Historia de San Martín y de la emancipación sudamericana/Tomo I/Prólogo

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Prólogo

Este libro tiene por objeto relatar correctamente la historia completa del General José de San Martín, según nuevos documentos, combinándola con la de la emancipación de la América del Sud, de que fué uno de los grandes libertadores. Complemento necesario de la Historia de Belgrano, escrita hace treinta años, estas dos historias encierran á grandes rasgos el cuadro general de la revolución argentina en sus dos faces características: la una, con relacional orden nacional; la otra, en sus relaciones externas con la emancipación sud-americana.

Concebidas estas obras, con amplitud y precisión, dentro de los límites de la medida humana y de la verdad comprobada, ambas, aunque escritas en medio de luchas ardientes, en que se buscaba por la discusión ó por las armas la solución de los arduos problemas institucionales de la tradición revolucionaria, se han inspirado en el espíritu equitativo de todos los tiempos, que por lo mismo que no es exclusivo ni extraño á cuanto al hombre pertenece, todo lo trae á las condiciones y proporciones reales, sin alterarse por las pasiones ó los intereses pasajeros que nada legan á la conciencia de la posteridad.

El argumento de ambos libros, es la Independencia Americana en sus movimientos concéntricos y excéntricos, ya con relación á una nacionalidad naciente, madre de otras nacionalidades, ya con relación á un grupo de naciones nuevas, emancipadas por las armas propagadoras de los principios orgánicos que les inocularon vida robusta, y así la lección que de ellas se desprende armónica con sus argumentos. Son dos libros que se complementan en su dualismo, siendo análogos, pero distintos; en que se vuelve vuelve una misma acción compleja en dos diferentes teatros y con diferentes caracteres aunque idénticos en sus fines, explicando un movimiento colectivo, orgánico y multiforme, y esto justifica el título de «Historia de la Independencia Argentina y de la Emancipación Sud-Americana», que llevan. El uno,tiene por escenario el territorio del antiguo Vireynato del Rio de la Plata y encierra la historia de la revolución argentina en relación á una nacionalidad. El otro, si bien no es la historia completa de la revolución de la independencia sud-americana, la comprende en la medida que comporta el cuadro en que se desarrollan los acontecimientos que forman su argumento, y le dan su estructura histórica. Son las faces de una misma medalla conmemorativa en que varía el símbolo y la leyenda.


 El plan de la obra, así en su arreglo metódico como en cuanto á su orden cronológico, con los desarrollos sintéticos que lo complementan, está rigurosamente ajustado á la unidad del asunto, y se ha procurado que la sucesión lógica de las partes componentes concurra á esa armonía. Al efecto, cada capítulo es un cuadro completo en sí, que comprende una época, un período marcado, ó presenta bajo su luz una faz en la misión del héroe,y que contiene á la vez todos los elementos necesarios para ilustrar los puntos en él tratados, relacionándolos con el conjunto y con el movimiento general de su tiempo.

 La comprobación se funda en documentos nuevos en su mayor parte, años e afirma un hecho ni se avanza un juicio sin acompañarlo de su justificativo ó sin ser deducido de ellos interpretándolos rectamente. Las notas que amplían ó comprueban el texto, lo ilustran por medio de la autoridad citada ó de la crítica, con la reproducción en algunos casos de documentos breves que se relacionen con un hecho aislado que requiera especial comprobación. Cada volumen llevará al fin un Apéndice conteniendo los documentos de mayor extensión, en que sólo figurarán los inéditos y auténticos que tengan un interés general para la biografía ó para la historia, algunos de los cuales son verdaderas revelaciones postumas que exparcen nueva luz sobre sucesos misteriosos ó poco conocidos, ó corrijan errores acreditados por una falsa tradición una información incompleta.

Aunque las numerosas y prolijas citas que de mis autoridades hago en el lugar correspondiente, podrían excusarme de insistir sobre la documentación, daré una idea general de los materiales de que me he valido para la confección de esta obra.

