Fragmento de El drama del alma

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El Museo universal (1868)
Fragmento de El drama del alma
 de José Zorrilla

Nota: Se ha conservado la ortografía original.

De la serie:

ALBUM POETICO.

 

FRAGMENTO DE EL DRAMA DEL ALMA.

......................

Voy á buscar un lugar
en donde tengo un altar
en el que antes de morir
quiero á mi ángel tutelar
evocar y bendecir.

Allí, tras aquella loma,
al píe de una torrecilla
blanca como una paloma,

las pardas tejas asoma
de sus casas Quintanilla.

¡Bendito el pobre lugar
donde mi madre nació!
¡Bendito el modesto hogar
donde la luz á mirar
sus negros ojos abrió!

¡Bendito el aire que aliento
inspirando en su pulmón,
la dió vital sentimiento
con el primer movimiento
que imprimió á su corazón!

¡Bendita sea la estancia
de esta casa oscura y fria,
donde durmió en la ignorancia
angelical de la infancia
el sueño del primer dia!

¡Bendita sea la campana
con que tocó á su bautizo,
y la mente de que mana
el agua con que cristiana
el sacerdote la hizo!

Madre, á quien ídolatré,
y con quien nunca viví,
y cuya vida amargué...
¡porque tal mi sino fué...
porque Dios lo quiso así!

Madre, de cuyo cariño
tan pocos años gocé,
de quien me apartaron niño,
y á quien, indócil lampiño,
yo obcecado abandoné:

¡Con cuánto afán busco ahora
cuanto dejaste tras tí!
¡Con cuánta fé mi alma adora
cuanto imagino, señora,
que guarda algo tuyo aquí!

De estas llaves y aldabones
de ventanas y portones
se aseguraron tus manos,
y sobre estos escalones
tus piececitos enanos.

Bajo este envigado techo
sonó aquella voz tan suave
que salía de tu pecho;
que Dios para ti había hecho
como el canto para el ave.

En este rincón tenias
tu lecho casto y modesto;
y aquí ante la luz ponías
el espejo en que veías
tu faz y tocado honesto.

Por estas calles pasaste,
por estas eras corriste,
en esta iglesia rezaste...
¡Madre! ¿Por qué no me ahogaste
cuando la vida me diste?

¿Por qué de la madre tierna
no pudo más el amor
que la vanidad paterna,
de quien nos tuvo el rigor
en separación eterna?

¿Por qué á estraños al fiar
mi padre mí educación,
antes que á tu hijo soltar,
no te dejaste arrancar
los brazos y el corazón?

¿Qué necesidad había
de lanzarme al mundo vano,
a mí que adorado habría
la ignorada medianía
del labrador castellano?

¿Qué nos importaba en él
con humos de alta nobleza
salir á hacer un papel,
si en la alma se torna hiél
el humo de la cabeza?

¡Aquí hubiéramos vivido,
madre, los dos tan felices!
¡Nos hubieran mantenido
tan bien sin gloria y sin ruido
nuestros granos y raíces!

Te hubiera aquí sin cesar,
pues que tu solo hijo fui,
dia y noche hasta espirar
al calor de nuestro hogar
tenido yo junto á mí.

Nadie hubiera de mí hablado,
ni me hubieran aplaudido,
me hubieran coronado,
ni en su cámara sentado
me hubieran reyes tenido...

Pero hubiera sido honrado,
y feliz hubiera sido,
viviendo siempre á tu lado,
por tí en tu hogar cobijado
como el pichón en su nido.

Mejor que en tierras estrañas
en mesas de emperadores
¡oh madre de mis entrañas!
comiera yo en sus cabañas
pan tuyo con tus pastores;

Y cuando tus ojos Dios
cerrado hubiera a la luz,
al morir yo de tí en pos,
bastara para los dos
una tumba y una cruz.

¡Delirios!... hácía la mar
me arrastra ya mí deber.
¡Adiós, villa, adiós hogar,
que á ella la visteis nacer
y á mí venirla á llorar!

Virgen santa de Muñó,
soledad de Quintanilla,
á quienes mi madre y yo
orábamos cuando aun no
se hablaba de mí en Castilla;

Pues que ni vivió conmigo,
ni he de tener al morir
con ella en la tumba abrigo,
abreviadme ¡ay! el castigo
de mí vida porvenir.

Pues no me podéis volver
ni á la oscuridad de ayer,
ni á la calma de mi hogar,
ni á la que en él me dió el sér...
¡enviad tormentas al mar!

Que del buque en que á él me lance
vaya un huracán en pos,
y en él de mí muerte el trance
tan sólo á saber alcance
el mar en que le hunda Dios!

José Zorrilla.