Historia de la Ciudad de Guatemala/Tratado IV

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Nota: En esta transcripción se ha respetado la ortografía original.


TRATADO CUARTO.




PARTE PRIMERA.


EN QUE SE DISCURRE SOBRE ALGUNOS PUNTOS DE LA HISTORIA DE ESTE REINO EN GENERAL.




PREÁMBULO.


Habiendo sido todo nuestro intento, como advertimos en la introduccion al tomo primero, allanar el paso, para que si alguna persona quiere escribir la Historia de esta Ciudad, lo pueda emprender con la satisfaccion de que sus lectores se hallan con las noticias necesarias para su inteligencia; nos pareció que para esto bastaba con la descripcion geográfica del Reino de Guatemala y el Cronicon de dicha Ciudad, lo que hemos dado en el tomo primero de esta Historia. Pero, advirtiendo despues la gran conexion é indispensable concatenacion que tiene la Historia de la Capital con la de sus provincias, pues no se puede conocer perfectamente la cabeza, sin tener algun conocimiento del Cuerpo; hemos pensado comunicar en este segundo tomo algunas noticias de la historia del Reino. Es verdad que, en la geografia, hemos dado muchos apuntes de la historia de los lugares; pero esto ha sido como correspondía en un tratado geográfico, muy de paso y no como se requiere para hacerse cargo de su_historia. Siendo de advertir, que la referida historia no puede salir con la igualdad que deseamos; pues de algunas provincias tenemos bastantes noticias que comunicar; mas de otras son cortas, ó ningunas las que hemos adquirido. Para guardar uniformidad, seguiremos el mismo órden que en la Geografia: primero trataremos del Reino de Guatemala en general, despues de sus provincias situadas en la parte Austral, luego de las que se hallan en la playa Septentrional, seguirán las que están plantadas en el medio, y en los tomos siguientes se dará la Historia de la Ciudad de Guatemala. Asi como en el tomo primero procuramos no valernos de las historias generales de indias, por las razones que espusimos en él, continuaremos observando la misma máxima en este segundo tomo, sino es en el caso que no se encuentre noticia alguna en las historias propias de este Reino. Especialmente nos serviremos de la que escribió su cronista el Capitan D. Francisco Antonio de Fuentes y Guzman, Regidor del M. N. Ayuntamiento de esta Ciudad: autor generalmente estimado y tenido por exácto y puntual en todo lo que dice; y que, como él mismo asegura, escribió con la satisfaccion de tener á la vista los libros, cedularios y otros papeles originales del Archivo secreto de esta Ciudad: los manuscritos de Gonzalo de Alvarado y Bernal Diaz del Castillo: las historias que escribieron los Indios Pipiles, Quichees, Kachiqueles, Pocomanes y otros, que habiendo aprendido á escribir con los Españoles, comunicaron muchas noticias que habian adquirido de sus mayores. A esto se agrega, que habiendo estado dicho escritor en la Provincia de Güegüetenango, el tiempo que fue su Corregidor, tuvo proporcion de averiguar muchas cosas, y fué esprofeso á algunos lugares por examinar hechos, circunstancias y curiosidades particulares: vió tambíen diversas pinturas de las que usaban los indios en lugar de libros, para conservar la memoria de sus anales. Por todo lo cual no tomemos poner por garante de lo que referimos la autoridad de este curioso escritor. Pero al mismo paso tenemos que lamenlar la pérdida de la tercera parte de la espresada Historia, que se ha desparecido de nuestra vista, sin que hayan sido bastantes para encontrarla las mas activas diligencias que se han practicado: falta que nos deja un gran vacio en la Historia del Reino, y que no nos será posible llenar, aun valiéndonos de las Historias generales de Indias.




CAPITULO 1.º
Del establecimiento de la monarquía de Guatemala y origen de los Reyes que la dominaban al tiempo que vinieron los españoles.

 No es nuestro ánimo resolver en este capítulo el célebre problema histórico, sobre quienes fueron los primeros pobladores de la América; dificultad que no han acertado á desatar ingenios de primer orden. Antes, por el contrario, estamos persuadidos, que cuando vinieron á esta region los indios Tultecas, de quienes descendían los Reyes Quichées y Kachiqueles que dominaban estas tierras, ya estaban pobladas de diversas naciones; asi como cuando estos mismos Tultecas entraron al Reino Mejicano, ya lo hallaron ocupado por los Chichemecas. Y nos fundamos para juzgarlo asi, en que, si todos los habitantes de este Reino trajeran su origen de los citados Tultecas, todos hablaran un mismo idioma: luego, siendo tantas y tan diversas las lenguas que usan los naturales de estas tierras, es necesario que desciendan de distintas naciones. Viniendo, pues, al asunto de este capítulo, consta por los manuscritos de D. Juan Torres, hijo, y de D. Juan Macario, nieto del Rey Chignaviucelut, y de D. Francisco Gómez, primer Ahzib Kiché [1], que los citados Tultecas eran de la casa de Israël, y que el gran Profeta Moisés los sacó del cautiverio en que los tenia Faraón: que, habiendo pasado el Mar Rojo, se dieron á la Idolatría; y que persistiendo en ella, no obstante las amonestaciones del celoso Moises, ó fuese por no sufrir las reprensiones de este legislador ó por temor de que los castigase, se apartaron de él y de sus hermanos, y se trasladaron de la otra parte del mar, á un lugar que llamaron las Siete cuevas: es decir, de las riberas del Mar Bermejo, á lo que ahora es parte del Reino Mejicano, donde fundaron la célebre Ciudad de Tulá.

 El primer gefe que capitaneó y condujo esta gran turba del uno al otro continente, fué Tanub, tronco de la familia de los Reyes de Tulá y del Quiché y el primer Monarca de los Tultecas. El segundo fué Capichoch. El tercero, Calel Ahus. El cuarto, Ahpop. El quinto, Nimaquiché, que siendo el mas amado y memorable de todos, por orden de su oráculo, sacó de Tulá á estas gentes, que se habían multiplicado en estremo, y las capitaneó del Reino Mejicano, á este de Guatamala. En cuya peregrinación gastaron muchos años, padecieron indecibles trabajos, y anduvieron errantes gran número de leguas é inmenso espacio de tierras, hasta que, divisando una laguna (que es la de Atitán), determinaron fijar su habitación en cierto lugar poco distante de ella, al que llamaron Quiché, en memoria del Rey Nimaquiché [2], que habia ya muerto en tan larga peregrinación.

 Vinieron con Nimachiqué tres hermanos suyos, y convenidos entre sí estos cuatro hermanos, dividieron la Región, fundando el uno la Provincia ó Señorío de los Quelenes y Chapanecos: estableciendo el otro el partido de Tezulután ó Verapaz: el tercero fué Señor de los Mames y Pocomanes; y Nimaquiché, tronco de los Quichees, Kachiqueles y Zutugiles. Habiendo muerto este en el camino, entró capitaneando su nación en el Quiché Acxopil, hijo de Nimaquiché, y fué el primero que reinó en Utatlán. Viendo este Principe su Monarquía en grande auge, para su mejor gobierno, nombró trece Capitanes ó Gobernadores, con quienes partió el peso de la administración de los negocios. Añaden los referidos manuscritos, que hallándose Acxopil de edad muy avanzada, determinó dividir su imperio en tres Reinos, de los Quichés, el de los Kachiqueles y el de los Zutugiles; y quedándose con el primero, dio el segundo á su hijo mayor Jiutemal y el tercero á su hijo menor Acxiquat; y esta división se hizo en un dia en que se vieron tres soles, motivo por qué algunos piensan que la referida división se ejecutó el dia del nacimiento de nuestro Redentor; dia en que comunmente se asegura se observó este meteoro. Mas como el parelias sea un fenómeno natural, que se ha visto muchas veces, no parece que es razón bastante para fijar en dicho dia la espresada división.

 Los Emperadores Tultecas que reinaron en Utatlán, corte del Quiché, de que se tiene noticia, son diez y siete.

 1.º Acxopil.  7.º Iquibalam. 13.º Kicab IV.
 2.º Jiutemal.  8.º Kicab I. 14.º Kicab Tanub.
 3.º Hunahpú.  9.º Cacubraxechein. 15.º Tecum Umam.
 4.º Balam Kiché. 10.º D. Kicab II. 16.º Chignaviucelut.
 5.º Balam Acam. 11.º Iximché. 17.º Sequechul, ó Sequechil.
 6.º Maucotah. 12.º Kicab III.

 De estos son dignos de especial memoria: 1.º Acxopil, que introdujo su nación en estos paises, estableció el imperio del Quiché, é hizo la división de los tres Señoríos.

 2.º Jiutemal, que antes de suceder á su padre en trono de Utatlán, fué coronado primer Rey de los Kachiqueles, quedando de esta suerte constituido la primera persona después del Monarca del Quiché.[3]

 3.º Hunahpú, que se hizo memorable por haber descubierto el beneficio del cacao y algodón. Los otros no hicieron cosa notable, hasta Tecum Umam, que reinaba cuando vinieron los Españoles, é hizo valiente resistencia por impedirles el paso, hasta morir á manos de D. Pedro de Alvarado. Muerto este, dicho Alvarado puso en el Trono de Utatlán á su primogénito Chignaviucelut; mas por algunas sospechas de traición que se tuvieron de él, lo mandó ahorcar á poco tiempo de haberle puesto la corona. Sucedióle en el Reino Sequechul: este Príncipe reinó dos años; mas no pudiendo sufrir el verse avasallado y sujeto á los españoles, se sublevó el año de 1526, y habiendo sido vencido, permaneció en prisión hasta su muerte.

 Añade el citado manuscrito de D. Juan Torres, y otro de D. Francisco García Calel Tzumpan Xanila, descendiente de los Reyes del Quiché, escrito el año de 1544, que fueron trece ejércitos los que salieron del antiguo continente, acaudillados por trece principales familias, que aunque parientes, cinco de ellas eran mas sobresalientes y de mayor lustre, esto es, las de Capichoch, Cochohlam, Mahquinaló Ahcanail, y Belehebcam. De Copichoch, como tronco de la familia de Nimaquiché, se deriva toda la real prosapia de los indios de este Reino; y estos Príncipes de sangre real son los que llaman Caciques. Pues los que intitulan Ahaos ó Ajaos, son los cabezas de linajes nobles, descendientes de grandes Señores, que fueron sirvientes de los Reyes y Monarcas. Y de los Ajaos se produjeron los Calpules, que componen la nobleza de los pueblos de Quezaltenango, Totonicapam, Iztaguacan, Ostuncalco, Zapotitlan y otros. Y como estos Principes ó cabezas de familia fuesen deudos muy cercanos, se sigue que descendiende los Emperadores de Méjico de Belehebcam, pariente de Copichoch, tronco de los Monarcas del Quiché, son de una misma sangre unos y otros reyes. Y aun parece que estos Príncipes se reconocían por tales deudos y se comunicaban; pues, como dice un cuadernillo manuscrito, en diez y seis fojas de á cuarto, que conservan los indios del pueblo de S. Andrés Xecul, fol. 4.º, hecho prisionero el Emperador Moctezuma envió un Embajador particular á Kicab Tanub, Rey del Quiché, dándole noticia como habian llegado á sus estados unos hombres blancos y le habian hecho guerra muy grande, á que no habia podido resistir todo el poder de sus gentes: que se hallaba en prisión con muchas guardas; y que tuviese entendido pasaban á este Reino á sujetarlo, y asi se previniese. Por donde se convence, que si hallándose Moctezuma en circunstancias tan apretadas, tuvo cuidado de darle este aviso á Kicab Tanub, cuanto mas lo comunicaría otras cosas en tiempo de paz y serenidad. Y añade el citado MS. Xecul, fol. 5.º y 6.º, que luego que el Rey del Quiché recibió estas noticias, mandó llamar cuatro jóvenes adivinos para que le dijesen el paradero de aquel negocio: estos pidieron se les diese tiempo, y tomando sus arcos y saetas las dispararon contra un peñasco; mas como viesen que estas no hicieron mella en la peña, volvieron muy tristes y llorosos y dijeron á su Rey, que no esperase remedio, porque los hombres blancos los habian de vencer. No satisfecho Kicab con esta respuesta, hizo llamar á los sacerdotes y les preguntó lo que sentían sobre el caso; mas estos, con largo llanto, hicieron igual pronóstico á su soberano, fundados en que una piedra, que era su dios y como tal la habian traído desde Egipto, se habia partido por la mitad, lo que era presagio cierto de la ruina de su señorío. Pero no dando crédito tampoco á estos el Rey Kicab, comenzó á hacer sus prevenciones militares para la defensa de sus dominios, y en este tiempo le asaltó la muerte. Persuadidos los indios principales que vinieron de Méjico y Tlaxcala con los Españoles, de la identidad de su origen con el de los indios de estas partes, se les dieron por amigos y parientes y se eslabonaron con ellos por casamientos, y les dieron un testimonio del instrumento por donde consta haberles concedido escudo de armas el Emperador Carlos V, por los servicios que hicieron al ejército español en la conquista de Nueva España.



CAPITULO 2.º
Dase alguna noticia de la historia de estas gentes, antes de la venida de los españoles.

 Hemos dicho en el capitulo precedente, como los indios Tultecas vinieron del Reino Mejicano al de Guatemala, capitaneados por su Rey Nimaquiché: este cedió á un hermano suyo el Señorío de los Mames y Pocomanes; y habiendo muerto, su hijo Acxopil se estableció con su gran nación en el Quiché. Aqui, ó fuese, que su nación se multiplicó sobre manera, ó que fuesen avasallando las gentes que habitaban estas regiones, dentro de breve tiempo se halló señor de las provincias que hoy llamamos de Sololá, Chimaltenango y Sacatepequez, y parte de las de Quezaltenango y Tolonicapam. Habiendo envejecido el Rey Acxopil, le pareció su imperio demasiado vasto, y su gobierno mas gravoso de lo que sus fuerzas sufrían; y asi lo dividió en tres Señoríos, que fueron el del Quiché, el Kachiquel y el Zutugil: quedóse con el 1.º, dió el 2.º á Jiutemal, su primogénito, y el 3.º á Acxiquat, su hijo segundo. De esta suerre quedó dividido el territorio, que hoy comprende dichas cinco provincias, en cuatro Señoríos, el del Quiché, el Kachiquel, el Zutugil, y el de los Mames.

 El del Quiché comprendía lo que hoy es el partido del Quiché, el de Totonicapam y parte del de Quezaltenango y el pueblo de Rabinal; pues en todos estos lugares se habla la lengua Quiché. Por esta misma razón tenemos por muy probable, que la mayor parte de la Provincia de Zapolitlan ó Suchiltepequez era colonia de los Quichées; pues en casi toda ella se usa este idioma: á que se agrega, que siendo constante en los manuscritos de estos indios, que Hunahpú, tercer Rey del Quiché, descubrió el beneficio del cacao y algodón, frutos de clima caliente, por consiguiente que no podian darse en el Señorío del Quiché, tierra muy fría; se hace muy creíble, que el referido Monarca enviase indios de sus dominios á cultivar dichas plantas á la espresada Provincia de Suchiltepequez.

 El Señorío de los Kachiqueles se componía de lo que hoy es territorio de las Provincias de Chimaltenango y Sacatepequez y el partido de Sololá; y hablándose tamhien la lengua Kachiquel en los pueblos de Patulul, Gotzumalguapam y otros de esta costa, también juzgamos que estos pueblos fueron colonias, que fundaron los indios Kachiqueles, para lograr los referidos frutos de tierras calientes. El Señorío de los Zutegiles abrazaba lo que hoy es el partido de Atitan y el pueblo de S. Antonio Suchiltepequez, que habla este idioma, y desde luego sería cacaoatal de los citados indios Zutugiles. El Señorío de los Mames comprendía lo que al presente es el partido de Güegüetenango, parte del de Quezaltenango, y la Provincia de Soconusco; pues en todas estas partes la lengua Mam ó Pocoman es la materna. Mas lo que hace notable fuerza en este particular es, que la lengua Pocoman se habla como propia en pueblos muy distantes de las referidas Provincias de los Mames, como son Amatitlan, Mixco y Petapa, en la Provincia de Sacatepequez: Chalchuapa, en la de S. Salvador: Mita, Jalapa y Xilotepeque, en la de Chiquimula.

 Dividido el Señorío de este grande territorio, como llevamos dicho, sucedió lo que cada dia se vé en el mundo, que dejándose dominar los Reyes y Señores de la ambición, por mas vastos que sean sus imperios, siempre quieren aumentarlos á costa de las Monarquías inmediatas: asi sucedió que Acxiquat, Rey de los Zutugiles, pareciéndole muy angustiado el territorio de su Señorío, quiso aumentarlo y estenderlo con detrimento de su hermano mayor Jiutemal. Con este intento el referido Señor de los Zutugiles, juntó un formidable ejército, con grande aparato de armas y copiosa prevención de vituallas, y mandándolo en persona, se acercó á los confines del Reino Kachiquel; pero le cortaron el paso los valerosos Capitanes que tenia Jiutemal en sus fronteras, y no pudiendo pasar adelante, hizo alto en las llanuras de Semetabax: aqui permaneció, hasta que tuvo noticia que su hermano Jiutemal venia contra él con poderoso ejército: entonces se retiró á su corte de Atitan y se aseguró en la gran fortaleza del Peñol, que desde este tiempo le sirvió de frontera y plaza de armas de su Señorío: como que se halla circunvalada de la laguna, que le sirve de foso. Sin embargo de estar también fortificado y defendido el Rey Acxiquat, como Jiutemal se viese provocado por su hermano menor y se hallase con tropas veteranas y aguerridas y soldados deseosos de acreditarse con su Soberano, determinó entrar en los estados de su rival, y dividiendo su campo en numerosas escuadras le acometió á un tiempo por varias partes y ocupó gran parte de la ribera de la laguna. Pero como los Kachiqueles se hallasen sin canoage para atravesar el lago, no pudieron acometer al Peñol. Mas no por esto se acobardó el ejército de Jiutemal, ni dejó de tentar por todos modos el mas á propósito para alcanzarla victoria, haciendo grande estrago en las tropas de Acxiquat: bien que tan funestos accidentes y aun mayores que fueran, no serian bastantes á menguar el ardimiento y contener la osadía del joven Acxiquat, que juntando nuevo ejército para oponer al de Jiutemal, fué causa de que durase la guerra por muchos dias, con espantosa mortandad de ambas partes, hasta que mediando los respetos del anciano Acxopil, padre de uno y otro Principe, se hubieron de concordar.

 Advertido Jiutemal de los ambiciosos procederes de Acxiquat, aprovechándose de la paz, trató con gran calor de prevenirse para la guerra, fortaleciendo las fronteras y guarneciendo los confines del Reino Kachiquel, para que su centro se hallase con tiempo resguardado. Con este designio construyó la gran plaza de armas de Tecpanguatemala, con la cual y otras cortaduras y defensas, dejó asegurado este Señorío á la sucesión de su hijo mayor. Entró Jiutemal á sustituir en el imperio del Quiché, primero asociado al Señorío en la ancianidad de su padre Acxopil, y muerto este, pasó á obtenerlo en propiedad; mas, sin embargo de hallarse elevado á la mayor soberanía del imperio de Utatlán, no bien seguro ni confiado del trato del hermano, y aun del propio hijo, exaltado á la dignidad real del Señorío de Guatemala ó de los Kachiqueles, las primeras acciones del reinado de Jiutemal se dirigieron á la fortificación y mayor seguridad de su imperio. Con esta mira levantó en su corte los dos famosos castillos del Resguardo y de la Atalaya, que quedan descritos en la Geografía, y otros en los confines de su Señorío. Desde luego en este tiempo se edificaron las famosas fortalezas de la gran cordillera de Parraxquin (nombre que se le dio porque estas sierras siempre se mantienen verdes, y parraxquin, en lengua Quiché, quiere decir monte verde.) Esta prolongada cadena de montes era como una muralla natural, que servía de resguardo á los Estados del Rey del Quiché; y en los lugares donde estas altas sierras, podían dar paso al enemigo, habia castillos que se lo impidiesen. Una de estas fortalezas estaba levantada en el sitio de Xectinamit y servía de defensa á un elegante palacio ó casa de placer que en este parage tenían los Reyes de Utatlán. El otro castillo, cuyos cimientos se descubren sobre el pináculo de Christall, se construyó en este sitio para impedir las invasiones de los Mames. El tercero estaba situado sobre un eminentísimo picacho, que se divisa desde el camino de S. Andrés, con el destino de impedir el paso á los Zutugiles.

 No se engañó Jiutemal en sus sospechas; pues lo mismo fué cerrar los ojos Acxopil, que volver Acxicuat á la campaña. El motivo de esta guerra fué la posesión de la laguna; porque habiéndola dividido Acxopil entre los tres Señoríos del Quiché, Kachiquel y Zutugil, el Señor de este último, ó fuese por recobrar lo que había perdido en las últimas campañas, ó por aumentar sus estados haciéndose dueño de toda la laguna, tomó las armas y se encendió una guerra sangrienta y tan prolongada, que duró todo el tiempo del reinado de Jiutemal y parte de el de Hunahpú, su hijo. Mas como el poder del Rey del Quiché fuese en gran manera superior al del de Atitlan, á fuerza de recios combates y reñidas batallas, se hizo Señor de toda la laguna el Rey Hunahpú. Despies de esta victoria, no sabemos que hubiese otro movimiento militar en el tiempo del gobierno de Hunahpú, ni en el de su sucesor Balamkiché.




CAPITULO 3.º
Continuando la historia de los indios Tultecas, se habla del robo de las Princesas del Quiché.

 Despues de los refereridos Monarcas, subió al trono de Utatlán Balam Acán: era este Principe de corazón sencillo y manso, y trataba con gran confianza á su primo Zutugilebpop, Rey de Atitan; pero abusando este de la bondad de Balam-Acán. enamorado de la infanta Ixcunsocil, hija de dicho Monarca del Quiché, se la robó y sacó del palacio de Utatlán; y lo mismo hizo Iloacab, gran valido y pariente cercano de Zutugilebpop, con la princesa Ecxelispua, sobrina del referido Soberano. (MS. de D. Juan Macario, de D. Francisco García Calel Tzumpan y de Don Francisco Gómez Ahzib.) Fué imponderable la turbación del palacio, luego que se echaron menos las dos infantas: olvidado Balam-Acan de su mansedumbre y apacibilidad, hizo morir en los tormentos á muchas personas de su casa; y fué tal la conmoción de su espíritu que lo postró en cama. Luego que convaleció, convocó á todos los Caciques, Ahus y consejeros de su reino, y les hizo saber el agravio que había recibido del Rey Zutugilebpop y los exhortó para que le ayudasen á tomar la venganza correspondiente á tan grave ofensa. Todos se mostraron prontos y dispuestos á tomar las armas; y hechos con la mayor brevedad los preparativos para la campaña, se rompió una guerra sangrienta y prolongada, que duró el reinado de muchos monarcas del Quiché y de Atitan. De suerte que desde que se dividieron los Señoríos hasta la venida de los Españoles, estuvieron estos dos Reyes en campaña, ya por un motivo, ya por otro; escepto algunos cortos intervalos.

 Llegado el tiempo de la marcha, se hallaron acuarteladas en las floridas fertiles campañas del Quiché ochenta mil soldados veteranos, bien pertrechados; los que se dirigieron acia los confines de Atitan, á cargo del Teniente General Matucotah, llevando en el centro del escuadrón al Rey Balam-Acán, en sus ricas andas de oro y esmeraldas, cargado por Caballeros de su corte, ataviado con tres coronas y otros adornos. No se ocultaron á Zutugilebpop, Rey de Atziquinahay ó Atitán las prevenciones del Rey de Utatlan y conocia la superioridad de sus fuerzas; asi hizo embajadas para que le ayudaen en estas guerra, no solo á los Caciques sujetos á su jurisdiccion, sino tambien á los de Zapotiilan y Soconusco: y aunque estos se le escusaron, por estar en guerras con algunos Señores de sus confines, pero los Pipiles, que se hallaban sin embarazo, le auxiliaron con grande empeño. Como Balam-Acán podía invadir los Estados de su rival por varias partes, éste se mantenia en su corte con 60,000 hombres, atendiendo á los movimientos del ejercito enemigo. Acometió el General Quiché, Maucotah, al lugar de Polopó, plaza que defendia Jopincabe, con 4,000 soldados; pero muerto dicho Capitan á los primeros encuentros con 500 defensores, quedaron los Quicbées dueños de Polopó. Apoderáronse después de la populosa ciudad de Chico Chin, no sin perdida de los suyos. Dejó Balam-Acán guardada esta plaza con 5,000 soldados á cargo del Cacique Toilyahza y mandó á Maucotah marchase contra Átitan con 30,000 infantes, y el mismo Rey le seguía, llevando 60,000 combatientes. Sabiendo Zutugilebpop los destrozos que hacían en sus tierras las tropas enemigas, les salió al encuentro con un ejército de 60,000 hombres, mandado por Iloacab, su General y cómplice en él robo de las infantas: se trabó entre los dos ejércitos la batalla mas terrible y obstinada que se había visto en estos países: la sangre que se derramó de una y otra parte, fue tanta, que cubierto el campo con sus esmaltes, ya no se veía el verdor de la yerba: era el ardimiento de unos y otros tan grande, que no tuviera fin el combate, si una zaeta desmandada no hubiera quitado del medio al General Iloacab; con este golpe cayeron enteramente de ánimo los Zutugiles, y poseidos de la mayor turbación, se pusieron en fuga, quedando Balam-Acan dueño del campo. Este fué el fin del Principe Iloacab, que á no haberse manchado con alguna ligereza de ánimo, hubiera parecido digno de la corona: adornada de prendas reales fué amado de los suyos, halló la gracia de las gentes y fueran mayores sus aplausos, si hubiera sido mas dilatada su vida.

 Continuóse la campaña: el Rey Balam-Acan dividió su gente, rigiendo por su propia persona un tercio de 50,000 infantes veteranos y los otros dos tercios de á 30,000, los encomendó á sus Generales Maucotah y Atzihuinac; Zutugitebpop también mandaba en persona su ejercito, que se componía de 40,000 combatientes; y el de sus auxiliares, que constaba de 20,000 lo puso á cargo del Cacique Rosche. Los sucesos de esta campaña fueron varios, declarándose la fortuna ya á favor del uno, ya del otro de estos Reyes; pues en uno de los combates volvió las espaldas el Señor de Atitan y en otro mataron los Pipiles á Atzihuinac, General de un tercio de los Quichées, con 300 de sus soldados. Pero como el principal intento de Balam-Acan fuese acometer á la corte de Zutugilebpop y hacer presa de las dos infantas que le habían robado de su Palacio, encaminó contra ella todo su ejército, que se hallaba aumentado por los auxiliares que le envió el Señor de Tezulutlan (hoy Verapaz) y se componía de 120,000 infantes, al mando del General Chuatzá. Salió al encuentro el Rey de Atitán auxiliado de los indios Mames, cuyo ejército compuesto de los suyos y los auxiliares, ascendía á 90,000 hombres: luego que se avistaron los dos campos, dieron seña de acometer y cerraron los dos ejércitos con tal furia, que al primer encuentro quedaron tantos muertos de una y otra parte, que servían de estorbo los cuerpos de los muertos al movimiento de los vivos. Duró largo rato este combate, hasta que entrando la noche, quedaron divididos los dos campos.

 Levantó el suyo Zutugilebpop con el silencio de la noche, y dos días después, dando de repente sobre Polopó y pasasando contra Toliman, recuperó estas plazas y volvió brevemente á las campañas de Atitan. Siguió sus huellas Balam-Acan con sus tropas, hasta ponerse á vista del ejército de los Zutugiles, que regia el Cacique Chichiactulú: provocólo al combate, encendióse una y otra vez la batalla, y cayendo muchos del tercio de Chichiactulú, vino Zutugilebpop en su socorro y acometió al escuadron de los Quichées, á un mismo tiempo por el frente, por los costados y por las espaldas, con el mayor esfuerzo, intentando romperlo; pero no pudo contrarestar el valor y resistencia de los Quichées en mas de hora y media de combate: apretábanlos por todos lados los Zutugiles; mas los Quicbées, auxiliados de los Kachiqueles, resistían con bizarría por todas partes. Balam-Acan andaba aleroso y diligente, conduciendo en sus andas, animando y exhortando á los suyos; mas á este tiempo, embistiendo Zutugilebpop al ejército enemigo por un costado, con una tropa de 10,000 lanceros, hizo cejar á los Quichées por aquella parte y perdiendo pié los conductores de las andas del Balam-Acan, que acudia al reparo, dieron con él en tierra y cargado de multitud de Zutugiles, quedó muerto.

