La Sagrada Biblia (XIV)/Hechos

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ADVERTENCIA
SOBRE
LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES.
El título de este libro parece que promete la historia de los hechos de todos los apóstoles: no obstante san Lúcas, que es su autor, solo refiere lo que pasó después de la ascensión del Señor, y lo que hicieron despues de la venida del Espíritu santo para la formacion de la Iglesia, hasta que fueron por las provincias á predicar el Evangelio. Mas como san Lúcas era discípulo de san Pablo, y su compañero en los viages apostólicos, refiere particularmente lo que pertenece á dicho apóstol hasta el año sesenta y tres de Jesu-Christo, el segundo después de llegado á Roma san Pablo «No ha escrito, decia san Agustin, (de Cons. Evang. IV. c. 8.) sino lo que creyó bastante para la edificacion de sus lectores, pero lo ha escrito con tanta sinceridad, que entre un grande número de libros sobre la historia de los apóstoles, la Iglesia siempre ha juzgado á este a digno de fé, y ha desechado todos los demas.»

LOS HECHOS

DE LOS APÓSTOLES.

CAPÍTULO PRIMERO.
Promesa del Espíritu santo: ascensión del Señor. Elección de Mathias para el apostolado.


1 He hablado en mi primer libro ¡oh Theóphilo! de todo lo mas notable que hizo y enseñó Jesús, desde su principio,

2 hasta el dia en que fue recibido en el cielo, después de haber instruido por el Espíritu santo á los apóstoles, que él habia escogido;

3 á los cuales se había manifestado también después de su pasion, dándoles muchas pruebas de que vivia, aparecíéndoseles en el espacio de cuarenta dias, y hablándoles de las cosas tocantes al reino de Dios.

4 Y por último, comiendo con ellos, les mandó que no partiesen de Jerusalem, sino que esperasen el cumplimiento de la promesa del Padre, la cual (dijo) oisteis de mi boca [1];

5 y es, que Juan bautizó con el agua, mas tros habeis de ser bautizados ó bañados en el Espíritu santo dentro de pocos dias.

6 Entónces los que se hallaban presentes, le hicieron esta pregunta: Señor, ¿si será este el tiempo en que has de restituir el reino a Israél?

7 A lo cual respondió Jesus: No os corresponde á vosotros el saber los tiempos y momentos que tiene el Padre reservados a su poder soberano:

8 recibiréis, sí, la virtud del Espíritu santo que descenderá sobre vosotros, y me servireis de testigos en Jerusalem, y en toda la Judea y Samaria, y hasta el cabo del mundo.

9 Dicho esto, se fue elevando á vista de ellos por los aires, hasta que una nube [2] le encubrió á sus ojos.

10 Y estando atentos á mirar cómo iba subiéndose al cielo, hé aquí que aparecieron cerca de ellos dos personages con vestiduras blancas,

11 los cuales les dijeron: Varones de Galilea, ¿por qué estais ahí parados mirando al cielo? Este Jesus, que separándose de vosotros se ha subido al cielo, vendrá de la misma suerte que le acabais de ver subir allá.

12 Despues de esto se volvieron los discípulos á Jerusalem, desde el Monte llamado de los olivos, que dista de Jerusalem el espacio de camino que puede andarse en sábado [3]. 13 Entrados en la ciudad, subiéronse á una habitacion alta [4], donde tenian su morada Pedro y Juan, Santiago y Andres, Phelippe y Thomás, Bartholomé y Matheo, Santiago hijo de Alpheo, y Simon llamado el Zelador, y Júdas hermano de Santiago.

14 Todos los cuales, animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oracion con las mugeres piadosas, y con Maria la madre de Jesus, y con los hermanos ó parientes de este Señor.

15 Por aquellos dias levantándose Pedro en medio de los hermanos, (cuya junta era como de unas ciento y veinte personas) [5] les dijo:

16 Hermanos mios, es preciso que se cumpla lo que tiene profetizado el Espíritu santo por boca de David [6], acerca de Júdas, que se hizo adalid de los que prendieron á Jesus;

17 y el cual fue de nuestro número, y habia sido llamado á las funciones de nuestro ministerio.

18 Este adquirió un campo con el precio de su maldad, y habiéndose ahorcado, reventó por medio, quedando esparcidas por tierra todas sus entrañas;

19 cosa que es notoria á todos los habitantes de Jerusalem, por manera que aquel campo ha sido llamado en su lengua, Hacéldama, esto es, campo de sangre.

20 Así es que está esrcito en el libro de los Salmos[7]: Quede su morada desierta, ni haya quien habite en ella; y ocupe otro su lugar en el episcopado [8].

21 Es necesario pues que de estos sugetos, que han estado en nuestra compañía todo el tiempo que Jesus Señor nuestro conversó entre nosotros,

22 empezando desde el bautismo de Juan hasta el dia en que apartándose de nosotros se subió al cielo; se elija uno que sea, como nosotros, testigo de su resurreccion.

23 Con eso propusieron á dos, a Joseph, llamado Barsabas, y por sobrenombre el Justo, y á Mathías.

24 Y haciendo oracion dijeron: ¡Oh Señor! tú que ves los corazones de todos, muéstranos cuál de estos dos has destinado

25 á ocupar el puesto de este ministerio y apostolado, del cual cayó Júdas por su prevaricacion, para irse á su lugar [9].

26 Y echando suertes, cayó la suerte á Mathías, con lo que fue agregado á los once apóstoles.

CAPÍTULO II.
Venida del Espíritu santo. Primer sermon de san Pedro, y su fruto. Vida de los primeros fieles.


1 Al cumplirse pues los dias de Pentecostes [10], estaban todos juntos en un mismo lugar,

2 cuando de repente sobrevino del cielo un ruido, como de viento impetuoso que soplaba, y llenó toda la casa donde estaban.

3 Al mismo tiempo vieron aparecer unas como lenguas de fuego, que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos:

4 entonces fueron llenados todos del Espíritu santo, y comenzaron á hablar en diversas lenguas las palabras que el Espíritu santo ponia en su boca.

5 Habia á la sazon en Jerusalem judíos piadosos y temerosos de Dios, de todas las naciones del mundo.

6 Divulgado pues este suceso, acudió una gran multitud de ellos, y quedaron atónitos, al ver que cada uno oia hablar á los apóstoles en su propia lengua.

7 Así pasmados todos y maravillados, se decian unos á otros: ¿Por ventura estos que hablan, no son todos galileos, rudos é ignorantes?

8 ¿pues cómo es que los oimos cada uno de nosotros hablar nuestra lengua nativa?

9 Parthos, medos y elamitas, los moradores de Mesopotamia, de Judea, y de Cappadocia, del Ponto, y del Asia,

10 los de Phrygia, de Pamphylia, y del Egypto, los de la Lybia, confinante con Cyrene, y los que han venido de Roma,

11 tanto judíos como prosélitos [11], los cretenses y los árabes, los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios.

12 Estando pues todos llenos de admiracion, y no sabiendo qué discurrir, se decian unos á otros: ¿Qué novedad es esta?

13 Pero hubo algunos que se mofaban de ellos diciendo: Estos sin duda están borrachos ó llenos de mosto.

14 Entónces Pedro presentándose con los once apóstoles, levantó su voz y les habló de esta suerte: ¡Oh vosotros judíos, y todos los demas que morais en Jerusalem! estad atentos á lo que voy á deciros, y escuchad bien mis palabras.

15 No están estos embriagados, como sospechais vosotros, pues no es mas que la hora tercia [12] del dia;

16 sino que se verifica lo que dijo el Profeta Joel [13]:

17 Sucederá en los postreros dias (dice el Señor) que yo derramaré mi Espíritu sobre todos los hombres; y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; y vuestros jóvenes tendrán visiones, y vuestros Ancianos revelaciones en sueños.

18 Si por cierto: yo derramaré mi Espíritu sobre mis siervos y sobre mis sierras en aquellos dias, y profetizarán:

19 yo haré que se vean prodigios arriba en el cielo, y portentos abajo en la tierra, sangre, y fuego, y torbellinos de humo.

20 El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre [14], antes que llegue el dia grande y patente del Señor.

21 Entónces todos los que hayan invocado el nombre del Señor, serán salvos [15].

22 ¡Oh hijos de Israél! escuchadme ahora: A Jesus de Nazareth, hombre autorizado por Dios á vuestros ojos, con los milagros, maravillas y prodigios que por medio de él ha hecho entre vosotros, como todos sabeis;

23 á este Jesus, dejado á vuestro arbitrio por una órden expresa de la voluntad de Dios, y decreto de su presciencia, vosotros le habeis hecho morir, clavándole en la cruz por mano de los impíos;

24 pero Dios le ha resucitado, librándole de los dolores ó ataduras de la muerte, siendo, como era, imposible quedar él preso ó detenido por ella en tal lugar.

25 Porque ya David en persona de él decia [16]: Tenia siempre presente al Señor ante mis ojos, pues está siempre á mi diestra, para que no experimente ningun trastorno:

26 por tanto se llenó de alegría mi corazon, y resonó mi lengua en voces de júbilo, y mi carne reposará en la esperanza.

27 Que no dejarás mi alma en el sepulcro [17], ni permitirás que el cuerpo de tu Santo experimente la corrupcion.

28 Me harás entrar otra vez en las sendas de la vida; y colmarme has de gozo con tu presencia.

29 Hermanos mios, permitidme que os diga con toda libertad y sin el menor recelo: el Patriarca David muerto está, y fue sepultado; y su sepulcro se conserva entre nosotros hasta el dia de hoy.