Creo haber consultado todos los libros, folletos, periódicos y papeles sueltos impresos que á San Martín se refieren, y como prueba puedo presentar centenares de ellos reunidos en el espacio de treinta años, que forman parte de mi Biblioteca Americana, limitándome á citarlos en su oportunidad, aun cuando su mención especial podría tener algún interés bibliográfico.

En cuanto á manuscritos, puedo asegurar que he compulsado por lo menos diez mil documentos, lo que es fácil verificar por las citas y apéndices, y especialmente por el catálogo de ellos que se insertará á continuación, todos los cuales forman parte de mis colecciones, que reunidos metódicamente en setenta y tres gruesos volúmenes serán oportunamente depositados en la Biblioteca Nacional para servir de comprobación subsidiaria.

Por vía de ilustración de este punto y de mi método de comprobación, daré en general una idea de los materiales de que me he servido y de las fuentes en que los he recojido.


Una de las más ricas fuentes de información auténtica, por la abundancia y novedad de sus noticias, aunque desgraciadamente no la más completa en sus series, ha sido el archivo del mismo General San Martín, que merece una mención especial como punto que interesa á la historia y que se liga con el asunto de este libro.

Creyóse por mucho tiempo, que el General San Martín, al condenarse deliberadamente al ostracismo e imponerse un estoico silencio, había renunciado, no sólo á hablar á sus contemporáneos, sino también á su posteridad, destruyendo los documentos que debían constituir su archivo político y militar, y con él los principales elementos de su memorable historia. Pero si bien no nos ha legado Memorias, y apenas si dejado breves apuntes sobre algunos de sus contemporáneos y apreciaciones ligeras sobre uno que otro hecho aislado, felizmente sus más importantes papeles fueron conservados, y todos ellos existen hoy en nuestro archivo.

La primera noticia de la existencia de estos papeles, fué la aparición de la famosa carta á Bolívar, comunicada por el mismo San Martín y publicada en francés por el capitán La-fond, que proyecto la primera luz sobre la misteriosa conferencia de Guayaquil en que los dos grandes libertadores de la América Meridional se abrazaron y se repelieron por la primera y última vez. Posteriormente, los Sres. Alberdi, Barros Arana y Vicuña Mackenna, hicieron conocer algunos documentos del archivo del General, conservados y comunicados por su hijo político el Sr. Mariano Balcarce. Gran parte de esos papeles pasaron á nuestras manos por donación del señor Balcarce, reservándose otros de que creía no deber desprenderse en vida, según la voluntad del testador; pero dispuso, que después de sus días me fuesen entregados como un legado histórico, en la confianza, según nos dijo entonces, de que haría de ellos un uso discreto. A la espera de estos documentos creí en conciencia deber interrumpir mi obra, y esta es una de las causas, entre otras varias que son de notoriedad, del retardo de su continuación, que hoy en posesión de todos los datos necesarios he proseguido.

La voluntad postuma del Sr. Balcarce fué cumplida por su hija la señora Dª.Josefa Balcarce y San Martín de Gutiérrez Estrada, nieta de los dos hombres ilustres de la historia argentina cuyos apellidos lleva, la cual me remitió desde París en 1885 y 1886 numerosos legajos de documentos manuscritos y de impresos curiosos de la época de la revolución conexos con San Martín. Al confiarme esos papeles esta distinguida señora, me decía, que «dejaba á mi discernimiento decidir los que fuesen de verdadera utilidad y los que debieran destruirse». Felizmente, entre ellos no hay papeles que deban ser destruidos, habiendo sin duda tenido su primitivo poseedor la generosidad de hacerlo él mismo con los que pudieran comprometer á otros, como lo acostumbró hacer magnánimamente en medio de su poderío aún respecto de sus enemigos, conservando únicamente los que pudiesen ser útiles para la historia, y si hay alguno que pueda perjudicar aisladamente la memoria de un individuo, debe respetarse su voluntad al conservarlo, así como los que no le favorecen.

