Salto del Agua volvimos a cruzar el Yeso, ascendiendo en seguida la escabrosa Cuesta del Inca, para caer despues a la Laguna Negra pasada la media noche.

Durante el viaje, pudimos notar el gran tráfico que se hace por el camino del Portillo, como asi mismo la carencia de refujios para el viajero cuando es sorprendido por alguna tempestad. Es sabido como se improvisan las tormentas en el corazon de los Andes i los peligros que se corre para salvar de ellas. Aun en el verano se sufren las grandes nevadas que borran las sendas i que hacen descender la temperatura del aire ambiente algunos grados bajo cero. No obstante, en el largo curso del camino solo existe la Casa de Piedra, obra de la naturaleza [22], al pié de la cuesta del Inca, en el valle del Yeso, la que solo puede ofrecer abrigo a 16 personas con sus cabalgaduras. Seria conveniente, pues, se construyese, al ménos, una casa de material que sirviese de refujio a los viajeros durante las crudas e improvisadas borrascas que son frecuentes, siendo la mas apremiante la que deberia existir al pié de la cuesta de los Piuquenes. Viajeros que frecuentan las cordilleras i verdaderos pacientes de la inclemencia de los Andes lamentan la falta que hacemos presente i aseguran que, al disponer de los recursos que proponemos, podrian evitarse en gran parte las numerosas víctimas que se lamenta casi todos los años.

A nuestro arribo al campamento, supimos que el regreso tendria lugar en la mañana del dia siguiente 15, por lo que nos preparamos para la marcha. En efecto, a las 9 h. A. M. se fraccionó la comision en dos secciones, tocando al que suscribe hacer su regreso a San José por la senda ántes descrita. Mas, antes de abandonar definitivamente la Laguna Negra i el campamento que en ella tuvimos tan agradablemente, agregaremos algo relativo a las obras que tal vez pudiera ejecutarse en provecho del valle de Santiago.

La hoya del lago, aparentemente reducida, es de alguna consideracion, i vertientes numerosas la alimentan sin cesar, durante el verano, de donde puede deducirse cuál será el continente que la citada hoya ha de dar a la Laguna Negra.

La profundidad del lago, como ántes se ha manifestado, es escesiva, i puede decirse que constituye uno de los estanques naturales mas ricos que quizá habrá de utilizarse mas tarde para satisfacer a los sedientos campos del valle de Santiago. La hondura mayor que se encontró en él fué de 279 metros, profundidad que disminuye lentamente cerca de sus riberas. Las aguas se elevan, en el invierno, de 3 a 4 metros sobre el nivel de las del verano i puede presumirse que ascenderian a mayor altura si la garganta que tiene por el sud-sudoeste i que conduce al valle del Encañado fuese mas elevada i la naturaleza de su formacion ménos permeable.

En cuanto a obras hidráulicas que hiciesen de aquel estanque natural un abundante surtidor para la época de escasez, es indudable que pueden llevarse a cabo i que se podria disponer de una respetable cantidad de aguas; mas, como este punto ha sido reservado a otras personas que se han de ocupar largamente sobre la materia, no entraré en detalles. Sin embargo, animado como el que mas de los justos deseos de ver realizadas algunas de las obras que se proyecta, habré de injerirme, aun cuando domine campos ajenos i desconozca los proyectos especiales.

Tomando por aproximacion la masa de agua de la Laguna Negra, pues que otros de los compañeros habrán de ocuparse de su cálculo exacto, i suponiendo tan solo que tratásemos de desalojar una capa de 32 metros de espesor, tendríamos una descarga constante, por seis meses, de 529 regadores de a 18 litros por segundo de tiempo. Para este cálculo hemos supuesto que el área de la laguna, que gravita sobre un fondo de treinta i dos metros de profundidad, es solo de 4,939.700 metros cuadrados, sin tomar en cuenta el resto de su área, que tiene ménos hondura, i que, a considerarse, podria arrojar una descarga de 584 regadores.