30 Pero como era Profeta, y sabia que Dios le habia prometido con juramento que uno de su descendencia se habia de sentar sobre su trono,

31 previendo la resurreccion de Christo, dijo, que ni fue detenido en el sepulcro, ni su carne padeció corrupcion.

32 Este Jesus es á quien Dios ha resucitado, de lo que todos nosotros somos testigos.

33 Elevado pues al cielo, sentado allí á la diestra de Dios, y habiendo recibido de su Padre la promesa ó potestad de enviar al Espíritu santo, le ha derramado hoy sobre nosotros del modo que estais viendo, y oyendo.

34 Porque no es David el que subió al cielo; antes bien él mismo dejó escrito [18]: Dijo el Señor á mi Señor, siéntate á mi diestra,

35 mientras á tus enemigos los pongo yo por tarima de tus pies.

36 Persuádase pues certísimamente toda la casa de Israél, que Dios ha constituido Señor y Christo á este mismo Jesus, al cual vosotros habeis crucificado.

37 Oido este discurso, se compungieron de corazon, y dijeron á Pedro y á los demas apóstoles: Pues, hermanos, ¿qué es lo que debemos hacer?

38 A lo que Pedro les respondió: Haced penitencia, y sea bautizado cada uno de vosotros en el nombre de Jesu-Christo para remision de vuestros pecados; y recibiréis el don del Espíritu santo.

39 Porque la promesa de este don es para vosotros y para vuestros hijos, y para todos los que ahora estan léjos de la salud, para cuantos llamáre á sí el Señor Dios nuestro.

40 Otras muchísimas razones alegó, y los amonestaba, diciendo: Ponéos en salvo de entre esta generacion perversa.

41 Aquellos pues que recibieron su doctrina, fueron bautizados; y se añadieron aquel dia á la Iglesia cerca de tres mil personas.

42 Y perseveraban todos en oir las instrucciones de los apóstoles, y en la comunicacion de la fraccion del pan [19] ó Euchâristía, y en la oracion.

43 Y toda la gente estaba sobrecogida de un respetuoso temor; porque eran muchos los prodigios, y milagros que hacian los apóstoles en Jerusalem, de suerte que todos universalmente estaban llenos de espanto.

44 Los creyentes por su parte vivian unidos enlre sí, y nada tenian que no fuese comun para todos ellos.

45 Vendian sus posesiones y demas bienes, y los repartian entre todos, segun la necesidad de cada uno.

46 Asistiendo asimismo cada dia largos ratos al Templo, unidos con un mismo espíritu, y partiendo el pan por las casas de los fieles, tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazon [20],

47 alabando á Dios, y haciéndose amar de todo el pueblo. Y el Señor aumentaba cada dia el número de los que abrazaban el mismo género de vida para salvarse [21].
CAPÍTULO III.
Un cojo de nacimiento, curado con la invocacion del nombre de Jesus. Segundo sermon de san Pedro, en que demuestra ser Jesus el Mesías prometido en la Ley.


1 Subian un dia Pedro y Juan al Templo, á la oracion de la hora de nona [22].

2 Y habia un hombre, cojo desde el vientre de su madre, a quien traian á cuestas, y ponian todos los dias á la puerta del Templo, llamada la Hermosa, para pedir limosna a los que entraban en él.

3 Pues como este viese á Pedro y á Juan, que iban á entrar en el Templo, les rogaba que le diesen limosna.

4 Pedro entónces, fijando con Juan la vista en este pobre, le dijo: Atiende ácia nosotros.

5 Él los miraba de hito en hito, esperando que le diesen algo.

6 Mas Pedro le dijo: Plata ni oro yo no tengo; pero te doy lo que tengo: en el nombre de Jesu-Christo nazareno levántate, y camina.

7 Y cogiéndole de la mano derecha, le levantó, y al instante se le consolidaron las piernas y las plantas.

8 Y dando un salto de gozo se puso en pié, y echó á andar; y entró con ellos en el Templo andando por sus propios pies, y saltando, y loando á Dios.

9 Todo el pueblo le vió cómo iba andando, y alabando á Dios.

10 Y como le conocían por aquel mismo que solia estar sentado á la limosna, en la puerta Hermosa del Templo, quedaron espantados y fuera de sí con tal suceso.

11 Teniendo pues él de la mano á Pedro y á Juan, todo el pueblo, asombrado, vino corriendo ácia ellos, al lugar llamado pórtico ó galería de Salomon.

12 Lo que viendo Pedro, habló á la gente de esta manera: ¡Oh hijos de Israél! ¿por qué os maravillais de esto, y por qué nos estais mirando á nosotros, como si por virtud ó potestad nuestra hubiésemos hecho andar á este hombre?

13 El Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado con este prodigio á su Hijo Jesus, á quien vosotros habeis entregado; y negado en el tribunal de Pilato, juzgando este que debia ser puesto en libertad.

14 Mas vosotros renegásteis del Santo y del Justo, y pedisteis que se os hiciese gracia de la vida de un homicida:

15 dísteis la muerte al Autor de la vida; pero Dios le ha resucitado de entre los muertos, y nosotros somos testigos de su resurreccion.

16 Su poder es el que, mediante la fé en su nombre, ha consolidado los pies á este que vosotros vísteis y conocisteis tullido; de modo que la fé, que de el proviene, y en él tenemos, es la que ha causado esta perfecta curacion delante de todos vosotros.

17 Ahora, hermanos, yo bien sé que hicísteis por ignorancia que hicisteis, como tambien vuestros gefes.

18 Si bien Dios ha cumplido de esta suerte lo prenunciado por la boca de todos los Profetas, en órden á la pasion de su Christo.

19 Haced pues penitencia, y convertíos, á fin de que se borren vuestros pecados;

20 para cuando vengan por disposicion del Señor los tiempos de consolacion, y envíe al mismo Jesu-Christo que os ha sido anunciado [23],

21 el cual es debido por cierto que se mantenga en el cielo, hasta los tiempos de la restauracion de todas las cosas, de que antiguamente Dios habló por boca de sus santos Profetas.

22 Porque Moysés dijo á nuestros padres: El Señor Dios vuestro os suscitará de entre vuestros hermanos un Profeta, como me ha suscitado á mí: á él habeis de obedecer en todo cuanto os diga.

23 De lo contrario, cualquiera que desobedeciere á aquel Profeta [24], será exterminado ó borrado del pueblo de Dios.

24 Y todos los Profetas que desde Samuel en adelante han vaticinado, anunciaron lo que pasa en estos dias [25].

25 Vosotros ¡oh israelitas! sois hijos de los Profetas, y los herederos de la alianza que hizo Dios con nuestros padres, diciendo á Abraham: En uno de tu descendencia serán benditas todas las naciones de la tierra.

26 Para vosotros en primer lugar es para quienes ha resucitado Dios a su Hijo, y le ha enviado á llenaros de bendiciones; a fin de que cada uno se convierta de su mala vida.

CAPÍTULO IV.
Los apóstoles, presos y examinados sobre la curacion del tullido, confiesan la fé de Jesu-Christo. Se les manda que no prediquen. Crecen los fieles en número y viven con perfecta union.


1 Mientras ellos estaban hablando al pueblo, sobrevinieron los sacerdotes con el magistrado ó comandante del Templo y los sadduceos,

2 no pudiendo sufrir que enseñasen al pueblo, y predicasen en la persona de Jesus la resurreccion de los muertos;

3 y habiéndose apoderado de ellos, los metieron en la cárcel hasta el dia siguiente, porque ya era tarde.

4 Entre tanto muchos de los que habian oido la predicacion de Pedro, creyeron; cuyo número llegó á cinco mil hombres.

5 Al dia siguiente se congregaron en Jerusalem los gefes ó magistrados, y los Ancianos, y los Escribas,

6 con el pontífice Annás y Caiphás, y Juan, y Alejandro, y todos los que eran del linage sacerdotal.

7 Y haciendo comparecer en medio á los apóstoles, les preguntaron: ¿Con que potestad, ó en nombre de quién habeis hecho esa accion?

8 Entónces Pedro, lleno del Espíritu santo, les respondió: Príncipes del pueblo, y vosotros Ancianos de Israél, escuchad:

9 Ya que en este dia se nos pide razon del bien que hemos hecho á un hombre tullido, y que se quiere saber por virtud de quién ha sido curado,

10 declaramos á todos vosotros, y á todo el pueblo de Israél, que la curacion se ha hecho en nombre de nuestro Señor Jesu-Christo nazareno, á quien vosotros cruficásteis, y Dios ha resucitado. En virtud de tal nombre se presenta sano ese hombre á vuestros ojos.

11 Este Jesus es aquella piedra que vosotros desechásteis al edificar, la cual ha venido á ser la principal piedra del ángulo:

12 fuera de él no hay que buscar la salvacion en ningun otro. Pues no se ha dado á los hombres otro nombre debajo del cielo, por el cual debamos salvarnos.

13 Viendo ellos la firmeza de Pedro y de Juan, constándoles por otra parte que eran hombres sin letras, y del vulgo, estaban llenos de admiracion, conociendo que eran de los que habian sido discípulos de Jesus:

14 por otra parte, al ver al hombre que habia sido curado, estar con ellos en pié, nada podian replicar en contrario.

15 Mandáronles pues salir fuera de la junta, y comenzaron á deliberar entre sí,

16 diciendo: ¿Qué harémos con estos hombres? el milagro hecho por ellos, es notorio a todos los habitantes de Jerusalem: es tan evidente, que no podemos negarle.