 Asegura Don Juan Macario que en esta memorable batalla murieron 14,000 indios de una y otra parte. Fue el Rey Balam-Acan, en opinion de los escritores de su estirpe, digno de mas larga vida y de mejor suerte, porque era de entendimiento capacísimo, de animo generoso, de espíritu superior, de entrañas misericordiosas y uno de los mas valerosos y prudentes generales de su tiempo. Nótasele del demasiado aprecio que hacia de su persona y de suma delicadeza en punto de honor: pues, á la verdad, el desliz de Zutugilebpop no era motivo para tanto escándalo: si este Principe hubiera robado á las infantas para abusar de ellas, tendría razon Balam-Acan de darse por agraviado; pero siendo para sentar á la una en el trono de Atitan y para casar á la otra con uno de los primeros Señores de su corte, parece que era disimulable el desacato de sacarlas robadas del palacio. Sin embargo, el sentimiento que este Monarca manifestó de un agravio no tan grave, fué causa de que todo este Reino se abrasase con el furor de Marte por muchos años; pues todos los Señores de él tuvieron parte en esta campaña, unos como principales beligerantes y otros como auxiliares: el Rey del Quiché tuvo de su parte al de Guatemala y al de Tezulutlan; el Zutugil fué ayudado por los Pipiles y por los Mames. De aqui originaron otras campañas, haciéndose la guerra también los principales á los auxiliares y éstos unos á otros. Fué muy reñida la que se trabó entre los Kachiqueles y Pipiles, y no tuvo fin hasta el reinado de Nimahuinac, Rey de Guatemala, que alcanzando grandes ventajas sobre los Pipiles, precisó á Tonaltat, Señor de estos indios, á pedir la paz; mas esta no se les concedió, sino es con la condición de que se habian de obligar á una perpetua alianza y confederación con los Quichées y Kachiqueles. Igualmente hicieron la guerra los Quichées á los Mames, que se declararon auxiliares de Zutugulebpop, mandando el Rey Balam-Acan un ejército bajo los ordenes del Cacique Chuatza, que corrió toda la tierra del Señorío de los Mames, hostilizandolos de muchas maneras.

 Sucedió en el trono de Utatlan á Balam-Acan, Maucotah, que hallándose en la campaña, allí mismo fué proclamado Rey del Quiché; y queriendo seguir la guerra, en venganza de la muerte de Balam-Acan, alistó 110,000 infantes en su ejercito y nominó por su Teniente General á Togilyahzá. Mas Zulugilebpop, victorioso y halagado de la fortuna, corrió las tierras altas del Quiché, talando y quemando sus sementeras y aldeas, y por último enderezó sus tropas contra la gran ciudad de Xelahuh, plaza fuerte del Reino del Quiché. El Rey Maucotah, que conocía muy bien la importancia de esta plaza, entresacó de su ejército 60,000 infantes para su defensa y destinó los 40,000 restantes para que asediasen algunas ciudades y plazas fuertes del Rey de Atitan, de los países bajos y orillas de la laguna, para asi obligarle á que abandonase el sitio de Xelahuh. Vino el Rey del Quiché con su ejército, contra el de Zutugil, que se hallaba delante del Castillo de Xelahuh: vióse este Principe en la necesidad ó de estrecharse entre dos combates, teniendo por un lado el referido castillo y por el otro el ejército de Maucotah, ó abandonar el campo, con quiebra de su reputación. En este estrecho se determinó á probar fortuna y sacando 20,000 Zutugiles, mandó á Coculeuh, Cacique de Samayaque, que con ellos acometiese al ejército de los Quichées: trabóse una sangrienta batalla, en que balanceó muchas veces la fortuna; mas tomando los Quichées una senda encubierta por cierta cañada, acometieron por el costado á los Zutugiles, los rompieron y atropellaron, quedando en el campo el Cacique Coculeuh con muchos de los principales. Cargó Maucutah con todo su ejército sobre el de Zutugilebpop que se hallaba desordenado: muchas veces cejaron los cabos de este, otras se reparaban, y asi los entretuvo la fortuna á unos y otros por largo tiempo, hasta que rompiendo los Quichées la vanguardia de los Zutugiles, desanimados estos comenzaron á dejar el campo, sin que fuesen bastantes á detenerlos los esfuerzos de su Rey que se vió precisado á volverse por sendas escusadas á su corte de Atziquinahay. No fueron menos funestos para este Principe los sucesos del otro ejército, destinado para los lugares de las costas del mar del Sur y del territorio de la laguna; pues muchos de estos fueron quemados y otros puestos á la obedencia del Rey de Utatlan, como la famosa ciudad de Samayaque. Tantos sucesos tristes que acometieron de golpe al corazon de Zutugilebpop, sobre el quebranto de tan largas y trabajosas campañas, le llenaron de melancolía, que le acarreo muy en breve la muerte, dejando por sucesor en el trono de Atitan á Rumal-Ahaus, joven de diez y nueve años.

 Luego que este Soberano empuñó el cetro, con los brios de la juventud, trató de juntar un ejército de 50,000 hombres, para oponerse á los progresos de Maucotah, que con 80,000 infantes, intentaba reconquistar las plazas de Polopó y Toliman. Avistados los dos ejércitos, hizo el anciano Maucotah una embajada al jóven Rumal-Ahaus, diciéndole que le hacia fuerza que un Rey de corta edad y sin esperiencias se atreviese á competir con un Monarca envejecido en las campañas y con una nacion tan valerosa como los Quicheés: que si queria escusar su desastre, lo rindiese voluntariamente á Polopó-Toliman y algunos otros lugares de su Reino y gozaría lo que le quedare en paz. A esta propuesta respondió Rumal-Ahaus, que mayor admiración le causaba á el ver la insaciable ambición con que queria que le rindiese á su antojo las referidas ciudades de su corona; pero que si gustaba de escusar la muerte de los vasallos de uno y otro Reino, que estaba pronto á feriar las ciudades que le pedia, por otras tantas del Señorío del Quiché, en un solo lance de persona á persona. Con esta respuesta, que no esperaba Maucotah, se acercó á su campo y dio orden para que se acometiese al de Rumal-Ahaus: encendióse un sangriento combate, en el que se vió, con admiración de uno y otro ejército, desmontarse ambos Reyes de sus andas y contender de persona á persona: eran á la verdad iguales los ánimos en la constancia y ardimiento; pero habiendo oido el Zutugil cierto rumor en la retaguardia de su ejército, que habia sido acometido por las espaldas por 10,000 Quicheés, en tanto que volvió los ojos é inclino el cuerpo á aquella parte, le hirió con un dardo Maucotah abajo del cuello: cuyo suceso obligó á Rumal-Ahaus á retirarse con muerte de muchos caballeros de su corte, que defendieron el que lo siguiesen las tropas de los Quicheés. En esta refriega perseveraron los dos campos todas las horas del dia, hasta que los separaron las sombras de la noche. Otro dia amaneció aquel sitio desamparado de los Zutugiles y también los lugares de Toliman y Polopó, que entraron en poder de Maucotah. Mas este Monarca no tuvo tiempo de gozar los frutos de este triunfo, porque cargado de años y de enfermedades adquiridas en la campaña, murió dejando su Reino lleno de sentimiento por la falta de su sagacidad, de su virtud militar y de su gran magnanimidad.

 Fué coronado por Rey del Quiché Iquibalam, Príncipe de competente edad para el peso del gobierno y manejo de las armas, de que tanto necesitaba este Reino. Porque la deliberación de Rumal-Ahaus, Rey Zutugil (que muy en bravo habia recuperado la salud), que no era solo de defender sus plazas, sino tambien de asaltar las que pudiese del Señorío del Quiché, lo puso en necesidad de mantener un ejercito numeroso. Para estorbar los proyectos del Zutugil, determinó el de Utatlán asediar por todas partes los Estados de Rumal-Ahaus y de sus auxiliares, para que no pudiese pensar sino en defender sus tierras; y con esto designio, juntó un ejercito de 200,000 combatientes y lo derramó por todos los confines del Reino de Atitan, haciendo la guerra por siete partes á un mismo tiempo. Mas aunque el Rey Iquibalam logró que sus tropas sorprendiesen y sujetasen á su dominio muchas ciudades y lugares de los Señorios de los Pipiles y Zapotitlan, esto fue á costa de muchas vidas y de inmensos trabajos; y solo en la campaña del Pinar perdieron los Quichées mas de 8,000 hombres. Interim estas cosas pasaban en el campo, terminó su vida el Rey Iquibalam, llenando con su muerte al Reino de Utatlan de soledad y llanto, porque fué un Principe de esquisita industria y de gran madurez, acompañada de largas esperiencias.

 Por la muerte de este Monarca fué llamado á la corona de Utatlan Kicab, que subió al trono de edad provecta y con largas esperiencias de ambos gobiernos, politico y militar, en que mostró un clarisimu juicio y gran prudencia. Asi mismo sucedio en el Reino de Atitan á Ramal-Ahaus, su Teniente General Chichiahtulú. Este segundo, que con el baston de Teniente General había alcanzado grandes ventajas sobre los Quichées en la memorable campaña del Pinar, empuñando el cetro Zutugil, puso sitio á la famosa plaza de Totonicapam: el Rey Kicab, no solo opuso un formidable ejército á los intentos del Chichiahtulú, sino que alistando 60,000 infantes, dio con ellos sobre muchas ciudades y pueblos de los Pipiles y Zutugiles, entre ellas la de Patulul; y aunque los gohernadores de estas plazas hicieron grandes esfuerzos por defgenderlas, ni puedieron resistir á las superiores fuerzas de los Quichées, que se señorearon de ellas. Viendo Chichiahtulú perdidas sus mejores posesiones, vino á ligeras marchas á defenderlas, abandonando el asedio de Totonicapam; pero enfermando gravemente de la aceleración de aquella marcha, murió dentro de pocos dias, con mucho sentimiento de su pueblo. Mas no por esto cesó en su marcha el ejército, regido por el Teniente General Manilahuh, hasta avistarse con el campo de los Quichées: es indecible el furor y saña con que se acometieron de una y otra parte; pero siendo el escuadrón del Rey Kicab mas difícil de romper por unido y doblado, que la ordenanza débil y estendida de Manilahuh, fué ésta en menos de una hora de pelea, rota y destrozada, quedando en el campo el Teniente General y muchos principales de los Atitanecos; y cantando la victoria los Quichées, retiraron su ejército a la corte de Utatlan. No sabemos con individualidad los sucesos de las armas de estas dos coronas en los reinados de los siete Monarcas del Quiché, que sucedieron á Kicab I; pero es constante que estos dos Reinos nunca estuvieron largo tiempo en paz; porque habiendo perdido el Zutugil muchas de sus posesiones, en las campañas que hemos referido, siempro estuvo con el anhelo de recuperarlas y por este motivo se encendió la guerra muchas ocasiones entre estos Señoríos.

 Pero, fuera de las campañas que hubo entre estos dos Reyes, Quiché y Zutugil, también las hubo entre los otros Monarcas: entre éstas es digna de memoria la injusta guerra que declaró Don Kicab II de este nombre y X Rey de Utatlan al Cacique Lahubquich, Señor de los Mames (M. S. Xecul tit. Ahpopquchan fol. 11 y 12). Hallándose Don Kicab con bastantes fuerzas para emprender cualquiera facción, convocó á sus Capitanes á junta militar y les propuso la multiplicación de los subditos de la corona del Quiché y la cortedad de sus tierras para tan gran multitud; y por otro lado la grande estension de las de los Mames, gente miserable, que con menos tierras les bastaba: que sujetándolos á su obediencia los estrecharía á un corto territorio y se aprovecharían los Quichées de lo restante. No fué menester mucha retórica para persuadir á quellos Capitanes que conviniesen en el dictáamen de su Rey; y así, resuelta de común acuerdo la campaña, en un momento se dispusieron los apáratos y previnieron los pertrechos de guerra. Resonaron por toda la comarca los estruendos militares, sin saber á que parte convecina amenazaba aquel nublado: el Rey Kachiquel, el Zutugil y los Señores de Rabinal y de los Mames se previnieron á resistir la hostilidad; mas disparada la tempestad contra Lahuhquich, Señor de los Mames, salió éste al encuentro á aquel torrente. Era el ejército de Don Kicab muy numeroso y veterano, marchaba conducido de trece banderas, á cargo de varios Capitanes, asistidos de la persona de su Rey. El de Lahuhquich, aunque no tan numeroso era respetable, é iba regido por grandes Señores de aquella nación. Acercáronse ambos campos y con el estruendo de sus instrumentos bélicos, con el gran clamor, vocería y silvos desmedidos de una y otra parte y con su furiosa embestida resonaron las selvas y campañas, como en tiempo de una espantosa tempestad: fué terrible la refriega y muchos los que murieron de ambos ejércitos, al corte de las espadas de piedra chay y los distantes al golpe de las zaetas y de las hondas; pero se mantivieron con la maypr firmeza en la batalla todo el tiempo que les duró el día. Entrada la noche, recogió Don Kicab sus Ouichées y se alojó sobre la cumbre de una eminencia y los Mames en la parte inferior. Luego que rayó el alba del siguiente día, provocaron los Quichées á los Mames, con una espesa lluvia de piedras y zaetas, que haciendo grande estrago en éstos, los puso en precisión de acometer á la eminencia; pero siendo dominados del ejército de Don Kicab, como superior en sitio, fué en breve tiempo desbaratado y roto el ejército de Lahuhquieh, que tomando la retirada en buen orden, hizo alto á mucho trecho de la campaña: aqui esperó largo tiempo, hasta que descendiendo de su alojamiento los Quichées, que se creian dueños del campo, cometieron de nuevo: fueron recibidos de los Mames con constancia y bizarría, obligándolos á irse retirando á su eminencia en tropas pequeñas: siguió al alcance el ejército de los Mames á los últimos tercios de aquella retirada, con súbita presteza y osadía: mantuvieronse algún tanto en aquella caliente acometida, pero siendo repentinamente asaltado por el Señor de Inxinché, que habia traído nuevo refuerzo de tropas á Don Kicab, desampararon la campaña y seguidos del General Ixinché, no tuvieron tiempo de volver a sus casas, que fueron saqueadas de los Quichées; y los Mames, con su Cacique Lahuhquieh, se retiraron á las montañas de la Sierra Septentrional, en donde ahora están poblados.

 El Rey Kachiquel Nimahuinac tampoco gozó mucho tiempo del sociego que se prometía, ajustada la pax y hecha alianza perpetua con los Pipiles; porque habiendo este Rey hecho Tesorero de sus trihutos á su deudo inmediato Acpocaquil, este aleve se alzó con la gran ciudad de Patinamit (hoy Tecpan-Guatemala) y todo el país sujeto á aquella plaza general de armas del Reino Kachiquel, y habiéndose declarado el Rey Zutugil auxiliar del rebelde Acpocaquil, se encendió una obstinada guerra entre estos Señores, que duraba aun cuando llegaron los españoles. Y aun parece que esta fue la ocasion por que Sinacam, que había sucedido en el trono de los Kachiqueles, llamó y recibió de paz a nuestros españoles, para recuperar por medie de ellos, las grandes posesiones de que lo había despojado Acpocaquil, auxiliado del Rey de Atitan.



CAPITULO 4.º
De las leyes y ordenanzas con que se gobernaban los Señores de los indios de este Reino.

 Se hace increíble que los indios, en su gentilidad, tuviesen los palacios tan magníficos, las ciudades tan bien ordenadas y defendidas, las fortalezas y presidios levantados con tanto arte y otros edificios de pura ostentacion y grandeza, que se nos refieren en las historias, a los que vemos el desaliño, estrechez y ninguna comodidad de las casas de los naturales de estos paises, en el estado de apagamiento, en que se hallan al presente. El indio mas rico no tiene mas que un lienzo de casa para su morada, y lo común es no tener mas que una sola, y áunque tengan muchas piezas para vivir, estas se hallan sin continuación, plantadas sin orden en sus solares y separadas unas de otras: de suerte que no se da caso que el indio tenga casa enclaustrada, ni con alguna comodidad, aun viendo las de los españoles y trabajando los mismos indios en su fabrica. De la misma manera se nos hace muy difícil de concebir que estos indios tuviesen para su gobierno unas leyes tan bien dispuestas y prudentes, que pudieran adoptarlas y agregarlas á sus códigos las Republicas mas bien gobernadas, á los que tratamos con estas gentes y advertimos en los mas de ellos tanta rusticidad y cortedad de talentos. Pero obligándonos á asentir á lo primero el gran alcázar y ciudad de Utatlan, las ciudades y plazas de armas de Tecpan-Guatemala [4] y Mixco: las fortalezas de Parraxquin, Socoleo, Uspantan, Chalchitan y otras, cuyos vestigios se admiran al presente: el Circo Maximo de Copan, la gran hamaca de piedra y la cueva de la Tibulca, que aun existen; nos vemos precisados á dar crédito á lo segundo: motivo por que proponemos aqui las referidas leyes, con el intento de que se conozca la prudencia y discreción de los indios, y se deponga el bajísimo concepto que se hace de su capacidad.

 Comenzando por las ley de sucesion al trono, se ordenaba que el primogénito del Rey fuese el inmediato sucesor á la corona; y al hijo segundo le daban el título de electo, porque debía suceder al hermano mayor: los hijos de éstos tenían el titulo de Capitan mayor el hijo del primogénito, y de Capitan menor el hijo del segundo: muerto el Rey, empuñaba el cetro el inmediato sucesor, y el electo pasaba á inmediato: el Capitan mayor ascendía al puesto de electo, el Capitan menor á Capitan mayor, y el pariente mas cercano á Capitan menor. De esta suerte, subiendo por grados al trono, se conseguía que los Reyes siempre fuesen provectos en edad y cargados de méritos y muy esperimentados, asi en lo político como en lo militar. Pero si alguno de estos cuatro Señores se advertía ser inútil, quedaba en aquel primer puesto hasta su muerte y entraba al grado superior el pariente mas cercano.

 El Consejo Supremo del Monarca del Quiché se componía de veinte y cuatro grandes, con quienes consultaba el Rey para el acierto de los negocios politicos y militares. Estos consejeros gozaban de grandes honras y privilegios, y eran los que llevaban en hombros las andas del Emperador, cuando salia de su palacio; pero también eran severamente castigados cuando cometían algun delito. Estaba á cargo de estos magnates la administración de justicia y la recaudación de la Real Hacienda.

 Tenia este Monarca, en los pueblos principales de su imperio, Tenientes que gozaban de grande honor y rentas y suprema autoridad; escepto los casos y negocios que eran contra los Ahaus,[5] que estos se remitían al Supremo Consejo. Pero si estos Tenientes se deslizaban y cometían algún esceso, eran brevemente depuestos y severamente castigados; y por el contrario, si gobernaban con rectitud y prudencia, no dando motivo de queja á los subditos, eran perpetuados en los puestos y engrandecidos con mayores honores y sus hijos atendidos y muchas veces sucedían á los padres en los puestos.

 Mas estos Tenientes del Rey ó Corregidores de los partidos tenían sus Consejos en las cabeceras. Y á mas de esto, asi en éstos, como en el gran Consejo, cuando se ofrecían negocios de mucha gravedad, si el asunto era perteneciente al bien público, se llamaban á los Cabezas de Capul, para tomar sus pareceres: si se trataba de materias de guerra, se consultaban aquellos Capitanes mas esperimentados.

 Y es de advertir, que á estos oficios de Tenientes y Consejeros y aun al de porteros de los Consejos, no entraban sino los indios nobles: no dándose caso de que en oficio público alto ó bajo se pusiese persona que no fuese de la primera nobleza; y asi se zelaba con gran cuidado la conservación de los linages, para que permaneciesen en su limpieza. Para lo cual estaba ordenado por ley, que si algun Cacique ó noble recíbiese muger que no fuese de la nobleza, quede el tal Cacique reducido á la categoria de mazegual ó plebeyo y tome el apellido de la muger y sea sugeto á los tequios y gravamenes de los plebeyos; y que sus bienes se secuestren para el Rey, dejandolo solamente los que necesite para mantenerse en la esfera de mazegual.

 También tenían sus leyes penales: el Rey á quien se justificaba y probaba el delito de estremada crueldad y tirania, era depuesto por los Ahagaes, que celebraban con gran cautela junta, para este efecto, y colocaban en el trono al que le correspondia, segun las leyes; y el depuesto era castigado, confiscandole todos sus bienes y algunos siente que eran decapitado. (Torquem. 2p. cap. 8). La Reima que, faltando á la fidelidad á su esposo, adulteraba, si el complice era persona principal, se les daba el garrote á los dos; pero si era plebeyo, eran despeñados de partes muy altas.

 Los Ahaguaes que embarazaban la recaudacion de los tributos, ó que eran causa de alguna conspiracion, eran condenados á muerte y todos los de su familia vendidos por esclavos.

 Los que cometían delito contra el Rey ó contra la patria y los homicidas, tenian pena de muerte, de secuestro de sus haberes y esclavitud de sus deudos.

 Los ladrones, á mas de pagar lo hurtado, eran multados, y si recaían, se doblaba la pena; pero si volvían á reincidir, tenían pena de muerte, si no es que su Calpul les comprase. Mas si caian cuarta vez eran despeñados.

 El que forzaba á alguna muger, tenía pena de muerte.

 Tenían ley, que hasta hoy observan, que el joven que pretendía casarse, habia de servir á los padres de la nóvia por cierto tiempo y les habían de hacer cierto regalo; pero sí los suegros se hacían afuera, debían volver el regalo y servir personalmente igual número de dias, que el novio los había servido.

 El incendario era tenido por enemigo de la patria, porque decían que el fuego no tiene término y que por quemar una casa, podian abrasar un pueblo y que era traición pública: por tanto era, condenado á muerte y su familia espatriada del Reino.

 El cimarron ó fugitivo que se substraía del dominio de su dueño, pagaba su Calpul por él cierta cantidad de mantas; pero si reincidía, tenia pena de horca.

 El hurto de cosas sagradas, la profanación de los adoratorios y desacato de los ministros ó papases de los ídolos, tenian pena de muerte; toda la familia del reo quedaba infame.

 De estas leyes de los indios Tultecas, haciendo una critica juiciosa, debemos decir, que algunas hay muy prudentes y acertadas, otras no muy conformes á razón y otro opuestas á la naturaleza y llenas de crueldad: especialmente se debe poner en esta última clase el modo de formar el proceso de los reos: pues, á mas de que no habia apelacion, el que era requerido ante el Juez (Torquem. 2 lib. 12 cap. 10), si confesaba el delito, salía de allí para el suplicio á que le condenaban las leyes: si negaba la culpa, era cruelisimamente atormentado, pues se le desnudaba y colgaba de los dedos pulgares y en esta postura se le azotaba y suhumaba con chile.



CAPITULO 5.º
De los usos y costumbres generalmente recibidos entre los indios de este Reino.

 Es parte muy esencial de la historia de un Reino la narración de sus estilos y costumbres: por eso N. C. M. Felipe II, deseando se escribiese una historia completa de estos Reinos, en códula de 25 de Setiembre de 1580, mandó se le hiciese una relación exacta y puntual de los usos y costumbres que observaban los indios del Reino de Guatemala, en tiempo de su gentilidad. En esta atención hemos destinado este capitulo para dar una mediana noticia de los estilos, ritos y costumbres de nuestros indios.

 Y comenzando por los vestidos, es de avertir, que usaban distintos trages los indios nobles, que los plebeyos, y diversos los indios políticos, que los bárbaros. Sabemos por tracidion, por manuscritos antiguos y por pinturas que se veían en los claustros de los convientos de religiosos de Guatemala, que los indios nobles vestían de algodón blanco matizado de colores, lo cual no se permitía á los demás. Componíase su vestuario de camisa y calzones blancos con flecos y sobre ellos otros calzones labrados, que les daban á la rodilla; traían las piernas desnudas y su calzado era una sandalia de cabulla, asegurada con unas correas sobre el tobillo y por el talón; las mangas de la camisa las arregazaban hasta el codo, con una cinta azul ó encarnada; traían el pelo largo y cogido acia atras, trenzada con un cordón de los referidos colores, que remataba en horla, insignia concedidad á grandes Capitanes; señianse la cintura con una toalla de colores, que terminaba en una lazada por delante; sobre los hombros llevaban una tilma de hilo blanco labrada con figuras de pajaros y leones, del mismo color, perfilada de torzales y fluecos; traian taladradas las orejas y el labio inferior y pendientes en una y otra parte unas estrellas de oro ó plata, y en la mano la insignia de su oficio ó dignidad. Los indios del día solo se diferencian de los antiguos en que traen pendientes ni en las orejas, ni en el labio.

 Las indias civiles visten con grande honestidad: cubren el medio cuerpo con unas enaguas, quo les llegan hasta el tobillo y un güipil que puesto sobre los hombros las cubre hasta las rodillas: éste era todo labrado de hilo de colores y en el dia lo bordan con seda. El pelo lo usan trenzado con cintas de hilo de varios colores; y también traían sarcillos en las orejas y en el labio inferior.

 El trage de los indios mazeguales ó plebeyos es muy simple y pobre: no se les permitía el uso de manías de algodón, sino de unas telas de pita; y este se reducía á una camisa larga, cuya falda delantera la entraban por entre las piernas hacía atras y la de las espaldas la traían acia delante, ciñéndose con una toallita y abrigando con otra la cabeza. Este trage usan todavia algunos indios de las costas; aunque lo mas común es que los indios de tierras calidas anden desnudos, sin mas que el maztlate, que es un pano con que cubren las partes verendas.

 Los indios bárbaros del Reino de Guatemala, á distinción de los de Sinaloa, que andaban enteramente desnudos, traen una toalla larga en la cintura, que entrando por la horcajadura les cubre las partes vergonzosas: los nobles usan esta toalla de algodon muy blanco; mas los plebeyos la hacen de cieta corteza, que puesta á la corriente del rio por algunos dias y despues bien batanada, parece una linisima ganuza de color anteado. Andan siempre pintados de negro: lo cual no es solo por gala, sino por preservarse de los mosquitos; ciñense las cabezas con una cinta de algodon blanca, o de otros colores y en ella prenden algunas plumas rojas; mas los Capitanes y Señores las usan verdes. Traen el pelo suelto acia las espaldas y pinjantes en los labios y las narices. LLevan el arco y la flecha en la mano y el carcax colgado al hombro.

 De la crianza de los hijos: en esta materia se portaban los indios del Reino de Guatemala, como los Lacedemonios, los Espartanos, Cretenses y como las naciones mas cultas del universo; pues tenian seminarios en los lugares principales, unos para los niños y otros para las ninas, á cargo de personas provectas, prudentes y esperimentadas, en que se les daba la mejor educación (Torquem. 2 p. cap. 28). Y aunque en el día no se ven estos colegios; mas los padres ponen todo esmero en la educación de los hijos. Las madres les dan de mamar hasta que cumplen tres años, sin que jamas se vea que los den á criar á otra persona: llevanlos colgados á las espaldas y asi lavan y muelen, sirviéndoles el movimiento de la madre de blando arrullo. No los abrigan ni guardan de las inclemencias del tiempo, aire, sol, hielo y agua: ni tienen mas cuna, que el duro suelo, ó cuando mas una hamaquilla. Luego que comienzan á andar, les ponen cargas acomodadas á sus fuerzas: á los cinco ó seis años de edad, ya los llevan al campo á cortar forrage, que llaman cacat ó á cargar su hacecillo de leña. Como van creciendo en años, los padres enseñan á los varones á la caza, pesca, labranza, uso del arco y flecha, danzas y cosas semejantes: las madres enseñan á las hijas, desde pequeñas, á moler, teniendo para ello piedrecillas acomodadas: también las adiestran en los ejercicios de su sexo, como desmotar é hilar algodón y pita, tejer y toda suerte de telas. Las acostumbran á bañarse muy á menudo y hasta dos ó tres veces en un dia. Son en estremo zelosas y no permiten que las jóvenes se aparten un punto de sus madres. Los mancebos viven á espensas de sus padres; pero les ponen en las manos todo cuanto ganan en sus labranzas y demas inteligencias; y de esta suerte se mantienen hasta que toman estado. Los juegos de estos mozos se reducen á hacer matatillos, sembrar una milpita, jugar á la pelota.

 Sus casamientos. El dia señalado para esta función, juntaban en la casa del Calpul de los novios, el Sacerdote del pueblo, el Cacique cabeza de aquel Calpul y los parientes de una y otra parte: venia primero el novio y después la desposada y los requería el papaz á que dijesen todos los pecados de su vida, y separadamente uno y otro, decían todas sus maldades, con gran desahogo: después llegaban los parientes con los presentes que hacían y los adornaban y vestían con ellos; y, cogiéndolos en hombros, los conducian con gran fiesta á su casa: allí los acostaban y encerraban; y con esto quedaban casados.

 Viven con grande aspereza, duermen en el suelo, cubiertos desde la cabeza con una cobija y los pies destapados y al aire, sin cabecera, y si la ponen es una piedra ó ladrillo. Comen en el suelo, sin servilleta, y todo su alimento es el maíz; porque aunque coman carne de vaca, de venado y otras del monte, es en corta cantidad y siempre acompañada con tortilla, que es una masa de maiz delgada y cocida en un comal ó plancha de barro, y este es su alimento mas ordinario, sazonándola con un poco de chile y sal: tambien hacen ciertos hollos de maiz, envueltos en hojas, que llaman tamal: y estos mismos, cuando los rellenan con carne y chile, les dicen nacatamal. Hacen tambien el maiz una poción que llaman atole, y éste se hace hasta de diez maneras diversas, que las distinguen con nombres acomodados á su composición, como istatole, jocoatole, nectinatole y otros.