Si de los estudios que se ha practicado para optar por el sistema que deberá adoptarse para la perforacion de la laguna resultase posible la construccion de un túnel, el caudal que hoi contiene la cuenca de la Laguna Negra hasta 32 metros de profundidad talvez podria renovarse; mas es necesario tomar en cuenta, al desaguar una parte de ella, que las nieves dominan en aquella rejion la mayor parte del año i que solo comienza la licuacion de ellas en la primavera.

Así, pues, durante una gran parte del otoño i todo el invierno, solo debe almacenarse nieve, la que, licuándose paulatinamente en la primavera i el verano, dá oríjen a los derrames que forman las fuentes de los rios. Tales motivos hacen suponer con alguna probabilidad que talvez no seria prudente esperar buenos resultados emprendiendo obras a tan grandes alturas en la rejion andina, desde que se cubren de nieves eternas, como se ha dicho, por la mayor parte del año.

Si durante los meses de otoño i de invierno pudiese economizarse las aguas corrientes, notoriamente mui escasas, i si en vez de nieves cayesen lluvias en las rejiones elevadas de los Andes, no dudo que el almacenaje que se busca llenaria con usura el objeto apetecido; mas, como las aguas que arrastran nuestros rios provienen solo de las rejiones subandinas, durante las estaciones de que tratamos, puesto que, en el interior de los Andes, cesan las corrientes de agua o disminuyen notablemente, desde que la atmósfera solo desaloja nieves, creo inconducentes las construcciones de grandes obras hidráulicas a una altitud mayor de 1,500 a 1,700 metros.

Asi, pues, si una represa en el valle del Yeso, a 2,600 metros de altura absoluta, pudiera almacenar en una época dada una cierta cantidad de regadores, talvez el costo de las obras que hubiera de construirse no corresponderia a la cantidad de aguas disponibles; siempre que no se detuviera el curso ordinario del caudal del rio Yeso.

En la actualidad, no tiene la Laguna Negra un emisario ostensible, pero es evidente que se vacia por infiltraciones sobre la del Encañado i ésta, por medio del rio Manzanito, que fluye al Yeso con una descarga de 215 regadores. En la época seca del verano i en un trecho mas o ménos normal del citado Manzanito i algo desviado del camino, observamos que tenia seis metros de anchura, 25 centímetros de profundidad media i 2 metros 57 de corriente por segundo de tiempo, lo que arroja la descarga a que nos hemos referido. Mas abajo de este punto i debido a la naturaleza del terreno que forma su lecho, las aguas se infiltran nuevamente i el caudal del rio, en apariencia, se presenta como insignificante.

En cuanto al valle del Yeso, por medir como dos quilómetros de anchura i una pendiente que apénas podrá llegar a 75 centímetros por ciento, se prestaria mui favorablemente para construir una represa importante, la mas ventajosa sin duda para el objeto apetecido. Los dos ramales de cordillera que lo forman se estrechan mucho por frente a la cuesta del Inca, circunstancia que podria hacer de aquel lugar una rejion apropiada para la esplotacion de las aguas.

Pero, en atencion a lo espuesto, me inclino a suponer que no deberia irse al corazon de los Andes en busca del precioso líquido, sino, simplemente, a los valles subandinos, como la única rejion en que prevalecen las lluvias i en las cuales tienen oríjen los grandes aluviones que solemos esperimentar en la invernada.

Sentiria no andar de acuerdo con mis compañeros; mas, como mi opinion solo la emito en virtud de un buen deseo, como lo dije ántes, podrá eliminársela. Por otra parte, mis apreciaciones no son el resultado de un estudio esperimental en la rejion de los Andes, i si las espongo, solo me mueve el deseo de llamar una atencion somera sobre ellas, sin buscar controversia.

El 15, despues de las nueve de la mañana, abandonamos el campamento de la Laguna Negra i emprendimos la retirada, siguiendo el cajon del rio Yeso. Descendida la escabrosa cuesta del Inca, seguimos por la planicie rocosa i de acarreo que sirve de medianera entre el rio citado i el Manzanito. Desde algunos puntos de ésta i en direccion nordeste, próximamente, vimos descollar al majestuoso monte Tupungato, con su ancha cima escarpada, en forma de cono truncado i con mucho mas amplitud que lo que puede notársele desde el Portillo de los Piuquenes, a causa de correr de N. O. a S. E.