17 Pero a fin de que no se divulgue mas en el pueblo, apercibámosles que de aquí en adelante no tomen en boca este nombre, ni hablen de él á persona viviente.

18 Por tanto llamándolos, les intimaron que por ningun caso hablasen ni enseñasen en el nombre de Jesus [26].

19 Mas Pedro y Juan respondieron á esto, diciéndoles: Juzgad vosotros, si en la presencia de Dios, es justo el obedeceros á vosotros antes que á Dios;

20 porque nosotros no podemos ménos de hablar lo que hemos visto y oido.

21 Pero ellos con todo amenazándolos los despacharon, no hallando arbitrio para castigarlos, por temor del pueblo, porque todos celebraban este glorioso hecho;

22 pues el hombre en quien se habia obrado esta cura milagrosa, pasaba de cuarenta años.

23 Puestos ya en libertad, volvieron á los suyos, y les contaron cuantas cosas les habian dicho los principes de los sacerdotes y los Ancianos.

24 Ellos al oirlo, levantaron todos unánimes la voz á Dios, y dijeron; Señor, tú eres el que hiciste el cielo, y la tierra, el mar, y todo cuanto en ellos se contiene:

25 el que, hablando el Espíritu santo por boca de David nuestro padre, y siervo tuyo, dijiste: ¿Por qué se han alborotado las naciones, y los pueblos han forjado empresas vanas?

26 Armáronse los reyes de la tierra, y los príncipes se coligaron contra el Señor y contra su Christo.

27 Porque verdaderamente se mancomunaron en esta ciudad contra tu santo hijo Jesus, á quien ungiste, Heródes y Poncio Pilato, con los gentiles, y las tribus de Israél,

28 para ejecutar lo que tu poder y providencia determinaron que se hiciese [27].

29 Ahora pues Señor mira sus vanas amenazas, y da á tus siervos el predicar con toda confianza tu palabra,

30 extendiendo tu poderosa mano para hacer curaciones, prodigios y portentos en el nombre de Jesus, tu santo Hijo [28].

31 Acabada esta oracion, tembló el lugar en que estaban congregados; y todos se sintieron llenos del Espíritu santo, y anunciaban con firmeza la palabra de Dios.

32 Toda la multitud de los fieles tenia un mismo corazon, y una misma alma; ni habia entre ellos quien considerase como suyo lo que poseia; sino que tenian todas las cosas en comun.

33 Los apóstoles con gran valor daban testimonio de la resurreccion de Jesu-Christo Señor nuestro; y en todos los fieles resplandecia la gracia con abundancia.

34 Así es que no habia entre ellos persona necesitada, pues todos los que tenian posesiones ó casas, vendiéndolas, traían el precio de ellas,

35 y le ponian á los pies de los apóstoles, el cual despues se distribuia segun la necesidad de cada uno.

36 De esta manera Joseph, á quien los apóstoles pusieron el sobrenombre de Bernabé, (esto es, hijo de consolacion ó consolador) que era levita, y natural de la isla de Chypre,

37 vendió una heredad que tenia, y trajo el precio y le puso á los pies de los apóstoles.

CAPÍTULO V.
Castigo de Ananías y Saphira. Los apóstoles, y en especia! san Pedro, son de nuevo perseguidos y presos; y por consejo de Gamaliel son puestos en libertad, despues de ser azotados.


1 Un hombre llamado Ananías, con su muger Saphira, vendió tambien un campo.

2 Y, de acuerdo con ella, retuvo parte del precio; y trayendo el resto, púsole á los pies de los apóstoles.

3 Mas Pedro le dijo: Ananías, ¿cómo ha tentado Satanás tu corazon, para que mintieses al Espíritu santo, reteniendo parte del precio de ese campo?

4 ¿Quién te quitaba el conservarle? Y aunque le hubieses vendido, ¿no estaba su precio á tu disposicion? ¿Pues á qué fin has urdido en tu corazon esta trampa? No mentiste á hombres, sino á Dios.

5 Al oir Ananías estas palabras, cayó en tierra y espiró. Con lo cual todos los que tal suceso supieron, quedaron en gran manera atemorizados.

6 En la hora misma vinieron unos mozos, y le sacaron y llevaron á enterrar.

7 No bien se pasaron tres horas, cuando su muger entró, ignorante de lo acaecido.

8 Díjole Pedro: Dime, muger, ¿es así que vendisteis el campo por tanto? Si, respondió ella, por ese precio le vendimos.

9 Entonces Pedro le dijo: ¿Por qué os habeis concertado para tentar al Espíritu del Señor? Hé aquí á la puerta los que enterraron á tu marido; y ellos mismos te llevarán á enterrar.

10 Al momento cayó á sus pies, y espiró. Entrando luego los mozos, encontráronla muerta, y sacándola, la enterraron al lado de su marido.

11 Lo que causó gran temor en toda la Iglesia, y en todos los que tal suceso oyeron [29]. 12 Entre tanto los apóstoles hacian muchos milagros y prodigios entre el pueblo. Y todos los fieles unidos en un mismo espíritu se juntaban en el pórtico de Salomon.

13 De los otros nadie osaba juntarse ó hermanarse con ellos; pero el pueblo hacia de ellos grandes elogios.

14 Con esto se aumentaba mas y mas el número de los que creían en el Señor, así de hombres como de mugeres,

15 de suerte que sacaban á las calles á los enfermos, poniéndolos en camillas y lechos ó carretones, para que pasando Pedro, su sombra tocase por lo ménos en alguno de ellos, y quedasen libres de sus dolencias.

16 Concurria tambien á Jerusalem mucha gente de las ciudades vecinas, trayendo enfermos y endemoniados, los cuales eran curados todos.

17 Alarmado con esto el príncipe de los sacerdotes, y los de su partido, (que era la secta de los sadduceos) se mostraron llenos de zelo;

18 y prendiendo á los apóstoles, los metieron en la cárcel pública.

19 Mas el ángel del Señor abriendo por la noche las puertas de la cárcel, y sacándolos fuera, les dijo:

20 Id al Templo, y puestos allí, predicad al pueblo la doctrina de esta ciencia de vida.

21 Ellos, oido esto, entraron al despuntar el alba en el Templo, y se pusieron á enseñar. Entre tanto vino el pontífice, con los de su partido, y convocaron el concilio, y á todos los Ancianos del pueblo de Israél, y enviaron por los presos á la cárcel.

22 Llegados los ministros, y abierta la cárcel, como no los hallasen, volvieron con la noticia,

23 diciendo: La cárcel la hemos hallado muy bien cerrada, y á los guardas en centinela delante de las puertas; mas habiéndolas abierto, á nadie hemos hallado dentro.

24 Oidas tales nuevas, tanto el comandante del Templo, como los príncipes de los sacerdotes, no podian atinar qué se habria hecho de ellos [30].

25 A este tiempo llegó uno y les dijo: Sabed que aquellos hombres que metísteis en la cárcel, están en el Templo enseñando al pueblo.

26 Entonces el comandante fue allá con su gente, y los condujo sin hacerles violencia, porque temian ser apedreados por el pueblo.

27 Conducidos que fueron, presentáronlos al concilio; y el Sumo sacerdote los interrogó,

28 diciendo: Nosotros os teníamos prohibido con mandato formal que enseñáseis en ese nombre; y en vez de obedecer, habeis llenado á Jerusalem de vuestra doctrina, y quereis hacernos responsables á nosotros de la sangre de ese hombre.

29 A lo cual respondiendo Pedro y los apóstoles, dijeron: Es necesario obedecer á Dios, antes que á los hombres.

30 El Dios de nuestros padres ha resucitado á Jesus, á quien vosotros habeis hecho morir, colgándole en un madero.

31 A este ensalzó Dios con su diestra por príncipe y salvador, para dar á Israél el arrepentimiento y la remision de los pecados:

32 nosotros somos testigos de estas verdades, y lo es tambien el Espíritu santo, que Dios ha dado á todos los que le obedecen.

33 Oidas estas razones, se desatinaban sus enemigos, y enfurecidos trataban de matarlos.

34 Pero levantándose en el concilio un Fariseo, llamado Gamaliel, doctor de la Ley, hombre respetado de todo el pueblo, mandó que se retirasen á fuera por un breve rato aquellos hombres.

35 Y entónces dijo á los del concilio: ¡Oh israelitas! considerad bien lo que vais á hacer con estos hombres.

36 Sabeis que poco há se levantó un tal Theodas, que se vendia por persona de mucha importancia, al cual se asociaron cerca de cuatrocientos hombres: él fue muerto, y todos los que le creian, se dispersaron, y redujeron á nada.

37 Despues de este alzó bandera Júdas galileo en tiempo del empadronamiento, y arrastró tras sí al pueblo: este pereció del mismo modo, y todos sus secuaces quedaron disipados.

38 Ahora pues os aconsejo que no os metais con esos hombres, y que los dejeis, porque si este designio ó empresa es obra de hombres, ella misma se desvanecerá;

39 pero si es cosa de Dios, no podréis destruirla, y os expondríais á ir contra Dios. Todos adhirieron á este parecer.

40 Y llamando á los apóstoles, despues de haberlos hecho azotar, les intimaron que no hablasen mas, ni poco ni mucho, en el nombre de Jesus, y los dejaron ir.

41 Entónces los apóstoles se retiraron de la presencia del concilio muy gozosos, porque habian sido hallados dignos de sufrir aquel ultraje por el nombre de Jesus.

42 Y no cesaban todos los dias, en el Templo y por las casas, de anunciar y de predicar á Jesu-Chrísto.

CAPÍTULO VI.