Sólo una parte de este archivo estaba arreglado por el Sr. Balcarce, existiendo en el vanos legajos clasificados por el mismo San Martín con breves indicaciones de su puño y letra: todo lo demás era una masa informe, en que se hallaban confundidos documentos de poco interés histórico del servicio ordinario, periódicos y folletos, con otros papeles públicos y de verdadera importancia. Aunque muy interesante y valiosa, esta colección no corresponde á la idea que podría formarse de la riqueza del archivo de un grande hombre que tanta influencia tuvo en los destinos americanos, pues faltan en éllos principales elementos para escribir su historia militar y aun política, y en varias series se notan vacíos considerables, de manera que, sin los documentos conservados en el Archivo General, no habría sido posible formarla.


Entre los papeles que en vida del Sr. Balcarce pasaron á mis manos, encontrábanse los más interesantes, entre ellos un libro copiador de oficios reservados, que contienen verdaderas revelaciones, gran parte de su correspondencia privada sobre asuntos públicos con los principales hombres de su tiempo, especialmente con O'Higgins, Balcarce, Pueyrredón, Belgrano, etc. Entre los remitidos por su hija, se encuentran coleccionados los que se relacionan con el Almirante Cochrane; su correspondencia completa con el General Guido con algunos borradores de sus contestaciones desde 1816 á 1846, y con otros personajes; varios apuntes sueltos escritos ó dictados por el mismo General, y algunos legajos de interés, pero truncos, sobre las campañas de Arenales á la Sierra y sobre la de Quito, con otros de menor importancia, pero utilizables en parte. Con estos elementos he podido completar mi documentación, que no obstante su deficiencia en el orden militar y político sirven para aclarar algunos misterios, que en parte hemos puesto en claro guiados por ellos en nuestra «Historia de Belgrano» y en nuestras «Comprobaciones Históricas», y sobre las cuales derramamos hoy toda la luz que ellos proyectan.

Las clasificaciones de algunos legajos hechos por el mismo San Martín y los breves apuntes por él escritos ó dictados, harían creer que alguna vez pensó, sino en escribir Memorias, por lo menos una vindicación de su vida pública, y en efecto, así consta de su correspondencia confidencial.

En carta suya al General Guido, datada en Bruselas el 18 de diciembre de 1826,[1] le decía: —«Quando dexe de existir V. encontrará entre mis Papeles (pueden mi última disposición ay una clausula expresa le sean entregados) documentos orijinales y sumamente interesantes. Ellos, los apuntes que hallará V. ordenados, manifiestan mi conducta Publica y las razones de mi retirada del Perú. V. me dirá que la opinión Pública y la mia están interesadas en que estos documentos vean la luz en mis dias. Barias razones me acompañan para no seguir este parecer, pero solocitaré una que para mí es concluyente, á saber: —La que lo general de los hombres juzgan de lo pasado según la berdadera justicia, y del presente según susintereses. Por lo respectivo á la opinión pública, yo estoy seguro que los honrados me harán justicia á que yo me creo muy acreedor. Sin embargo de estos principios y del desprecio que yo pueda tener por la Historia, porque conosco que las Pasiones, el espíritu de partido, la adulación y sórdido interés son en general los agentes que mueven los Escritores, yo no puedo prescindir que tengo una Hija, y amigos, (aunque bien pocos) á quien debo satisfacer. Por estos objetos, y no por lo que se llama Gloria es que he trabajado dos años en hacer extractos y arreglar documentos, para que acrediten mi justificacion. Pero si los hechos y motivos sobre que se ha fundado mi conducta en el tiempo en que he tenido la desgracia de ser hombre Público, si mi amigo, la desgracia, —porque estoy convencido, de que =Serás lo que hay que ser y sinó no eres nada; en fin, si como V. dise no perdonará jamás mi separación del Perú, espere al paquete entrante para rectificar tan terrible sentencia. En vista de mi exposición puede ser barie de opinión, porque estoy seguro sabrá cosas que ha ignorado y que lo admirarán a pesar de lo mucho que ha visto en la Rebolucion. V. conocerá que teniendo que fiar esta interesante exposición á las continjencias del Correo, tendré que usar de ciertas precauciones; no obstante, yo diré á V. lo suficiente para formar una idea.» En carta posterior de 21 de julio de 1827, de Bruselas también,repetía al mismo corresponsal: «Yo he ofrecido á V. escribir le en la 1ª oportunidad segura cosas que le asombrarán, a pesar de lo mucho que la Rebolucion le ha hecho conoser.» Y refiriéndose á Bolívar, cuyo retrato traza, agrega: «En fin, no me queda la menor duda de las sanas intenciones de este general(Bolívar), pero seria un mal Caballero si abusase de la situación en que se haya (y que estoy seguro empeorará por su carácter) para publicar secretos que solo V. sabrá, y solo verán la luz después que dexe de existir.»