Continuamos nuestro regreso por el accidentado i escalerado cajon del Yeso, i salvando la pendiente cuesta de los Cipreses, descendimos a San Gabriel. En este punto, dimos descanso a las fatigadas cabalgaduras, i una hora despues, continuamos en direccion a San José, donde llegamos a las 7h. 15m. de la noche.

Durante nuestro tránsito por el camino que une San José con San Gabriel, que es algo poblado, nos fué mui notable la existencia de voluminosos cotos en sus habitantes. A nuestro regreso, no obstante la precipitacion del viaje, nos volvió a llamar la atencion la fea enfermedad de que sufren los pobladores de aquel distrito, enfermedad que, 25 o 30 años há, era también algo comun en Santiago.

No obstante de no haber tenido ocasion de investigar sobre las causas que pueden influir en el desarrollo del coto, creemos, sin embargo, que, desde luego, podria atribuirse a dos circunstancias que nos fué posible notar. Y citamos esto para llamar la atencion de los facultativos como los encargados de velar por la salud física de la humanidad.

El distrito a que nos referimos se encuentra a una altitud de 1,110 metros sobre la ribera derecha del rio Maipo i al pié de un alto cordon de cordillera. Sus habitantes beben el agua de sus vertientes tal como corre cerca de sus vecindades, esto es, una agua que aun no ha absorbido el oxíjeno que es capaz de encerrar en virtud de la presion. Por otra parte, es mui posible que contenga sustancias calcáreas en suspension, materia que puede provocar el desarrollo de los espantosos cotos que nos fué dado observar. Creo que, si almacenasen el agua por 24 horas ántes de beberla, se podria evitar sus malas propiedades: absorberia el aire necesario i precipitaria gran parte de las materias que arrastra en suspension, lo que haria de aquellas aguas un líquido ménos pernicioso.

El 16 por la mañana, quise tomar algunas alturas de sol i hacer observaciones meteorolójicas; pero, notando que el barómetro habia sufrido una notable alteracion en el trayecto último, no me fué dado cumplir mi propósito.

A medio dia, tomamos los coches, que nos condujeron a la capital, ocupándome hasta el dia de la fecha en los cálculos, en la construccion de un pequeño plano jeográfico i en la redaccion de estos lijeros apuntes.

Réstame tan solo hablar a V. S. del pluviómetro, de cuya construccion fuí encargado. Teniendo en cuenta su objeto, preferí que se construyese de cobre i en las proporciones siguientes: su forma es cilindrica i de seis decímetros de diámetro por ochenta de altura, coronado por un cono truncado de veinticinco centímetros de alto i su base superior de dos decímetros de diámetro.

En tal caso, el agua caida en él, sondada con rigor i en milímetros, debe multiplicarse por 9m.024m, para obtener la cantidad relativa a la localidad en que haya sido espuesto. Previendo la circunstancia de los fuertes vientos que se atribuye a los Andes, el pluviómetro lleva ocho argollas, que servirán para asegurarlo convenientemente. No creí prudente hacerle colocar un tubo de vidrio i la respectiva escala, a fin de ponerlo a cubierto de fractura. En cuanto a su colocacion, me permito indicar una roca elejida convenientemente, como medio de evitar que sea cubierto por las nieves de la invernada. La capacidad i sus dimensiones permiten estimar una cantidad de agua de siete i medio metros, valor a que no es posible alcance la que cae en las cordilleras.

He creido necesario eliminar el embudo del pluviómetro para precaverlo contra las obstrucciones de la nieve, pues que, en la rejion donde ha de colocarse, está destinado a medir la caida de aquella, i en mui raras ocasiones el agua lluvia. Es cierto que la forma abierta no es conveniente, por cuanto favorece el total escape de la evaporacion, pero cierto es también que no he hallado otro sistema que, a la vez de económico en su construccion i espedito para su manejo, se preste para alcanzar, de una manera aproximada, el conocimiento de la nieve que cae en aquella rejion de los Andes.

El pluviómetro comun era inadecuado i de igual manera el de M. Babinet. El curioso sistema de M. Hervé Mangon nos haria arribar a conclusiones científicas, mas no a resultados prácticos, que es lo que se busca. Estos motivos me hicieron optar por el pluviómetro abierto i de boca pequeña, relativamente a su depósito.