1 Por aquellos dias, creciendo el número de los discípulos, se suscitó una queja de los judíos griegos contra los judíos hebreos ó nacidos en el pais, porque no se hacia caso de sus viudas en el servicio ó distribucion del sustento diario.

2 En atencion á esto, los doce apóstoles convocando á todos los discípulos, les dijeron: No es justo que nosotros descuidemos la predz cacz on de la palabra de Dios, por tener cuidado de las mesas.

3 Por tanto, hermanos, nombrad de entre vosotros siete sugetos de buena fama, llenos del Espíritu santo y de inteligencia, á los cuales encarguemos este ministerio.

4 Y con esto podremos nosotros empleamos enteramente en la oracion, y en la predicacion de la palabra divina.

5 Pareció bien esta propuesta á toda la asamblea; y así nombraron á Esteban, varon lleno de fé y del Espíritu santo, y á Phelippe, y á Próchòro, a Nicanor y á Timon, a Pármenas y á Nicolas, prosélito antiochêno,

6 Presentáronlos á los apóstoles, los cuales, haciendo oracion, les impusieron las manos, ó consagraron [31].

7 Entre tanto la palabra de Dios iba fructificando, y multiplicándose sobremanera el número de los discípulos en Jerusalem; y sujetabanse tambien á la fé muchos de los sacerdotes.

8 Mas Esteban, lleno de gracia y de fortaleza, obraba grandes prodigios y milagros entre el pueblo.

9 Levantáronse pues algunos de la synagoga llamada de los libertinos ó libertos, y de las synagogas de los cyreneos, de los alejandrinos, de los cilicianos y de los asiáticos, y trabaron disputas con Estéban;

10 pero no podian contrarestar á la sabiduria, y al Espíritu que hablaba en él [32].

11 Entónces sobornaron á algunos, que dijesen haberle oido proferir blasfemias contra Moysés y contra Dios.

12 Con eso alborotaron á la plebe, y á los Ancianos, y á los Escribas; y echándose sobre él le arrebataron, y trajeron al concilio,

13 y produjeron testigos falsos que afirmasen: Este hombre no cesa de proferir palabras contra este Lugar santo, y contra la Ley,

14 pues nosotros le hemos oido decir: Que aquel Jesus nazareno ha de destruir este lugar, y mudar las tradiciones ú observancias que nos dejó ordenadas Moysés.

15 Entonces fijando en él los ojos todos los del concilio, vieron su rostro como el rostro de un ángel.
CAPÍTULO VII.
Razonamiento de san Estéban en el concilio de los judíos, y su martirio.


1 Dijo entonces el príncipe de los sacerdotes: ¿Es esto así?

2 Respondió él: Hermanos mios y padres, escuchadme: El Dios de la gloria apareció á nuestro padre Abraham cuando estaba en Mesopotamia, primero que habitase en Châran [33],

3 y le dijo: Sal de tu patria, y de tu parentela, y ven al pais que yo te mostraré.

4 Entonces salió de la Châldea, y vino a habitar en Châran. De allí, muerto su padre, le hizo pasar Dios a esta tierra, en donde ahora morais vosotros.

5 Y no le dió de ella en propiedad ni un palmo tan solamente: prometióle, sí, darle la posesion de dicha tierra, y que despues de él la poseerian sus descendientes, y eso que a la sazon Abraham no tenia hijos.

6 Predíjole tambien Dios: Que sus descendientes morarian en tierra extraña, y serian esclavizados, y muy maltratados por espacio de cuatrocientos años:

7 si bien, dijo el Señor, yo tomaré venganza de la nacion, á la cual servirán como esclavos; y al cabo saldrán libres de aquel pais, y me servirán á mí en este lugar.

8 Hizo despues con él la alianza sellada con la circunsicion; y así Abraham, habiendo engendrado á Isaac, le circuncidó á los ocho dias: Isaac tuvo á Jacob; y Jacob a los doce Patriarcas.

9 Los Patriarcas movidos de envidia, vendieron á Joseph para ser llevado á Egypto, donde Dios estaba con él;

10 y le libró de todas sus tribulaciones: y habiéndole llenado de sabiduría, le hizo grato á Pharaon rey de Egypto, el cual le constituyó gobernador de Egypto y de todo su palacio.

11 Vino despues la hambre general en todo el Egypto y en la tierra de Chânaan, y la miseria fue extrema: de suerte que nuestros padres no hallaban de que alimentarse.

12 Pero habiendo sabido Jacob que en Egypto habia trigo, envió allá á nuestros padres por la primera vez;

13 y en la segunda que fueron, Joseph se dió á conocer á sus hermanos, y fue descubierto su linage á Pharaon.

14 Entónces Joseph envió por su padre Jacob, y por toda su parentela, que era de setenta y cinco personas.

15 Bajó pues Jacob á Egypto, donde vino á morir él, y tambien nuestros padres.

16 Y sus huesos fueron despues trasladados á Sichêm [34], y colocados en el sepulcro que Abraham compró de los hijos de Hemor, hijo de Sichêm, por cierta suma de dinero.

17 Pero acercándose ya el tiempo de cumplirse la promesa, que con juramento habia hecho Dios á Abraham, el pueblo de Israél fue creciendo, y multiplicándose en Egypto,

18 hasta que reinó allí otro soberano, que no sabia nada de Joseph.

19 Este príncipe usando de una artificiosa malicia contra nuestra nacion, persiguió á nuestros padres, hasta obligarlos á abandonar sus niños recien nacidos, á fin de que no se propagasen.

20 Por este mismo tiempo nació Moysés, que fue grato á Dios, y el cual por tres meses fue criado ocultamente en casa de su padre.

21 Al fin, habiendo sido abandonado sobre las aguas del Nilo, le recogió la hija de Pharaon, y le crió como á hijo suyo.

22 Se le instruyó en todas las ciencias de los egypcios, y llegó á ser varon poderoso, tanto en palabras, como en obras.

23 Llegado á la edad de cuarenta años, le vino deseo de ir á visitar á sus hermanos los hijos de Israél.

24 Y habiendo visto que uno de ellos era injuriado, se puso de su parte, y le vengó, matando al egypcio que le injuriaba.

25 Él estaba persuadido de que sus hermanos los israelitas conocerian que por su medio les habia de dar Dios libertad; mas ellos no lo entendieron.

26 Al dia siguiente se metió entre unos que reñian, y exhortábalos á la paz, diciendo: Hombres, vosotros sois hermanos, ¿pues por qué os maltratais uno al otro?

27 Mas aquel que hacia el agravio á su prójimo, le rempujó, diciendo: ¿Quién te ha puesto á tí por príncipe y juez sobre nosotros?

28 ¿Quieres tú por ventura matarme á mí, como mataste ayer al egypcio?

29 Al oir esto Moyses se ausentó; y retiróse á vivir como extrangero en el pais de Madian, donde tuvo dos hijos.

30 Cuarenta años despues se le apareció un ángel del Señor en el Desierto del monte Sina, entre las llamas de una zarza que ardia sin consumirse.

31 Maravillóse Moysés al ver aquel espectáculo; y acercándose á contemplarle, oyó la voz del Señor, que le decia:

32 Yo soy el Dios de tus padres, el Dios de Abraham, el Dios de Isaac, y el Dios de Jacob. Despavorido entónces Moysés, no osaba mirar lo que aquello era.

33 Pero el Señor le dijo: Quítate de los piés el calzado, porque el lugar en que estás, es una tierra santa.

34 Yo he visto y considerado la afliccion del pueblo mio, que habita en Egypto, y he oido sus gemidos, y he descendido á librarle. Ahora pues ven tú, y te enviaré á Egypto.

35 Así que á este Moysés, á quien desecharon, diciendo: ¿Quién te ha constituido nuestro príncipe y juez? á este mismo envió Dios para ser el caudillo y libertador de ellos, bajo la direccion del ángel, que se le apareció en la zarza.

36 Este mismo los libertó, haciendo prodigios y milagros en la tierra de Egypto, y en el Mar rojo, y en el Desierto por espacio de cuarenta años.

37 Este es aquel Moysés que dijo a los hijos de Israél: Dios os suscitará de entre vuestros hermanos un Profeta legislador, como me ha suscitado á mí; á este debeis obedecer.

38 Moysés es quien, mientras el pueblo estaba congregado en el Desierto, estuvo tratando con el ángel, que le hablaba en el monte Sina: es aquel que estuvo con nuestros padres; el que recibió de Dios las palabras de vida para comunicárnoslas.

39 A quien no quisieron obedecer nuestros padres; antes bien le desecharon, y con su corazon y afecto se volvieron á Egypto,

40 diciendo á Aaron: Haznos dioses que nos guien: ya que no sabemos qué se ha hecho de ese Moysés, que nos sacó de la tierra de Egypto.

41 Y fabricaron despues un becerro, y ofrecieron sacrificio á este ídolo, y hacian regocijo ante la hechura de sus manos.

42 Entónces Dios les volvió las espaldas, y los abandonó á la idolatría de los astros ó la milicia del cielo, segun se halla escrito en el Libro de los Profetas[35]: ¡Oh casa de Israél! ¿por ventura me has ofrecido víctimas y sacrificios los cuarenta años del Desierto?

43 Al contrario habeis conducido el tabernáculo de Moloch, y el astro de vuestro dios Rempham [36], figuras que fabricásteis para adorarlas. Pues yo os trasportaré á Babylonia, y mas allá.