En carta (inédita) del General Guido datada en Buenos Aires el 23 de febrero de 1829, le decía sobre el particular: «Recuerdo la oferta que en repetidas cartas me hizo V. desde Bruselas, de sus papeles para la historia: ha llegado el tiempo de cumplir esta promesa.»

Ni San Martín volvió á acordarse de su promesa ni Guido á insistir sobre ella, y entre las disposiciones postumas del primero no existe ninguna cláusula que á sus papeles se refiera, á no ser las instrucciones verbales que dejó á su hijo político el Sr. Balcarce, á quien instituyó heredero de ellos.


Entre los documentos remitidos,así por el Sr. Balcarce como por su señora hija, ningún rastro se encuentra del a vindicación ni de las revelaciones anunciadas, y es de suponerse que las que se referían á sus relaciones con Bolívar, —principal causa de su separación del Perú,— se limitaban á su correspondencia con él después de la conferencia de Guayaquil, publicada posterior mente por Lafond, que entonces era un secreto que no había traspirado, y que en 1844 cuando se vulgarizó, fué una verdadera revelación.

Algo más hay que decir sobre este punto, confrontando los documentos publicados con los inéditos, concordando testimonios contradictorios y deduciendo de los hechos fuera de cuestión las conclusiones lógicas y fatales, pero los principales son conocidos, y sólo resta ilustrarlos con otros complementarios para habilitar á la posteridad á pronunciar el juicio definitivo. El mismo San Martín, que en los motivos ostensibles que dió para su retirada del Perú en su famosa proclama de despedida, había contribuido á extraviar la opinión, dijo después de la publicación de su carta á Bolívar, que nada oculto había en este gran misterio, sino lo que todos sabían y podían deducir. Lo único misterioso en este acto, que la imaginación se ha empeñado en rodear de accidentes dramáticos, son los móviles secretos que impulsaron, ó más bien dicho, impusieron su abdicación, los cuales no están consignados en ningún documento, como que tuvieron su origen en la propia conciencia, en que éllos guardó, y que el tiempo ha puesto de manifiesto.

Entre los papeles del General San Martín hay algunos de más ó menos importancia que pudieran relacionarse con las revelaciones por él anunciadas, y en particular una serie completa y arreglada por él mismo, en que consta una denuncia de tentativa de conjuración de varios jefes del Ejército de los Andes contra su poder y contra su vida, misterio histórico de que hacen referencia vaga algunos escritores y que otros relatan incorrectamente. Estas y otras causas análogas, obraron también en su ánimo al abdicar el mando; pero fueron meramente concurrentes, pues la actitud de Bolívar y el estado de la revolución del Perú en la situación en que entonces se encontró, fueron las principales causas determinantes, que se imponían por sí y explican todo natural y racionalmente.