Tan pronto como esté terminada la construccion del pluviómetro, enviaré a V. S. una tabla calculada con relacion a sus dimensiones, para que, por la inspeccion de ella, se pueda determinar el agua que haya caido en él, en virtud de la sonda en milímetros que encierre el recipiente.

Dios guarde a V. S.

F. Vidal Gormaz,
C. de F. g.


Al señor Intendente de Santiago don Benjamin Vicuña Mackenna.


  1. Da los ángulos de minuto en minuto i por medio del nonius se obtienen las décimas de uno en uno o sean los segundos de seis en seis: con algun ejercicio se pueden apreciar éstos últimos de tres en tres. He entrado en estos detalles relativos al anteojo micrométrico de M. Rochon a causa de ser poco conocido entre nosotros i movido tambien del deseo de desvanecer los cargos infundados que le han sido imputados, por un miembro de la comision, cargos injustos i por demas lijeros, i propios tan solo del disgusto con que se suele mirar lo desconocido cuando se trata de innovaciones o del abandono de una rutina.
  2. Todas las lonjitudes se refieren al meridiano del Observatorio Astronómico de Santiago. El meridiano de la Carta Topográfica es el de Santa Lucía, 2' 21" S. al Este de aquel.
  3. The U. S. Naval Astronomical Expedition, during the years 1849—1852, T. H., p. 75.
  4. Debo este valor al injeniero don W. Aguayo.
  5. Mas tarde se dará la clasificacion de esta nueva especie, que constituirá la tercera de las conocidas en Chile, pues en la actualidad, solo se encuentran dos clasificadas, una de Chiloé i la otra de Coquimbo, siendo tan solo 61 las conocidas en el Universo.
  6. Viaje a los andes ecuatoriales, p. 146.— Traduccion de don J. Acosta.

    Tratando sobre el pez de la Laguna Negra, álguien dijo que las truchas de Francia tenian la ajilidad de trepar por las cataratas hasta quince metros de altura. Mas tarde hubo quien agregase que subian hasta treinta metros. Tal broma, como era natural, hizo reir a la vez que recordar al famoso embustero Padre Perafan, quien, acosado en un camino por un toro bravo, no halló mas arbitrio que treparse por un hilo de agua que caia desde la altura, para escapar del peligro. Faltó tan solo agregar que, usando del machete del famoso gaucho, podria cortarse la Catarata Victoria para hacer que la Laguna Negra abundase en la sabrosa Perca trucha. Pido escusas por esta digresion humorística, que solo podrán estimar mis compañeros de trabajo; pero la he creido necesaria para manifestar cuán peligroso es a veces el vestirse con el sayal del embustero Padre Perafan, cuando se trata materias sérias.