44 Tuvieron nuestros padres en el Desierto el tabernáculo del testimonio, segun se lo ordenó Dios á Moysés, diciéndole, que le fabricase segun el modelo que habia visto [37].

45 Y habiéndole recibido nuestros padres, le condujeron bajo la direccion de Josué á el pais que era la posesion de las naciones, que fue Dios expeliendo delante de ellos, y duró el Tabernáculo hasta el tiempo de David [38].

46 Este fue acepto á los ojos de Dios, y pidió poder fabricar un templo al Dios de Jacob.

47 Pero el Templo quien le edificó fue Salomon [39].

48 Si bien el Altísimo no habita precisamente en moradas hechas de mano de hombres, como dice el Profeta:

49 El cielo es mi trono, y la tierra el estrado de mis pies [40]. ¿Qué especie de casa me habeis de edificar vosotros? dice el Señor; ó ¿cual podrá ser digno lugar de mi descanso?

50 ¿Por ventura no hizo mi mano todas estas cosas?

51 Hombres de dura cerviz, y de corazon y oido incircuncisos, vosotros resistís siempre al Espíritu santo: como fueron vuestros padres, así sois vosotros.

52 ¿A qué Profeta no persiguieron vuestros padres? Ellos son los que mataron á los que prenunciaban la venida del Justo, que vosotros acabais de entregar, y del cual habeis sido homicidas:

53 vosotros que recibisteis la Ley por ministerio de ángeles, y no la habeis guardado.

54 Al oir tales cosas, ardian en cólera sus corazones, y crujían los dientes contra él.

55 Mas Estéban estando lleno del Espíritu santo, y fijando los ojos en el cielo, vió la gloria de Dios, y á Jesus que estaba á la diestra de Dios. Y dijo: Estoy viendo ahora los cielos abiertos, y al Hijo del hombre sentado á la diestra de Dios.

56 Entónces clamando ellos con gran gritería, se taparon los oidos; y despues todos á una arremetieron contra él.

57 Y arrojándole fuera de la ciudad le apedrearon; y los testigos [41] depositaron sus vestidos á los pies de un mancebo, que se llamaba Saulo.

58 Y apedreaban á Estéban, el cual estaba orando, y diciendo: Señor Jesus, recibe mi espíritu.

59 Y poniéndose de rodillas, clamó en alta voz: Señor, no les hagas cargo de este pecado. Y dicho esto, durmió en el Señor. Saulo empero habia consentido como los otros á la muerte de Esteban.

CAPÍTULO VIII.
Saulo persigue la Iglesia. Phelippe el diácono hace mucha fruta en Samaria, á donde son enviados Pedro y Juan. Pecado cometido por Simon mago, que dió el nombre á la simonía. Phelippe bautiza al eunuco de la reina Candace.


1 Por aquellos dias se levantó una gran persecucion contra la Iglesia de Jerusalem, y todos los discípulos, ménos los apóstoles, se desparramaron por vários distritos de Judea y de Samaria.

2 Mas algunos hombres timoratos cuidaron de dar sepultura á Estéban, en cuyas exequias hicieron gran duelo [42].

3 Entre tanto Saulo iba desolando la Iglesia, y entrándose por las casas, sacaba con violencia á hombres y mugeres, y los hacia meter en la cárcel.

4 Pero los que se habian dispersado, andaban de un lugar á otro, predicando la palabra de Dios.

5 Entre ellos Phelippe, habiendo llegado á la ciudad de Samaria, les predicaba á Jesu-Christo.

6 Y era grande la atencion con que todo el pueblo escuchaba los discursos de Phelippe, oyéndole todos con el mismo fervor, y viendo los milagros que obraba.

7 Porque muchos espíritus inmundos salian de los espiritados, dando grandes gritos.

8 Y muchos paralíticos, y cojos fueron curados.

9 Por lo que se llenó de grande alegría aquella ciudad. En ella habia ejercitado antes la magia un hombre llamado Simon, engañando á los samaritanos, y persuadiéndoles que él era un gran personage:

10 todos, grandes y pequeños, le escuchaban con veneracíon, y decian: Este es la virtud grande de Dios.

11 La causa de su adhesion á él era, porque ya hacia mucho tiempo que los traia infatuados con su arte mágica.

12 Pero luego que hubieron creido la palabra del reino de Dios, que Phelippe les anunciaba, hombres y mugeres se hacian bautizar en nombre de Jesu-Christo [43].

13 Entónces creyó tambien el mismo Simon; y habiendo sido bautizado, seguia y acompañaba a Phelippe. Y al ver los milagros y portentos grandísimos que se hacian, estaba atónito y lleno de asombro.

14 Sabiendo pues los apóstoles, que estaban en Jerusalem, que los samaritanos habian recibido la palabra de Dios, les enviaron á Pedro y á Juan.

15 Estos en llegando, hicieron oracion por ellos á fin de que recibiesen al Espiritu santo;

16 porque aun no habia descendido sobre ninguno de ellos, sino que solamente estaban bautizados en nombre del Señor Jesus.

17 Entonces les imponian las manos, y luego recibían al Espíritu santo de un modo sensible.

18 Habiendo visto pues Simon, que por la imposicion de las manos de los apóstoles se daba el Espíritu santo, les ofreció dinero,

19 diciendo: Dadme tambien á mí esa potestad, para que cualquiera á quien imponga yo las manos, reciba al Espíritu santo. Mas Pedro le respondió:

20 Perezca tu dinero contigo, pues has juzgado que se alcanzaba por dinero el don de Dios.

21 No puedes tú tener parte, ni cabida en este ministerio, porque tu corazon no es recto a los ojos de Dios.

22 Por tanto haz penitencia de esta perversidad tuya; y ruega de tal suerte a Dios, que te sea perdonado ese desvarío de tu corazon.

23 Pues yo te veo lleno de amarguísima hiel, y arrastrando la cadena de la iniquidad.

24 Respondió Simon, y dijo: Rogad por mí vosotros al Señor, para que no venga sobre mi nada de lo que acabais de decir.

25 Ellos en fin, habiendo predicado, y dado testimonio de la palabra del Señor, regresaron a Jerusalem, anunciando el Evangelio en muchos distritos de los samaritanos.

26 Mas un ángel del Señor habló á Phelippe, diciendo: Parte, y ve ácia el Mediodía, por la via que lleva de Jerusalem á Gaza, la cual está desierta.

27 Partió luego Phelippe, y se fue ácia allá. Y hé aquí que encuentra á un ethíope, eunuco, gran valido de Candace, reina de los ethíopes, y superintendente de todos sus tesoros, el cual habia venido á Jerusalem á adorar a Dios;

28 y á la sazon se volvia, sentado en su carruage, y leyendo al Profeta Isaías.

29 Entónces dijo el Espíritu á Phelippe: Date prisa y arrímate á ese carruage.

30 Acercándose pues Phelippe á toda prisa, oyó que iba leyendo en el Profeta Isaías, y le dijo: ¿Te parece a tí que entiendes lo que vas leyendo?

31 ¿Cómo lo he de entender, respondió él, si alguno no me lo explica? Rogó pues á Phelippe que subiese, y tomase asiento á su lado.

32 El pasage de la Escritura que iba leyendo, era este [44]: Como oveja fue conducido al matadero; y como cordero que está sin balar en manos del que le trasquila, así él no abrió su boca.

33 Despues de sus humillaciones ha sido libertado del poder de la muerte, á la cual fue condenado. Su generacion ¿quién podra declararla, puesto que su vida será, cortada de la tierra?

34 A esto preguntó el eunuco á Phelippe: Dime, te ruego, ¿de quién dice esto el Profeta? ¿de sí mismo, ó de algun otro? 35 Entónces Phelippe tomando la palabra, y comenzando por este texto de la Escritura, le evangelizó á Jesus.

36 Siguiendo su camino, llegaron á un parage en que habia agua, y dijo el eunuco: Aquí hay agua, ¿qué impedimento hay para que yo sea bautizado?

37 Ninguno, respondió Phelippe, si crees de todo corazon. A lo que dijo el eunuCO: Yo creo que JesuChrislo es el Hijo de Dios.

38 Y mandando parar el carruage, bajaron ambos, Phelippe y el eunuco, al agua, y Phelippe le bautizó.

39 Así que salieron del agua, el Espíritu del Señor arrebató á Phelippe, y no le vió mas el eunuco; el cual prosiguió su viage, rebosando de gozo.

40 Phelippe de repente se halló en Azoto, y fue anunciando el Evangelio á todas las ciudades por donde pasaba, hasta que llegó á Cesarea.

CAPÍTULO IX.
Conversion portentosa de Saulo: predica luego en Damasco: va á Jerusalem, y Bernabé le presenta á los apóstoles, que le envían á Tarso. San Pedro cura á un paralítico, y resucita en Joppe á Tabitha.


1 Mas Saulo, que todavia no respiraba sino amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, se presentó al príncipe de los sacerdotes,

2 y le pidió cartas para Damasco dirigidas a las synagogas, para traer presos á Jerusalem á cuantos hombres y mugeres hallase de esta profesion ó escuela de Jesus.

3 Caminando pues á Damasco, ya se acercaba á esta ciudad, cuando de repente le cercó de resplandor una luz del cielo.

4 Y cayendo en tierra asombrado, oyó una voz que le decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

5 Y él respondió: ¿Quién eres tú, Señor? Y el Señor le dijo: Yo soy Jesus, á quien tú persigues: dura cosa es para tí el dar coces contra el aguijon.

6 Él entonces temblando y despavorido, dijo: Señor, ¿que quieres que haga?