 En sus visitas usan unas arengas muy largas, con muchas repeticiones; y cuando llevan á sus hijos á las visitas, guardan éstos un perfecto silencio. Es la gente mas observante del secreto y antes se dejaran matar que revelarlo. Si se les pregunta alguna cosa, siempre responden quizas si, y nunca acertivamente. Hacen gran confianza de los españoles y si éstos se hospedan en sus casas, se las entregan con sus muebles y todo lo que tienen, con la mayor satisfacción; pero son desconfiadisimos de los negros, de suerte que es bastante para que no imaginen un camino, que sepan que por él anda no negro. Son importunos en sus negocios y especialmente los correos: estos, desde que entregan la carta que traen, se arriman á un poste, enfrente de la puerta de la pieza donde habita la persona á quien va dirigida, sin que se aparten de alli hasta que los despachan. Son muy amigos del calor: en la pieza donde viven tienen fogón: el sol les gusta y los baños en aguas termales. Son muy dados á la embriaguez. Igualmente son muy propensos é inclinados á la superstición; y no referimos en especie la multitud de sus abusos, por no alargar demasiado este capítulo.



CAPITULO 6.º
De la variedad de lenguas que se hablan en este Reino é inconvenientes que de esto se siguen.

 Los habitadores del Imperio Mejicano, aunque no hablen la leügua castellana, pero todos ó los mas hablan el idioma mejicano: los del Reino de Maya ó Yucatán, todos hablan la lengua Maya; y lo mismo parece que eran los de otros Reinos de América. Y asi tengo por cierto, que ninguno de los Reinos del nuevo mundo tiene tantos y tan diversos idiomas como el de Guatemala; pues en el se hablan las lenguas Quiché, Kachikel, Zutugil, Mam, Pocomam, Pipil ó Nahuate, Pupuluca, Sinca, Mejicana, Chorti, Alagüilac, Caichi, Pocomchim Ixil, Zotzil, Tzendal, Chapaneca, Zoque, Coxoh, Chanabal, Chol, Uzpanteca, Lenca, Aguacateca, Maya, Quecchi y otras, que solo las nombradas son veinte y seis.

 Cuanta confusión traiga esta multitud de idiomas, es cosa clara y constante; pues para confundir á los habitadores de Babilonia, que so habian empeñado en edificar una torre que llegase hasta el cielo, no se sirvió la Omnipotencia Divina de otro medio, que multiplicar las lenguas; y siendo todos los habitadores de la tierra de un solo idioma, dispuso Su Magestad que comenzasen á hablar diversas lenguas, con lo que confundidos y no entendiéndose unos á otros, desistieron de la prosecución de la torre. Por el contrario, cuando llegó el tiempo en que la Providencia Divina tenia preordinado que todos los hombres se adunasen bajo una ley y religión, el medio que tomó esta sabia Providencia fué unir las lenguas y hacer que hablando los Santos Apostoles su idioma nativo, lo entendiesen como propio suyo personas de diversas lenguas. Nuestros Reyes Católicos han procurado imitar estas admirables trazas de la Divina Sabiduría; y deseando adunar á los habitadores de este Reino bajo la ley de Dios y Religión católica, han mandado repetidas ocasiones se procure por todas vias, que todos entiendan y hablen la lengua castellana. En cédula de 7 de Julio de 1550, dirigida al R. P. Provincial de Santo Domingo, le encarga Su Majestad, con el mayor encarecimiento, provea que los Religiosos de su Orden procuren enseñar la lengua castellana á los indios que estan á su cuidado y que en ello pongan todo esmero y diligencia, por los grandes bienes que de esto se seguirán. Y para que esto tenga efecto, le ordena señale Religiosos que se ocupen en esto, sin tener otra cosa en que entender. Concluye diciéndole, que escribe al Presidente y Oidores de la Audiencia de los Confines, que para ello le den el favor y calor necesario. Reiteróse este encargo en cédula remitida al gobierno, que se recibió en Setiembre de 1695. Pero estas sabias providencias no han tenido efecto hasta ahora.

 ¿Más quién podrá bastantemente ponderar las utilidades que resultarían de que todos los indios hablasen la lengua castellana? Pues en primer lugar serían mas bien instruidos en los misterios de nuestra santa Fé, siendo muy raros los Ministros que pueden hacerlo en lengua, con aquella propiedad y claridad que lo hacen con los castellanos. Cuando si los indios entendieran lengua castellana, hasta los seculares podrían ayudar á catequizarlos. A mas de esto, serian mas fácilmente proveídos de Ministros, como lo enseña la esperiencia, que para los curatos en que se habla el idioma castellano hay mas abundancia de operarios. Y por otro lado se ahoraría á los Eclesiásticos el grandísimo trabajo de aprender tan dificultosos idiomas, con asperísima pronunciación gutural y que con solo pronunciar con mas ó menos fuerza las palabras mudan de significado. Y á mas de esto, el tiempo que gastan en aprender las lenguas, lo podrían emplear en otros estudios mas provechosos; y las rentas que se emplean en Cátedras de lenguas, se podrían aplicar á otros fines mas útiles.

 En segundo lugar, á mas de éstas y otras utilidades que se seguirán á los indios de hablar el idioma castellano, por lo espiritual, les seria muy útil por lo temporal; pues para ocurrir con sus quejas á los Corregidores y sus Tenientes, no tendrían necesidad de interpretes, que regularmente desfiguran sus razones, estraviando el curso á los procesos judiciales, después de haberles sacado el dinero á los miserables indios; cuando si hablaran la lengua castellana, tuvieran el gusto de esponer por sí mismos sus quejas y referir sus trabajos á los Jueces y asi serian remediados sus agravios y castigados los delincuentes. También seria útil y provechoso á los indios el saber hablar el idioma castellano para sus comercios, no solo con los españoles, no tambien unos indios con otros; pues aunque algunas lenguas de los naturales de estos paises se den la mano y los indios de un idioma entiendan á los de otro, esto se verifica en las que tienen alguna analogia, pero no en todas; y ya se vé que, no entendiéndose, no pueden contratar.



CAPITULO 7.º
En que se hace ver que este Reino de Guatemala nunca estuvo sugeto al Imperio mejicano.

 No contento Autzol, octavo Rey de Méjico, con su floridisimo imperio y pareciéndole estrechos los límites de sus vastísimos estados, intentó ampliarlos y estenderlos, agregándoles el Reino de Guatemala. Pero habiendo hecho el Monarca mejicano todos los esfuerzos posibles para sojuzgar y avasallar á los Señores Tultecas, que dominaban el referido Reino y habiéndolos esperimentado inútiles, desesperado de conseguir su intento por armas, determinó probar otros medios. Hizo especial embajada á los Señores de este Reino, tratándoles de confederación entre uno y otro imperio; mas tampoco esta traza le salió bien; pues introducidos los emisarios á presencia del Rey de Utatlán, este Monarca no les dió oidos, prestestando sagazmente que no los entendía. Pasaron á la corte de Guatemala, donde fueron bien recibidos; pero no mejor despachados. Dirigiéronse á la Metrópoli de Atitan; mas el Rey de los Zutugiles, que ni á los Príncipes de su propia sangre les guardó ley, los recibió con vara y flecha. Viéndose en tan grande aprieto dieron la vuelta por la Corte de Utatlán, donde el Rey del Quiche les hizo intimar, que dentro de un dia saliesen de aquella ciudad y dentro de veinte soles ó dias estuviesen fuera de su jurisdicción. Nacía esta repulsa tan ágria, de que estos Señores sospechaban, con no débiles fundamentos, que el pretesto de concordia y confederación era título honesto, con que el Emperador Autzol disfrazaba sus ardides, que no eran otros, sino que los Embajadores reconociesen las sendas, las fuerzas de los Reinos y los lugares por donde se les pudiese mas fácilmente acometer. De suerte que no ha sido mas que una voz, que divulgó la jactancia mejicana, la que arrastró á Enrico Martinez (tr. 2 cap. 22) y á otros para que diesen por cosa firme y cierta, que el Reino de Guatemala, antes que á los españoles, estuvo sugeto á los Mejicanos, sin traer en prueba de su opinión razones que la convenzan, ni monumentos que la comprueben.

 Mas á nosotros no nos faltan pruebas bastantemente sólidas para fundar nuestra opinión. Y la primera es que, como asienta el Padre Acosta (lib. 7 cap. 28), era máxima de los Mejicanos, en todas las provincias y pueblos que dominaban, fuese por voluntario rendimiento ó por fuerza de armas, obligar á los rendidos, á que aprendiesen y hablasen el idioma Mejicano. De este principio se infiere claramente, que no hablándose dicha lengua en este Reino, nunca estuvo sugeto al imperio Mejicano. Es verdad que los indios que llaman Pipiles y se hallan poblados en las costas del Mar del Sur, desde la provincia de Escuintla, hasta la de San Salvador, hablan el idioma Mejicano corrompido; pero también lo es, que el Emperador Autzol hizo se introdujesen en estas tierras, con titulo de mercaderes, para tener gente de su parte en ellas y abrirse brecha por este medio, para sojuzgar el Reino. Tambien es cierto, que fuera de los Pipiles hay otros pueblos del idioma Mejicano: mas habiendo venido con los conquistadores indios Mejicanos, es muy probable que fundasen algunos pueblos y estos sean los que hablan la referida lengua. Pero, aunque permitamos que en muchos lugares de este Reino se hable el idioma Mejicano, siempre se no se hable en las cortes de los Reyes Tultecas, queda inconcuso, que esto Caciques nunca fueron subyugados por los Mejicanos, pues, á haberlo sido, en las espresadas cortes era donde principalmente se habia de poner en práctica la citada máxima de los Mejicanos.

 La segunda razon es, que, como asegura Bernal Díaz del Castillo, en el capitulo 172, al tiempo de la conquista de este Reino no habia camino abierto para el de Méjico por la provincia de Chiapa, sino unos veredas estrechas, que se perdian en muchos lugares; de suerte que los españoles se vieron precisados en muchas partes á servirse de la aguja de marcar, para hallar los rumbos que buscaban y no estraviarse de la senda que intentaban seguir. Ni menos habia tránsito por el partido de Soconusco; pues como dice el cronista Herrera (dec. 5º lib. 3º. cap. 17). Pedro de Alvarado comenzó á abrir camino para las provincias de Soconusco y Guatemala. No habiendo, pues, camino de Guatemala para Méjico, no se puede concebir como ha estado sugeto este Reino al Mejicano, no teniendo por donde comunicarse una y otra córte. ¿Por donde, pues, pasarían las órdenes del Emperador para sus vasallos y por donde se conducirian los tributos y contribuciones de éstos para aquel Monarca? ¿Por donde vendrían, sin dejar abierto muy ámplio camino, los numerosisimos ejércitos que se necesitaban para subyugar á los poderosos Monarcas del Quiché, Guatemala y Atitan?




CAPITULO 8.º
Del número mayor ó menor de provincias que ha tenido este Reino en diversos tiempos.

 Si en los cuerpos físicos y materiales vemos tantas mudanzas y variedades, que el que hoy es pequeño, mañana es grande y el que ahora tiene una figura, despues se halla con otra y nunca permanece en un mismo estado: mayores son las que advertimos en los cuerpos politicos ó civiles, como que su ser depende del arbitrio voluble de los hombres; pues aunque los que gobiernan sean inclinados á la estabilidad, mas como nuestros entendimientos son limitados y no conocen las cosas sino por partes, de aqui es, que cada dia hallan nuevas razones para variar el órden y organizacion de los tribunales, provincias y reinos.

 Asi lo esperimentamos en el Reino de Guatemala, que según las ocurrencias de los tiempos, ya se han criado Alcaldías mayores, ya se han unido los Corregimientos, creciendo de esta suerte y menguando el número de las provincias del referido Reino. Pues, como hemos dicho en el capítulo 1º de la Geografía, al presente se cuentan en él quince provincias; pero en los tiempos pasados llegó su número hasta treinta y dos. De éstas, cuatro tenían titulo de Gobierno, que eran Comayagua, Nicaragua, Costa-Rica y Soconusco: nueve de Alcaldías mayores: San Salvador, Ciudad Real, Tegucigalpa Sonsonate, Verapaz, Suchiltepequez, Nicoya, Amatique y las minas de San Andrés de Zaragoza: diez y ocho eran Corregimientos: Totonicapam, Quezaltenango, Atitan, Tecpanatitan ó Solóla, Escuintla, Guazacapan, Chiquimula, Acasaguastlan, el Realejo, Matagalpa, Monimho, Chontales, Quezalguaque, Tencoa, Quepo, Chirripo, Pacaca y Ujarraz; y el Valle de Guatemala que, con titulo de Corregidores, gobernaban los Alcaldes ordinarios de esta Ciudad. S. M. nombraba Gobernadores para las cuatro provincias que tienen titulo de Gobierno, y Alcaldes mayores para las seis primeras Alcaldías mayores que se pusieron arriba: las otras tres Alcaldias mayores y los diez y ocho Corregimientos eran de provisión del Presidente de Guatemala, que daba estos oficios por dos años, y el Corregimiento del Valle de Guatemala lo confería el M. N. Ayuntamiento de esta Ciudad á sus Alcaldes ordinarios, que ejercían el oficio de Corregidores del Valle, seis meses cada uno.

 En este estado se hallaba el Reino de Guatemala, el siglo decimoséptimo; pero en este mismo siglo, habiendo decaído la población de la provincia de Costa-Rica, se extinguieron los cuatro Corregimientos de Quepo, Chirripo, Ujarraz y Pacaca, uniéndose al Gobierno de Costa-Rica, de orden de S. M. por los años de 1660 ó poco después. También se unieron por este tiempo, al Gobierno de Comayagua, el Corregimiento de Tencoa; y al de Nicaragua los de Monimho, Chontales y Quezalguaque. A principios del siglo décimoctavo se extinguieron las Alcaldías mayores de Amatique y San Andrés de La Nueva Zaragoza; y, algunos años despues, de los Corregimientos de Escuintla y Guazacapan, se formó la Alcaldia mayor de Escuintla, y de los de Atitan y Tecpanatitan, la de Sololá; y por los años 1760, se agregó el corregimiento de Acasaguastlan al de Chiquimula. Pero, por los años de 1755, del Corregimiento del Valle de Guatemala, se formaron las Alcaldías mayores de Chimaltenango y Sacatepequez; y el año de 1764, separando de la Alcaldia mayor de Ciudad Real las provincias de Chiapa y de los Zoques, se erigió con ellas la de Tuxtla.

 Ultimamente, á fines del espresado siglo décimo-octavo, habiendose establecido las Intendencias de Provincia, se unieron los partidos del Realejo, Matagalpa y Nicoya al Gobierno de Leon, para formar la Intendencia de Nicaragua: la Alcaldia mayor de Tegucigalpa se ágregó al Gobierno de Comayagua, para hacer la Intendencia de Honduras; y de el Gobierno de Soconusco y las Alcaldias de Ciudad Real y Tuxtla; se compuso la Intendencia de Chiapa. Y de esta manera se hallan reducidas a quince las treinta y dos provincias que componian este Reino. Y es de advertir, que aunque en los tiempos pasados, tenian los Señores Presidentes la regalía de nombrar algunos Alcaldes mayores y todos los Corregidores, como hemos dicho, en los tiempos posteriores se reservó S. M. el nombramiento de todos los Alcaldes mayores y Corregidores, y solo quedó á los Presidentes la facultad de nombrar Interinos, para dichos oficios. Pero generalmente tienen á su provisión todos los empleos de la gobernación y su capital, unos en ínterin y otros en propiedad, y también tienen, en virtud, del Real Patronato, la presentación de todos los Curas. Y desde que se criaron las Intendencias gozan dichos Señores Presidentes la facultad de elegir para Subdelegados, uno de los tres que propone el Intendente, para cada Subdelegacion que vaca. Las Subdelegaciones ó partidos que tienen las cuatro Intendencias de este Reino son las siguientes:

Intendencias:
Leon. Chiapa. Comayagua. S. Salvador.
Subdelegaciones.
Granada. Ocosingo. Gracias á Dios. San Miguel.
Realejo. Simojovel. Olancho. San Vicente.
Subtiava. Palenque. Olanchito. Sta. Ana Grande.
Segovia. Tonalá. San Pedro Zula. Chalatenango.
Matagalpa. Soconusco. Yoro. Olocuilta.
Nicaragua. Tila. Santa Bárbara. Cojutepeque.
Istacomitan. Trujillo. Tejutla.
Tuxtla. Tegucigalpa. Opico.
Güista. Choluteca. Metapas.
Comitan. Usulutan.
San Andres. Gotera.
San Alejo.
Sacatecoluca.
Sensuntepeque.




CAPITULO 9.º
De los Ayuntamientos de españoles que hay en este Reino de Guatemala.

 En todos los pueblos de indios de algun vecindario, hay Cabildos compuestos de dos Alcaldes, cuatro Regidores y un Escribano, que se eligen cada año, optando para estos empleos los Caciques é indios principales de cada pueblo, conforme á la ordenanza que subre esta materia hizo el Licenciado Alonso Lopez Cerrato, segundo Presidente de esta Real Audiencia. Tambien hay Cabildos en las mas aldeas de mulatos. Pero Ayuntamientos de españoles, es cierto que los hay en algunos lugares; mas en otros, aunque tengan copia de españoles, no tienen Cabildo, como en la Villa Nueva de San José, la Villa Vieja y la Villa Hermosa en la provincia de Cosla-Rica, en los pueblos de Sacatecoluca, Apastepeque, San Pedro Metapas, San Juan Sacatepequez y Aguachapa. Pero aun en los que hay Ayuntamiento, se ha visto mucha variedad; pues en unos, como el de la Ciudad de Guatemala, en algunos tiempos ha sido mayor y en otros menor el número de Capitulares; en otras partes, como en Ciudad Real, por tiempos ha habido Cabildo y por tiempos no; en otros lo ha habido en los tiempos retirados y ha faltado en los presentes, como en las ciudades de Gracias á Dios y Nueva Segovia y en la villa de Jerez de la Choluteca; y esto es el motivo por que pusimos Ayuntamiento en estos tres lugares, en nuestra geografía; pues gobernándonos por papeles que se escribieron en tiempos en que dichos lugares tenían Cabildos, y no teniendo motivo para desconfiar de la noticia, la comunicamos con entera satisfaccion. Finalmente, en otros lugares no hubo Ayuntamiento en los tiempos antiguos y en el dia lo hay, como en Quezaltenengo y Sta. Ana Grande.

 Las noticias mas completas que hemos encontrado de los Ayuntamientos del Reino de Guatemala, son las que nos da Juan Diez de la Calle, en su Memorial escrito el año de 1646. Autor á quien seguimos en esta materia, con entera confianza; pues como oficial segundo de la Secretaria del Real Consejo de las Indias, en lo tocante á Nueva España tuvo proporcion para instruirse completamente en los mismos papeles originales; y se comprueba la exactitud de las noticias que comunica, por la individualidad con que pone razón de todos los oficios y los últimos remates que se hicieron de ellos.

 Los lugares de este Reino, que tenían Ayuntamiento cuando el referido Autor escribió, son los sigientes: La Ciudad de Guatemala, cuyo Cabildo se componía de dos Alcaldes ordinarios electivos: Alférez Real, que se remató el año de 1636 en 5,998 ducados: Alguacil mayor, en 14,000 pesos, rematado el año de 1644: Depositario general de penas de Cámara y gastos de Justicia, en 28,500 tostones, en 1616, y en 6,000 pesos el de 1642: doce Regidores á 3,999 tostones: Provincial de la Sta. Hermandad, en 8,000 pesos, año de 1644: Alcaldes de ella. Tesorero general de papel sellado, en 10,000 pesos: se puso este oficio en Guatemala el año de 1643: Escribano público y del Cabildo, Diputación y Alcabalas, en 11,000 pesos, el año de 1636 y el de 1639 se lo dio facultad para poder servir por Teniente y traer dos negros con espadas.

 Fuera de estos oficios, nombra, asi esta Ciudad como las demás del Reino, Procurador Sindico, Mayordomo, Fiel Ejecutor, Corredor, Mojonero, Pregonero y Perteros.

 La ciudad de San Salvador, tiene Ayuntamiento compuesto de dos Alcaldes: Alférez Real, rematado en 2,000 tostones los años de 1620 y 1636: Alguacil mayor, 14.000 tostones el año de 1645: ocho Regidores, á 2,500 tostones, el de 1645: Depositario general, en 3,750 tostones: Provincial y Alcaldes de la Santa Hermandad: Escribano del Juzgado mayor y visitas en 3,999 tostones, en el año de 1641.

 La ciudad de San Miguel de la Frontera, tiene dos Alcaldes: Alférez Real, en 1000 tostones, año de 1635: Alguacil mayor, en 1000 ducados: Depositario general, on 750 pesos: Regidores seis á 950 tostonee, en los años de 1627 y 42. Provincial de la Santa Hermandad, en 5000 tostones, el de 1645: Alcaldes de ella: Escribano público y del Cabildo, en 4308 pesos, en 1640.

 La Ciudad Real de Chiapa tiene dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 4687 pesos: ocho Regidores á 400 pesos, los años de 1627 y 1645: Regidor y Depositario general, en 4200 tostones de á cuatro reales, el año de 1631: Escribano público y del Cabildo, en 627 pesos, el año de 1634.

 La ciudad de Valladolid ó Comayagua tiene su Cabildo dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 1600 pesos, año de 1634: Alférez mayor, en 1700 tostones, año de 1629: Depositario general, en 2600, el de 1627: cuatro Regidores á 650, los años de 1627 y 1645: Provincial de la Hermandad, en 2500 tostones el de 1643, y dos Alcaldes de ella.

 La ciudad de Trujillo, en Honduras, tuvo Cabildo con dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 470 tostones, en el año de 1637: tres Regidores á 600: Provincial de la Hermandad, en 2000 tostones, ano de 1643: Escribano público del Cabildo y registros, en 900 pesos.

 La ciudad de Gracias a Dios tiene dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 1500 tostones, año de 1628: Alférez mayor, en 800 el de 1633: Depositario general en 600, el de 1630: cuatro Regidores, en 800, el de 1630: Provincial de la Hermandad, en 2000 pesos: Alcaldes de ella: Escribano público y de Cabildo. en 1000 pesos, el de 1643.

 La ciudad de Leon de Nicaragua tiene Ayuntamiento compuesto de dos Alcaldes Ordinarios: Alguacil mayor en 1750 pesos: Alférez real, en 1275, año de 1637: seis Regidores en 300, el de 1634: Alcalde Provincial en 4000 pesos, el de 1645: Alcaldes de la Santa Hermandad: Escribano público de Cabildo y Caja real, en 1000 pesos, el de 1640.

 La ciudad du Granada tiene dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 2000 pesos, los años de 1637 y 43: Alférez real en lo mismo: Depositario general en 1550, el de 1640: Seis Regidores en 612 pesos, el de 1631: Alcaldes de la Hermandad: Escribano público público y del Cabildo en 900 pesos, año de 1639.

 La ciudad de la Nueva Segovia tiene dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 2300 tostones, año de 1633: Alférez mayor en 600, el de 1640: seis Regidores en 580, el de 1643: Depositario general, en 430 pesos, el de 1636: Escribano público y de Cabildo, en 330 tostones, el de 1632.

 La ciudad de Cartago, capital de Costa-Rica, tiene Cabildo compuesto de dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 1000 pesos, año de 1643: Alférez real en 500, el de el de 1640: Depositario general en 320, los años de 1633 y 43: Escribano público de Gobernación, del Juzgado mayor y visitas de la Real caja, minas y registros y abaluaciones, en 1200 pesos, el de 1630.

 La villa de San Vicente de Austria ó Lorenzana tiene Ayuntamiento con dos Alcaldes: cuatro Regimientos dobles en 2400 pesos, año de 1638: dos Regimientos sencillos en 800 pesos: Escribano público y de Cabildo en 400 pesos.

 La villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate tiene dos Alcaldes Ordinarios: Alguacil mayor, rematado en 3000 pesos los años de 1613 y 39: seis Regidores en 600, el de 1633: Provincial de la Santa Hermandad, en 1600 tostones, el de 1643: dos Alcaldes de ella: Escribano público y del Cabildo, en 1900 pesos, el de 1633.

 La villa del Realejo tiene dos Alcaldes: Alguacil y Guarda mayor del Puerto, en 1450 pesos, en el año de 1636: Alférez real, en 300, el de 1626: Depositario general en 300: tres Regidores en 4000: Escribano de Cabildo y registros, en 700 pesos, año de 1633.

 Villa de Jerez de la Frontera, en el valle de la Choluteca, tiene dos Alcaldes: Alguacil mayor, en 1800 reales, año de 1634: Deposititorio general en 954, el de 1634: dos Regidores y Escribano público.

 La villa de San Pedro Zula tenia dos Alcaldes: Alguacil mayor en 520 tostones, año de 1628: dos Regidores: Escribano público y de Cabildo y visitas, en 410 tostones, año de 1635.

 La villa de San Jorge de Olancbo tenia dos AJcaldes: Alguacil mayor, en 550 tostones, año de 1633: dos Regidores y Escribano público.

 Por lo hasta aqui dicho consta que, por los años de 1646, en que Juan Diez de la Calle dio a luz su Memorial, habia en el Reino de Guatemala diez y seis Ayuntamientos de españoles. De estos se echan menos en el día seis, que por haber decaído al vecindario de algunos lugares, se han extinguido sus Cabildos: tales son los de las ciudades de Trujillo y Gracias á Dios, los de las villas del Realejo, Jerez de la Frontera, San Pedro Zula y San Jorge de Olancho: y aunque también habia faltado el de la Nueva Segovia, ha sido repuesto por el Señor Presidente, á petición de sus vecinos, el año de 1809. Y se hallan otros cinco, que no los habia en aquel tiempo, como son los de las villas de Tegucigalpa, San Vicente de Austria y Rivas de Nicaragua, y los de los pueblos de Quezaltenango y Santa Ana Grande. De suerte que al presente tiene el Reino de Guatemala quince Ayuntamientos de españoles: todos los cuales han elegido sugeto que pudiera entrar al sorteo, en la elección que se ha hecho de Diputado representante de este Reino, para la Junta Central el dia 3 de Marzo de 1810. Y á mas de estos, el del barrio de San Marcos, aldea da ladinos en la provincia de Quezaltenango, mandado erigir por la Real Audiencia, el año de 1755, que, ó por la sencillez ó por la pobreza de sus individuos, no aspiraron al honor de elegir persona que entrase al referido sorteo.




CAPITULO 10.º
De la Real Audiencia y Chancillería de este Reino, que reside en la Ciudad de Guatemala.

 Informados N.C.M. del mal tratamiento que los españoles hacían á los indios y las vejaciones que estos padecían, se aplicaron con el mayor zelo y teson, á procurar el remedio de semejantes desordenes: para esto celebraron muchas juntas, compuestas de los hombres mas doctos que tenia la Monarquia, asi teólogos como juristas. Fue la primera en Burgos, el año de 1512, viviendo el Rey Don Fernando V. Repitiéronse estos congresos en Madrid, Valladolid, Aranda de Duero, Zaragoza y Barcelona, los años de 1516, 17, 18, 19: el de 20 en la Coruña, el de 26 en Granada y el de 29 en Barcelona. Mas aunque en estas juntas se acordasen las mas acertadas providencias, estas no tenian efecto por la distancia de las tierras y libertad de los conquistadores. Como no cesasen de llegar á la Corte los clamores de los Religiosos, que pedían remedio para tantos males, se formó otra junta el año de 1542, en que se trató con la mayor cordura y eficacia de tomar las mas severas providencias para evitar las vejaciones que padecían los indios, y de poner los medios mas eficaces, para que tuviesen efecto las resoluciones que se tomasen en ella. Componíase de los sugetos de mas seso y crédito que tenía la Corte, como era Don Fr. García de Loaiza, Cardenal Arzobispo de Sevilla: Don Sebastian Ramírez de Fuenleal, Obispo de Cuenca y Presidente de Valladolid: Don Juan de Zúñiga, Ayo del Principe y Comendador mayor de Castilla: el Secretario Francisco de los Cobos, Comendador mayor de León: Don Garcia Manrique, Conde de Osorno y Presidente de órdenes y otros. Estos gravísimos personages, después de haber consultado muchos hombres doctos y esperimentados en asuntos de Indias v muchos que habian estado en América; después de haberse juntado repetidas veces y conferenciado la materia, con gran prolijidad y madurez, formaron las ordenanzas ó nuevas leyes que tanto ruido han hecho en el mundo.