  7. Siendo la temperatura media de aquellos dias en el observatorio de Santiago de 17° 8, de 10° 4 la de la Laguna Negra, en el mismo lapso de tiempo, i 2,235 7 metros la diferencia de nivel entre las dos estaciones, resulta que el termómetro centígrado baja un grado por cada 302 metros que se asciende sobre el terreno, valor aproximado, por cierto, desde que los números que nos sirven de punto de partida no pueden reputarse como precisos.
  8. Ultimamente hemos podido examinar un plano de M. Pissis, grabado en Europa en 1857. Este plano, en cuanto a la rejion andina, es mas perfecto que la hoja a que nos hemos referido en el testo grabado en Santiago. San Gabriel i la cuesta del Inca están bien trazados en aquel, por lo que nos inclinamos a suponer que los errores que hemos indicado deben ser de copia, i es de esperar no existan en los cuarterones que se graba actualmente en Europa.
  9. Talvez, no será inoportuno manifestar aquí la importancia del Yeso como abono, i hacemos esto porque, en mas de una ocasion, hemos oido negarle sus propiedades estimulantes. Nos concretaremos tan solo a reproducir el siguiente pasaje, que tomamos del Manual de jeolojia aplicada a la agricultura, etc, de Vilanova i Piera, T, II, Páj. 654.—"El célebre Francklin se valió de un medio mui injenioso para introducirlo en los Estados Unidos, i fué el de trazar con yeso en un campo de mielga cerca de Washington, e inmediato a una carretera mui frecuentada, la siguiente inscripción: este campo ha sido enyesado. Habiendo adquirido la vejetacion un desarrollo mucho mayor en los puntos ocupados por el yeso, que el resto de la heredad, no solo pudo notarse de un modo claro i distinto la diferencia de lozanía en la planta, sino que ella misma esplicaba la causa a que era debida. Los resultados de este esperimento fueron coronados del éxito mas brillante, i el uso del yeso se jeneralizó con tal rapidez, i adquirió tal importancia, que escaseando esta sustancia en aquellas rejiones, llegaron a importarlo de Paris por ser superior, i también de otros puntos-" Sirva esto para los que niegan la utilidad del yeso i las aguas del Maipo que fertilizan nuestros vecinos campos.
  10. Anales de la Universidad de Chile, T. VIII, p. 28.—Descripcion jeolójica de la república de chile, por A. Pissis.
  11. El valle de los Piuquenes es mas conocido hoi dia por Valle del Yeso, del nombre del rio a quien lo debe.
  12. Obra citada en la nota 8.
  13. Id. id. id.—Jeografia fisica i politica de Chile, por Pedro L. Cuadra, p. 19.
  14. Apuntes sobre el terremoto de 1822, por don Juan Miguel.—Anales de la Universidad de Chile, T. XVI, paj. 228 i siguientes.
  15. Revista de Santiago, núm. XX, páj. 239.
  16. Gilliss, en su obra ya citada, en la nota 2.
  17. Se ha dicho, por equivocacion, Boletin de la Sociedad Nacional de Agricultura, Vol. IV., núm. 12, que el que suscribe aseguraba que el monte Tupungato i el volcan San José estaban mal colocados en la Carta Topográfica. Siento tener que ocuparme de este asunto, pero me encuentro en el caso de negar el aserto. Durante el curso de mis operaciones nunca pude precisar la parte culminante del volcan San José; i en cuanto al Tupungato, si bien me fué posible verlo desde dos localidades diversas, no era motivo para que pudiese juzgar de la exactitud de sus coordenadas. No hai, pues, razon alguna para que se me atribuya tal suposicion, i olo respondo de lo que afirmo en el testo.
  18. Uno de nuestros distinguidos injenieros e infatigable esplorador de los Andes ha escalado el Tupungato, siguiendo el rio de su nombre i por la parte nordeste hasta 5,631 metros. Según esto, nuestro viajero es el que mas ha trepado en las montañas de Chile: pues no tenemos noticias que otros hayan alcanzado altitudes barométricas como la que citamos. Solo en el Ecuador i en el Chimborazo, donde M. Boussingault subió a mula hasta 4,945 metros, alcanzó este sabio a 6,004 metros, i A. de Humboldt a 5,909 metros sobre el mismo Chimborazo. De consiguiente, éste subió 278 metros mas, i aquel 373, que la alcanzada por nuestro atrevido viajero en el monte Tupungato. El valiente escalador de los Andes es el conocido injeniero don José Manuel Figueroa, i nos permitimos denunciarlo como medio de conseguir dé a la publicidad sus valiosas observaciones; porque seria sensible se perdiesen para la jeografía trabajos conquistados a trueque de los sacrificios que imponen las ascenciones de las grandes montañas.
  19. Tenemos un fragmento de la ammonita comunis, Sow., proveniente del rio Colorado. Vimos en la cuesta de los Piuquenes las impresiones de una Isocardia (?) i otros fósiles que no nos fué posible colectar por carecer de elementos. Los fósiles son mui abundantes, pero es necesario disponer de algun tiempo para adquirir muestras.
  20. En el tomo XVI de los Anales de la Universidad de Chile, pájs. 226 a 228, se rejistra un interesante trabajo de M. Pissis relativo a la altitud del Portillo de los Piuquenes.
  21. Viaje a los Andes ecuatoriales.—Ascension al Chimborazo por Boussingault, páj. 219.
  22. Tal vez sea una de las obras mandadas ejecutar por el presidente Gil y Gonzaga, en el siglo pasado, para guarida de los viajeros i de los correos.