7 Y el Señor le respondió: Levántate, y entra en la ciudad, donde se te dirá lo que debes hacer. Los que venian acompañándole, estaban asombrados, oyendo sí, sonido de voz [45], pero sin ver á nadie.

8 Levantóse Saulo de la tierra, y aunque tenia abiertos los ojos, nada veia. Por lo cual, llevándole de la mano, le metieron en Damasco.

9 Aquí se mantuvo tres dias privado de la vista, y sin comer, ni beber.

10 Estaba á la sazon en Damasco un discípulo llamado Ananías, al cual dijo el Señor en una vision: ¿Ananías? Y él respondió: Aquí me teneis, Señor.

11 Levántate, le dijo el Señor, y vé a la calle llamada Recta; y busca en casa de Júdas á un hombre de Tarso llamado Saulo, que ahora está en oracion. 12 (Y en este mismo tiempo veia Saulo en una vision á un hombre, llamado Ananías, que entraba, y le imponía las manos para que recobrase la vista.)

13 Respondió empero Ananías: Señor, he oido decir á muchos que este hombre ha hecho grandes daños á tus santos en Jerusalem;

14 y aun aquí está con poderes de los príncipes de los sacerdotes para prender á todos los que invocan tu nombre.

15 Vé á encontrarle, le dijo el Señor, que ese mismo es ya un instrumento [46] elegido por mí para llevar mi nombre y anunciarle delante de todas las naciones, y de los reyes, y de los hijos de Israél.

16 Y yo le haré ver cuántos trabajos tendrá que padecer por mi nombre.

17 Marchó pues Ananías, y entró en la casa; é imponiendole las manos, le dijo: Saulo hermano mio, el Señor Jesus, que se te apareció en el camino que traias, me ha enviado para que recobres la vista, y quedes lleno del Espíritu santo.

18 Al momento cayeron de sus ojos unas como escamas, y recobró la vista; y levantándose fue bautizado.

19 Y habiendo tomado despues alimento, recobró sus fuerzas. Estuvo algunos dias con los discípulos que habitaban en Damasco.

20 Y desde luego empezó á predicar en las synagogas á Jesus, afirmando que este era el Hijo de Dios.

21 Todos los que le oian, estaban pasmados, y decian: ¿Pues no es este aquel mismo que con tanto furor perseguia en Jerusalem á los que invocaban este nombre, y que vino acá de propósito para conducirlos presos á los príncipes de los sacerdotes?

22 Saulo empero cobraba cada dia nuevo vigor y esfuerzo, y confundia á los judíos que habitaban en Damasco, demostrándoles que Jesus era el Christo.

23 Mucho tiempo despues, los judíos se conjuraron de mancomun para quitarle la vida [47].

24 Fue advertido Saulo de sus asechanzas; y ellos á fin de salir con el intento de matarle, tenian puestas centinelas dia y noche á las puertas.

25 En vista de lo cual los discípulos, tomándole una noche, le descolgaron por el muro, metido en un seron.

26 Así que llegó á Jerusalem, procuraba unirse con los discípulos, mas todos se temian de él, no creyendo que fuese discípulo;

27 hasta tanto que Bernabé tomándole consigo, le llevó á los apóstoles [48], y les contó cómo el Señor se le habia aparecido en el camino, y las palabras que le habia dicho, y con cuánta firmeza habia procedido en Damasco predicando con libertad en el nombre de Jesus.

28 Con eso andaba y vivia con ellos en Jerusalem, y predicaba con grande ánimo y libertad en el nombre del Señor.

29 Conversaba tambien con los de otras naciones, y disputaba con los judíos griegos; pero estos confundidos buscaban medio para matarle.

30 Lo que sabido por los hermanos, le condujeron á Cesarea, y de allí le enviaron á Tarso.

31 La Iglesia entre tanto gozaba de paz por toda la Judea, y Galilea, y Samaria, é iba estableciéndose, ó perfeccionándose, procediendo en el temor del Señor, y llena de los consuelos del Espíritu santo.

32 Sucedió por entonces, que visitando Pedro á todos los discípulos, vino asimismo á los santos ó fieles que moraban en Lydda.

33 Aquí halló á un hombre llamado Enéas, que hacia ocho años que estaba postrado en una cama, por estar paralítico.

34 Díjole Pedro: Enéas, el Señor Jesu-Christo te cura: levántate, y hazte tú mismo la cama. Y al momento se levantó.

35 Todos los que habitaban en Lydda y en Sarona, le vieron; y se convirtieron al Señor.

36 Habia tambien en Joppe entre los discípulos una muger llamada Tabitha, que traducido al griego es lo mismo que Dóreas. Estaba esta enriquecida de buenas obras, y de las limosnas que hacia.

37 Mas acaeció en aquellos dias que, cayendo enferma, murió. Y lavado su cadaver, la pusieron de cuerpo presente en un aposento alto.

38 Como Lydda está cerca de Joppe, oyendo los discípulos que Pedro estaba allí, le enviaron dos mensageros, suplicándole que sin detencion pasase á verlos.

39 Púsose luego Pedro en camino con ellos. Llegado que fue, condujéronle al aposento alto; y se halló rodeado de todas las viudas, que llorando le mostraban las túnicas y los vestidos que Dórcas les hacia.

40 Entonces Pedro habiendo hecho salir á toda la gente, poniéndose de rodillas, hizo oracion; y vuelto al cadáver, dijo: Tabitha, levántate. Al instante abrió ella los ojos; y viendo á Pedro, se incorporó.

41 El cual dándole la mano, la puso en pié. Y llamando á los santos ó fieles, y á las viudas, se la entregó viva.

42 Lo que fue notorio en toda la ciudad de Joppe: por cuyo motivo muchos creyeron en el Señor.

43 Con eso Pedro se hubo de detener muchos dias en Joppe, hospedado en casa de cierto Simon curtidor.

CAPÍTULO X.
Bautiza Pedro á Cornelio el centurion, y á vários otros gentiles parientes y amigos de este.


1 Habia en Cesarea un varon llamado Cornelio, el cual era centurion en una cohorte [49] de la legion llamada Itálica,

2 hombre religioso, y temeroso de Dios con toda su familia, y que daba muchas limosnas al pueblo, y hacia continua oracion a Dios:

3 este pues, á eso de la hora de nona, en una vision vió claramente á un ángel del Señor entrar en su aposento, y decirle: ¡Cornelio!

4 Y él mirandole, sobrecogido de temor, dijo: ¿Qué quereis de mí, Señor? Respondióle: Tus oraciones y tus limosnas han subido hasta arriba en el acatamiento de Dios haciendo memoria de tí.

5 Ahora pues envía a alguno á Joppe en busca de un tal Simon, por sobrenombre Pedro;

6 el cual está hospedado en casa de otro Simon curtidor, cuya casa está cerca del mar: este te dirá lo que le conviene hacer.

7 Luego que se retiró el ángel que le hablaba, llamó á dos de sus domésticos, y a un soldado de los que estaban á sus órdenes, temeroso de Dios.

8 A los cuales, despues de habérselo confiado todo, los envió á Joppe.

9 El dia siguiente, mientras estaban ellos haciendo su viage, y acercándose á la ciudad, subió Pedro á lo alto de la casa cerca de la hora de sexta á hacer oracion.

10 Sintiendo hambre, quiso tomar alimento. Pero mientras se lo aderezaban, le sobrevino un éxtasis ó arrobamiento;

11 y en él vió el cielo abierto, y bajar cierta cosa como un mantel grande, que pendiente de sus cuatro puntas se descolgaba del cielo a la tierra,

12 en el cual habia todo género de animales cuadrúpedos y reptiles de la tierra, y aves del cielo.

13 Y oyó una voz que le decia: Pedro, levántate, mata y come.

14 Dijo Pedro: No haré tal, Señor, pues jamás he comido cosa profana é inmunda.

15 Replicóle la misma voz: Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú profano.

16 Esto se repitió por tres veces; y luego el mantel volvio á subirse al cielo.

17 Mientras estaba Pedro discurriendo entre sí qué significaría la vision que acababa de tener, hé aquí que los hombres que enviára Cornelio, preguntando por la casa de Simon, llegaron a la puerta.

18 Y habiendo llamado, preguntaron si estaba hospedado allí Simon, por sobrenombre Pedro.

19 Y mientras este estaba ocupado en discurrir sobre la vision, le dijo el Espíritu: Mira, ahí están tres hombres que te buscan.

20 Levántale luego, baja y vete con ellos sin el menor reparo, porque yo soy el que los he enviado.

21 Habiendo pues Pedro bajado, e ido al encuentro de los mensageros, les dijo: Vedme aquí; yo soy aquel á quien buscais: ¿cuál es el motivo de vuestro viage?

22 Ellos lo respondieron: El centurion Cornelio, varon justo y temeroso de Dios, estimado y tenido por tal de toda la nacion de los judíos, recibió aviso de un santo ángel, para que te enviara á llamar á su casa, y escuchase lo que tú le digas.

23 Pedro entónces haciéndolos entrar, los hospedó consigo. Al dia siguiente partió con ellos, acompañándole tambien algunos de los hermanos de Joppe.

24 El dia despues entró en Cesarea. Cornelio por su parte, convocados sus parientes, y amigos mas íntimos, los estaba esperando.

