Instalación de la Sociedad Restauradora de la Mas-horca

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Instalación de la Sociedad Restauradora de la MAS-HORCA[editar]

Rosas, lanzándose en la carrera del crímen, trató de no detenerse ante consideraciones de ningun género. Profanó la religion, corrompió las costumbres y concluyó por santificar el crímen mismo. ¡Pobre Patria! preparaos para ser devorada por la fiera pantera.

Como no siempre el despotismo hace depravar todos los corazones, Rosas se fijó en ciertos hombres, y aunque no tenia los conocimientos del Dr. Gall, no por eso le fué difícil elegirlos como instrumentos ciegos para que secundasen sus instintos sanguinarios.

Por otra parte, tanto en religion como en política, el fanatismo ha servido para el entronizamiento de los Tiranos, siendo una columna formidable para apoyarse, y desde allí ejercer á salvo toda clase de iniquidades.

No le fué muy difícil encontrar satélites. El primero que se presentó fué el Coronel D. Pedro Burgos, compadre del tirano. Este le facultó para que instalase una sociedad con el pomposo título de Restauradora de la Mas-horca. Al momento acudieron á inscribir sus nombres los bandidos mas famosos que se conocian en esa época. Las cualidades que se requerian para ser miembro de la sociedad, eran ser buen federal, poner á disposicion de S. E. la vida, fama y porvenir; manejar con destreza el puñal, y jurar hundirlo en el corazon de las personas que fueran clasificadas de salvages. El uniforme federal consistia en la chaqueta [1] sombrero de felpa y penacho punzó, con el chaleco federal.

Cuando se hubo completado el núumero prefijado, se procedió al nombramiento de varias comisiones con los títulos siguientes: "Comision de sangre" su presidente Ciriaco Cuitiño. "Comision flageladora" su presidente Manuel Troncoso. "Comision de embargo y delatora" su presidente Julián Salomon. "Comision clasificadora de las opiniones políticas." Ciertos jueces de paz que ejercieron el cargo sucesivamente. Creo inútil referir que escritores aventajados, lo han hecho con tanto acierto.

Los lectores que quieran imponerse de algunos pormenores curiosos pueden consultar las Tablas de Sangre; la Amalia; los Misterios de Buenos Aires; y otras obras y folletos que tratan sobre la materia; como tambien algunos números del Comercio del Plata, que redactaba el malogrado Dr. D. Florencio Varela. [2]

Mientras la mas-horca cumplia con infatigable celo y actividad las prescripciones de su instituto, los fusilamientos tenian lugar en la Cárcel Pública, Cuartel de Serenos, Guardia Argentina, Cuartel de Cuitiño, en la Cuna ó cárcel de deudores, y en el Batallon Libertad [3]. A estos se siguieron las persecuciones, violencias, personerías y mil otras arbitrariedades; llegando el caso de exigir á varios ciudadanos un numere de veinte hombres, que hicieran el servicio de soldado, al que se les condenaba por unitarios.

En los templos y lugares públicos veiánse multitud de individuos pertenecientes á la Sociedad Popular; unos con vergas, otros con tarros de brea y los demás con tijeras. Las señoras que por olvido ó inadvertencia salian á la calle sin el indispensable moño, eran flageladas publicamente, acabando de completar la ignominia con colocarles el cintajo embreado.

Desde las ocho de la noche no se veian en las calles otras personas que grupos de hombres emponchados, con las caras cubiertas y sus puñales en la cintura. La ciudad presentaba el lúgubre aspecto de la mansion de los muertos. ¿Y quién se atrevia á salir de su casa, cuando ni en ella estaba seguro de ser asesinado? Solo los degolladores que cual aves fatídicas se paseaban en bandadas, lanzando al aire cohetes voladores, que era la señal que les servia de inteligencia para reunirse.