 Estas ordenanzas contienen treinta y nueve artículos: los nueve primeros determinan algunos puntos tocantes al buen regimen y gobierno del Consejo de las Indias: el décimo manda que en las provincias del Perú haya un virey y una Audiencia Real, que resida en la ciudad de los Reyes: el undécimo está concebido en estos términos: Que se ponga otra Audiencia en los confines de Guatemala y Nicaragua, en que haya cuatro Letrados Oidores y uno de ellos sea Presidente y que sea Presidente el Licenciado Maldonado, Oidor de Méjico; y que esta Audiencia tenga á su cargo la gobernacion de dichas provincias y sus adherentes, en las cuales no ha de haber Gobernadores, si otra cosa el Rey no mandare. Los siete artículos siguientes disponen el orden que se ha de guardar en estas dos Audiencias y las otras dos que estaban ya erigidas, la de la isla de Española, fundada el ano de 1511 y la de Méjico el de 1527: determinan que los citados cuatro tribunales conozcan y sentencien las causas criminales y civiles, en grado de vista y revista, sin que haya mas grado de apelación; escepto cuando la causa sea de valor de 10,000 pesos de oro ó mas, que en tal caso se podrá suplicar segunda vez ante la Real Persona: que las cartas y provisiones que se despacharen en las Audiencias, se libren por título y sello real: que en los casos que en estas nuevas leyes no estuvieren declarados, se guarden las ordenanzas, que están dadas y las de las Audiencias de Granada y Valladolid y las leyes y pragmáticas del Reino. Los otros veinte capítulos se dirigen al buen tratamiento de los indios: encárgase á las Audiencias cuiden de él: mándase que los pleitos de los indios se determinen sumariamente, guardando sus otros costumbres; prohíbese que por ningún título se hagan esclavos; y se ordenan otras muchas cosas en beneficio de estas gentes, como se puede ver en el cronista Herrera, Dec. 7º lib. 6, fól. 110.

 Habiéndose mandado, en las referidas ordenanzas, que se estableciese una Audiencia Real en los Confines de Guatemala y Nicaragua y que fuese su Presidente Licenciado Alonso de Maldonado, las cuales leyes se mandan observar por cédula de 20 de Noviembre de 1542: por otras de 7 y 13 de Setiembre de 1543, se Mando erigir la dicha Real Chancilleria, con órden a los Oidores Pedro Ramirez de Quiñónes, Diego de Herrera y Juan Rogel, para que se presentaran con la mayor brevedad en este Reino y con el Presidente Maldonado establezcan la espresada Real Audiencia. Y por real provision de 13 de Setiembre de 1543, se ordena que el citado Tribunal resida en la Villa de la Concepción del de valle de Comayagua, dándole á este lugar el nombre de Nueva villa de Valladolid; y se da facultad al Presidente para que, si por algún accidente no llegaren todos los Oidores, con cualquiera de ellos pueda tener Audiencia. No se verificó este caso, porque todos con próspero viage arribaron á estas costas, á principios del año de 1544 y pasaron á la Villa de Comayagua. Esta poblacion se hallaba muy á sus principios, como que solo había dos años que se había fundado, por lo que no agradó a los nuevos ministros. Y por otro lado le pareció al presidente que estaba muy distante de las provincias de Guatemala, Chiapa y Soconusco; y asi escribió a los Oidores, viniesen á la ciudad de Gracias á Dios, donde los aguardaba. Pusiéronse estos Ministros en camino para la referida ciudad, en la que fueron recibidos con grandes fiestas y regocijos, dispuestas por el Presidente y Obispo de Guatemala y por el Adelantado de Yucatán Don Francisco Montejo. Habiendo descansado algunos dias los Oidores, se abrió la Audiencia el día 16 de Mayo de 1544, acto á que asistió el Señor Marroquin, Obispo de Guatemala, y otros personajes. Lo primero que se hizo en este congreso fué notificar al Adelantado Montejo una real provisión, en que S. M. le mandaba se desistiese del gobierno de Yucatán, Chiapa, Hibueras v cabo de Honduras. porque esta gobernacion la aplicaba á la nueva Audiencia. Aprobóse este asiento de la Real Chancilleria de los Confines, por cédula de 9 de Julio de 1546. No habiendo casas reales en la ciudad de Gracias á Dios, se aposentó el Presidente y se hizo la Audiencia en la casa del Cura; y S. M. por cédula de 5 de Julio de 1546, mandó que de su real hacienda se pague al Cura el alquiler de la casa.

 Por los años de 1548 llegó á la ciudad de Gracias á Dios, con el titulo de Presidente de la Audiencia de los Confines, el Licenciado Alonso López Cerrato, y pareciéndole que dicha ciudad está muy estraviada y distante de las provincias de Yucatán, Tabasco, Chiapa y Soconusco, lo que hace en estremo difíciles los recursos, informó á S. M. que sería muy conveniente trasladar la Audiencia á la Ciudad de Guatemala: escribió también sobre el asunto el obispo Don Francisco Marroquin y ofreció la casa que tenía edificada para Palacio Episcopal, para morada del Presidente y Oidores, diciendo que en ella hay salas capaces para tener los acuerdos y Audiencias; y también esforzó esta pretensión al Cabildo de la Ciudad de Guatemala, proponiendo muchas razones y conveniencias que se seguirian de fijar el espresado Tribunal en esta Ciudad. De resulta de estos informes mandó S. M. al Licenciado Cerrato, en cédula de 25 de Diciembre de 1548 y 1º de Junio de 1549, que traslade la Audiencia á la Ciudad del Reino, que mejor le pareciere. En virtud de estas reales cédulas, se pasó la referida Real Chancillería á la Ciudad de Guatemala el mismo año de 1549. Y en cédula de 7 de Julio de 1550 el Emperador Carlos V aprueba la referida traslación y la compra de las casas Episcopales para la Audiencia y manda se paguen de penas de Cámara. Y desde este tiempo las que eran casas episcopales, han sido palacio real y el Señor Obispo hizo su palacio inmediato á la Iglesia Catedral.

 Informado el Rey nuestro Señor de los intolerables escesos del Presidente Juan Nuñez de Landecho y de los otros Ministros de la Audiencia de Guatemala, por cédula de 30 de Mayo de 1563, nombró Visitador de ella al Licenciado Francisco Briceño. Hay tradición, que este letrado vino con gran cautela y disfraz, sin ser conocido, y habiendo llegado á la capital, se aposentó en el Convento de Nuestra Señora de la Merced, declarando solamente al Prelado su comisión y continuando oculto para los demás, se llegaba á las conversaciones y corros: de esta modo tuvo campo de informarse por sus oídos de muchas cosas; y habiéndose hecho capaz del estado de esta República, asi por lo que oyó, como por lo que vió, se salió para el pueblo de Petapa, distante seis leguas de la capital, y desde allí dió aviso de su llegada á la Real Audiencia y á la ciudad. De estos dos cuerpos, el primero, bajo el pretesto de que no venía de Presidente, sino de Visitador, no quiso recibirle en la forma acostumbrada, ni enviar Oidor que le condujese; mas el segundo, haciendo mas de lo que es obligado, salió en cuerpo de Cabildo al citado pueblo de Petapa á recibir su Gobernador; y éste, acompañado de la ciudad, hizo su entrada pública en la Metrópoli, el dia 12 de Febrero de 1565. Abrióse la visita y á pocos días puso preso en su casa al Señor Landecho, y no mucho después, lo multó 30,000 pesos. Este Presidente, á quien su conciencia avisaba se le esperaban mayores penas, haciendose ejecutor del castigo merecido, se huyó de la prisión, se acercó á los puertos del Mar del Norte, embarcóse en una navecilla mal segura, y habiendo sobrevenido temporal, se tiene por cierto que pereció. Los Oidores fueron depuestos y multados conforme al mérito que dieron: solo quedó con su plaza el Licenciado Jofre de Loaiza; pero aun este mandó S. M. fuese multado, no porque se le probase ningún delito, sino porque no dió cuenta de los de sus compañeros. Ni paró en esto la justa venganza del Rey Felipe II, sino que por cédula de 17 de Setiembre de 1563, mandó se pasase la Audiencia de Guatemala á Panamá, como se ejecutó por el Visitador Briceño, el año de 1565. De esta suerte quedó el Reino de Guatemala como provincia particular de la Audiencia de Méjico y por su Gobernador el Licenciado Briceño.

 Mas no permaneció en este estado la Ciudad y provincia de Guatemala, sino el corto espacio de cinco años; pues teniendo por su Procurador en la Corte al Regidor Francisco del Valle Marroquin, le dió orden para que hiciese présente á S. M. la gran distancia que hay de estas provincias á la ciudad de Méjico y lo dificil que se hacían los recursos, y le suplicase mande volver la Real Audiencia á esta Metrópoli. Esta solicititud de la Ciudad de Guatemala, que, como dice el P. Remesal, esforzó con sus informes el I. B. D. Fr. Bartolomé de las Casas, tuvo todo el efecto que se deseaba; pues en cédula de 28 de Junio de 1568, mandó el Señor Don Felipe II volviese la Real Audiencia á residir á la Ciudad de Guatemala, nombrando para Presidente al Doctor Antonio Gonzalez y para Oidores á los Licenciados Jofre de Loaiza, Valdez de Cárcamo, Cristoval Aqueta, y para Fiscal al Licenciado Arteaga. El día 5 de Enero de 1570 entraron en esta capital, con el real sello, los nuevos Presidente y Oidores y fueron recibidos con notables muestras de alegría y contento de todo el Reino. Y S. M. en cédula de 6 de Agosto de 1574, manifiesta el gusto y satisfacción que ha tenido con la noticia de haberse restablecido con la solemnidad debida la Real Chancilleria de Guatemala; y aprueba los oficios que se libraron á las Audiencias de Méjico y Panamá, para que se abstuvieran del conocimiento de los negocios que le pertenecían y le remitieran los pendientes de este distrito. Abrióse la Audiencia en esta capital, el día 3 de Marzo de 1570 y ha permanecido en ella hasta el presente. Y habiéndose trasladado la Ciudad de Guatemala, primero provisionalmente al pueblo de la Ermita, el año de 1773 y después formalmente al Valle de la Virgen el de 1777, conforme á la real cédula de 21 de Julio de 1775, tuvo la misma suerte su Real Chancillería.

 N. C. M. Felipe IV, en la ley 6ª tit. 15, lib. 1º de la Recopilación de Indias, con los demás Reyes sus antecesores, que cita su epígrafe y adiciones, hizo pretorial é independiente esta Real Chancillería de Guatemala. Se puede ver en el tratado 2º capítulo 2º como el número de Ministros de este Tribunal ha tenido variedad segun los tiempos; y también su trage, hasta el año de 1581, en que se les mandó usar garnachas. Dichos Ministros son también Alcaldes del Crimen y gozan del titulo del Consejo de S. M. También tienen el tratamiento de Señoría, de palabra y por escrito, en virtud de cédula de 24 de Setiembre de 1778. Antes gozaban 2757 petos de renta al año; mas por reglamento de 14 de Mayo de 1776, se señalaron 3300 á cada uno de los Señores Oidores y Fiscal.

 Los referidos Señores Ministros, á mas de la asistencia diaria al Tribunal, tienen otros cargos y judicaturas anexas á la toga, en que se turnan por su antigüedad, y algunos que son perpetuos. Uno es Superintendente de la real Casa de Moneda, con jurisdiccion privativa y la ayuda de costa de 400 pesos anuales; y este empleo lo confiere S. M. Otro sirve, por el termino de dos años, el Juzgado de bienes de difuntos y utramarinos, que es segunda sala de Audiencia, por lo cual de sus sentencias no se interpone apelación, como en los demás juzgados inferiores, sino solo segunda suplicacion. Otro es Auditor de Guerra, que también es perpetuo: nómbralo el Señor Capitán General: con su dictamen se sentencian las causas criminales de los militares y los espedientes de mera Capitanía general. No tiene por esto gratificacion alguna; pero si goza la preeminencia de que se destine diariamente á su casa, un ordenanza de la tropa. Otro Ministro lleva el Juzgado de Provincia: su jurisdicción se estiende á las cinco leguas de la capital y esta judicatura la ejercen por el termino de cuatro meses; y cumplidos éstos, pasa el turno al Oidor que se sigue. El Oidor Decano tiene anexa á su antigüedad la asesoría del Tribunal de Cruzada. A mas de lo dicho están repartidas entre los espresados Ministros la judicatura del papel sellado, diezmos y visitas, la de Mnprenlas, comisiones de censos y comunidades de pueblos, gobierno de hospitales y arreglo de boticas.

 El distrito de esta Real Chancillería en el dia de hoy es el mismo que el del Reino de Guatemala; y habiendo demarcado este con la mas puntual especificación en el capítulo 1º de nuestra geografía, omitimos hacerlo ahora; pero es de advertir, que en la erección de la Audiencia de los Confines, á mas de las provincias que tiene al presente, se le asignaron las de Tabasco, Yucatán y Cozumel, como consta de cédula de 13 de Setiembre de 1543; pero por la gran distancia que habia da ellas á la ciudad de Gracias á Dios, donde se estableció la citada Real Chancilleria, permanecieron bajo la jurisdicción de la Audiencia de Méjico, hasta que trasladada la Audiencia de los Confines á la Ciudad de Guatemala, se le adjudicaron las espresadas provincias, por cédula de 7 de Julio de 1550. Y parece que lo mismo sucedió con el partido de Soconusco, pues por cédula de 20 de Enero de 1555 se segregó del distrito de la Audiencia de Méjico y se dio á la de Guatemala. Trasladada ésta á la ciudad de Panamá, la mayor parte de sus provincias se puso bajo la jurisdicción de la Audiencia de Méjico. Restablecida la Real Chancillería en Guatemala, se quedaron las provincias de Yucatan y Tabasco sujetas á la Audiencia de Méjico; no obstante que la primera, en la instrucción que dio á su Procurador Alonso López, el año 1548, le encarga que pida á S. M. que porque somos informados, que en la Ciudad de Santiago de Guatemala S.M. ha proveido ó quiere proveer Audiencia Real, sea servido, que porque es de aqui muy cerca y comarcana y la contratación de ella por tierra firme y grandes gastos que se hacen en el camino para Méjico: nos haga merced de nos la dar por superior é que nosotros podamos libremente ante ella pedir justicia, é interponer nuestras apelaciones. Y esta pretensión pudo ser motivo de que se espidiesen las cédulas del ano de 1550, en que se pone en el distrito de la Real Audiencia de Gualemala, la referida provincia de Yucatán; y de 1564, en que se pide informe á la Real Audiencia de Méjico y al Gobernador de Yucatán, sobre si convendrá que la provincia de Yucatán ocurra con sus negocios, é interponga sus apelaciones ante la Real Chancillería de Guatemala. Pero, sin embargo de todo esto, la espresada provincia de Yucatán y la de Tabasco subsisten hasta el dia de hoy bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Méjico.
TRATADO CUARTO.




PARTE SEGUNDA.


DE LA HISTORIA DE LAS PROVINCIAS QUE SE HALLAN SITUADAS EN LA PARTE AUSTRAL DEL REINO DE GUATEMALA.




CAPITULO 1.º
De la provincia é intendencia de Ciudad Real de Chiapa.

No concuerdan los autores regnicolas sobre el orígen de los indios de esta comarca: el P. Fr. Antonio Remesal, en su historia de la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, lib. 3º cap. 15. da por asentado, que la gente de Chiapa era originaria de la provincia de Nicaragua. El manuscrito Quiché, de que hablamos en el cap. 1º del trat. 1º, asegura que los Quelenes y Chiapanecos descienden de un hermano del Rey Nimaquiché, que vino con él de la Ciudad de Tula. El Ilustrisimo Señor Don Fr. Francisco Núñez de la Vega, Obispo de Chiapa, en el préambulo a sus Constituciones Diocesanas. Afirma que encontró ciertos calendarios en lengua de estos indios, en que se hace mencion de veinte señores o cabezas de familia, de quienes parece descienden estas gentes, cuyos nombres son Ninus ó Mox, Igh, Votan, Chanan, Abagh. Tox, Moxic, Lambat, Molo ó Mulu, Elab, Batz, Evob, Been, Hix, Tziquin, Chabin, Chic. Chinax, Calogh y Aghual. Pero de estos Magnates parece fué el mas celebrado Votan, pues se halló su historia en un cuadernillo separado: en él se dice que Votan vio la pared grande, esto es, la Torre de Babel, que por mandado de Noé, su abuelo, se hizo desde la tierra hasta el Cielo y que en este lugar se le dio á cada pueblo su diferente idioma: dice también que Votán fué el primer hombre que envió Dios a dividir y repartir estas tierras de las Indias: añade que estuvo el referido Votán en Huehueta, pueblo de Soconusco, y alli puso dantas y un tesoro: este tesoro descubrió el citado Señor Núñez en una cueva, y consistía eu unas tinajas, donde estaban grabadas la figuras de los antiguos indios gentiles. Si damos crédito á estos manuscritos, es necesario decir que estas tierras se poblaron muy poco tiempo después del diluvio universal, pues Votan, que se halló en Babilonia cuando se edificó la Torre y dividió Dios las lenguas, fué uno de los pobladores de las Indias: también habremos de decir, que las lenguas de estas provincias son de las primitivas en que dividía Dios el idioma de los Patriarcas antediluvianos: igualmente nos vemos precisados á afirmar, que los primeros pobladores de la América no pasaron á ella por el estrecho de Anian, como quiere la opinión mas generalmente recibida; pues, á ser asi, no se hubieran estendido hasta estas, regiones de la zona tórrida, tan distantes de dicho estrecho, sino al cabo de muchos años y de muchas generaciones.

 Mas lo que no tiene duda es, que esta provincia fué habitada de gente muy poderosa y culta y que tuvo comercio con los Egipcios, como lo comprueban las suntuosas ciudades de Culhuacan y Tulhá, cuyos vestigios se ven cerca de los pueblos del Palenque y Ococingo: especialmente en la primera se admiran todavía algunos edificios que nos persuaden que la ciudad de Culhuacan competía en magnificencia con las primeras cortes de la Europa. Llama la atención la suntuosidad de sus templos, en los que se observan muchos vestigios de la fábula: se ven en ellos geroglíficos, símbolos y empresas de la mitología: se encuentran también rastros de soberbios palacios: se halla casi entero un famoso acueducto, de tanta capacidad, que puede un hombre pasearse por él. Pero cuando llegaron los españoles ya había decaído esta provincia de su antiguo esplendor, pues no encontraron ciudad alguna, ni edificio que llamase la atencion, ni policía en sus habitadores. Véase el tr. 1º cap. 2.º

 El P. Remesal, en el lugar citado, continuando la historia de los Chiapanecos, dice que los referidos indios que vinieron de Nicaragua, habiendo determinado quedarse en tierras de Chiapa, eligieron para poblarse un peñol aspero, en peña tajada, alta y con dificil entrada, á orillas de un rio: aqui se fortificaron, porque nunca quisieron sujetarse á los Mejicanos. Acabado el Imperio Mejicano, estos indios de Chiapa, en su nombre y de las naciones de los Zoques, Tzendales y Quelenes que tenían sujetas por armas, se ofrecieron á rendir vasallage al Rey de Castilla, y en su nombre á D. Fernando Cortés. No dice este Historiador, quien fue el Capitán que vino á recibir el espresado vasallage; pero si asegura, que disgustados los indios de la conducta de los Españoles, se rebelaron contra ellos el año de de 1524. Luego que esta novedad llegó á oidos de Cortés, envió á pacificar esta provincia al Capitán Diego de Mazariegos, con 150 soldados y 40 caballos: también vinieron muchos hombres principales, que querian quitarse de las revoluciones de Méjico que comenzaban, y gran número de indios Mejicanos y Tlascaltecas. Este Capitán, con gran prudencia y cordura, sujetó con presteza y facilidad á los Chiapanecos y se regresó á Méjico, con intento de volver á poblar en aquella provincia, para tener sugelos á sus moradores. Pero mientras Mazaruegis estaba en Méjico, tornaron á sublevarse los de Chiapa y se pusieron las cosas en peor estado.

 Pero el Historiador Bernal Diaz del Castillo, autor acreditado de verídico é ingenuo, capitulo 166, cuenta esta conquista, en la que dice se halló, con circunstancias tan diversas de las que refiere Remesal, que nos es preciso juzgar, ó que este segundo fué mal informado, ó que fueron tres conquistas de Chiapa y que la que relata Castillo es distinta de las dos que narra Remesal. Dice, pues, el espresado Castillo, que hallándose en la villa de Guazacoalco, con otros conquistadores y el Capitán Luis Marín, pasó éste á Méjico á verse con Costés, quien le mando que con 50 soldados que le dio y un Religioso llamado Fr. Juan de la Varillas y todos los vecinos de Guazacoalco, fuesen á pacificar la provincia de Chíapa, que estaba de guerra: con esta orden partieron todos los mencionados para Chiapa, por la cuaresma del año de 1524; (pero, añade este autor, y esto de los años no me acuerda bien); y habiendo llegado con hartos trabajos al pueblo de Estapa, situado cuatro leguas de la cabecera, fueron acometidos de los Ghiapanecos y se trabó una reñidisima batalla en que fueron heridos el Capitan Luis Marin y trece soldados y muertos dos; y asegura este autor que los Chíapanecos eran los mayores guerreros que habia visto en toda la Nueva España. Siguieron otro dia su camino para la ciudad de Chiapa, y no habiamos caminado cuarto de legua (dice Castillo) cuando nos encontramos con todo el poder de Chiapa, que campos y cuestas venían llenos de ellos, con grandes penachos y buenas armas..... era con pié y comenzaron á pelear como rabiosos leones: duró largo rato el combate, hasta que puestos en cuadrillas todos los de á caballo y los de infanteria, hechos un cuerpo para que no los desbaratasen, rompieron una y otra vez á los indios, con lo que volvieron las espaldas. Mas á breve trecho toparon otros escuadrones bien numerosos, que á mas de sus armas traian muchas sogas, para echar lazos á los caballos y derrocarlos, y por muchas partes tenian tendidas redes para que cayesen en ellas los caballos: aqui se volvió á encender la batalla y murieron dos soldados de los nuestros y muchos fueron heridos; pero acometiendo á los indios en la forma de la vez pasada fueron desbaratados. Pasaron después de esta victoria los Castellanos á un pueblo inmediato al rio, y aunque este era caudaloso lo esguazaron ayudados de los indios de Xaltepeque, no sin gran resistencia de los de Chiapa. Puestos al otro lado del rio, caminaron derechamente para la ciudad; y hallándola desierta, el Capitán Luis Marin envió á llamar de paz á los Caciques y Capitanes de aquel pueblo y les remitió seis Capitanes Chiapanecos que se habían hecho prisioneros; y á poco rato vinieron con presente de oro, y se disculparon por haber salido de guerra y dieron la obedencia á S. M. Tambien mandó llamar á todos los pueblos comarcanos, y todos vinieron á dar la obedencia al rey de España y mostraban gran contento de haber salido de la dominacion de los Chiapanecos. Encontraron los Españoles en aquella gran ciudad tres cárceles de redes de madera, llenas de prisioneros, que hacian estos indios en los caminos y unos eran de Soconusco, otros de Teguantepeque, otros Zapotecas, otros Quelenes y todos se pusieron en libertad; y á los indios de Xaltepeque é Istatlan, que tenian como esclavos los Chiapanecos, que habian ayudado á los nuestros y proveidolos de canoas para pasar el rio, se les sacó del poder tiranico de dichos indios y se fueron con sus mugeres, hijos y haciendas á poblar rio abajo, cosa de diez leguas de Chiapa. Tambien habia muchos ídolos en los cues ó adoratorios, que hizo quebrar Fr. Juan de las Varillas. Concluida la conquista de Chiapa y de otros pueblos que no quisieron venir de paz, se trató de poblar una villa en aquella provincia, como lo habia mandado Cortés; perro reflexionando que era pocos los españoles y muchos los indios de la comarca, tuvieron por mas conveniente volverse á su villa de Guazacoalco.




CAPITULO 12.º
De la fundación de la Ciudad Real.

 Cuando se supo en Méjico la segunda sedición de la provincia de Chiapa, que fué al fin del año de 1526, hacia de Gobernador y Capitán general de la Nueva España el Tesorero Alonso de Estrada, el que de nuevo dio titulo de Capitán, para apaciguar la referida provincia de Chiapa, á Diego de Mazariegos. Salió de Méjico este Caballero, acompañado de muchos Hidalgos, y llegado á Chiapa, halló gran resistencia en sus hahitantes, de suerte que por muchas diligencias que hizo para pacificarlos, no lo pudo conseguir. Hiciéronse fuertes en su Peñón, donde se defendieron algunos dias, peleando con tanta pertinacia, que ya no podían alzar los brazos; y viendose perdidos, se despeñaron con sus mugeres é hijos, por la parte del rio, que es altisima, y perecieron tantos, que de toda aquella población, solo quedaron poco mas de 2,000. Los que quedaron vivos, los mandó bajar el Capitán Mazariegos del cerro, é hizo que poblasen á orillas del rio, en el lugar donde permanece el pueblo que llaman Chiapa de Indios.

 Por este tiempo se hallaba de Teniente de Gobernador y Capitan general de la provincia de Guatemala, por la ausencia de Don Pedro de Alvarado, Don Pedro Portocarrero, y sabiendo las revoluciones de Chispa, creyó que por estar inmediato la competía pasar a sosegar dicha comarca; y en efecto entró en ella con lucido acompañamiento (no como dice el P. Remesal, enviado por Don Pedro de Alvarado, pues este Capitan desde Agosto de 26 habia partido para España); pero ya había llegado antes el Capitan Mazariegos y tenia subyugados á los Chiapanecos y pasando á verse con Portocarrero lo persuadió a que se volviese, y ofreció a los soldados, que si querían quedarse con él, repartiria la tierra entre ellos y los suyos, poca había para todos: en esta confianza se le pasaron muchos.

 Vuelto el Capitan Mazariegos con su gente al pueblo de Chiapa, salió de él con su ejército el día 1º de Marzo de 1528, y parandose todo el campo en el mismo llano, una legua al Oriente, con ayuda de los indios hicieron algunas ramadas donde se alojaron, y tres días después, juntando el Capitan Mazariegos á los principales del ejército, les hizo una plática en que les declaró, que el fin que habia tenido en fundar aquel pueblo, era la conservación de lo que con tanto trabajo habían ganado: que aquel sitio no lo daba por perpétuo, sino solamente mientras se hallaba otro de mejores proporciones; y que, como Capitan general de aquella provincia, daba á la nueva población el nombre de Villa Real, en memoria de su pátria Ciudad Real de España. Nombró luego Alcaldes á Luis de Luna y á Pedro de Horozco, y regidores á Pedro de Estrada, Francisco Gil, Francisco de Lintorne, al Br. Alonso de Aguilar, á Francisco de Chaves y á Bernardino de Coria: Mayordomo de la Villa á Cristóval de Morales, Procurador á Juan de Porras y Alguacil Mayor á Antonio de la Torre. El dia 6 de Marzo se juntaron en Cabildo los susodichos Capitulares, y entre varias cosas que determinaron, una fué que se pregonase, que todos los que quieran ser vecinos de la Villa, vengan á asentarse en el libro de Cabildo, para que puedan gozar de las franquezas y libertades de tales vecinos. Y en Cabildo de 14 de Marzo, los Señores Teniente, Alcaldes y Regidores se asentaron por vecinos de la Villa, y se obligaron a rsidir en ella; y lo mismo hicieron el Alguacil mayor, el Mayordomo y otros Caballeros, hasta el numero de cuarenta y cinco.

 Concluida de esta suerte la fundación de la Villa Real, por lo formal, trataron de darle asiento perpetuo por lo material; y el día 31 de Marzo de 1528, levantaron reales, y estando en un campo llano y grande, que los indios llaman Güeizacatlán, que es el lugar en donde hasta el dia está situada la Ciudad Real, el Teniente de Gobernador, los Alcaldes y Regidores de la villa dijeron, que por cuanto el sitio donde se asentó provisionalmente la villa no es propósito para su permanencia y aumento, por ser tierra caliente, cenagosa y enfermiza, conviene mudarla á otro parage de mejores calidades; y habiéndose explorado los términos y asientos de estas comarcas, les parecía que en dicho campo de Güeizacatlán concurren las calidades convenientes para la población, por ser la tierra fria, el suelo enjuto, alto y sano, y tener rio y fuentes de muy buena agua, y prados con buenos pastos, tierra para ganados, montes y arboledas: por tanto, mudaban el asiento de la Villa Real de la provincia de Chiapa, al campo de Güeizacatlan, en donde el dicho Señor Capitán está con su ejército y vecinos y pobladores de la villa, y tiene trazada la plaza, calles, Iglesia, casa de Cabildo, y de algunos vecinos; y mandaron poner la picota en la plaza, y la horca en un cerro alto: con lo cual dijeron habían asentado alli la Villa Real, con la jurisdicción y justicia de ella. Y los dias siguientes se repartieron los solares entre el vecindario. Y el 22 de Agosto del mismo aüo comenzaron á repartir la tierra por caballerías y peonerías á los vecinos dando caballería, que tiene 600 pies de largo y 300 de ancho, á los que tráian caballo en la guerra, y peonería, que comprende 300 piés de largo y 450 de ancho, á los soldados de a pié.