25 Estando Pedro para entrar, le salió Cornelio á recibir, y postrándose á sus pies, le adoró [50].

26 Mas Pedro le levantó, diciendo: Álzate, que yo no soy mas que un hombre como tú.

27 Y conversando con él, entró en casa, donde halló reunidas muchas personas,

28 y les dijo: No ignorais qué cosa tan abominable sea para un judío el trabar amistad ó familiarizarse con un extrangero; pero Dios me ha enseñado á no tener á ningun hombre por impuro ó manchado [51].

29 Por lo cual, luego que he sido llamado, he venido sin dificultad. Ahora os pregunto: ¿Por qué motivo me habeis llamado?

30 A lo que respondió Cornelio: Cuatro dias hace hoy, que yo estaba orando en mi casa á la hora de nona, cuando hé aquí que se me puso delante un personage vestido de blanco, y me dijo:

31 Cornelio, tu oracion ha sido oida benignamente, y se ha hecho mencion de tus limosnas en la presencia de Dios.

32 Envía pues á Joppe, y haz venir á Simon, por sobrenombre Pedro, el cual está hospedado en casa de Simon el curtidor cerca del mar.

33 Al punto pues envié por tí; y tú me has hecho la gracia de venir. Ahora pues todos nosotros estamos aquí en tu presencia, para escuchar cuanto el Señor te haya mandado decirnos.

34 Entónces Pedro, dando principio á su discurso, habló de esta manera: Verdaderamente acabé de conocer que Dios no hace acepcion de personas,

35 sino que en cualquiera nacion, el que le teme y obra bien, merece su agrado.

36 Lo cual ha hecho entender Dios á los hijos de Israél, anunciándoles la paz por Jesu-Christo, el cual es el Señor de todos.

37 Vosotros sabeis lo que ha ocurrido en toda la Judea: habiendo principiado en Galilea, despues que predicó Juan el bautismo;

38 la manera con que Dios ungió [52] con el Espíritu santo y su virtud á Jesus de Nazareth, el cual ha ido haciendo beneficios por todas partes por donde ha pasado, y ha curado á todos los que estaban bajo la opresion del demonio, porque Dios estaba con él.

39 Y nosotros somos testigos de todas las cosas que hizo en el pais de Judea y en Jerusalem, al cual no obstante quitaron la vida colgándole en una cruz.

40 Pero Dios le resucitó al tercer dia, y dispuso que se dejase ver,

41 no de todo el pueblo, sino de los predestinados de Dios para testigos; de nosotros, que hemos comido y bebido con él, despues que resucitó de entre los muertos.

42 Y nos mandó que predicásemos y testificásemos al pueblo, que él es el que está por Dios constituido juez de vivos y de muertos.

43 Del mismo testifican todos los Profetas [53], que cualquiera que cree en él, recibe en virtud de su nombre la remision de los pecados.

44 Estando aun Pedro diciendo estas palabras, descendió el Espíritu santo sobre todos los que oian la plática.

45 Y los fieles circuncidados ó judíos que habian venido con Pedro, quedaron pasmados, al ver que la gracia del Espíritu santo se derramaba tambien sobre los gentiles ó incircuncisos.

46 Pues los oian hablar varias lenguas, y publicar las grandezas de Dios.

47 Entónces dijo Pedro: ¿Quién puede negar el agua del bautismo á los que, como nosotros, han recibido tambien al Espíritu santo?

48 Así que mandó bautizarlos en nombre y con el bautismo de nuestro Señor Jesu-Christo; y le suplicaron que se detuviese con ellos algunos dias, como lo hizo.

CAPÍTULO XI.
Disgústanse los hermanos de que Pedro haya tratado con los gentiles; y él les satisface, contándoles el suceso. Propagacion del Evangelio en varias partes, sobre lodo en Antiochîa, á donde es enviado Bernabé, que conduce allí á Saulo.


1 Supieron los apóstoles y los hermanos ó fieles de Judea, que tambien los gentiles habian recibido la palabra de Dios.

2 Vuelto pues Pedro á Jerusalem, le hacian por eso cargo los fieles circuncidados,

3 diciendo: ¿Cómo has entrado en casa de personas incircuncisas, y has comido con ellas?

4 Pedro entonces empezó á exponerles toda la serie del suceso en estos términos:

5 Estaba yo en la ciudad de Joppe en oracion, y ví en éxtasis una vision de cierta cosa que iba descendiendo, á manera de un gran lienzo descolgado del cielo por las cuatro puntas, que llegó junto á mí.

6 Mirando con atencion, me puse á contemplarle, y le vi lleno de animales cuadrúpedos terrestres, de fieras, de reptiles y volátiles del cielo.

7 Al mismo tiempo oi una voz que me decia: Pedro, levántate, mata y come.

8 Yo respondí: De ningun modo, Señor, porque hasta ahora no ha entrado jamás en mi boca cosa profana ó inmuuda.

9 Mas la voz del cielo hablándome segunda vez, me replicó: Lo que Dios ha purificado, no lo llames tú impuro.

10 Esto sucedió por tres veces; y luego todo aquel aparato fue recibido otra vez en el cielo.

11 Pero en aquel mismo punto llegaron á la casa en que estaba yo hospedado, tres hombres que eran enviados á mí de Cesarea.

12 Y me dijo el Espíritu, que fuese con ellos, sin escrúpulo alguno. Vinieron asimismo estos seis hermanos que me acompañan, y entramos en casa de aquel hombre que me envió á buscar.

13 El cual nos conto, como habia visto en su casa a un ángel, que se le presentó y le dijo: Envia á Joppe, y haz venir á Simon, por sobrenombre Pedro,

14 quien te dirá las cosas necesarias para tu salvacion, y la de toda tu familia.

15 Habiendo yo pues empezado á hablar, descendió el Espíritu santo sobre ellos, como descendió al principio sobre nosotros.

16 Entonces me acordé de lo que decia el Señor: Juan á la verdad ha bautizado con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu santo.

17 Pues si Dios les dió á ellos la misma gracia, y del mismo modo que á nosotros, que hemos creido en nuestro Señor Jesu-Christo; ¿quién era yo, para oponerme á el designio de Dios?

18 Oidas estas cosas, se aquietaron; y glorificaron á Dios, diciendo: Luego tambien á los gentiles les ha concedido Dios la penitencia para alcanzar la vida.

19 Entre tanto los discípulos que se habian esparcido por la persecucion suscitada con motivo de Estéban, llegaron hasta Phenicia, y Chypre, y Antiochîa, predicando el Evangelio únicamente a los judíos.

20 Entre ellos habia algunos nacidos en Chypre y en Cyrene, los cuales habiendo entrado en Antiochîa, conversaban asimismo con los griegos [54], anunciandoles la fé de el Señor Jesus.

21 Y la mano de Dios los ayudaba: por manera que un gran número de personas creyó y se convirtió al Señor.

22 Llegaron estas noticias á oidos de la Iglesia de Jerusalem; y enviaron á Bernabé á Antiochîa.

23 Llegado allá, y al ver los prodigios de la gracia de Dios, se llenó de júbilo; y exhortaba á todos á permanecer en el servicio del Señor con un corazon firme y constante;

24 porque era Bernabé varon perfecto, y lleno del Espíritu santo, y de fé. Y así fueron muchos los que se agregaron al Señor.

25 De aquí partió Bernabé a Tarso, en busca de Saulo; y habiéndole hallado, le llevó consigo á Antiochîa.

26 En cuya Iglesia estuvieron empleados todo un año; é instruyeron á tanta multitud de gentes, que aquí en Antiochîa fue donde los discípulos empezaron á llamarse cristianos [55].

27 Por estos dias vinieron de Jerusalem ciertos Profetas a Antiochîa,

28 uno de los cuales, por nombre Agabo, inspirado de Dios, anunciaba que habia de haber una grande hambre por toda la tierra, como en efecto la hubo en tiempo de el emperador Claudio.

29 Por cuya causa los discípulos determinaron contribuir cada uno, segun sus facultades, con alguna limosna para socorrer a los hermanos habitantes en Judea;

30 lo que hicieron efectivamente, remitiendo las limosnas á los Ancianos, ó sacerdotes de Jerusalem, por mano de Bernabé y de Saulo.

CAPÍTULO XII.
Martirio de Santiago. Prision de san Pedro, y cómo fue puesto milagrosamente en libertad. Muerte desgraciada del rey Heródes.


1 Por este mismo tiempo el rey Heródes se puso a perseguir á algunos de la Iglesia.

2 Primeramente hizo degollar á Santiago hermano de Juan.

3 Despues viendo que esto complacia á los judíos, determinó tambien prender á Pedro. Eran entonces los dias de los ázymos.

4 Habiendo pues logrado prenderle le metió en la cárcel, entregándole a la custodia de cuatro piquetes de soldados, de á cuatro hombres cada piquete, con el designio de presentarle al pueblo y ajusticiarle despues de la Pascua.

5 Mientras que Pedro estaba asi custodiado en la cárcel, la Iglesia incesantemente hacia oracion á Dios por él.

6 Mas cuando iba ya Heródes á presentarle al público, aquella misma noche estaba durmiendo Pedro en medio de dos soldados, atado á ellos con dos cadenas; y las guardias ante la puerta de la cárcel haciendo centinela.

7 Cuando de repente apareció un ángel del Señor, cuya luz llenó de resplandor toda la pieza; y tocando a Pedro en el lado, le despertó, diciendo: Levántate presto. Y al punto se le cayeron las cadenas de las manos.

8 Díjole asimismo el ángel: Ponte el ceñidor, y cálzate tus sandalias. Hízolo así. Díjole mas: Toma tu capa, y sígueme.

9 Salió pues, y le iba siguiendo, bien que no creia ser realidad lo que hacia el ángel; antes se imaginaba que era un sueño lo que veia.