Rosas patrocinaba estos crímenes, y consideraba á sus autores como la palanca inconmovible que sostenia su colosal poder. Se valió del color rojo é hizo de él un distintivo, denominado el cintillo federal. Era estremadamente afecto á este color, tal vez por coincidir con sus instintos sanguinarios. A la manera que hizo el feroz Bailio Griszlar con Guillermo Tell, libertador de la Suiza su patria, obligándolo como á todos á doblar la rodilla y saludar á su sombrero que habia mandado colocar en la plaza de Altorf, colgado de una percha, quizo tambien el célebre Rosas, obligar á que su retrato y su nombre recibiera igual prueba de respeto. A fuerza de astucia consiguió que la plebe le rindiera un culto y veneracion especial.

Al principio se limitó á que los hombres y mugeres llevasen, éstos el cintajo del escarnio, y aquellas el memorable moño. En algunas de estas, morenitas, el color encarnado hacía un bonito efecto de visualidad. Algunos ostentaban un entusiasmo indecible, cuando la cinta flotaba caprichosamente mezclándose entre sus bucles de ébano. El efecto que estos pingajos hacian, en el ánimo de un conocido naturalista que había en esa época, fué el mismo que le produjo la primera vez que lo vió, un pájaro conocido por el nombre de cardenal.

No pareciéndole al Restaurador suficiente prueba de adhesion á su santa causa de la federacion, que llevasen el distintivo federal, puramente liso, prescribió que se pusieran lemas ridículos, de "mueran los salvages asquerosos uuitarios" y este odioso lema se gravó en los billetes que representan nuestro medio circulante.

Muy pronto aparecieron sus humildes seides, con sus divisas federales, cuyas inscripciones bordadas de oro, probaban mas la obediencia; y ser netos á macho y martillo. Poco á poco el cintajo lizo antes, ya no ofrecia espacio que no ocupase, cuando no los lemas, dos retratos del ilustre y de la venturosa heroina. Mas tarde se presentó Rosas con su chaleco federal, y al dia siguiente los empleados civiles y militares descollaban por sus lujosos y elegantes chalecos de rica tela. De los trages, pasó á los edificios, y en poco tiempo no quedó casa que su esterior no fuese pintado de bermellon. Los templos siguieron la moda; sus dignos curas arrebatados de entusiasmo federal, no omitian medios con tal de que sus parroquias apareciesen federalmente arregladas.

No concluia aqui la mania de llosas, ó su capricho por el color de sangre. Cinco años despues ordenó al Gefe de Policía, que los carros fúnebres, perdieran su negro color, y se convirtieran en galeras pintadas de colorado, haciendo singular contraste con la mision á que están destinados estos fúnebres vehiculos.

En medio de su loco desvarío su ociosa é inventiva imaginacion, casi siempre le sugeria alguna idea, y una de ellas fue ocurrirsele decir un dia que estaba con la buena; que no tendria inconveniente en cambiar la celeste techumbre, y en su lugar poner una sábana roja. Entre sus paniaguados no faltó quien aplaudiese tamaña y monstruosa concepcion, citándole la ereccion de la torre de Babel, y añadiendo que asi como fueron los hijos de Noé, los que dispusieron su construccion, habría sido el Gran Rosas el génio fecundo, el Apolo luminoso, que no solo hubiese hecho esta metamórfosis, sinó que hasta las piedras microscópicas del mar, hubieran salido á vestir el color encarnado, perdiendo su natural celeste.

No es estraño que serviles aduladores le hicieran concebir tamaños absurdos, cuando hemos visto profanar el Santuario de Dios, colocando al lado del Omnipotente, el retrato de ese tirano abominable, recibiendo el incienso que solo debe tributarse á la Divina Magestad.



  1. Rosas había declarado la guerra al frac y levita por salvages unitarios.
  2. El 20 de Marzo de 1848, fué asesinado por induccion de Oribe, en la ciudad heróica de Montevideo. —Recordemos este hecho y perpetuémoslo en la memoria para maldecir el nombre del asesino.
  3. Quién le diria á la estatua de la Libertad, que su nombre habia de servir para que se ostentase en las bayonetas del batallon de Mariano Maza, enemigo acérrimo de esa misma libertad!!