 El año de 1529 envió la Real Audiencia de Méjico por Alcalde Mayor de Ciudad Real y Juez de residencia del Capitán Diego de Mazariegos, á D. Juan Enriquez de Guzman, el que inquietó la tierra, quitando las encomiendas a los Conquistadores, y dándolas a los que trajo consigo de Méjico; y hasta al Capitán Mazariegos le quitó el pueblo de Chiapa, por lo que este Capitan dejo la provincia y se volvió á Méjico; y fué tal la pasión de dicho Juez contra Mazariegos, que en odio de este Conquistador, hizo que en Cabildo de 21 de Julio de 1529 mudase el nombre de la Villa Real en el de Villa-viciosa. Mas este nombre apenas le duró dos años, pues en Cabildo de 11 de Setiembre de 1531, ya se llama la Villa de S. Cristóval de los Llanos; pero no se sabe cuando ni por qué motivo se le dió este nombre, porque faltan algunas hojas al libro de Cabildos. Por ultimo, el Emperador Carlos V, on cédula de 7 de Julio 1536, mandó que se intitulase Ciudad Real, concediéndole honores y prerogativas de Ciudad; y en otra de 1º de Marzo de 1535 le había concedido escudo de armas, como se puede ver en el tomo 1º, tr. 1º, cap. 2º de esta Historia.

 Tienen costumbre los vecinos de esta Ciudad de sacar el real pendón, con lucido acompañamiento, el dia de San Cristóval, patrón de ella; y aunque no consta el año en que se estableció esta ceremonia, pero se ve por el Cabildo de 1º de Julio de 1563 que era costumbre recibida. Hallanse otras determinaciones en los Cabildos antiguos de esta Ciudad, que comprueban la piedad de sus fundadores: en el de 31 de Mayo de 1532 se mandan pagar los diezmos: en otro de 30 de Junio de 1528, determinaron se notifique al Cura de la ciudad, que diga misa todos los dias, porque de lo contrario, no se le pagará el salario señalado. Y en unas ordenanzas que hicieron en 1º de Junio de 1537, dispusieron en la 7ª que el que trabajare con los indios los domingos y fiestas principales, tenga pena de tres pesos: 8ª que el vecino que no estuviere las pascuas en la ciudad, pague diez pesos: 9ª que el español que después del Evangelio de la misa estuviere fuera de la Iglesia, pague tres pesos. Encuentranse en los referidos Cabildos otras disposiciones, en orden á la policia y buen gobierno de la ciudad, dignas de imitarse: en Cabildo de 26 de Mayo de 1528 se manda, que el que trajere yeguas ó potros ó puercos por las calles los pierda ó pague un peso de oro para la fabrica de la Iglesia: en el de 30 de Junio del mismo año, que ninguno eche basura en las calles, pena de un peso de oro: en el de 22 de Agosto del espresado aǹo, que el que encontrare, puercos en los maizales de los indios los pueda matar. Tambien hicieron una acta muy util para la buena crianza de los indios, en Cabildo de 4 de Enero de 1539: en ella ordenan que los encomenderos traigan á sus casas á los niños, hijos de los señores de sus encomiendas, y los instruyan en la doctrina cristiana. Omitimos otras por escusar prolijidad. En el capiturlo siguiente daremos la historia de la Santa Iglesia de Chiapa.

 Como la ciudad se fué aumentando, se fueron tambien fundando conventos de Religiosos: el primero fué el de Nuestra Señora de la Merced y este es el primer Convento que tuvo dicha Religión en el continente Americano. Porque aunque desde que se comenzó á conquistar esta cuarta parte del orbe, vinieron muchos Religiosa Mercedarios; los mas no vinieron en forma de Comunidad, sino como particulares enviados por su General á cobrar las mandas de redención. Por esta razón no fundaron de pronto conventos en las primeras ciudades, como Méjico y Lima. Débese al celo del Ilustrísimo Señor Don Francisco Marroquin, el que se erigiesen en Ciudad Real y Guatemala: como este V. Prelado no dejase piedra por mover, para proveer de Ministros su vasta diócesis, habiéndose ido á consagrar á la ciudad de Méjico, con lágrimas y ruegos consiguió, que viniesen cuatro religiosos. Mercedarios, y al pasar por Ciudad Real quedaron el P. Fr. Pedro Barrientos el P. Fr. Pedro Benitez de Lugo, para fundar Monasterio en aquella ciudad: y en cumplimiento del orden del obispo, se presentó en Cabildo el R. P. Fr. Pedro Barrientos, primer Comendador de dicha casa, el dia 18 de Mayo de 1537, y pidió sitio para edificar Convento. Diéronle un terreno fuera de la ciudad, y parece que por este motivo, se ausentaron de la casa los dos Religiosos que la habían fundado; porque habiendo pasado á Guatemala el P. Fr. Marcos Perez Dardon, asentadas las cosas del Convento de esta capital, se volvió á Ciudad Real, y en Cabildo de 10 de Noviembre de 1539, se presentó diciendo queo hahía venido á dicha ciudad á poblar el Monasterio de Santa Maria, que se hallaba solo; y que su sitio estaba lejos de la ciudad y apartado de las casas: por lo que pedia á sus mercedes otro sitio mas cómodo. Estuvo de Comendador este V. Religioso en Ciudad Real hasta el año de 1546, que vino de España con esta encomienda el P. Fr. Hernando de Arbolancha. En el tiempo que gobernó este Convento el P. Fr. Marcos, tuvo muchos auges: de suerte que el año de 1546 vivian en el cuatro Religiosos con su Prelado, ya tenian haciendas para sus alimentos. Remesal, lib. 5º, cap. 19 y lib 8, cap 1º.

 El segundo Convento que se fundó en Ciudad Real fué el de Santo Domingo. El año de 1545 llegó á su Obispado de Chiapa el Ilustrisimo Señor D. Fr. Bartolomé de las Casas, Religioso Dominico, quien trajo una lucida mision de Religiosos de su orden. Estos entraron en Ciudad Real el dia 12 de Marzo; y aunque fueron muy bien recibidos de los vecinos y conquistadores de esta comarca; mas como empezaron dichos Padres á predicar contra la tirana costumbre de hacer esclavos á los indios, que estaba en uso en Ciudad Real, concibieron tal odio contra ellos, que no solo les retiraron las limosnas, pero ni aun por su dinero les querían dar lo que necesitaban. En estas circunstancias, aunque desde Salamanca habían venido con intento de fundar Convento en Ciudad Real, no lo pusieron por obra, antes determinaron salirse de la ciudad, y en efecto lo ejecutaron pasándose al pueblo de Chiapa de indios; en este pueblo se hizo la division de estos apóstoles de la provincia de Chiapa: señalaronse seis Religiosos para que fundasen Convento en el pueblo de Sinacatan, por ser pueblo grande y cabecera de la nacion de los indios Quelenes. Se asignaron cuatro para el pueblo de Copanbastla; y siete para el Convento de Chiapa de indios, que ya se estaba trazando; y antes de esto ya se habian enviado seis Padres á Soconusco y dos á la Verapaz. Tocó Dios el corazon á los vecinos de Ciudad Real, y habiendo ido á predicar á la ciudad el P. Fr. Tomás de la Torre, lo llevaron á casa del Adelantado D. Francisco Montejo, donde junta toda la nobleza le pidieron fundase Convento en Ciudad Real; respondió que sus facultades no se estendian á un negocio de la gravedad de este: que luego que viniese el P. Vicario general se trataría de la materia. Vino el P. Fr. Tomás Casillas, Vicario general, con el P. Fr. Tomás de la Torre á Ciudad Real, con lo que tomó calor el negocio de la fundacion del Convento: fueron dos Regidores y un vecino á ofrecer á los Padres el sitio que quisiesen para el Monasterio y todas las ayudas que necesitasen. De resulta de esta embajada, en Cabildo de 27 de Octubre de 1546 se presentó el P. Vicario general pidiendo sitio para hacer casa é Iglesia, y el Ayuntamiento les dio el en que esta el Convento en el dia; tomaron posesion del terreno, y Luis de Torres Medinilla les ofreció una casa, que tenia cerca de la Ciudad, para que habitasen mientras se edificaba el Monasterio. El dia 15 de Noviembre del mismo año entraron los Padres en Ciudad Real y se efectuó la fundacion del Convento. El dia 9 de Enero de 1547, hallándose en dicha ciudad de vuelta de Méjico el Ilustrísimo Sr. D. Francisco Marroquín, que habia ido á asistir á la junta que celebró el Visitador Don Francisco Tello de Sandoval, bendijo el sitio del Cemento de Santo Domingo y asentó la primera piedra de la Iglesia. Este Convento fué aceptado por tal en el capítulo que se celebró en Méjico el año de 1547; en el que se tuvo en Guatemala el año de 1553, se hizo priorato. Ha alternado la casa de Ciudad Real con la de Guatemala para la celebracion de los capitulos, haciéndose una vez en una y otra en la otra; pero esta alternativa cesó desde el año de 1628, bien que se restableció dicho estilo de órden de del Rmo. Mtro. Gen. el año de 1753, Remesal, lib. 6º cap. 1º, lib. 7º cap. 22 y 23, lib. 8º cap. 1º, 2º y 7º.

 Esta casa es cabeza de provincia en el dia; pues, a solicitud de los Religiosos de los cuatro Conventos del Obispado de Chiapa, N. C. M. Carlos IV. cn cédula de 10 de Diciembre de 1807, concedió que dichos cuatro Conventos se segregasen de la provincia de San Vicente, y que con ellos se fundase otra provincia; en cumplimiento de este decreto de S. M. el Rmo. P. Mtro. Vic. Gen. Fr. José Diaz, por patente despachada en el real Convento de Santa Cruz de Granada, a 7 de Marzo de 1809, estableció la nueva Provinca de San José de Chiapa; y últimamente, por Agosto de 1811, tomó posesion del empleo de Prior Provincial de la espresada provincia el R. P. Mtro. Fr. Francisco Vaquerizo, nombrado por el Vicario general, para el efecto.

 El tercer Convento es el de San Antonio, que en sus principios se intituló de San Francisco. En definitorio de 23 de Febrero de 1575 se recibió una carta del Ilustrisimo Sr. D. Fr. Pedro de Feria, Obispo de Chiapa, en que pide al R. P. Provincial y definitorio envien Religiosos a fundar. Monasterio de su órden en aquella Diócesis; y otra del M.N. Ayuntamiento de Ciudad Real, en que ofrece sitio para Convento é Iglesia y limosnas para su edificio. Inmediatamente se remitieron dos Religiosos, y pasada la cuaresma salió en persona el Provincial con otros dos, para realizar esta fundacion. Llegados a Ciudad Real, hallaron las cosas mucho mas adelante de lo que pensaban; pues los vecinos trataban de hacer un suntuoso Convento, y el Señor Obispo ofrecía asignar pueblos a la Religion. Dejó el P. Provincial los dos Religiosos que lloró y los dos que habian ido antes, y prometió dar asiento á la fundacion en el ínmediato capitulo: este se celebró el dia 1º de Octubre de 1575, y se dió en él titulo de Guardiania al Convento de Ciudad Real. S. M. en cédula de 5 de Julio de 1578, dirigida al Ilustrisimo Sr. Don Fr. Pedro de Feria, aprueba esta fundacion. La provincia del Dulcisimo Nombre de Jesus de Guatemala, ha celebrado los tres capitulos provinciales en este Convento de Ciudad Real, los años de 1619, 1622 y 1628. Vazquez, tom. 1º, lib. 2º. cap. 10.

 El cuarto es el Colegio de la Compañia de Jesus: habiendo muerto Doña Maria de Alvarado el año de 1670, dejó una hacienda que tenia, con sesenta mil piés de cacao, catorce casas y otros bienes, para que se fundase Colegio de la Compañia de Jesus en Ciudad Real; Y el Lic. Juan de Figueroa, Presbitero del Obispado de Chiapa, hizo donacion al Colegio que se fundase en aquella ciudad, de otra hacienda de cacao. Con los instrumentos de las referidas donaciones parecio el Procurador general de las provincias de Indias de la Compañia de Jesus, ante S. M. á nombre de la provincia de Nueva España, suplicandole fuese servido conceder licencia para que se efectuase fundacion. Y su Magestad mandó que el M. N. Ayunfamienfo de la Ciudad de Guatemala le informase, sobre la conveniencia o inconvenientes que de ella se pueden seguir. Como todo consta de real cédula de 9 de Abril de 1685 (céd. de Cab., lib. 5º, fol. 49). Conseguida la licencia del Rey, se fundó el citado Colegio en la Ciudad Real, y subsistió en ella hasta el año de 1767 en que estos regulares fueron estrañados de los dominios de España. Habia en el enunciado Colegio, Cátedra de Gramática y escuela de primeras letras.

 El quinto es el de Religiosos de San Juan de Dios, á cuyo cargo está el Hospital real del mismo titulo, que fundó el Ilustrisimo Sr. Dr. D. Fr. Juan Bautista Alvarez de Toledo. Esta casa se fundó por los años de 1636.

 Fuera de estas casas de religiosos hay otra de religiosas del Orden de Concepcion, cuyo titulo es de la Encarnacion. Vinieron á Guatemala Don Cristóval de Velasco y Don Gabriel de Avendaño, el primero Prebendado de aquella Iglesia, y el segundo Alcalde Ordinario de dicha ciudad, para conducir á las fundadoras; estas fueron tres religiosas del Convento de de San Gerónimo de esta ciudad, y fué por Prelada la M. R. M. Sor María de la Concepción, la primera que había profesado en el referido Convento: las otras dos se llamaban Sor Ines del Espiritu Santo y Sor Maria de Santa Ana. Entraron en Ciudad Real el dia 24 de Agosto de 1610: y de consentimiento de ambos Cabildos, se les dio el terreno é Iglesia de San Sebastian, donde permanecen hasta el día.

 Ilustra tambien á la Ciudad Real de Chiapa, el Colegio Seminario de la Concepcion: trató con todas veras de fundarlo el Ilustrisimo Sr. Don Fr. Juan V. Zapata y Sandoval, que gobernaba este Obispado por los años de 1614; pero no logró efectuarlo: reservaba el Eterno esta gloria para el Ilustrisimo Sr. Dr, Don Marcos Bravo de la Cerna Manrique, que puso por obra la ereccion de este Colegio el año de 1676, y estableció en el las Cátedras de Teología Moral y Gramática. Tuvo esta ciudad otro Colegio, para educacion de niñas, intitulado de Santa Rosa de Viterbo, fundación del Ilustrisímo Señor Doctor Don Fr. Juan Bautista Alvarez de Toledo; pero no sabemos por qué motivo se extinguió tan útil establecimiento.




CAPITULO 13.º
De la Iglesia de Ciudad Real de Chiapa, y díptico de sus Obispos.

 Deseando el Capitán Diego de Mazariegos conservar en sujeción la provincia de Chiapa, determinó fundar una villa, quo sirviese de habitación á los Castellanos y de respeto á los indios. Desde luego la llamó Villa Real, y la delineó el dia 31 de Marzo de 1528: lo primero que trazaron fué la Iglesia y la dedicaron á Nuestra Señora la Virgen María, en el Misterio de su Anunciación: titulo que conservaba por los años de 1535, pues un libro antiguo de esta Iglesia comienza de esta suerte: Libro de visitación de la Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciación de esta villa de San Cristóval, que se hizo á 7 dias del mes de Abril de 1535. Pero poco despues, sin saber como ni por qué, se le llamó la Iglesia de San Cristóval: asi se halla nombrada en la Bula de N. Smo P. Paulo III del año de 1538, en que la eleva de Parroquial en Caledral. El primer Cura que tuvo la Villa Real fué el P. Pedro Gonzalez, uno de los Capellanes del ejército, nombrado por los fundadores de la villa el año de 1528. El segundo fué el P. Pedro de Castellanos, tambien Capellan del ejército, á quien lo dió el titulo de Cura, como Vice Patron, el Adelantado Don Pedro de Alvarado, en Guatemala á 2 de Julio de 1532. El tercero, el P. Juan Rebollo, á quien instituyó Cura el Ilustrisimo Señor Don Fr. Julian Garcés, Obispo de Tlaxcala, bajo cuya jurisdiccion estaba la Villa Real, antes que se erigiese el Obispado de Guatemala. N. Smo. P. Paulo III por su Bula de 14 de abril de 1538 segregó la Iglesia de Ciudad Real de la Diocesis de Guatemala, y la erigió en Catedral: asignósele por territorio al nuevo Obispado de Chiapa todo el que tiene al presente y la provincia de Verapaz; pero esta provincia se le segregó y se hizo Obispado el año de 1559. El partido de Soconusco fué de la referida Diócesis, cuando se erigió, y en esta atencion, el Señor Don Fr. Barlolomé de las Casas puso Religiosos Domnicos, que admistrasen en ella por los años de 1545; mas en los tiempos posteriores estuvo á cuidado del Obispo de Guatemala, como se infiere de real cédula del año de 1565, en que manda S. M. se vuelvan al Obispo de Guatemala los partidos de Zacapulas, Sacatepequez, Soloma y Soconusco; y asi permaneció hasta principios del siglo 17º en que, de resultas de informes que hizo à S. M. el Ilustrisimo Señor Don Fr. Pedro de Feria, Obispo de Chiapa, se agregó la espresada Provincia de Soconusco al Obispado de Ciudad Real, siendo Obispo el Ilustrisimo Señor Don Fr. Andres de Ubilla. Y en estos últimos años el Ilustrisimo Señor Doctor Don Fermin Fuero cedió algunos pueblos del Partido de Tabasco, que pertenecian al Obispado de Chiapa, al Obispo de Yucatán.

 1.º—El primer Obispo que se nombró, para Ciudad Real por él Señor Emperador Carlos V, fué el Ilustrísimo Señor Don Juan de Arteaga, Fraile del hábito de Santiago, el que hizo la erección de su Iglesia en Sevilla, á 15 de Febrero de 1544. Habiéndose embarcado, llegó enfermo á la Vera-Cruz, pasó á la Puebla de los Angeles, en donde, habiéndose agravado la enfermedad, murió el dia 8 de Setiembre del mismo año de 41.

 2.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Bartolomé de las Casas ó Casaus, del Orden de Santo Domingo, natural de Sevilla y de familia noble: estudió en la Universidad de Salamanca y se graduó de Licenciado: pasó á la Isla Española el año de 1502, y el de 510 se ordenó de Sacerdote, y cantó su primera misa en la Ciudad de la Vega de dicha Isla. Condolido de las vejaciones que padecían los indios, se dedicó á su defensa y patrocinio con el mayor zelo y eficacia; esto movió al Supremo Consejo de las Indias para nombrarle Obispo de Chiapa el año de 1543: consagróse en la Iglesia Mayor de Sevilla, la Dominica de Pasión del año de 44, y llegó á su Diócesis á principios del año de 45. Todo el tiempo que gobernó su Obispado trabajó incesantemente en defensa de los indios, padeciendo grandes contradicciones por este motivo. Pasó á Méjico el año de 46, á asistir á la Junta que en aquella ciudad celebró el Visitador Don Francisco Tello de Sandoval, y de aquí partió para España; y pareciendole sería mas útil á los indios su asistencia en la corte, renunció el Obispado el año de 1550, y se retiró al Colegio de San Gregorio de Valladolid. El año de 1566 pasó á Madrid á solicitar se volviese la Real Audiencia á Guatemala; y estando en esta corte, en el Convento de Nuestra Señora de Atocha, le asaltó la muerte á los 92 años de su edad. Se enterró en la Capilla mayor de la Iglesia de dicho Convento.

 3.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Tomás Casillas, del Orden de Santo Domingo: vino á este Reino el año de 1545, con el titulo de Vicario general de la misión que trajo el Señor Casaus. En el Capituló que celebró la provincia de Méjico el año de 47, fué electo primer Prior del Convento de Guatemala. Nombróle S. M. Obispo de Ciudad Real y se consagró el año de 52: gobernó su Diócesis con gran zelo, prudencia y discrecion hasta el año de 1567, que murió generalmente sentido de sus subditos. Sepultóse en su Catedral, y se encontró su cuerpo, 47 años despues de su muerte, tan entero, y el Pontificial tan sano, como el dia en que se enterró.

 4.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Domingo de Ara (asi le llama el P. Remesal en muchas partes donde habla de este Religioso, y no Lara, como le apellidan otros autores.) Este venerable Prelado tambien vino en la referida mision del año de 45; y despues de haber obtenido varios empleos honorificos en su Religion fué el primer Prior Provincial que se eligió en Guatemala. Presentóle N. C. M. Felipe II para Obispo de Ciudad Real, y la obediencia lo obligó á aceptar la mitra; pero pareciéndolo à este humildisimo Varon muy superior a sus fuerzas la carga del Obispado, suplicó con muchas lagrimas al Señor, le quitase la vida antes que llegase á tomarla: oyó el Señor sus ruegas y se lo llevó para si antes que viniesen las Bulas, el año de 1572. Por este tiempo, dice el citado Remesal, lib. 11 cap. 1º, se allaba la Iglesia de Chiapa sin Prebendados, por por cuyo motivo nombró S. M. Gobernador de la Diocesis al P. Fr. Alonso de Norena.[6]

 5.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Pedro de Feria, natural de la villa de este nombre en Extremadura, Religioso Dominico é hijo del Convento de Salamanca: pasó á la América, y fué Prior de la casa de Méjico, y despues Provincial: volvió á España de Procurador de su provincia. Presentóle S. M. para Obispo de Chispa, dignidad que aceptó compelido de la obediencia. Gobernó esta Diócesis con gran rectitud el tiempo de 14 años; y murió santamente el ano de 1589. Está enterrado en la Iglesia de Santo Domingo de Ciudad Real.

 6.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Andrés de Ubilla, del Orden de Predicadores, natural de Guipúzcoa, é hijo del Convento de Méjico, donde fué Lector, dos veces Prior, y Provincial de su provincia. Fué á España á negocios del Reino y de su Orden, habló varias veces con N. C. M. Felipe II, y de resulta de los informes del Mtro. Ubilla, envió dicho Soberano por Visitador del Virey de Méjico al Ilustrisimo Señor Don Diego Romano. Vuelto á Méjico fué nombrado Obispo de Chiapa el año de 1592: gobernó con acierto hasta el año de 1601 que murió, á tiempo quo se hallaba promovido á la Iglesia de Mechoacan. Nombrósele por sucesor al Lic. Don Lucas Duran, Fraile del Orden de Santiago, Capellan de honor de S. M., que habiendo aceptado la mitra y consagradose, renunció. Se proveyó en su lugar al Ilustrisimo Señor Don Fr. Pedro González de Mendoza, Obispo de Lipari, que fué promovido á Popayán, antes de venir á Ciudad Real. Por su ascenso se dió el Obispado de Chiapa al Dr. Don Melchor de la Cadena, natural de Méjico y descendiente de los Conquistadores, Canónigo y Maestrescuela de la Catedral de Méjico, y Dean de la Puebla: guien no admitió la gracia.

 7.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Tomás de Blanes, natural de Valencia, Religioso Dominico; vino á la provincia de San Jan Bautista del Perú, donde leyó muchos años, y se graduó de Maestro: vuelto á España, lo presentó S. M. para el Obispado de Chiapa el año de 1609, que gobernó hasta 5 de Enero de 612, que murió en el pueblo de Xiquipilas.

 8.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Juan Zapata y Sandoval, de una de las familias mas distinguidas de Mejico, Religioso del Orden de San Agustin: habiendo leido algun tiempo en su patria pasó à hacerlo en el Colegio de San Gabriel, que tiene su religion en Valladolid. Electo Obispo de Chiapa el año de 1613, luego que vino á su Iglesia, trató con grande empeño de fundar Colegio Seminario. El año de 21 fué trasladado á la Iglesia de Guatemala. Véase su vida en el cap. 2º tr. 3º.

 9.º—El Ilustrísimo Señor Don Bernadino de Salazar y Frias, natural de Burgos, Magistral de Jaen, presentado para Obispo de Chiapa el año de 1621, gobernó esta Diocesis hasta el año de 1626 que murió, y fué sepultado en la Iglesia de Santo Domingo. Por su muerte fué nombrado para que le sucediese Don Alonso Muñoz, Dean de la Santa Iglesia de Méjico y Catedrático de Prima de Teologia en su Universidad; pero murió antes de consagrarse.

 10.º—El Ilustrísimo Señor Doctor Don Agustin de Ugarte y Saravia: electo el año de 1628, fué promovido el de 1630 al Obispado de Guatemala; y esta dada su historia entre los Obispos de dicha Iglesia.

 11.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Márcos Ramirez de Prado, del Orden de San Francisco, natural de Madrid: fué Guardian de varios Conventos y Vice-Comisario general de Indias: electo Obispo de Ciudad Real, en 2 de Seliembre de 1632, entró en su Iglesia el de 33: asi á su Catedral como á las otras Iglesias hizo donaciones considerables y fué promovido á la de Mechoacan el de 39. Sucediole el Ilustrísimo Señor Don Fr. Cristóval de Larraga, del Orden de San Bernardo, natural de Madrid, Maestro y Catedratico en Salamanca: presentado para el Obispado de Chiapa, en 21 de Julio de 1659, se consagró en Madrid y antes de tomar posesion, fué traslado á la Iglesia de Cartagena de Indias, año de 1640.

 12.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Domingo de Villaescusa, del Orden de San Gerónimo, fué sucesivamente Prior de cinco Monasterios, Visitador de las dos Casillas y General de su Orden: presentado para esta mitra el 16 de Mayo de 1640, se consagró en Madrid á 24 de Marzo de 41 y gobernó su Iglesia hasta el de 31 que pasó á la de Yucatan.

 13.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Mauro de Tobar, Monge Benedictino, natural de Villacastin, Prior y Abad del Monasterio de Valladolid, Predicador de Felipe IV: electo Obispo de Caracas, el año de 1639, pasó al de Chiapa el de 55, que gobernó hasta el de 66 que murió: fué sepultado en la Iglesia de Santo Domingo.

 14.º—El Ilustrísimo Señor Don Cristóval Bernardo de Quiros, natural de Tordelaguna, Canónigo de las Iglesias de Arequipa, Quito y Lima: electo Obispo de Chiapa, el año de 1666 y promovido al de Popayan el de 72. Por su ascenso, fué nombrado el Ilustrísimo Señor Doctor Don Manuel Fernandez de Santa Cruz y Sahagun, natural de Palencia, Magistral de Segovia, el mismo año de 72 y antes de llegar á su Iglesia, fué trasladado á la de Guadalajara.

 15.º—El Ilustrísimo Señor Doctor Don Márcos Bravo de la Cerna Manrique, Canónigo y Arcediano de la Catedral de Leon de España, Abad de la Colegiata real de Arbas: presentado para la Iglesia de Chiapa, se consagró en Madrid, año de 1674. Fundó el Colegio Seminario de la Concepcion de Ciudad Real, al que donó una libreria: dotó varias mcmorias de misas, y dejó en dicha ctudad otros monumentos de su generosidad

 16.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Francisco Niňez de la Vega, del Orden de Predicadores: tomó posesion de la Silla Episcopal de Chiapa, el 18 de Enero de 1684: este Prelado trabajó con incansable teson extirpar la idolatria entre los índios, y Dios confirmó su predicacion con la milagrosa renovacion del Santo Cristo de Tila. Compuso las Constituciones Diocesanas de Chiapa, el año de 1692, que se imprimieron en Roma el de 1702. No sabemos el año en que este celoso Pastor terminó su gobierno; pero se ven cartas pastorales suyas de 1690, 93, 96 y 98.

 17.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Juan Bautista Alvarez de Toledo, del Orden Seráfico, natural de Guatemala; tomó posesión del Obispado de Chiapa, á principios del año de 1710; edificó y dotó el Hospital de San Juan de Dios en Ciudad Real y fundó la casa de educandas de Santa Rosa de Viterbo; habiéndose sublevado la provincia de Tzendales, una de las de su Diócesis, coadyuvó á su pacificación, por lo que S. M. le dio muestra de su real gratitud en despacho de 9 de Diciembre de 1713; el de 1712 fué promovido á la Iglesia de su patria. Véase su elogio entre los Obispos de Guatemala, en el trat. 3º cap. 2º.

 18.º—El Ilustrísimo Señor Don Jacinto de Olivera Pardo, natural de la ciudad de Antequera, Doctor en ambos Derechos, Canónigo de la Iglesia de Guadalajara: fué consagrado por su Ilustrísimo antecesor, el 27 de Diciembre de 1714, en el pueblo de San Cristóval Totonicapam. Gobernó hasta 10 de Julio de 1733 que murió.

 19.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. José Cubero Ramírez de Arellano, del Orden de Nuestra Señora de la Merced: electo el año de 1737, gobernó esta Iglesia hasta el dia 25 de Junio de 1751 que murió.

 20.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. José Vital de Moctezuma, séptimo nieto por línea recta del Emperador Moctezuma: nació en Méjico, y habiendo vestido el habito de Nuestra Señora de la Merced, fué Maestro en su Religión y Provincial de la provincia de Méjico: electo Obispo de Chiapa, el año de 1753, en su Pontificado se portó con gran magnificencia, enriqueció su Catedral con preciosas reliquias, con una custodia de oro, esmaltada de piedras preciosas, un cáliz y dos copones del mismo metal y otras alhajas, con ornamentos muy costosos y también la ilustró con cinco festividades que dotó. Edificó de nuevo el Convento de las Monjas de la Concepción: en una palabra, se puede decir sin hipérbole, que ninguna Iglesia de la Diócesis dejó de experimentar las influencias de este Sol benéfico. Murió en el pueblo de San Bartolomé de los Llanos, el dia 3 de Octubre de 1766 y el de 92 fué trasladado su cadáver á la Catedral.