La resolución de San Martín de guardar silencio durante su vida, —quebrantada indirectamente sólo una vez al comunicar la carta dirigida á Bolívar y autorizar su publicación, —fué la regla que voluntariamente observó,y todo demuestra, que después de su pasajera veleidad de Bruselas, en que él mismo dice que «se le había exaltado la bilis», no pensó después jamás en escribir Memorias ni defensas, y sólo por escepción en legar á la posteridad datos ordenados sobre el particular.

Citaremos en comprobación de ésto, dos hechos, que se ligan con el asunto de su archivo.

De todos sus papeles, los únicos regularmente organizados son los que se refieren á sus relaciones con lord Cochrane, con copias confrontadas bajo su inspección y anotaciones de clasificación de su puño y letra, lo que indicaría ser este uno de los asuntos que más le interesaba, como si previese las iracundas Memorias que escribiría su antiguo y heróico compañero y su enemigo encarnizado aún más allá de la tumba. En cambio, cuando en 1832 se publicó en Buenos Aires la «Memoria-Historia» del coronel Arenales, sobre la segunda campaña de su padre el General Arenales á la Sierra del Perú, en que se le hacían graves cargos, no bien justificados, el General Guido, en carta (inédita) de 15 de julio del mismo año, llama su atención sobre ella en los términos siguientes: —«Esta pieza me ha costado disgustos y explicaciones que he tenido ya con el autor, por que no podía disimular la mezcla de cargos á los elogios que le hacen á V. Cláusulas hay bastante irritantes, otras inoportunas y muchas de las que se refieren á la campaña de la Sierra que podría yo atacar victoriosamente, no sólo por los datos que tengo, de mayor peso que los que pudo alcanzar el joven Arenales en la campaña del Perú, donde suposición fué subalterna, sino por la contradicción que se encuentra en la primera parte de su narración.» —Después de las explicaciones cambiadas entre Guido y el autor, éste quedó en enviar la obra á San Martín, y darle una satisfacción al respecto. —San Martín no se dio por entendido de los cargos, y el legajo de su archivo, por él clasificado,que se refiere a las campañas de la Sierra del General Arenales, sólo contiene algunos documentos concernientes á la primera, y estos mismos incompletos, sin que en él se encuentre uno solo que tenga relación con la segunda, que era, sino la más interesante históricamente, la que más afectaba su reputación y su responsabilidad histórica como General y como Director de la guerra.

Tal es el archivo del General San Martín que poseo y he utilizado en mi trabajo, y del cual he creído deber dar una idea por vía de ilustración crítica á la documentación de su historia.


A más del archivo del General San Martín, los archivos públicos y algunos particulares han sido la fuente más abundante de mis informaciones.

He dicho, que sin los documentos conservados en el Archivo General, no me habría sido posible escribir la vida completa del General San Martín, pues sólo allí existen series íntegras que se eslabonan cronológicamente por el espacio de ocho años continuos, con noticias políticas y militares y detalles administrativos que en ninguna otra fuente pueden encontrarse. En las tres grandes reparticiones de este rico depósito, á saber: Gobierno, Hacienda y Gruerra, he compulsado más de cuarenta legajos, conteniendo algunos de ellos más de cientas carpetas ó expedientes, y término medio, cien. No he dejado de leer uno solo de sus papeles, y de los más importantes para mi objeto he tomado copias ó hecho extractos de mi mano, anotándolos y concordándolos todos cronológica y sistemáticamente con observaciones críticas, en cuadernos que conservo como un doble justificativo, y que figuran en el catálogo de mi colección de manuscritos inéditos, que se registra más adelante.

Estos estudios así sistemados, van desde 1812 á 1824, calcados sobre las series de documentos que con relación á esa época y respecto al General San Martín se encuentran en el archivo mencionado, los cuales comprenden no sólo su correspondencia oficial en los tres ramos, sino también la diplomática, la política reservada y la puramente administrativa del ejército en sus cuerpos y reparticiones, á lapardeladel Gobierno General en el exterior y sus agentes públicos dentro y fuera del país.

