La Odisea (Antonio de Gironella)/Canto Vigesimoprimero

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La Odisea (1851) de Homero
traducción de Antonio de Gironella




CANTO VIGÉSIMOPRIMO.





EL ARCO.



 Penélope inspirada por Minerva
Proponer quiere a sus amantes todos
Una prueba fatal, que es fiera seña
De muerte horrendo y de feroz venganza.
Sube á su estancia y toma ya resuelta
Una dorada llave cuyo mango
Es de terso marfil. Con las mugeres
Pasa en seguida á la nupcial morada
Y desde allí penetra en el retrete
Donde estan del esposo las riquezas:
Ropas, vestidos, oro, cobre y fierro.
Tambien allí está un arco y una aljaba
Y flechas, ocasion de inmenso llanto.
 Este arco, aquesta aljaba, aquestas flechas[1]

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Pasa silbando los anillos todos.
 «Telémaco, lo dice al hijo entonces
El héroe, ya tu huésped no te afrenta;
Al blanco supe dar y no ha costado
Gran pena al brazo mio armar al arco.
Sí: todavía queda al viejo pecho
Un resto de vigor, y retar puedo
Las burlas y las críticas del necio.
 Mas en la cena solo ora pensemos
Y á coronar, cual siempre, los festines
Vendrán luego los bailes y conciertos.»
 Al decir estas voces lanza al hijo
Una mirada aguda. Velozmente
Telémaco la fuerte espada ciñe,
La mano apoya en la terrible lanza,
Y, de acero y de cobre relumbrante,
De pié al lado del padre está ya fijo.





  1. Bareste dice que Bitaubé, al tratar de las riquezas de Ulises, hace la siguiente sensatisima reflexion: se guardaban con esmero estos tesoros y era satisfacclon muy grande ostentarlos como prueba de lo mucho que se había viajado y de las numerosas amistades contraidas. ¡A cuántas narraciones daba lugar el examen de estas riquezas! Eran archivos que satisfacian a la vez el ánimo y el corazon; históricos y tiernos. ¡Con cuánto deleite un padre los había de enseñar a sus hijos! no es pues una estrañeza que Homero cuente con satisfaccion el origen de las armas adquiridas por sus principales actores, y que se detenga con tal prolijidad sobre los utensilios y regalos preciosos; a nosotros esto nos cansa y lo leemos con frialdad porque no nos colocamos en el lugar del personage; si lo hiciésemos, muchas cosas que nos parecen triviales se trocarian en sublimidades. Ahora el afecto para los antepasados, solo se cifra