 21.º—El Ilustrísimo Señor Doctor Don Miguel de Zilieza y Velasco, hijo de la Ciudad de Guatemala y de una de sus primeras familias; leyó la Cátedra de leyes hasta jubilarse y sirvió varias veces el oficio de Rector en la Real y Pontificia Universidad de San Carlos de Guatemala: fué Provisor y Vicario general del Obispado de Nicaragua y Arzobispado de Guatemala: Canónigo y Maestrescuela de la Catedral de esta segunda: el año de 1766 fué nombrado Obispo titular de Aramite y Auxiliar del Señor Doctor Don Francisco de Figueredo, que se hallaba ciego y muy viejo: muerto dicho Señor Figueredo, fué promovido el Señor Zilieza á la Iglesia de Chiapa, el año de 1767: pasó á su Iglesia y tomó posesión el 23 de Diciembre del mismo año de 67 y el 7 de Abril de 68 murió. Nombrósele por sucesor al Ilustrísimo Señor Don Fr. Lucas Ramírez, del Orden de San Francisco: Varón tan docto que defendió en conclusiones todas las obras de Santo Tomas, San Buenaventura y Escoto: antes de venir á su Iglesia de Chiapa, fué promovido al Arzobispado de Santa Fé de Bogotá el año de 1769.

 22.º—El Ilustrísimo Señor Don Fr. Juan Manuel de Vargas y Rivera, natural de Lima, Religioso del Orden de Nuestra Señora de la Merced, electo el año de 1769: gobernó la Diócesis de Chiapa hasta el de 74 que murió. Se le dio por sucesor á el Ilustrísimo Señor Don Antonio Caballero y Góngora, que fué trasladado, antes de tomar posesión á la Iglesia de Yucatán, el año de 1775.

 23.º—El Ilustrísimo Señor Don Francisco Polanco, nombrado Obispo de Chiapa, el año de 1775, ocupó esta silla hasta el de 85 que murió.

 24.º—El Ilustrísimo Señor Doctor Don José Martínez Palomino López de Lerena: fué presentado para esta mitra el año de 1786, tomó posesión el de 1787, y promovido al Arzobispado de Santa Fé de Bogotá.

 25.º—El Ilustrísimo Señor Don Francisco Javier Olivares, gobernó hasta el año de 1795, que fué promovido á la Iglesia de Durango.

 26.º—El Ilustrísimo Señor Doctor Don Fermín Fuero, Dignidad de la Santa Iglesia de Oajaca: electo Obispo de Chiapa, fué consagrado en Guatemala, en la Iglesia de Religiosas Capuchinas, por el Ilustrísimo Señor Doctor Don Juan Félix de Villegas, el 11 de Setiembre de 1796: gobernó hasta su muerte, que sucedió por el mes de Julio de 1800: se enterró en la Catedral.

 27.º—El Ilustrísimo Señor Don Ambrosio Llano, Canónigo y Tesorero de la Santa Iglesia Catedral de Guatemala, Provisor y Vicario general de este Arzobispado: presentado para Obispo de Chiapa, se consagró en Guatemala, en la Iglesia del Convento de Santo Domingo, el dia 12 de Setiembre de 1802: pasó á su Iglesia que gobernó hasta su muerte que acaeció por Julio de 1815.




CAPITULO 14.º
Del partido de Soconusco.

 Las primeras tierras de este Reino que pisó el Capitán Don Pedro de Alvarado y los primeros pueblos que redujo á la obediencia del Rey de España, fueron los de la provincia de Soconusco. Esta comarca, que en el dia se halla en tanta decadencia, era en los tiempos retirados una de las mas opulentas y bien pobladas del Reino: en efecto, su cacao es el mas apreciado del mundo y el que se gasta en el Real Palacio. Era su capital la gran villa de Soconusco y de aqui tomó el nombre toda la provincia: hallábase situada entre los pueblos de Santo Domingo, Escuintla y Acacozagua. Tenia esta población en los tiempos pasados, á mas de los indios, cerca de 200 españoles; pero há mas de 200 años que se extinguió esta famosa villa; y lo mismo ha sucedido á muchos de los pueblos de este partido. Antes que se agregase á la Intendencia de Ciudad Real, la provincia de Soconusco tenia título de Gobierno, denominación que no gozaban sino es las primeras provincias del Reino, como son Nicaragua, Comayagua y Costa-Rica: lo que comprueba la estimación que de ella se hacia.

 Estuvo la provincia de Soconusco, como todo este Reino, bajo la jurisdicción de la Real Audiencia de Méjico; y aunque después de establecida la de los Confines de Guatemala y Nicaragua, permaneció Soconusco en el distrito de la de Méjico hasta el año de 1553, en que por cédula de 20 de Enero la agregó S. M. á la Real Chancillería de Guatemala; trasladada esta á la ciudad de Panamá, volvió la provincia de Soconusco a la citada Audiencia de Méjico; pero restaclecida la de Guatemala, declaró N. C. M. por cédula de 25 de Enero de 1569, que Soconusco pertenecía al distrito de la Real Audiencia de Guatemala. Por lo espiritual esta provincia de Soconusco en sus principios es regular que fuese del Obispado de Tlaxcala, como lo fué Ciudad Real; pero asi que se erigió el Obispado de Guatemala, estuvo al cuidado de su Obispo el partido de Soconusco; y el Padre Remesal, lib. 6º cap. 13, asegura que él vio en dicha provincia cálices y otras piezas de plata marcacadas con las armas del Señor Marroquin, Obispo de Guatemala. Y habiendo el Supremo Consejo de las indias, á petición del Señor Don Fr. Pedro de la Peña, Obispo de Vera-paz, agregado á dicha mitra los partidos de la sierra de Zacapulas, Soloma, Sacatepequez y Soconusco: la Magestad del Señor Don Felipe II, á solicitud del Procurador general de esta Ciudad, revocó la determinación del Consejo y mandó se vuelvan al Obispo de Guatemala la sierra de Zacapulas, Soloma, Sacatepequez y Soconusco. De donde se infiere que por los años de 1564, cuando esto pasaba, era Soconusco de la Diócesis de Guatemala. Pero habiendo representado el Señor Don Fr. Pedro de Feria, Obispo de Chiapa, con muy justificadas razones, la utilidad que resultaba á la provincia de Soconusco, de que se agregase al Obispado de Chiapa, se mandó incorporar dicha provincia en la Diócesis de Chiapa, por los años de 1592, al mismo tiempo que se nombró Obispo de Ciudad Real al Señor Don Fr. Andrés de Ubilla y llegó á Guatemala la real cédula el año de 96; y desde este tiempo ha sido la provincia de Soconusco de la Diócesis de Chiapa.

 Esta provincia fué sublevada el año de 1700 por el Licenciado Don Francisco Gómez de la Madriz, que vino á ella fugitivo de Nueva Fspaña (el mismo, que causó tantos escándalos en Guatemala el año de 1700, como se puede ver en la nota 14 del suplemento del primer tomo). El Señor Don Gabriel Sánchez de Berrospe, que por este tiempo gobernaba el Reino de Guatemala, envió á pacilicarla y á prender al referido Licenciado, al Oidor Don Pedro de Eguaras Fernandez de Ixas, que nombró su Teniente de Gobernador y Capitán General, con tropa competente y los pertrechos necesarios. Y aunque al principio fué rechazado este ejército por los rebeldes; mas habiendo vuelto á acometer á los sediciosos, fueron éstos desbaratados y puestos en fuga el espresado Don Francisco Gómez de la Madriz, causa de dicha sublevación y los otros cómplices de la sedición: con lo que se consiguió la pacificación y sociego de la provincia de Soconusco. En esta espidicion sirvieron de Cabos principales del ejército Don Juan Antonio Dighero y Don Juan Ignacio de Uría, y de Ayudante general Don Pedro de Iturbide y Azcona.




CAPITULO 15.º
De la reconquista de la provincia de Tzentdales.

 Aunque en el capítulo 2º de la geografía hemos dado alguna noticia de este suceso, ha sido de paso y suscintamente, como correspondía en una Descripción Corografica. Mas reflexionando que este pasage de nuestra historia pide ser tratado con alguna mas estension, destinamos este capítulo para dar una noticia completa de este acontecimiento, sin fallar á nuestro acostumbrado laconismo.

 Por los años de 1712, enfurecidos los indios de los treinta y dos pueblos que componian la provincia de Tzendales contra los españoles, determinaron deshacerse de ellos: para cuyo efecto, reunidos en el pueblo de Cancuc y resueltos á cabar con todos los que no fuesen de su nación, dieron cruel muerte á algunos de los Ministros Evangélicos, como fueron los W. PP. Fr. Marcos de Lamburú, Fr. Nicolás Colindres, Fr. Simón de Lara y Fr. Juan Torres, todos del Orden de Santo Domingo; y apostatando de la Fé Católica que habían abrazado, reincidieron en la idolatría y sacrilegos ritos de su gentilidad. Y como su mayor encono fuese contra los vecinos de Ciudad Real, se encaminaron para dicha ciudad hasta acamparse en el pueblo de Güistan, distante seis leguas de ella. Los referidos vecinos, hallándose sin fuerzas para resistir á una tropa que se hace juicio seria de 15,000 indios, recurrieron al Cielo, y haciendo una solemne rogación á la Santísima Virgen, sacaron en procesión una Imagen que llaman Nuestra Señora de la Caridad, quien los socorrió en tan gran conflicto; pues al tercer dia de la rogación, que fué el de la fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, consiguieron los nuestros (que eran en cortísimo número), una completa victoria de tan gran multitud de indios.

 Con tan feliz principio se comenzó la reducción de estos pueblos rebeldes; y habiendo llegado á aquella provincia del Señor Don Toribio Cosío, Caballero del Orden de Calatrava, Gobernador y Capitán general de este Reino, con un lucido ejército, que llevó de esta ciudad, se concluyó con igual éxito la pacificación del partido de Tzendales. Dio cuenta de todo lo obrado el Señor Cosío á S. M., quien en cédula de 9 de Diciembre de 1715 le da las gracias, por el zelo con que entendió en la reducción de los espresados indios apóstatas; y por despacho del mismo dia, da también muestras de su real gratitud al Señor Obispo Don Fr. Juan Bautista Alvarez de Toledo y al Oidor Don Diego de Baños, Auditor de guerra y á otras personas que tuvieron especial influjo en esta empresa. Y en cédula de 24 de Abril de 1714, dirigida al mismo Señor Cosío, después de aprobarle todo lo ejecutado, le dice: y en señal de lo bien servido que me hallo de vos, he tenido por bien honraros con un titulo de Castilla, para vuestra persona y casa. Y le encarga tenga presentes á los que han servido en esta jornada, en provisiones de encomiendas. Últimamente, por otra cédula de 24 de Febrero de 1715, manda que en atención á que la primera victoria que consiguieron las armas españolas y que abrió el paso á la reducción de los pueblos rebelados, se alcanzó el 21 de Noviembre, dia de la Presentación de Nuestra Señora, por lo que justamente se atribuyó tan próspero suceso al Patrocinio de esta santísima Señora, todos los años, en el referido dia, asi en la Catedral de Guatemala, como en la de Ciudad Real de Chiapa, se celebre una fiesta en acción de gracias, con misa solemne, cuyas espensas se hagan de su real Hacienda. En cumplimiento de esta real determinación, se celebra hasta el dia de hoy en la Catedral de Guatemala la espresada festividad, con asistencia de los tribunales, y antiguamente convidaba el sermón el Señor Presidente. En Ciudad Real se hace esta fiesta en la Iglesia de Nuestra Señora de la Caridad, con la solemnidad y fausto posible; y va á hacerla el Cabildo y Coro de la Catedral, y convida el sermón el Señor Intendente.




CAPITULO 16.º
Del establecimiento y progresos de los indios Pipiles en las costas del Mar del Sur de este Reino.

 Autzol, octavo Rey de Méjico, no habiendo podido subyugar por armas las poderosas naciones que dominaban este Reino, Quichées, Kachiqueles, Mames, Tzendales, Quelenes y Zapotecas, ocurrió al ardid, enviando gran número de indios, bajo la conducta de cuatro capitanes y un general, que introducidos en esta región con el título de mercaderes, se poblaron á lo largo de las costas del mar del Sur: era la mira de este Emperador tener gente de su parte establecida en estos países, que le ayudasen á hacer la guerra á los Señores que reinaban en ellos; pero la muerte cortó el hilo á su trama, casi al mismo tiempo que la urdía. Estos indios eran de la plebe de los Mejicanos y asi hablan la lengua Mejicana corrompida, como la hablan los niños, motivo porque se les llamó Pipiles, que en dicho idioma quiere decir muchachos. Se propagó la nación de los Pipiles en este Reino inmensamente y se estendió por las provincias de Sonsonate, San Salvador y San Miguel, como se colige de los muchos pueblos de dichas provincias, que usan la lengua Pipil.

 En tiempos posteriores, ya fuese porque viéndolos en tanto crecimiento temiesen el que se alzasen con la tierra, ó ya por otros motivos, comenzaron los indios Quichées y Kachiqueles á oprimir á los Pipiles, deseosos de extinguir esta generación. Mas estos indios, no menos por la conservación de sus nuevas repúblicas, que por sostener el crédito de sus armas, no sin particular consejo (como dice el manuscrito de los Pipiles, fól. 2º), determinaron restablecer el gobierno de sus tropas, en la forma que Autzol lo habia establecido. Pero sucedió que los capitanes de dichas tropas, en quienes residía el mando de la nación, tiranizasen su pueblo con tributos exorbitantes y con otras estorsiones. Añadióse á esto que el Señor Cuaucmichin adoptase los sacrificios de hombres, conforme al rito Mejicano, y para esto echase mano de algunos varones estimados del pueblo; con lo que, exasperado este, acometió en tropa al palacio del espresado Cuaucmichin y le dio cruel muerte á golpes de palos y piedras; y saliendo á las plazas de aquella ciudad, proclamó por Señor principal á Tutecotzimit, hombre de génio blando, de natural apacible y de escelente gobierno: el mismo pueblo depuso de su propia autoridad á los otros señores, dejándoles en la clase de Alahuaes ó cabezas de Calpul.

 Viéndose Tutecotzimit colocado en el sólio y respetado de los vasallos, pensó en perpetuar la soberanía en su estirpe: para esto crió un Consejo compuesto de ocho miembros, que escojió de la nobleza, cuidando que todos fuesen aliados y afectos á su familia. Concedió á estos consejeros cierta jurisdicción sobre el pueblo y ordenó que, á distinción de los Caciques y Principales, vistiesen ropas talares de ciertos colores, con prohibición de quo ninguno otro pudiese usarlas. Nombró considerable número de subalternos, todos de la nobleza, que ejecutasen las órdenes del Senado. Establecido el Consejo supremo de esta república, lo primero que se trató en él, fué disminuir en gran parte los tributos y contribuciones del pueblo: de esta suerte, hecho mas grato á sus subditos, Tutecotzimit, se hizo jurar en tribunal por Señor del pueblo, á si y á todos sus hijos y descendientes, en la forma que para ello establecería.

 Fenecido este acto, se trató de hacer leyes para el buen régimen de la república: en primer lugar, se discurrió sobre cosas de guerra y se nombró por Generalísimo á Pilguanzimit, hijo mayor de Tutecotzimit, con cuatro ministros de guerra de su Consejo, que le asistiesen en las disposiciones militares. En segundo lugar, se trató sobre la sucesión al trono y se determinó, que muerto el Señor, entre en su lugar el hijo mayor, que debía ser superintendente de las armas; pero que si este no estuviere en edad de tomar el mando, lo haga el hermano ó pariente mas cercano del Señor difunto, á elección del Senado; y que, llegando el primogénito á la edad necesaria, se vea por consulta del Consejo, si es capaz de gobernar el estado y si muestra inclinación á procurar los aumentos de la república y alivio de los vasallos, y no pareciendo á propósito, pase el señorío al hijo segundo; y no habiendo sucesión, el Consejo lo confiará al pariente mas cercano, siempre que se halle adornado con las prendas que se requieren para el empleo y haya mostrado en la guerra y otros cargos valor y aplicación al gobierno. Excluye de la sucesión á las hembras, porque no es conveniente que entre un estraño al señorío por casamiento; pero no las defrauda de otras herencias, como tierras, casas y esclavos. Igualmente se estableció por ley, que para todos los oficios de la república y de la guerra no se elijan sino nobles, y que éstos pasen por el examen y esperiencia de los oficios menores, para ascender á los mayores. Hizo también leyes para el castigo de los malhechores: á los ladrones se les daba la pena de destierro perpétuo: á los homicidas por alevosía se mandaba fuesen despeñados; y del mismo modo se proporcionaban las penas á los otros delitos, muy conforme á razón: bastando lo dicho para que se conozca, que no obraban sin ella estos indios, que al presente en su apagamiento nos parecen tan estólidos, ignorantes y bárbaros.




CAPITULO 17.º
De la conquista de las provincias de este Reino que ocupan las costas del Mar del Sur.

 Entró Don Pedro de Al varado con su ejército en el Reino de Guatemala por la provincia de Soconusco: en ella tuvo que superar la resistencia de los indios de Tonalá y otros pueblos del partido de Soconusco: debelados éstos y subyugada la provincia, pasó á la de Zapotitlan, hoy Suchiltepequez, que también fué conquistada y los indios de Zapotitlan, obligados á rendirse á los Españoles y dar la obediencia á los Reyes de Castilla. De aquí pasó Alvarado á Quezaltenango, Utatlan, y últimamente llegó á Guatemala, donde fué recibido de paz, y agasajado por los Kachiqueles y fundó la Capital. Reposó en esta Ciudad algunos dias y refrescó el ejército, que bien lo necesitaba después de tantas guerras, sudores y fatigas.

 En este tiempo recibió Don Pedro de Alvarado embajadas de varios Caciques de la nación Pipil, que habitaban las costas del Mar del Sur, ofreciéndose por vasallos del Rey de España; y estos indios informaron á Alvarado, que los de Escuintepeque ó Escuintla no dejaban pasar por sus tierras á los amigos de los cristianos, y que era gente perjudicial y dañosa á los vecinos. No fué menester mas para que Alvarado determinase hacer la guerra á dichos indios. Salió para esta espedicion con algunos soldados Españoles y muchos indios Kachiqueles: era la jornada trabajosa, porque como los naturales de Guatemala y los Pipiles no se trataban, estaban los caminos cerrados, y asi tuvo que irlos abriendo el ejército con inmenso trabajo, de suerte que gastaron un dia en andar solas dos leguas; pero, sin embargo de las dificultades que se ofrecían en tan penoso viage, logra- ron á la tercera noche acampar muy inmediatos al gran pueblo de Escuintepeque y sin ser sentidos de sus moradores. Estaba la noche muy oscura y lluviosa y cuando se hallaban los escuintecos mas descuidados y en profundo sueño, oyeron por tres diversos rumbos que les tocaban al arma: aturdidos con tan inopinado suceso, muchos de ellos huyeron á los montes, mas los indios principales y cabezas de Calpules se refugiaron á unas casas fuertes, donde se atrincheraron y defendieron por largo tiempo, hiriendo á algunos Españoles y matando muchos de los indios amigos. Viendo Don Pedro de Alvarado que ya iban cinco horas de combate y no se rendían, puso fuego al pueblo por varias partes, y no bastando esto para que se entregasen, hizo intimar al Cacique principal, que si no daban la obediencia al Señor Emperador Carlos V, talaría y destruiría sus sementeras y plantíos de cacao. Con esta amenaza se rendieron y juraron obediencia al referido Emperador, Rey de España. Mantúvose Alvarado en el pueblo de Escuintla algunos días, haciendo que los indios principales redujesen á su suelo a los que andaban dispersos por los montes y reparasen los daños que el fuego habia causado. Y en este tiempo vinieron á reconocer á Don Pedro de Alvarado y darse por vasallos del Rey de España, algunos pueblos de aquella gran comarca, entonces mucho mas poblada y floreciente que en el dia.

 Ocho días gastó Alvarado en estas funciones y después salió el ejército de Escuintepeque á continuar su jornada. Componíase éste de 250 infantes Españoles, 400 caballos, 6,000 indios amigos de las cuatro naciones Guatemalteca, Tlaxcalteca, Mejicana y Choluteca. El primer tropiezo que detuvo la marcha al ejército Español, fué el rio de Michatoyat; mas este, aunque con trabajo, se superó, formando un puente de madera. Pasado el rio, tuvo que combatir con una gruesa tropa de indios del numeroso pueblo de Atiquipaque: trabóse reñida batalla, en la cual uno de los Capitanes hirió con una lanza el caballo de Don Pedro de Alvarado, que desmontado peleó con él, y le mató: mantúvose por mucho tiempo indecisa la victoria; mas húbose de declarar por los Españoles. El siguiente dia entraron en el citado pueblo de Atiquipaque, que hallaron desierto; mas á breve rato, fueron acometidos los nuestros con fiereza dentro del mismo pueblo, por un nuevo escuadrón de indios, que los hizo pelear por largo tiempo, hasta que saliendo del pueblo á campaña libre, revueltos entre sí los indios volvieron las espaldas. De aqui pasó el ejército á la espugnacion de Taxisco, lugar no menos populoso que el precedente: en el camino que conducía á dicho pueblo, hicieron los indios muchos fosos encubiertos, en que habiendo peligrado algunos de los nuestros, obligaron al ejército á andar con gran cautela: también previnieron muchas emboscadas, que saliendo al pasar nuestras tropas, nos mataron muchos indios amigos, que iban en la retaguardia y quedándose atrás perecían á manos de los enemigos: por lo cual Don Pedro de Alvarado, ordenó que parte de la caballería fuese detras de la retaguardia, para que defendiese á los indios de las asechanzas de los contrarios. Llegó nuestra caballería muy cerca de Taxisco, é hizo alto en este parage todo el ejército: aqui fué reciamente acometido de tres numerosos escuadrones de indios, el uno que bajó de la sierra de Nextiquipaque, otro que salió del pueblo de Taxisco y otro que vino de Guazacapam, que bien fué menester todo el esfuerzo de los Españoles y la destreza de su General, para no quedar desbaratados por tan gran multitud de indios guerreros. Antes por el contrario, fueron puestos en fuga los de Guazacapam, rotos los de la sierra, y los de Taxisco desampararon la campaña y quedaron sojuzgados y su gran pueblo en poder de los Españoles.

Pasó Don Pedro de Alvarado, con gran celeridad, de Taxisco al famoso pueblo de Guazacapam, con la mira de que sus habitantes no tuviesen tiempo de prevenirse; pero halló este pueblo, como que era cabeza de señorío, asistido de los dependientes y aliados de Nextiquipaque, Chiquimulilla, Guaimango y Guanagazapa, con cuyo grueso número de combatientes hicieron una vigorosa resistencia; mas no pudieron cotrarrestar al valeroso esfuerzo de los Españoles, que los desbarataron y pusieron en fuga. Hallóse el pueblo de Guazacapam solo y desamparado de sus moradores y en ocho dias que estuvo en él Alvarado, no pudo conseguir que viniesen los indios y se redujesen á buena amistad; y asi quedó malogrado el trabajo de esta jornada, no consiguiéndose sojuzgar este señorío hasta el aüo de 1526, en que ya escarmentólos los indios con sus descalabros, se hubieron de sugetar á S. M. á esfuerzos de Don Pedro Portocarrero, Alcalde ordinario de esta Ciudad, que dejó por su Teniente General Don Pedro de Alvarado. Pero no podemos pasar en silencio el estravagante estilo de estos indios de Guazacapam de pelear con campanillas en las manos, sin que se haya podido brujulear cual sea el fin de uso tan estraño.

 Continuó sus marchas el ejército, dirigiéndose para Pazaco, pueblo cuya espugnación se hacia dificil, asi por su situación, como por la ayuda de sus aliados y circunvecinos los pueblos de Sinacantan, Nancinta y Tecuaco, con otros mas dístantes que también concurrieron á sostenerlos; pero sobre todo, por el grande y caudaloso rio de los Esclavos, que impide el paso. Mas como las dificultades y peligros parece que servían de espuela á nuestros Españoles, no deteniéndolos nada de esto, caminaron para el espresado pueblo. Pero los indios se valieron de un ardid, que hizo grave daño á nuestras tropas: pues sembrando el camino de estaquillas, lastimaron los pies de los infantes y los cascos de los caballos: ni paró en esto el daño, porque estando algunas de las referidas púas envenenadas, hacían morir dentro de dos ó tres dias a los heridos con insaciable sed. Conocido el ardid, aunque tarde, siguieron los Españoles su camino, estraviando las sendas y llegaron á las márgenes del rio de los Esclavos, que pasaron sin que se sepa si fué á nado ó por algún puente que fabricaron. Superadas estas dificultades, marchó el ejército sin tropiezo hasta las inmediaciones de Pazaco: aqui se dejó ver una multitud de guerreros, que defendiendo la entrada del pueblo con una espesa lluvia de saetas, vara y piedra, casi hacían desconfiar á los nuestros de la victoria. Trabóse una sangrienta batalla, en que pelearon con gran constancia unos y otros por largo tiempo, hasta que desesperados los indios viendo el valor y tesón de los Españoles, huyeron y se refugiaron á los montes. Quedando en esta ocasión el partido de Guazacapam, ni bien libre, ni bien sugeto; porque unos pueblos quedaron á nuestra devoción y otros en su propio dominio y libertad. Entre los primeros es digno de notarse el famoso pueblo de Tejutla, á cuatro leguas de Guazacapam, que sirvió de plaza de armas á los Españoles, y en tiempo de la gentilidad, se regia por tres gobernadores independientes; mas sin especial contraste se fué lentamente disminuyendo, hasta acabarse del todo ácia la mitad del siglo décimo sétimo.

 Asegura nuestro cronista Don Francisco de Fuentes, que en esta en jornada anduvo Don Pedro de Alvarado 400 leguas, lo que nos hace pensar que atravesó todas las provincias que se hallan situadas en las costas de la mar del Sur, como son Sonsonate, Cuscatlan, hoy San Salvador, y Chaparrastique, que en el dia llaman San Miguel. Mas habiendo reservado el referido cronista tratar de dichas provincias, para la tercera parte de su obra, perdida ésta, por desgracia nuestra, pocos años después de la muerte del autor, no tenemos de donde sacar noticias circunstanciadas de los sucesos de esta famosa espedicion: únicamente sabemos por los libros de Cabildos de esta Ciudad, que el dia 8 de Enero de 1525 ya estaba de vuelta en Guatemala Don Pedro de Alvarado, pues dicho dia asistió á Cabildo. Y a la verdad no fué poco hacer, subyugar en tan corto tiempo provincias de tan vasta estension y tan populosas; pues las mas de ellas estaban sin comparación mas pobladas que al presente.

 Pero también es cierto que, como dijimos arriba, algunos pueblos quedaron libres y sin sujeción á los Españoles. Uno de estos fué el de Jumai: el que, á mas de no reconocer á los Gobernadores del Reino, siendo sus naturales inquietos y revoltosos, daban bastante en que entender á nuestras armas: unas veces confederados con los de Jalpatagua, otras con los de Petapa y otras de los pueblos vecinos, ocasionando molestas espediciones á nuestras tropas. Esto obligó á tratar en junta particular de la milicia la conquista y reducción de Jumai, único remedio de tantos daños. Para este fin se juntó un ejército de 80 infantes Españoles, 50 caballos y 1,000 indios; y se nombró por Cabo principal al Capitán Juan Pérez Dardon.

 Salieron de Guatemala y llegando á las márgenes del gran rio de los Esclavos, las hallaron defendidas por los indios de los pueblos de Sinacantan y el de los Esclavos. No pareció prudencia al Cabo del ejército esponer a su gente, comabtiendo á un mismo tiempo con las corrientes del rio y con los enemigos; y asi levantó el campo, y fingiendo volverse para Guatemala, tomó las espaldas á unos montes y tornó á encaminarse para el rio a puesto mas alto: halló este sitio libre de enemigos, fabricó un puente de maderos, por donde pasó el ejército felizmente, y caminando por el valle de Jumai, tuvo que combatir con una tropa de indios, que le salió al encuentro: después de haber peleado largo rato, fingieron los indios retirarse á un montecillo y trajeron tras de sí á los Españoles, haciéndolos caer en la red que les tenian prevenida; pues lo mismo fué que estos empezasen á subir, que bajar del ribazo un torrente de piedra, que no poco daño hizo al ejército, repitiéndose esto una y otra vez, hasta que se consumió el material. Entonces, libres los nuestros de este peligro, subieron al cerro é hicieron á los indios desamparar el puesto y se señorearon de aquella eminencia.