Del archivo de Mendoza (Intendencia y Cabildo) dispersado por el terremoto, en que se conserva la historia civil de la creación del Ejército de los Andes y de los recursos locales con que se llevó á cabo la empresa de la reconquista de Chile y libertad del Perú, he podido formar series completas desde 1814 á 1820, que adelantan bastante sobre lo conocido y publicado antes por otros historiadores que han explotado esta fuente de informaciones auténticas. Debo también al Sr. Eusebio Blanco, ex-senador por Mendoza, la comunicación de algunos valiosos papeles de esta procedencia, que han enriquecido mi archivo.

Además, hé tenido á mi disposición varios otros archivos particulares, que hoy forman parte de mi colección, y que enumeraré rápidamente en reconocimiento á las personas que generosamente me los han ofrecido.

Otro archivo muy importante, y que también he utilizado, es el del Director Pueyrredón, de que su hijo me hizo donación expontánea. La administración de Pueyrredón está identificada á la época más gloriosa de los trabajos de San Martín, el cual conservaba íntegra su correspondencia con él desde 1816 á 1819, que es una rica mina de informaciones nuevas y seguras.

En el archivo del General Belgrano, de que he dado noticias en su «Historia», encontré muchos documentos que con San Martín se relacionaban, entre ellos, su correspondencia particular desde 1813 á 1819, llena de expansiones y confidencias verdaderamente históricas.

He registrado el archivo del General O'Higgins, de que era poseedor mi malogrado amigo el historiador Vicuña Mackenna, en el cual encontré datos curiosos sobre puntos muy recónditos, y entre otros, su correspondencia por medio de clave con SanMartín, forma en que se comunicaban sus asuntos particulares.

Tuve también la fortuna de que viniese á mi poder una parte del archivo de don Tomás Godo y Cruz, amigo y agente político del General, cuya correspondencia íntegra desde 1816 á 1821, sin faltar una sola carta, constituye la serie más importante de su colección, la que me fué dada por el señor General Domingo F. Sarmiento, que la había tenido presente al escribir la biografía suya de San Martín que se publicó en la «Galería de hombres célebres de Chile». Es una riquísima mina de informaciones del mayor interés, como que todas las cartas, y algunas de ellas de tres y cuatro pliegos, sonde puño y letra de San Martín; que revela en ellas su genio, su carácter, sus planes políticos y militares y sus secretos más íntimos durante ese gran período.

Pude también consultar el archivo del General Las-Heras, antes y después de su muerte, y á él debo, además de algunos documentos que allí se encuentran, importantes noticias verbales y epistolares, lo mismo que al General Zapiola que me donó en vida todos sus papeles, muy útiles para la historia de las campañas del sud de Chile.

Por último, citaré en globo las Memorias Históricas manuscritasdelosgenerales Alvarado, Luzuriaga, Hondean y Alvarez Thomas, y las de Posadas; la correspondencia confidencial de San Martín con los Directores Posadas y Alvarez Thomas, y con el General don José Antonio Balcarce, su segundo en el mando; de don Juan José Passo en 1814, además de la de O'Higgins ya mencionada, así como con don Tomás Guido, su confidente durante más de treinta años, y con varios otros contemporáneos, todo lo cual forma parte de mi archivo de originales y he utilizado convenientemente.