 El Cacique de Jumai, Tonaltet, viéndose privado de aquel propugnáculo, hizo una embajada al Capitán Juan Pérez Dardon, ofreciendo dar la obediencia y pidiendo al dicho Capitán pasase á su pueblo; mas éste, habiendo percibido que el Cacique tramaba alguna traición, le mandó decir, que muy bien sabia la doblez con que obraba. Descubierto el ardid, se quitó la máscara Tonaltet é hizo salir de Jumai un numeroso ejército, compuesto de los indios de los pueblos vecinos y aliados que se habian adunado á la defensa de su córte y provocando á los nuestros á la batalla, fueron contra toda su espectacion deshechos, quedando en el campo gran número de muertos y heridos. Pasó el ejército Español al pueblo, y hallándole solo, se enviaron algunos prisioneros en busca de los demás, ofreciéndoles el perdón y la paz; pero volviendo los mensajeros con la respuesta de que no querían venirse, se puso fuego al pueblo y dando los Españoles sobre los indios, que andaban dispersos por varios sitios, hicieron prisioneros á muchos y entre ellos algunos Caciques, los cuales por su rebeldía pareció conveniente marcarlos, para que fuesen conocidos por esclavos; y siendo estos los primeros rebeldes que se herraron, se dio al parage en donde por aquel tiempo habitaron, el nombre de pueblo de los Esclavos.




CAPITULO 18.º
De algunas cosas dignas de notarse que se encuentran en la provincia de Escuintla.

 Las cosas notables que se admiran en la provincia de Escuintla, unas son naturales, como la Peña de Mirandilla, la Barra de Iztapa: otras artificiales, como el puente del rio de los Esclavos: unas son del reino animal, otras del vegetal.

 La Peña de Mirandilla es un peñol ó promontorio de peña viva, de tanta elevarion, que se deja ver á muchas leguas de distancia: la cima de ésta vasta mole es de la figura de un perfectísimo cofre, con el aditamento que, la que parece tapa del cofre, se halla taladrada de tal arte, que la pasan los rayos del sol de un lado á otro, lo que sin duda es efecto de los muchos rayos que descargan las nuves sobre este promontorio; porque, ó sea por su elevación ó por su materia, pues se observan en esta peña algunas vetas de estaño, es constante que cuantos rayos engendra la esfera en aquella comarca, vienen á dar á este admirable peñol.

 La Barra de Iztapa se hizo famosa desde el tiempo del gobierno del Adelantado Don Pedro de Alvarado, que equipó en ella sus armadas los años de 1534 y 1539, fabricando en dicha ensenada la primera vez cinco navios y la segunda trece. Esta barra es muy apreciable por las comodidades que ofrece para el comercio, pues por ella se podía traficar con grandes ventajas por la mar del Sur. Lo primero, por su cercanía á esta Ciudad y que á poca diligencia se podían llevar las mercaderías y bastimentos en carros, como en efecto se condujeron asi el año de 1539, habiendo abierto y allanado el transito el Regidor Antonio de Salazar, como se ve por el Cabildo de 31 de Enero de dicho año. En segundo lugar, tiene buen surgidero y entrada segura y libre, sin bajos ni arrecifes que la hagan peligrosa. En tercer lugar, es muy fácil poner este puerto en estado de defensa; pues con un reducto de cuatro ó seis piezas, están las naves aseguradas y defendidas. Pero aun se encuentran mayores comedidades para la fábrica de embarcaciones; pues en sus cercanías se hallan montañas vírgenes é inagotables, porque es tal la fertilidad de estas tierras, que del corte de un palo brotan cinco ó seis pimpollos, que al cabo de cuatro años son árboles robustos y elevados: los cedros que se crian en ellas son de tal corpulencia, que solo pueden ceñirlos siete ú ocho hombres asidos de las manos: abunda el palo de María, para árboles de las naves: la provisión de cabuya es sobrada, porque en toda esta costa se da la pita, que es mejor que el esparto, para los cables y demás jarcia de los navios: la brea y alquitrán se halla muy buena y barata en el valle de Jumai, no muy distante de este puerto. Últimamente, para cargar los buques ofrece esta comarca el cacao y otros frutos, y del mismo astillero se puede sacar mucha tablazón de cedro y de caoba, muy apetecida en otros países. Pero sin embargo de tantas proporciones como se encuentran en este puerto, para entablar el tráfico mas floreciente, aunque varias veces se ha intentado abrir, como se ve por los Cabildos de 2 de Mayo de 1590, de 16 de Enero de 1591 y 30 de Abril de 1596, nunca ha tenido efecto.

 El puente del rio de los Esclavos es el mas magnífico y suntuoso que tiene el Reino: hemos dado su descripción en el capítulo 2º de la geografía y ahora vamos á dar su historia. Siendo el referido rio de los Esclavos bastantemente caudaloso, sucedía frecuentemente que en las crecientes cerraba el paso é impedía el comercio entre los vecinos de esta Ciudad y los de las provincias Orientales de este Reino, causando notables atrasos á unos y otros. Esto movió al Procurador Sindico de esta Ciudad, Baltazar de Orena, por los años de 1579, á pedir se levantase un puente sobre el espresado rio, para evitar estos inconvenientes y escusar el que algunas personas inconsideradas se arrojasen á pasar el rio en tiempo que estuviese crecido y pereciesen. Mas esta pretensión no tuvo efecto, hasta que el año de 1591 la suscitó el Síndico Gabriel Mejia, y en Cabildo de 16 de Enero se cometió a Pedro de Solórzano, que reconociese dicho rio; y habiendo este Regidor cumplido su comisión, é informado al Cabildo sobre el asunto, en congreso de 8 de Noviembre de 1591 se trató de poner en ejecución la obra y se determinó sacar las costas de la sisa impuesta sobre el vino, y que el Sindico pidiese al Señor Presidente, mande que las ciudades de San Salvadar y San Miguel y la villa de Sonsonate ayuden á hacer las espensas para la citada fabrica, pues son aun mas interesadas en ella, que la Ciudad de Guatemala. Comenzóse esta importante obra el dia 17 de Febrero de 1592, sirviendo de arquitectos Francisco Tirado y Diego Felipe, bajo las órdenes de Don Rodrigo de Fuentes y Guzman, que fué Alcalde Ordinario aquel año; y se trabajó con tal empeño en la construcción de este escelente puente, que en el mismo año casi quedó concluido. Pero sin embargo de la fortaleza de esta obra, hecha de piedra canteada, el continuado curso de las aguas y las crecientes del rio habiendo gastado y roto parte de los arcos, de tal manera que no pudo pasar por él el Señor Don Diego de Acuña, Presidente de esta Real Audiencia, por los años de 1626, dicho Señor lo mandó reparar y reforzar. Y poco tiempo después, necesitando nuevos reparos, el Señor Presidente Don Alvaro de Quiñonez Osorio, Marques de Lorenzana, en 25 de Enero de 1636, dió amplia comisión á Don Francisco de Fuentes y Guzman, Alcalde Ordinario de esta Ciudad, para que con independencia del Corregidor de Guazacapam, repare los daños que habia padecido este famoso puente; y en virtud de el referido Alcalde, con consulta del arquitecto y maestro de mampostería, hizo levantar un bastión en medio de la madre, que cortando el agua con su punta triangular, derrama y peina las corrientes con lenidad, dirigiéndolas á los ojos del puente, é impide que los grandes arboles que trae en sus crecientes este rio, se atraviesen en los arcos, haciendo vayan de punta á ellos y pasen con las corrientes. Y todas las espensas de esta obra se hicieron de los propios de esta Ciudad. Mas siendo como es tan grande la altura de este puente, en las grandes crecientes suelen subir las aguas de modo que pasan sobre sus pretiles: asi sucedió el año de 1762, en que habiendo sido copiosas las lluvias, especialmente la noche del dia 8 de Octubre, fué tal la creciente del rio de los Esclavos, que pasó por sobre el puente, se llevó los pasamanos y lo maltrató considerablemente, costando no pocos pesos su restauración.

 Se encuentran en estas costas muchos animales dignos de notarse, ya por sus figuras, ya por sus propiedades, como la danta, el lagarto ó Caimán, el papagayo ó loro, el guacamayo y otros, cuya descripción se halla en el diccionario de Don Antonio de Alcedo, al fin del tomo 5.º Solo echo menos en dicho autor, por lo que toca á estas provincias de que vamos hablando, las hormigas guerreras y la culebra tepulcuat. Las primeras son duplo mayores que las hormigas comunes: andan siempre en forma de un numeroso ejército y se dirigen á los poblados: en la casa donde entran, repartiéndose por toda ella, no dejan viva sabandija alguna, no perdonando aun á los animales grandes, como culebras ó escorpiones, porque como son innumerables, se pegan por todas partes á la culebra, sapo ó rata que encuentran y no solo las auyentan, sino que las matan y devoran hasta los huesos; y asi que está limpia aquella casa, pasan á otra y hacen lo mismo. Pero si al entrar en la casa donde van á hacer este servicio, reciben algún daño, muerden á quien se lo hace y se salen de ella sin limpiarla de sabandijas. La culebra que los indios llaman tepulcuat, tiene dos cabezas una de cada estremo é indiferentemente anda para un lado y otro, sin dar vuelta: es de color plateado y su largo es mayor ó menor según la edad: escrementa y engendra por la mitad del cuerpo: no se sabe que muerda ni pique; pero si percibe que alguna persona está purgando el vientre, con la mayor ligereza se le introduce en el intestino, para cuyo efecto, siendo del grueso de una cadena de a libra, se alarga de modo que queda como una aguja de arria. El remedio para sacarla es sentar al paciente sobre un vaso con leche caliente, y al olor de la leche sale la culebra por sí misma. Fuentes. tom. 2º lib. 2º cap. 6.º

 Se haría interminable este capítulo, si hubiésemos de describir los vegetales que se crian en estas provincias, dignos de notarse por sus virtudes medicinales ó por otras comodidades que traen á la naturaleza humana; pues en ellas se da el precioso fruto del cacao, en la de Soconusco, el mejor que se conoce; y en las de Suchiltepequez y Escuintla, el mas apreciable, después del de Soconusco: fruto útil y necesario, no solo para el chocolate, bebida regional en estos países y que se ha estendido su uso á gran parte de la Europa, sino que también produce la que llaman manteca de cacao, remedio para varias dolencias, ya tomada, ya untada. El palo de María, cuya leche es escelente remedio para cerrar las heridas, deshacer tumores y para otras enfermedades. Palo canela, asi llamado por parecerse su olor al de la canela de Ceilan; pero no en el gusto, porque esta es amarga, es estomacal y tiene varios usos en la medicina: sirve para curar las cuartanas. Llámase también cascarilla de loja. El árbol de ule, de cuyas cortezas se hace papel, y asegura el cronista Fuentes que en su tiempo se conservaban en el archivo del Cabildo algunos memoriales escritos en estas cortezas: picando el tronco de este árbol, vierte un humor copioso, que dándole cocimiento sirve para betunar una bola, con la cual se puede pasar un rio ó una ciénega á pié enjuto. También se da en estos partidos el tamarindo y la cañafistola, escelentes purgantes: la pimienta longa ó cordoncillo, la raiz que llaman suchilpactli, la escorcionera, el jenjibre, orejuela y otras innumerables.

 Igualmente son muchas, muy gustosas y saludables las frutas que se dan en esta comarca; pero solo hablaremos del plátano, que aquí llaman gordo y en otras partes banano, para distinguirlo de otras especies de plátanos; y preferimos esta fruta á otras mas notables, ya por sus virtudes medicinales, como la piña ó ananas; ya por lo delicioso de su gusto, como la misma piña, la guanábana, el chicozapote ó níspero; ya por lo hermoso del color, como el zapote encarnado; asi porque dicha fruta es la materia de mayor tráfico de esta provincia, como porque es la que mas utilidades trae á la humanidad. Su descripción se puede ver en el Vocabulario de las voces provinciales de América, de Don Antonio de Alcedo, y nosotros nos ceñiremos a hacer un resumen de los diversos usos que tiene el banano en estos paises. Primeraramente, es un alimento sustancioso, y cada plátano presenta mucha cantidad de materia nutritiva, sin hueso, ni cosa que no sea alimenticia: la gente pobre lo come verde y maduro: los ricos siempre maduro, que asi es de muy agradable sabor, y también es de esquisito gusto; de suerte que es preferible á los higos pasados, que nos traen de Europa, el plátano pasado al sol: cómese igualmente el banano cocido, asado, frito, en almivar y se hacen con él muchos y muy sabrosos guisados. Y por último, esta fruta suple la falta del maiz, alimento de primera necesidad. El cronista Fuentes (tom. 2º lib. 1º cap. 11) asegura, que asados estos plátanos en un horno, descortezados y molidos, puesta esta pasta bien apretada en una vasija por término de quince dias, después desleída en agua y pasada por una manga, destila cierto vino, que no se distingue del que llaman ojo de gallo. Mas la abundancia y facilidad con que se da esta fruta, hace que no se estime.




CAPITULO 19.º
De la fundación y progresos de la ciudad de San Salvador.

 Esta noble ciudad se halla situada en la provincia de Cuscatlan: ya dijimos en el cap. 6º que nos parece muy probable, que esta comarca la subyugó Don Pedro de Alvarado, á fines del año de 1524 ó principios de 25; así porque los autores afirman, que en la jornada que el referido Don Pedro hizo dicho año de 24, anduvo 400 leguas, como porque el año siguiente de 25 se vé, por los libros de Cabildos, que lo pasó en Guatemala, y el de 26 que partió para Trujillo, hizo su viage por esta provincia de Cuscatlan, lo que persuade que ya estaba sujeta. Sin embargo que Don Pedro de Alvarado no llegó a Trujillo, porque en la Choluteca tuvo noticia que Don Fernando Cortes, á quien iba á cumplimentar, se habia embarcado para Méjico y asi tomó la vuelta para Guatemala; en el breve tiempo que tardó en llegar á la Choluteca y regresarse á Cuscatlan, se sublevó esta provincia y la halló de guerra cuando llegó á ella. Pero la sojuzgó con el lucido escuadrón que traia, compuesto de los Caballeros que llevó consigo y de los que venían con el Capitán Luis Marín, que habían acompañado á Cortes en la penosa jornada de las Hibueras. Llegó á Guatemala Alvarado é inmediatamente salió para la Corte: por su ausencia nombró Marcos de Aguilar, Justicia Mayor de la Nueva-España, por su Teniente en este Reino, á Jorge de Alvarado. Este Caballero, digno hermano de Don Pedro, para tener sujeta la provincia de Cuscatlan, que era una de las mas ricas de esta gobernación, dispuso se fundase en ella una villa de Españoles, la que nombró San Salvador, por haberse ganado la última batalla que sujetó esta provincia á los Españoles, el 6 de Agosto de 1526, día en que la Iglesia celebra la Transfiguración del Señor, y por esta misma razón se dedicó la Iglesia parroquial al Salvador y se hacia la reseña de este triunfo, sacando el real pendón la víspera y día de dicha fiesta, por las calles principales, con lucido acompañamiento de Caballeros. Mas esta pomposa ceremonia se ha trasladado á la pascua de Navidad, en atención á que el espresado día 6 de Agosto están en sus haciendas casi todos los vecinos de esta Ciudad y que es tiempo de lluvias en estos países.

 Llegaron á Cuscatlan los Españoles que envió Jorge de Alvarado á fundar la referida villa, que todos eran de la primera nobleza de Guatemala, á fines de Marzo de 1528 y escogido el sitio para plantar la población, el dia 1º de Abril de dicbo año, establecieron y fundaron la Villa de San Salvador, tomando posesión de sus empleos los oficiales nombrados por Jorge de Alvarado: Diego de Alvarado, Justicia Mayor y Teniente de Capitán general en toda la provincia: Antonio de Salazar y Juan de Aguilár, Alcaldes Ordinarios: Pedro Gutiérrez de Guiñana, Santos García, Cristóval Saluago, Sancho de Figueroa, Gaspar de Zepeda, Francisco de Quiros y Pedro Nuñez de Guzman, Regidores: Alguacil mayor Gonzalo Ortiz: Visitadores de la provincia, Gaspar de Zepeda y Francisco de Quiros: Tenedor de bienes de difuntos, Antonio Bermudez; y Procurador de la villa, Luis Hurtado. Aumentóse la villa de tal suerte, que á los quince años de su fundación le concedió título y honores de ciudad el Señor Emperador Carlos V, en cédula de 27 de Setiembre de 1543. El primero que ejerció el oficio de Cura de la villa de San Salvador fué el P. Pedro Jiménez, quien lo sirvió hasta 24 de Agosto de 1529, que se despidió: pidieron los vecinos un Clérigo á Guatemala para Cura y se les envió á el P. Francisco Hernández: lo recibió la villa por su Párroco, el 15 de Octubre del mismo año y permaneció en este oficio hasta 17 de Junio de 1530, en que se recibió una provisión del P. Fr. Domingo de Betanzos, el que, en virtud de las facultades que tenia el Ilustrísimo Señor Don Fr. Juan Zumarraga, Obispo de Méjico, á cuya Diócesis pertenecía este Reino, nombró Cura déla ciudad de San Salvador al P. Antonio González Lozano. En los tiempos posteriores, hasta el presente, ha tenido dos Curas esta ciudad: el uno administra en la ciudad y el otro en los pueblos anexos; pero, en tiempo del gobierno del Ilustrísimo Señor Doctor Don Cayetano Francos Monroy, hubo novedad en este Curato; porque, advirtiendo dicho Señor Arzobispo, que el pueblo de la Asunción de Mejicanos y sus anexos, que era Curato separado de el de San Salvador, estaban mas inmediatos á la referida ciudad, que los pueblos de San Gerónimo Nejapa y los otros anexos del espresado Curato de San Salvador; unió los primeros á dicho beneficio y de los segundos formó el Curato de Nejapa.

 Por los años de 1549, el Doctor Tomás López, de orden de la Real Audiencia, visitó la provincia de Cuscatlan y ciudad de San Salvador; y el siguiente de 50, lo hizo el P. Fr. Tomás de la Torre, por comisión del Ilustrísimo Señor Don Francisco Marroquin: estos Visitadores hallaron en dicha provincia muchos desórdenes, á que era necesario poner remedio y el que les pareció mas conveniente fué fundar Convento del Orden de Santo Domingo, en la ciudad de San Salvador: para este efecto volvió á dicha ciudad Fr. Tomás de la Torre, acompañado de Fr. Vicente Ferrer y Fr. Matías de Paz, y por si acaso habia alguna resistencia de parte del vecindario, envió la Real Audiencia al referido Oidor Tomás López, el que con prudencia y suavidad sosegó los ánimos de los que resistían la fundación: esta se efectuó á fines de Julio de 1551, tomando los Padres posesión del sitio que les pareció conveniente, y se trabajó con tanto calor en la obra del Convento, que al año de comenzado ya se hallaba muy adelantado y proveído de muebles, plata y ornamentos para la Iglesia. Esta casa se declaró por la cuarta de la provincia en las actas del primer capitulo provincial, celebrado en el Convento de Guatemala, dia 27 de Enero de 1553; y en el que también se celebró en Guatemala el dia 8 de Mayo de 1556, se hizo Priorato: en el capítulo intermedio, celebrado en Guatemala á 16 de Enero de 1790, se señaló este Convento para que se cumpla la ordenación que manda que en cada provincia haya una Casa donde se guarden las constituciones con todo rigor, sin admitir dispensa alguna.

 A principios del año de 1574 se recibió en Guatemala una real cédula de 11 de Agosto de 1573, en que S. M. encarga se edifiquen Conventos en los lugares que hubiere necesidad de ellos. En virtud de este real rescripto el Señor Presidente, Doctor Pedro de Villalobos, mandó librar real provisión, su fecha 31 de Mayo de de 1574, con inserción de una cédula de 1º de Marzo de 1543, en que ruega y encarga al P. Provincial de San Francisco, funde Conventos de su Religión en las provincias de los Izalcos, Cuscatlan y Honduras. Con estos reales despachos salió de Guatemala, acompañado de algunos Religiosos, el P. Fr. Bernardino Pérez, y habiendo fundado el Convento de la villa de Sonsonate, pasó á la ciudad de San Salvador, donde fué muy bien recibido de aquel vecindario y patrocinado del Licenciado Jofre de Loaiza, que se hallaba visitando aquella tierra. Dieronle cuatro solares para Iglesia y Convento: éste se comenzó á edificar el dia 20 de Setiembre de 1574 y se le dio por titular á San Bernardino de Sena; pero después se ha llamado de San Antonio. En el capítulo que se celebró á 1º de Octubre de 1575, se le dio titulo de Guardiania; y el 15 de Octubre de 1577, el Ilustrísimo Sr. Don Fr. Gómez Fernandez de Córdova asignó á esta Guardiania las doctrinas de Santo Tomas, Santiago y San Marcos Texacuangos.

 La Religión de Nuestra Señora de la Merced intentó fundar Convento en esta ciudad desde el año de 1593; mas no lo pudo efectuar hasta el de 1623. En las Iglesias de dicha ciudad se hacen muy solemnes funciones: en la parroquial, á mas de la titular, se celebra con gran pompa y magnificencia la fiesta del Corpus: las Religiones solemnizan con gran fausto las fiestas de sus Patriarcas: en la ermita de la Presentación de Nuestra Señora se celebra este misterio por ocho dias, con estraordinaria solemnidad. Toda la provincia de Cuscatlan es combatida de temblores de tierra: los que han dejado mas nombre son los de los años de 1575, 1593, 1625, 1656 y 1798. Véase la descripción topográfica de la ciudad de San Salvador en el tom. 1º tr. 1º cap. 2º de esta obra; y también se pueden ver las Crónicas de Remesal, lib. 9º cap. 3º y 4º y de Vázquez tom. 1º lib. 2º, cap. 9º, 10, 11 y 12.


ESTADO DEL VECINDARIO
DE LA CIUDAD DE S. SALVADOR, AÑO DE 1790.
Casados Viudos. Solteros. Párvulos. Totales.
Españoles. 0069 0042 0077 0101 0614
Mugeres. 0069 0053 0087 0116
Ladinos. 0777 0093 1201 2695 10860
Mugeres. 0777 0150 2206 2959
Indios. 0228 0009 0013 0022 0585
Mugeres. 0228 0016 0022 0038
Totales. 2148 0365 3608 5938 12059




CAPITULO 20.
De la invasión que hizo Martin Estete en la provincia de San Salvador.

 Como en los tiempos inmediatos á las conquistas de estos Reinos no estuviesen deslindados los términos y confínes de las provincias y por otro lado la ambición y codicia de los hombres con nada se sacia; cada Gobernador quería estender los límites de su territorio hasta donde alcanzaban sus deseos. Mucho mas si en las inmediaciones de su distrito habia tierras ricas ó por sus minas ó por sus frutos. Bien sabidos son los esfuerzos que hicieron los Gobernadores de Honduras y Nicaragua por incorporar el valle de Olancho, famoso por sus ricas velas de oro, en su provincia y jurisdicción, pretendiendo cada uno que le pertenecía.

 No siendo bastante cosa alguna á saciar la codicia de Pedrarías Dávila. intentó á fines del año de 1529, apoderarse de la provincia de San Salvador, bajo el mismo pretesto de pertenecer al distrito de su gobierno de Nicaragua. Con este designio envió al Capitán Estete, acompañado de 90 caballos y 110 infantes: introdújose este Capitán por las provincias de Chaparrastique ó de San Miguel, á tiempo que el Capitán Diego de Rojas se hallaba pacificando á unos indios alzados de la otra parte del rio de Lempa: fue avisado Rojas que había otros Castellanos en la tierra, pareciéndole cosa estraña, y determinó irlos á reconocer con cuatro caballos y cuatro peones: eran 200 los soldados de Estete, que, en llegando Rojas, lo prendieron con sus compañeros. Algunos de los indios que llevaba Diego de Rojas, viéndolo preso se huyeron y dieron aviso á sus soldados: estos, siendo pocos, no se atrevieron á acometer á los de Estete, sino que se retiraron á la villa de San Salvador: de aqui avisaron á la Ciudad de Guatemala

 Por este tiempo era Gobernador interino de este Reino Francisco de Orduña, el que con esta noticia remitió una provisión contra Martín de Estete, en que le manda que si trae orden de S. M. para introducirse en estas provincias, la manifieste y si no, salga de la tierra, y con esto quedó muy sosegado; pero no asi los vecinos de esta Ciudad, que no pudiendo ver con indiferencia la indolencia con que el Gobernador dejaba perder la tierra, que con tanto trabajo habian ganado, no cesaban de lamentarse y aun motejar de cobarde al referido Gobernador. Habiendo llegado á sus oidos estos clamores, mandó convocar Cabildo abierto, para el día 24 de Febrero de 1530, al que asistieron, á mas de los Capitulares, otros caballeros y el P. Juan Godinez: en este Congreso propuso Orduña los daños que Estete ha hecho en la provincia de Cuscatlan y que á la provisión que le envió responde de mala manera. Los del Cabildo y demás vecinos dijeron que ya saben como la gente de Pedrarías con mano armada ha entrado en los límites de esta provincia, y que sin título de S. M. quiere poner la de San Salvador en la Gobernación de Tierrafirme; y asi piden al Señor Gobernador salga en persona á visitar los límites de esta jurisdicción, que ellos están prontos á acompañarlo. A que contestó Orduña, que está aparejado á hacer esta jornada; pero que para ella se necesita de gente de apié y á caballo, y que asi se pregone la jornada, para saber que gente quiere ir.

 Celebróse otro Cabildo abierto el dia 2 de Marzo y en él espuso Francisco de Orduña, que solo han comparecido 60 hombres para la jornada: que si le dieran hasta 100 iría. Advirtiendo el Cabildo que este negocio no sufriría las lentitudes del Gobernador, determinó nombrar Cabo principal para esta espedicion á Francisco López, que prontamente admitió la comisión. Mas el Señor Gobernador no dio paso en este negocio; antes por el contrario, en el Cabildo de 3 de Marzo se acordó esperar la respuesta de la Real Audiencia de Méjico. Interin estas cosas pasaban en Guatemala, Martin Estete siguió sus marchas hasta la villa de San Salvador: siendo poca la gente de esta villa no pudo impedir que entrasen en ella los de Pedrarías: pidió Estete á los de San Salvador que lo recibiesen por Capitán y Gobernador, ofreciéndoles que si lo hacían no les tomaría los indios; pero habiéndolo rehusado, se salió de la villa y retirado al pueblo de Perulapan, fundó una población que llamó Ciudad de los Caballeros: nombró Alcaldes, Regidores y los demás oficiales; y desde alli corría la tierra, haciendo robos y otros perjuicios. Mas habiendo sabido que los de Guatemala iban contra él, alzó la ciudad y dejando la tierra robada se llevaba mas de 2,000 indios: siguieron los de Guatemala hasta mas allá del rio de Lempa; pero Martin de Estete y el Capitán Salcedo, no fiándose de los suyos, dejándolos puestos en orden de batalla, se pusieron en salvo. Los soldados de Pedrarías, viéndose sin Capitán, trataron de hacer paces con los de Guatemala: estos segundos les impusieron la precisa condición de que habían de soltar los indios y demás personas que habian apresado, y habiéndolo ejecutado, les dieron licencia para que los que quisiesen, se volviesen á Nicaragua, y los que no, se viniesen á Guatemala; y con este permiso se vinieron con los nuestros 90 de los de Pedrarías.

 Esta diligencia de los Castellanos de Guatemala, en favor de los indios de Cuscatlan, importó mucho para que estos se acabasen de reducir, viéndose defendidos por los Españoles de la tiránica opresión de Martin Estete, que se los llevaba para Tierrafirme. Pero, de la invasión del referido Estete, resultó que muchos indios huyendo de sus tiranías, se fuesen á los montes y que algunos pueblos quedasen sublevados en la provincia de San Salvador y costa del Bálsamo; y como estos hiciesen vejaciones y hostilidades á los indios amigos y sugetos, tuvo por conveniente el Capitán- General Don Pedro de Alvarado reducirlos por armas á la obediencia del Rey de España; y nombró para esta espedicion por Capitanes á Don Pedro Portocarrero y á Diego de Rojas. Mas estos, escediendo de sus facultades, quisieron comprender bajo su conducta á los Regidores de esta ciudad: motivo por que el Síndico Procurador, en Cabildo de 25 do Abril de 1533, pidió ante el mismo Gobernador y Capitan General que no se entienda estar sujetos los Regidores de esta Ciudad á las órdenes de Diego de Rojas y Don Pedro Portocarrero, Capitanes nombrados por su Señoría para la guerra de la costa del Bálsamo; y á este pedimento del Síndico se proveyó por el Adelantado: danse por esentos de su jurisdicción. Con este decreto se cortó esta competencia. Por Cabildo de 8 de Enero de 1535, sabemos que por este tiempo hubo otra sublevación en la provincia de Cuscatlan y que el Ayuntamiento, por ausencia del Teniente de Gobernador, nombró para Cabo de esta espedicion á Gonzalo Ronquillo; pero ni en los libros de Cabildos, ni en los autores regnícolas, hallamos noticia del éxito de esta jornada, ni de la antecedente.




CAPITULO 21.
De las ciudades de San Miguel de la Frontera y San Vicente de Austria y villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate.

 Aunque hemos procurado adquirir noticias ciertas, é individuales del año y circunstancias de la fundación de la villa (después ciudad) de San Miguel de la Frontera y de los otros fastos de esta República, para formar una historia breve y seguida de tan rica población; no hemos logrado el intento, porque nada se nos ha comunicado. Mas no por eso desistimos de la empresa: procuraremos, con las noticias que hemos encontrado, formar, como mejor se pueda, la historia de esta ciudad.

 El cronista Autonio de Herrera, dec. 4º lib. 7º cap. 5º, asegura que estando en Méjico de vuelta de España Don Pedro de Alvarado, luego que supo que Martin Estete habia invadido las provincias de Chaparrastique y Cuscatlan, se vino por la posta á Guatemala, á defender las tierras de su gobernación; y habiendo llegado á dicha Ciudad por Abril de 1530, á tiempo que los soldados de Guatemala ya habían obligado á Martin Estete, á abandonar las referidas provincias, ó fuese por mantenerlas sujetas ó por defenderlas de semejantes invasiones, envió al Capitán Luis Moscoso con 120 soldados á pacificar cierta provincia situada al otro lado del rio de Lempa, por lo que juzgamos que esta provincia sería la de Chaparrastique y también le mandó el Adelantado poblase en ella una villa y se le enviaron nombrados Alcaldes y Regidores. Esta villa tenemos por cierto es la de San Miguel: primeramente, por la situación de la villa que fundó Luis Moscoso, que es la misma que la de la ciudad de San Miguel. En segundo lugar, por el tiempo en que se erigió, pues no hay vestigio alguno que por el citado año de 1530 hubiese villa alguna al otro lado del rio de Lempa; y por otra parte hay constancia que el año de 1531 ya existía la villa de San Miguel, pues en el libro 2º de Cabildos de esta Ciudad de Guatemala, se dice, que en el que se celebró el 26 de Junio, se presentó el Procurador de la villa de San Miguel, junto con los de la villa de San Salvador y dieron sus poderes á Gabriel de Cabrera, Alcalde Ordinario, que iba de apoderado de esta Ciudad para la Córte. Esta villa fué condecorada con el título de Ciudad, y aunque no sabemos que año se le hizo este honor, pero por cédula de 22 de Agosto de 1583 y se halla en el libro 7º de Cabildos de la Ciudad de Guatemala folio 190, consta que dicho año ya gozaba este título, pues dice asi: el Monasterio de la Ciudad de Santiago y los de las ciudades de San Salvador y San Miguel. Las Córtes generales y estraordinarias han concedido á esta ciudad el título de Muy Noble y Muy Leal, por decreto de 15 de Julio de 1812. En el tratado 1º de este tomo, capítulo 7º, hemos hablado del Ayuntamiento de esta ciudad: su vecindario era mas numeroso en los tiempos pasados y las proporciones que goza para el comercio la pudieran hacer uno de los lugares mas populosos del Reino; pero su temperamento, que es en estremo enfermizo, no le ha permitido tomar los aumentos que pudiera á su población.

 El Curato de San Miguel es uno de los rectorales de este arzobispado y antiguamente lo servían dos Párrocos: en la Iglesia parroquial se venera una Imagen de Nuestra Señora de la Paz, que es de mucha aclamación. La fiesta titular se celebra el día de la Aparición de San Miguel y este dia se sacaba el real pendón por las calles, con grande acompañamiento.

 Tiene esta ciudad dos Conventos de Religiosos, uno del Orden de San Francisco, que fundó el M. R. P. Provincial Fr. Bernardino Pérez el año de 1574, en la misma ocasión que erigió el de San Salvador: dióle el titulo de la Vera-Cruz; pero en el dia lo llaman de San Francisco, y tenia á su cuidado una doctrina de diez y nueve pueblecillos: esta Casa se hizo Guardianía en el capitulo celebrado á 1º de Octubre de 1575. El otro Convento es el del Orden de Nuestra Señora de la Merced.

 La villa de la Santísima Trinidad de Sonsonate: habiéndose quemado los protocolos y registros de los Escribanos de esta villa, en un incendio general que hubo en ella, por Enero de 1564, no podemos dar noticia individual del año de su fundación, ni de sus primeros progresos. Pero el año de 1572 estaba esta villa en tantos auges y su Ayuntamiento tan sobre sí, que se presentó en el Supremo Gobierno de este Reino, pidiendo se concediese á sus Alcaldes Ordinarios la facultad de poder ejercer sus oficios en toda la jurisdicción del Alcalde mayor de Sonsonate. Y aunque el Señor Presidente, Dr. Antonio González, dio traslado al Cabildo de Guatemala de esta petición y el citado Cabildo la contradijo, como consta del que se celebró el 6 de Febrero de 1572, (lib. 5 de Cab. fol. 27); pero no obstante la oposición del Ayuntamiento, el Presidente concedió á los Alcaldes de la villa una prerogativa tan estraordinaria como la que pretendían. Esta población se fué aumentando y prosperando por estar inmediata al puerto de Acajutla, escala de los naos que vienen del Perú. Hay en este lugar Caja real y al Oficial real que reside en él, por cédulas de 9 de Abril de 1587 y 22 de Diciembre de 1611, se le manda dar asiento en la Iglesia y actos públicos, como á los de Guatemala.

 En el capitulo intermedio que celebró la provincia de San Vicente de Chiapa y Guatemala, el año de 1570, á 20 de Enero en el Convento de Coban, dispusieron los Definidores se fundase una Casa en la provincia de los Izalcos; y aunque se inclinaban á que esta fundación se hiciese en el pueblo de Tecpanizalco, dejaron al arbitrio del Provincial la elección del lugar y este escogió para el efecto la villa de la Trinidad. Y en el capítulo siguiente, que se celebró en el Convento de Guatemala á 20 de Enero de 1572, se aceptó por Casa de la Orden la de Sonsonate y se le dió por partido todo el Corregimiento de Sonsonate; y en el capitulo de Ciudad Real del año de 1576 se declaró esta Casa por la sétima de la provincia. La Religión de San Francisco fundó Convento en la villa de la Trinidad, el año de 1574, con motivo de la real provisión que citamos hablando del Convento de la ciudad de San Salvador; pues como hubiese salido de Guatemala el M. R. P. Fr. Bernardino Pérez con otros Religiosos, á efecto de poblar el Reino de Conventos de su Orden, luego que llegó á la provincia de los Izalcos, lo llamaron de la villa de Sonsonate y le manifestaron los deseos que aquel vecindario tenia de que se fundase Convento de San Francisco en ella, señalaron solares bastantes para la Casa, y una devota matrona, llamada Ana de Ledesma, ofreció 20,000 pesos para la fábrica de Iglesia y Monasterio, que se puso luego por obra, y por haberse asentado la primera piedra el dia de la Asunción de Nuestra Señora, se le dio por titular dicho Misterio; mas al tiempo del estreno, á devoción de la Patrona, se dedicó á la Purísima Concepción. En el capítulo de 1º de Octubre de 1575 se dió á este Convento titulo de Guardiania; y el Ilustrísimo Señor Don Fr. Gómez Fernandez de Córdova, en 15 de Octubre de 1577, asignó á la Guardianía de Sonsonate tres pueblecillos y el Barrio de Mejicanos de la misma villa. Tiene también esta villa Conventos de las órdenes de Nuestra Señora de la Merced y de San Juan de Dios, que cuida del Hospital del V. S. de Dios, Fr. Juan Pecador, Religioso de dicha Orden.

 La ciudad de San Vicente de Austria ó Lorenzana tuvo principio en el año de 1635, en que cincuenta familias de Españoles, que tenían sus haciendas en aquella comarca, se coadunaron y formaron una población, que del nombre de su Santo Patrón se llamó San Vicente de Lorenzana. Por los años de 1658 solicitó este vecindario se diese á su nuevo pueblo el título de Villa, para lo cual ofrecieron á S. M. un donativo de 1600 pesos y se obligaron á sacar en 2400 pesos los cuatro Regimientos dobles de la futura villa, Alférez real, Alguacil mayor, Alcalde provincial y Depositario general: en 800 pesos los dos sencillos y en 400 la Escribanía de Cabildo. La Real Audiencia, que por este tiempo gobernaba el Reino, aceptó á nombre del Rey el referido donativo, admitió las posturas y libró el titulo de Villa de San Vicente de Austria, á la citada población, del cual tomó posesión el 20 de Marzo del mismo año de 1658; y rematados los oficios concejiles, se ocurrió por su confirmación que N. C. M. Felipe IV se dignó conceder, con la circunstancia de que el Escribano no había de tener asiento en Cabildo. El Ayuntamiento de esta villa se compone de nueve individuos, los dos Alcaldes y el Síndico procurador, que se elijen cada año y los seis espresados Regidores. Habiéndose suprimido en estos últimos años en todos los Cabildos, por real disposision, la Dopositaria general, se aumentó un Regimiento sencillo. Las Cortes generales, y estraordinarias por decreto de 15 de Julio de 1812, han aprobado el título de Ciudad, que la Regencia del Reino había acordado á la referida villa en 18 de Junio del mismo año. Hay en esta ciudad familias de muy distinguida nobleza: cuéntase entre sus fundadores á Don Alonso Vides de Alvarado, descendiente de Gonzalo y Jorge de Alvarado, hermanos del Adelantado Don Pedro de Alvarado. Estilase en este lugar, que los que tienen solares en él, paguen cuatro reales cada año, para fondos de Cabildo; pero de esta contribución están esentos los Españoles, en atención á que sus progenitores compraron el suelo en que esta fundado.

 El Santo titular de esta villa es San Vicente Abad, del Monasterio de San Claudio de la ciudad de León, del Orden de San Benito, que padeció martirio á mediado del siglo sexto: este Santo es de la ilustre casa de Lorenzana: por consiguiente, pariente de Don Alvaro de Quiñonez Osorio, Señor de la casa y villa de Lorenzana, en cuyo gobierno se fundó la villa de San Vicente; y asi tenemos por cierto, que por influjo de este Presidente se puso la villa bajo la protección del espresado Santo y se intituló no solo de su nombre, sino de su apellido. (Bien que la Real Audiencia, cuando le dio el titulo de villa, la llamó de San Vicente de Austria, sin duda por contemplación á la familia reinante y por habérsele dado el referido título de Villa, conforme á real cédula de 1º de Junio de 1654, mandada librar por el Rey Don Felipe IV de la casa de Austria). Celebra la villa á su Santo Patrón el segundo dia de la pascua de Navidad, 26 de Diciembre: no sabemos el motivo que hubo para fijarla este dia, pues el Santo Mártir murió el 11 de Marzo, en defensa de la Divinidad de Jesucristo; pero esta que parece arbitrariedad, se halla tácitamente aprobada por la Silla Apostólica, pues N. S. P. Clemente XIV, en su breve de 18 de Diciembre de 1772, concede indulgencia plenaria á los fieles que, habiendo confesado y comulgado, visitaren la Iglesia de San Vicente Abad y Mártir, de la villa de San Vicente de Austria, en el dia 26 de Diciembre.

 Los términos de la jurisdicción del Ayuntamiento de esta villa eran por el O. el rio de Giboa, por el N. y E. el rio de Lempa, y la playa del Mar del Sur por este rumbo. En cuyo distrito está el pueblo de Sacatecoluca, que nunca ha sido de esta jurisdicción: los de Hilobasco, pueblo nuevo de Santo Domingo, Titiguapa, Sensuntepeque y Guacotecte eran de la jurisdicción de San Vicente; pero habiéndose establecido la Intendencia de San Salvador, por los años de 1785 ó poco después, se agregaron los dos primeros á la subdelegacion de Cojutepeque, y de los tres siguientes se formó otra subdelegacion; y asi solo han quedado á la ciudad los pueblos de Apastepque, Saguayapa, San Sebastian, Tecoluca, Iztepeque y Tepelitan, que se fundó el año de 1792.

 El Curato de San Vicente parece que es tan antiguo como su población, pues cuando se le dio el título de villa, era Cura de ella Don José Bezerra Corral, que sirvió de testigo del acto de posesión. Este Curato comprendía en tiempos pasados, lo que al presente y á mas de esto, todo lo que en el dia es el Curato de Apastepeque; pero los dividió por el año de 1770 ó poco después el Ilustrísimo Señor Doctor Don Pedro Cortez y Larraz. De poco tiempo á esta parte hay en la ciudad de San Vicente un Convento de Franciscanos, con la advocación de San Estevan Protomatir: es fundación del Presbítero Don Mateo Cornejo, á que coadyuvaron sus albaceas, aumentando el legado que dicho Padre dejó: S. M. se sirvió aprobar esta fundación, por cédula de 20 de Junio de 1786; y en el capítulo provincial de 1º de Junio de 1805 se hizo el referido Convento Guardianía. Conforme á la Voluntad del fundador, debe haber en esta Casa ocho Religiosos y dos de ellos han de estar destinados precisamente al ejercicio de ayudar á bien morir. Cada tres años viene á esta ciudad una misión de Religiosos del Orden de Santo Domingo, fundación de Don Martin Ruiz Calatayud, Cura que fue de ella.

 Por lo material tiene la ciudad de San Vicente una suntuosa Iglesia parroquial, de 70 varas de largo, de tres naves, divididas por dos series de columnas del orden corintio, once por cada lado: toda la obra es de madera, pintada de blanco, con los capiteles de las columnas y otras piezas doradas: iluminan este templo cinco puertas y siete ventanas, tres de éstas y dos de aquellas distribuidas con proporción en cada costado. La Capilla mayor aun no está concluida: lo que está sirviendo se estrenó el dia 8 de Diciembre de 1808. Entre las preseas que tiene esta Iglesia, es digno de notarse un relicario de plata dorado, de figura de un sol, en cuyo centro está colocado un hueso del Santo Patrón, donación que hizo Don Juan Valdes: otro relicario, en forma de Cruz, que tiene un lignum Crucis y otras reliquias con su auténtica; y cou las mismas formalidades tiene dos cuerpos de Mártires.

 Hay otra Iglesia de Nuestra Señora del Pilar: ésta en sus principios era una pequeña Capilla, que edificó Doña Manuela de Arce y había dejado en cimientos su marido Don José Merino. Arruinada, emprendió Don Francisco de Quintanilla, á sus espensas, por los años de 1762, la fabrica de una suntuosa Iglesia de tres naves, toda de bóveda, con cinco aliares, que se estrenó el dia 12 de Diciembre de 1769. Pero el fundador no pudo hallarse en esta función, porque el Señor quiso premiar su piedad antes de recibir el obsequio, llamándolo para sí. Sus hijas Doña Maria Manuela y Doña Micaela dieron la última mano á esta obra; y S. M. en cédula de 29 de Agosto de 1781, les concedió el patronato particular de dicha Iglesia, en cuya virtud nombran Capellán. N. S. P. Clemente XIV, por breve de 18 de Diciembre de 1772, concedió que el Altar mayor sea privilegiado todos los sábados y la octava de difuntos; y por otros breves ha concedido la Silla Apostólica muchas indulgencias á esta Iglesia. Consérvase en ella el Santísimo Sacramento depositado por concesión del Señor Doctor Don Juan de Dios Juarros, Provisor y Vicario General de este Arzobispado, dada en 30 de Abril de 1779. Fuera de las referidas iglesias, hay tres ermitas, la del Calvario que es fundación antigua: la que sirve al presente se estrenó por Enero de 1784. La de Nuestro Señor Jesucristo Crucificado, que llaman de Esquipulas, se hizo por la piedad de los fieles, á solicitud de los venerables Sacerdotes Don Pedro y Don Antonio Vidal, por los años de 1785: esta fué provisional: después edificó la formal el citado Don Pedro Vidal (habiendo fallecido su hermano Don Antonio), y se estrenó el año de 1802: á la fiesta principal del Señor, que se celebra el dia 14 de Enero, concurre mucha gente de toda la comarca. La de Señor San José está en paredes, corre su fábrica á cargo de la Hermandad: tuvo principio en 1783, en que se hizo una ermita provisional para que sirviese de parroquia, ínterin se reparaba ésta de las ruinas que había sufrido.

 Hay en la ciudad de San Vicente una Factoría de tabacos, cuya caja residía en la de San Salvador y el año de 1792 se trasladó al pueblo de Tepetitan, donde se había fabricado una gran casa; pero atendiendo a que las siembras de tabacos están poco distantes de la villa, que en ella estan mas seguros los caudales de S. M. y que los empleados gozarán de mejor temperamento, se pasó a ella el año de 1811. Tiene esta Factoría un Factor, Interventor, Guarda Almacén, Escribiente y otros Guardas.

 Hállase situada la ciudad de San Vicente, como dijimos en el tomo 1º tr. 1º cap. 2º, entre las ciudades de San Salvador y San Miguel, á doce leguas de la mar del Sur, en un valle ameno, amurallado con dos cordilleras que lo defienden de los rigores de los vientos. Este llano es abundante de aguas de buena calidad: riéganlo el rio de Acaguapa, que es fresco y corre á orillas de la población, por la banda del N: á la parte opuesta, el rio de Amapupulta, templado; y mas adelante, el de San Cristoval, que es del temple del cuerpo. Brotan en él algunos ojos de agua, como el que llaman de los Muertos, el de Agua caliente y el de Agua de plata. En las cercanías de la ciudad se dan muy buenas cosechas de maiz, arroz, frijoles y otros comestibles; pero, como dijimos en el lugar citado, el principal comercio de todo este partido consiste en el añil y el tabaco: en efecto, uno y otro fruto son los de mejor calidad de todo el Reino.

 Se estrañará tal vez que me haya estendido mas en la historia de esta ciudad, que en la de otros lugares de clase superior del Reino; pero deben estar entendidos, que con igual prolijidad hubiera yo dado los anales de todas las ciudades y villas de este Reino, si todas hubieran tenido un vecino como el que tiene la afortunada ciudad de San Vicente en el Doctor y Maestro Don Manuel Antonio de Molina: este digno Párroco de su patria, sin mas que una ligera insinuación que le hicimos, remitió una colección de noticias, que no solo llenó sino aun escedió mi espectacion: con ellas he formado la historia que precede y he omitido algunas por no alargar demasiado este artículo. ¡Oh! y que distinta hubiera salido esta historia, si tuviera el Reino de Guatemala esparcidos en sus principales puntos, una docena de hombres de este carácter.

ESTADO DEL VECINDARIO
DE LA CIUDAD DE SAN MIGUEL Y VILLAS DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD DE SONSONATE Y SAN VICENTE DE AUSTRIA.


Clases S. Miguel. S. Vicente. Sonsonate.
Naciones. Esp. Pard. Esp. Pard. Esp. Ind. Mul.
Casados 29 695 29 488 69 32 419
Casadas 29 706 30 505 69 32 419
Viudos 04 031 05 033 08 06 050
Viudas 11 043 20 205 26 10 162
Solteros 32 1081 31 482 30 25 426
Solteras 74 1428 56 722 70 27 448
Niños 33 616 29 604 90 30 433
Niñas 28 700 20 569 83 23 438
Total del lugar. 5540. 3828. 3425.




CAPITULO 22.º
De algunas cosas dignas de notarse, que tiene la provincia de San Salvador.

 Luego que entramos en la Intendencia de San Salvador se nos presenta la laguna de Güijar, situada en los términos de Metapa y Ostua, pueblos de la jurisdicción de Cuscatlan. Este lago es notable por su tamaño, pues boja 20 leguas: por el gran caudal de aguas que le entra, pues en él desagua el respetable rio de Mitlan, que después toma el nombre de Ostua y engrandecido y aumentado con otros muchos que en su larga carrera se le incorporan, va á parar á la laguna de Güijar: también desagua en ella, aunque por conducto subterráneo, la laguna de Metapa, después de haber engrosado con los rios de Langüe y Langüetuyo; pero no se queda con esta gran copia de aguas que bebe, sino que liberal las comunica á el noble rio de Güijar, que en ella toma su principio, y es tan caudaloso que nunca da vado, y despues de largo curso va á enriquecer con su gran caudal de aguas al famoso rio de Lempa. También es apreciable este gran lago por su abundante pesquería, pues con esta y la de la laguna de Metapa, queda sobradamente abastecida de regalado peje toda la comarca. Es digna de notarse en este lago una grande isla que se vé en su medianía, con delicioso boscage, que ministra bastante caza á los vecinos de su comarca y sirve de dar descanso á los indios canoeros: admírase en la orilla de esta isla un gran vestigio de casería, que llaman Zacualpa, que quiere decir pueblo viejo, lo que persuade que esta fué alguna soberbia población. Aseguran calificados testigos (dice Don Francisco de Fuentes, tomo 2º lib. 4º cap. 5º), haberse visto en lo retirado y umbrío de esta isla algunos satiros. Son notables también en esta provincia los lagos de Texacuangos y de Gilopango, por su abundancia de peces, bastante y aun sobrada para proveer de pescado á la ciudad de San Salvador y parte de la Intendencia.

 Son muy dignos de atención en esta provincia los volcanes de San Salvador, San Miguel y San Vicente: de los dos primeros sabemos que han reventado muchas veces y hecho copiosas esplosiones de materias calcinadas; pero ignoramos el por menor de sus particularidades. El tercero, que es el de S. Vicente, nos es mas conocido y asi podemos dar con facilidad su descripción. Entre las montañas que circunvalan la villa de San Vicente, descuella una que esta situada al S. O. dejando muy inferiores las cimas de las otras: es indubitable que este monte contiene en sus entrañas copia de azufre y otras materias inflamables, lo que se manifiesta por varios manantiales de aguas calientes, que se encuentran en su falda y especialmente por un respiradero que tiene hacia el Norte y llaman el Infiernillo: en este sitio se ven muchas aberturas llenas de agua muy caliente, por donde exhala porción de humo: se oye un ruido como de agua hirviendo y este crece con cualquiera conmoción que tenga el aire, aunque sea tan lijera como la que causa la voz humana. Tiene otras muchas vertientes de diferentes aguas, de que se forman los rios que riegan la costa. Hay en algunas partes de este monte una tierra muy blanca, de que se hace uso para pintar al temple, y tiene algunas manchas de otros colores, como son amarillo, rosado, morado y azul: se da también el vitriolo ó caparrosa verde. Del reino animal, se crian marranos de monte ó silvestres, y se han encontrado algunas dantas. De vegetales se dan árboles y frutas de las tierras mas frias: en efecto, en la parte alta de este monte se siente un frio escesivo: tal es su altura y elevación.

 Otra cosa de las que llaman la atención en la provincia de San Salvador es el famoso rio de Lempa: corre por los confines de los partidos de San Vicente y San Miguel y sirve de raya divisoria de uno y otro. Es tanto el caudal de sus aguas, que cuando va mas bajo no le fallan 70 toesas de ancho; mas cuando crece, sube muchos estados, llena las riberas, aumenta su anchura mas que el duplo y camina con tal fuerza, que aun en canoa no se puede atravesar. Tiene su principio este gran rio en las sierras de Esquipulas, provincia de Chiquimula, en un despreciable arroyo que llaman Sesecapa; y caminando el largo espacio de mas de 40 leguas, con los muchos rios que se le van incorporando va adquiriendo el inmenso caudal de aguas, que lo hace tan respetable como hemos dicho; y después de tan dilatada carrera, va á desaguar á la mar del Sur, al O. de la bahía de Jiquilisco.

 Las producciones naturales de la provincia de San Salvador, ya del reino animal, ya del vegetal, son las mismas que se dan en las otras provincias situadas en las costas de la mar del Sur. Unicamente es producción privativa de esta provincia el árbol del Bálsamo, que solo se cria en la Costa del Bálsamo, que se estiende entre el puerto de Acajutla y el de Jiquilisco, al E. del primero y al O. del segundo. Este precioso árhol da el bálsamo mas rico que se conoce y tiene particular estimación en todas partes: como dice Don Antonio de Alcedo, en su Diccionario, palabra Sonsonate. Pero no solo produce el bálsamo, provee á la farmacia de otras drogas; pues haciendo incisiones en el tronco de dicho árbol, destila el bálsamo negro, remedio admirable para curar heridas con suma brevedad: con la flor que produce esta planta, se hace la aguardiente de bálsamo: de la semilla ó almendra se saca el aceite de bálsamo, que es escelente anodino; y de su capsula, el bálsamo blanco. De estos simples se saca la escencia tinturada del bálsamo, generalmente llamada bálsamito, invención del Br. Don José Eustaquio de León, Director de la real Casa de Moneda de Guatemala. Como se vé por un papel que trata de las virtudes de esta esencia, que imprimió su inventor, es cordial, corroborante y diurética: disuelve los humores viscosos, facilita la circulación de la sangre y la digestión: es muy eficaz para hacer volver de la privacion de los sentidos, tomada media cucharada: se toman algunas gotas de esta esencia en agua de anis ó de manzanilla para la cólica viliosa ó ventosa: para abatir los vapores histéricos, en agua de anis ó de artemisa: para las lombrices, en agua de yerba buena ó hepasote: para facilitar los partos ó arrojar las parias, en agua de artemisa: para arrojar piedras, en agua de semilla de cebolla: para fortificar el estómago, letificar el corazón, y para fríos ó calenturas, en vino; y para otras enfermedades, proporcionando el agua que ha de servir de vehiculo. Echando un poco de este balsamito en agua común, al instante se pone como leche, y mojando un pañito en esta leche, sirve para aliviar varios accidentes: puesto sobre el empeine, corrije el ardor y dificultad de la orina: aplicado á las heridas, detiene la sangre y cura la herida ó golpe, quita la comezón y dolor que queda después de sacada la nigua y preserva de que se inflame: úsase poner dicho pañíto en la cara, para hermosear el rostro, preservarlo de que se arrugue y quitarle las manchas.

 Otra producción de la provincia de San Salvador y la que la hace mas rica del Reino de Guatemala, es el añil, que los estranjeros llaman Indigo. Es verdad que la planta de que se hace, que se nombra jiquilite, se da en la mayor parte del Reino y también es cierto que hay obrajes de añil en muchas haciendas de las costas de la mar del Sur; pero el añil que en ellas se fabrica, es poca cosa respeto del que se trabaja en la provincia de San Salvador. El indigo del Reino de Guatemala es el mejor y mas estimado y se prefiere generalmente al que se hace en las islas Antillas. El R. P. Fr. Juan de Dios Cid, Religioso de San Francisco[7], escribió un cuardenito, que intituló El Puntero, en que, con los conocimientos que adquirió por una larga esperiencia, da reglas para que el puntero ejercite su oficio con acierto. El año de 1782 se estableció en la villa de San Vicente un Montepío y la Sociedad de Cosecheros de añil, y se trasladó á dicha villa la feria que se celebraba en el pueblo de Apastepeque, el dia 1º de Noviembre: el referido año, dia 1º de Diciembre, se celebró en la villa de S. Vicente una gran féria, que quiza no habrá tenido semejante el Reino de Guatemala: juntáronse en dicho lugar todas las tintas cosechadas, los caudales destinados a su compra y una asombrosa multitud de mercaderías. Por el año de 1784 se trasladó este establecimiento á la ciudad de S. Salvador, donde se acabó la feria por si misma, volviéndose, según la antigua costumbre, al pueblo de Apastepeque, por estar, así éste como la villa de San Vicente, en el centro de la provincia.



  1.  Este manuscrito se hallaba en poder de los descendientes de Juan de León Cardona, Teniente de Capitán General que nombró D. Pedro de Alvarado en la parte del Quiché; y asegura el cronista Fuentes que lo obtuvo por medio del P. Fr. Francisco Vazquez, cronista de su Religion Seráfica.
  2.  Nimá, en lengua Quiché, significa grande: asi, Nimaquiché dice Granquiché.
  3.  Es digno de notarse el modo con que estos indios denotaban el grado de soberanía de sus Reyes, aun en el Solio material; pues el de Utatlán que era el primero, estaba colocado debajo de cuatro doseles, tejidos de pluma, cada uno de diverso color, hechos de mayor á menor, y puestos uno dentro de otro: el trono del Rey de Guatemala ó de los Kachiqueles, que era el segundo, se hallaba debajo de tres doseles; y el de Atitán ó de los Zutugiles, estaba debajo de dos.
  4.  Esto se debe entender de la antigua ciudad de Patinamit, que se halla once leguas del pueblo de Tecpan-Guatemala: y del antiguo Mixco, muy apartado del moderno, pues estaba situado en el valle de Jilotepeque.
  5.  Asi llaman los indios á sus grandes, nobles y ancianos.
  6.  El P. Remesal, lib. 11 cap. 1º, dice: que habiendo muerto el Ilustrísimo Señor Don Fr. Domingo de Ara el año de 1572, y no habiendo por este tiempo Prebendados en Ciudad Real S. M. nombró Gobernador del Obispado al P. Fr. Tomas de Cardenas, y electo éste Obispo de Verapaz, dió el gobierno de Chiapa al Padre Fr. Alonso de Noreña. Pero si estamos a lo gue el mismo Remesal refiere en dicho lib. cap. 14, no pudo ser Gobernador de la Diocesis de Ciudad Real Fr. Tomas Cardenas el año de 1572, en que vacó dicho Obispado por muerte de Fr. Domingo de Ara, pues ya por ese tiempo estaba electo Obispo de Verapaz. Esto se convence, porque, como dice este autor, en cédula de 21 de Abril de 1577 manda S. M. se vuelvan al Señor Cardenas 300 pesos de tributos, que habia pagado por los indios que habían muerto en una epidemia: luego á lo menos el año de 76, cuando esto pasaba, ya estaba en posesion de su Obispado. Asegura el mismo escritor que tuvo que esperar las bulas siete años: se sigue que desde el año de 69 estaba nombrado Obispo de Verapaz.
  7.  Este Religioso murió el año de 1746, de 77 años de edad, en el Convento de San Salvador.