Finalmente, en la República Argentina, en el Estado del Uruguay, en Chile, Perú y Bolivia he tenido ocasión de adquirir noticias verbales de varios contemporáneos, algunos de ellos jefes de alta graduación en el Ejército de los Andes, que acompañaron á San Martín desde San Lorenzo é hicieron con éllas campañas de Chile y el Perú. Recordaré entre ellos, además de los ya nombrados,á los generales Guido (don Rufino), Aldunate, Pinto, Calderón, Frejre, Frías, Rondeau, Dehesa, Olazábal, Mansilla, Vega y Escalada; al Almirante Blanco Encalada;á los ingenieros de los Andes Alvarez Condarco y Arcos; á los coroneles Pedro Regalado de la Plaza, Guáty, Zado, Pedro José Díaz, Necochea (don Eugenio), y Espinosa;á su capellán en San Lorenzo y Chile el Dr. Julián Navarro; al comandante don Máximo Zamudio, á don Nicolás Rodríguez Peña y don Gregorio Gómez, su amigo de todos los tiempos, y muchos otros á quienes igualmente debo informaciones orales que me han servido para ilustrar mi documentación,verificándola por la tradición auténtica y por la discusión verbal contradictoria.


Por lo que respecta á mapas geográficos, planos topográficos y croquis militares, además de los impresos, citados en los lugares correspondientes, he tenido ocasión de consultar todos los inéditos concernientes á las campañas de San Martín. Entre ellos, señalaremos el croquis trazado á pluma que llevó Soler en su pasaje por los Patos; el itinerario de Las Heras por Uspallata; el de Cabot por la cordillera de Coquimbo; el de Freyre por el Planchón; los preciosos planos del ingeniero de Napoleón Mr. d'Albe sobre Maipu, Cancha rayada y Talcahuano; los interceptados á los ingenieros españoles sobre estas mismas acciones, y varios otros que se conservan manuscritos, cuyos originales ó copias forman parte de nuestra colección cartográfica. Además, hemos recorrido sobre el terreno los itinerarios de las campañas del Ejército de los Andes y reconocido personalmente todos los campos de batalla, levantando croquis de las localidades respecto de las cuales no existían documentos gráficos, como sucede con el campo de batalla de Chacabuco.

En cuanto á los retratos que adornan esta obra, pueden considerarse también como documentos gráficos auténticos, que representan las cuatro faces históricas de San Martín: el comienzo de su carrera americana al pasar los Andes; el apogeo de su poderío en el Perú; su ostracismo y su serena ancianidad, tomados todos ellos de los originales. Para esta selección hemos tenido presentes más de veinticinco retratos de San Martin, estatuas, bustos, cuadros al óleo, láminas de batallas, grabados, litografías, fotografías, dibujos al lápiz y miniatura. De estos retratos, en su mayor parte reproducción ó interpretación unos de otros, cuando no de fantasía, sólo cuatro ó cinco pueden considerarse como auténticos por ser tomados más ó menos directamente del natural en las cuatro épocas señaladas de su vida, desde 1817 á 1850.

El primer retrato auténtico quede San Martín existe, corresponde á la época de la reconquista de Chile después de Chacabuco, en 1817, ejecutado por el pintor peruano José Gil. Es de tamaño reducido, pintado al óleo sobre cobre, casi de cuerpo entero, á la edad de cuarenta años, y se halla vestido con el uniforme de granaderos á caballo que llevan sus estatuas. Este retrato fué regalado por el mismo San Martín en 1820 al viajero norte-americano Henry Hill, quien lo cedió en 1882 al Presidente de Chile, Sr. Santa María, su actual poseedor. De él se sacaron en Boston algunas copias heliotípicas que lo han generalizado en América. La fisonomía y apostura es acentuadamente marcial, ó más bien soldadesca, y constituye el tipo varonil de la primera época de la independencia que se popularizó en varias estampas de la época. El mismo pintor hizo de San Martín otro retrato al óleo de tamaño natural, en 1818, después de Maipu, por encargo de la Municipalidad de la Serena, en cuya sala capitular se conserva, y ha figurado como un monumento histórico en varias exposiciones chilenas. Tiene el mismo carácter del anterior, con accidentes que lo distinguen y pueden considerarse ambos como formando uno solo de la misma época y de la misma mano. De estos dos retratos se tomó el de 1821 grabado en Londres, y que más bien que una copia es una interpretación en el mismo estilo de sus originales, aunque de dibujo más correcto.

El segundo retrato auténtico, —ósea el tercero ó cuarto en el orden numérico ó cronológico,— es una miniatura hecha en Lima en 1822 por la Sra. Narcisa Casa-Saavedra, esposa de don Juan B. Lavalle de aquella ciudad, siendo San Martín Protector del Perú, distinguiéndose por la banda bicolor que lleva cruzada al pecho. Esta miniatura vino por acaso á Buenos Aires y de ella tomó el General Espejo una copia en punto mayor, corregida según sus recuerdos, y esta es la que ha servido de modelo al retrato de la Ilustración Argentina, jado por el Sr. Carbalho. Según el General Espejo, es el más semejante y el que mejor idea dá del carácter de la fisonomía del héroe en reposo.

El tercero ó cuarto entre los auténticos, fué ejecutado al óleo en Bruselas en 1827, por una artista belga, que era maestra de dibujo de su hija, cuando el General San Martín cumplía los cuarenta y ocho años. Tiene la expresión ideal y heroica, reveladora del temple de su alma, que ha sido trasportada al bronce, al modelar las cabezas de sus estatuas de Santiago de Chile y de Buenos Aires, cuyos rostros constituyen la parte más acabada y más notable de esta obra, así por su ejecución como por su expresión. Este retrato es el que San Martín prefería, y ha sido conservado en su familia. Distínguese por llevar en la mano una bandera celeste y blanca, cuyos pliegues forman el fondo del cuadro. El grabado que trae Miller en sus Memorias, es una interpretación de este retrato combinado con el de Lima, pero sin el atributo señalado y sin la expresión que anima la fisonomía, el cual es á su vez copia de una buena litografía hecha en Bruselas por Madou en 1827. Existen de él varias copias fotográficas y una buena copia al óleo que adorna los salones del Club del Progreso de Buenos Aires.

El último retrato de este orden, es el grabado al aguafuerte hecho en París por Edmundo Castón bajo la inspección de la familia, el cual es tomado de una fotografía directa, que lo representa á la edad de 72años. Es el más característico como obra de realismo, popularizado por numerosas imitaciones y por los billetes de banco y estampillas postal es que han elegido el tipo más verdadero de su última época, pero el menos histórico, despojándolo hasta de su uniforme de guerrero.

La lámina de su estatua está tomada de la que existe en Buenos Aires, que se diferencia de la de Chile en no llevar la bandera en la mano y tener la cola desprendida del punto, reposando en su centro de gravedad sobre las patas traseras, lo que da al monumento su atrevido equilibrio, simbólico del carácter del héroe que representa.


Dentro de las líneas del plan general trazado, con el espíritu de indagación expuesto y con los elementos que constituyen su sustancia, he formado esta historia dentro de la vida de un hombre con relación á la independencia de una nación y la emancipación de un mundo, pudiendo decirse de ella que es una obra tallada en la materia prima no explotada, que al menos tendrá esta originalidad.

No será este libro el monumento histórico que en definitiva consagre á la inmortal memoria de San Martín la posteridad, á cuyo fallo justiciero apeló envida; pero pienso que aquellos á quienes toque erigirlo en el futuro, han de encontrar en él, entre los abundantes materiales que contiene, algunas piedras labradas, ó desbastadas, con que establecer sólidamente sus fundamentos.

Bartolomé Mitre.

BuenosAires,1887.


  1. En una contestación al Sr. Domínguez, inserta en el N°.14 de la «Revista de Buenos Aires», escrita por el Sr. Carlos Guido Spano. hijo del General Guido. se cita un fragmento de esta carta, asignándole la fecha del 27 de diciembre de 1826, lo que es un error, que hemos corregido en vista del borrador autógrafo de San Martín, que poseemos.