10 Pasada la primera y la segunda guardia, llegaron á la puerta de hierro que sale á la ciudad, la cual se les abrió por sí misma. Salidos por ella caminaron hasta lo último de la calle, y súbitamente desapareció de su vista el ángel.

11 Entónces Pedro vuelto en si, dijo: Ahora sí que conozco que el Señor verdaderamente ha enviado á su ángel, y librádome de las manos de Heródes y de la expectacion de todo el pueblo judáico.

12 Y habiendo pensado lo que haria, se encaminó á casa de Maria madre de Juan, por sobrenombre Márcos, donde muchos estaban congregados en oracion.

13 Habiendo pues llamado al postigo de la puerta, una doncella llamada Rhodé salió á observar quién era.

14 Y conocida la voz de Pedro, fue tanto su gozo, que, en lugar de abrir, corrió á dentro con la nueva de que Pedro estaba á la puerta.

15 Dijéronle: Tú estás loca. Mas ella afirmaba que era cierto lo que decia. Ellos dijeron entonces: Sin duda será su ángel.

16 Pedro entre tanto proseguia llamando á la puerta. Abriendo por último, le vieron, y quedaron asombrados.

17 Mas Pedro haciéndolos señas con la mano para que callasen, contóles cómo el Señor le habia sacado de la cárcel, y añadió: Haced saber esto a Santiago y á los hermanos. Y partiendo de allí, se retiró á otra parte.

18 Luego que fue de dia, era grande la confusion entre los soldados, sobre qué se habria hecho de Pedro.

19 Heródes haciendo pesquisas de él, y no hallándole, hecha la sumaria a los de la guardia, mandólos llevar al suplicio; y despues se marchó de Judea a Cesarea, en donde se quedó.

20 Estaba Heródes irritado contra los tyrios y sydonios. Pero estos de comun acuerdo vinieron á presentársele, y ganado el favor de Blasto, camarero mayor del rey, le pidieron la paz, pues aquel pais necesitaba de los socorros del territorio de Heródes para su subsistencia.

21 El dia señalado para la audiencia, Heródes vestido de trage real, se sentó en su trono, y les arengaba.

22 Todo el auditorio prorumpia en aclamaciones, diciendo: Esta es la voz de un Dios, y no de un hombre.

23 Mas en aquel mismo instante le hirió un ángel del Señor, por no haber dado á Dios la gloria; y roido de gusanos, espiró.

24 Entre tanto la palabra de Dios hacia grandes progresos, y se propagaba mas y mas cada dia.

25 Bernabé y Saulo, acabada su comision de entregar las limosnas, volvieron de Jerusalem á Antiochîa, habiéndose llevado consigo á Juan, por sobrenombre Márcos.

CAPÍTULO XIII.
Saulo y Bernabé enviados por el Espíritu santo á predicar á los gentiles. Conversion del procónsul Sergio Paulo. San Pablo predica en Antiochîa de Pisidia: convierte á muchos gentiles, y abandona á los judíos incrédulos.


1 Habia en la Iglesia de Antiochîa varios Profetas y doctores, de cuyo número eran Bernabé, y Simon llamado el Negro, y Lucio de Cyrene, y Manahem, hermano de leche del tetrarchâ Heródes, y Saulo.

2 Mientras estaban un dia ejerciendo las funciones de su ministerio delante del Señor, y ayunando, díjoles el Espíritu santo: Separadme á Saulo y á Bernabé para la obra á que los tengo destinados.

3 Y despues de haberse dispuesto con ayunos y oraciones, les impusieron las manos, y los despidieron.

4 Ellos pues enviados así por el Espíritu santo fueron á Seleucia, desde donde navegaron á Chypre.

5 Y llegados á Salamina, predicaban la palabra de Dios en las synagogas de los judíos, teniendo consigo á Juan, que les ayudaba como diácono.

6 Recorrida toda la isla hasta Papho, encontraron á cierto judío, mago y falso profeta, llamado Barjesus,

7 el cual estaba en compañía del procónsul Sergio Paulo, hombre de mucha prudencia. Este procónsul, habiendo hecho llamar á sí á Bernabé y á Saulo, deseaba oir la palabra de Dios.

S Pero Elymas, ó el mago, (que eso significa el nombre Elymas) se les oponia, procurando apartar al procónsul de abrazar la fé.

9 Mas Saulo, que tambien se llama Pablo [56], lleno del Espíritu santo, clavando en él sus ojos,

10 le dijo: ¡Oh hombre, lleno de toda suerte de fraudes y embustes, hijo del diablo, enemigo de toda justicia! ¿No cesarás nunca de procurar' trastornar ó torcer los caminos rectos del Señor?

11 Pues mira: desde ahora la mano del Señor descarga sobre tí, y quedarás ciego sin ver la luz del dia, hasta cierto tiempo. Y al momento densas tinieblas cayeron sobre sus ojos, y andaba buscando á tientas quien le diese la mano.

12 En la hora el procónsul visto lo sucedido, abrazó la fé, maravillándose de la doctrina del Señor.

13 Pablo y sus compañeros, habiéndose hecho a la vela desde Papho, aportaron á Perge de Pamphylia. Aquí Juan, apartándose de ellos, se volvió a Jerusalem.

14 Pablo empero y los demas, sin detenerse en Perge, llegaron á Antiochía de Pisidia; y entrando el sábado en la synagoga, tomaron asiento.

15 Despues que se acabó la lectura de la Ley y de los Profetas, los presidentes de la synagoga los convidaron, enviándoles á decir: Hermanos, si teneis alguna cosa de edificacion que decir al pueblo, hablad.

16 Entónces Pablo, puesto en pié, y haciendo con la mano una señal pidiendo atencion, dijo: ¡Oh israelitas, y vosotros los que temeis al Señor [57], escuchad!

17 El Dios del pueblo de Israel eligió á nuestros padres, y engrandeció á este pueblo, mientras habitaban como extrangeros en Egypto, de donde los sacó con el poder soberano de su brazo,

18 y sufrió despues sus perversas costumbres por espacio de cuarenta años en el Desierto.

19 Y en fin destruidas siete naciones en la tierra de Chânaan, les distribuyó por suerte las tierras de estas,

20 unos cuatrocientos cincuenta años despues: luego les dió Jueces ó gobernadores hasta el Profeta Samuel.

21 En cuyo tiempo pidieron rey; y dióles Dios á Saul hijo de Cis, de la tribu de Benjamin, por espacio de cuarenta años;

22 y removido este, les dió por rey á David, a quien abonó diciendo: He hallado á David, hijo de Jesé, hombre conforme á mi corazon, que cumplirá todos mis preceptos.

23 Del linage de este ha hecho nacer Dios, segun su promesa, á Jesus para ser el salvador de Israél,

24 habiendo predicado Juan, antes de manifestarse su venida, el bautismo de penitencia á todo el pueblo de Israél.

25 El mismo Juan al terminar su carrera, decia: Yo no soy el que vosotros imaginais; pero mirad, despues de mí viene uno, á quien no soy yo digno de desatar el calzado de sus pies.

26 Ahora pues, hermanos mios, hijos de la prosapia de Abraham, á vosotros es, y á cualquiera que entre vosotros teme á Dios, á quienes es enviado este anuncio de la salvacion.

27 Porque los habitantes de Jerusalem y sus gefes, desconociendo á este Señor, y las profecías que se leen todos los sábados, con haberle condenado las cumplieron;

28 cuando no hallando en él ninguna causa de muerte, no obstante pidieron a Pilato que se le quitase la vida.

29 Y despues de haber ejecutado todas las cosas que de él estaban escritas, descolgándole de la cruz, le pusieron en el sepulcro.

30 Mas Dios le resucitó de entre los muertos al tercer dia; y se apareció durante muchos dias a aquellos

31 que con él habian venido de Galilea a Jerusalem [58]; los cuales hasta el dia de hoy están dando testimonio de él al pueblo.

32 Nosotros pues os anunciamos el cumplimiento de la promesa hecha á nuestros padres;

33 el efecto de la cual nos ha hecho Dios ver á nosotros sus hijos, resucitando á Jesus, en conformidad de lo que se halla escrito en el Salmo segundo: Tú eres Hijo mio, yo te di hoy el ser [59].

34 Y para manifestar que le ha resucitado de entre los muertos para nunca mas morir, dijo así: Yo cumpliré fielmente las promesas juradas á David.

35 Y por eso mismo dice en otra parte: No permitirás que tu Santo Hijo experimente la corrupcion.

36 Pues por lo que hace á David, sabemos que despues de haber servido en su tiempo á los designios de Dios, cerró los ojos; y fue sepultado con sus padres, y padeció la corrupcion como los demas.

37 Pero aquel, á quien Dios ha resucitado de entre los muertos, no ha experimentado ninguna corrupcion.

38 Ahora pues, hermanos mios, tened entendido que por medio de este se os ofrece la remision de los pecados [60]; y de todas las manchas, de que no habeis podido ser justificados en virtud de la Ley mosáica,

39 todo aquel que cree en él, es justificado [61].

40 Por tanto mirad no recaiga sobre vosotros lo que se. halla dicho en los Profetas [62]:

41 Reparad, burladores de mi palabra, llenáos de pavor, y quedad desolados; porque yo voy á ejecutar una obra en vuestros dias, obra que no acabaréis de creerla, por mas que os la cuenten y aseguren [63].

42 Al tiempo de salir, les suplicaban que al sábado siguiente les hablasen tambien del mismo asunto.

43 Despedido el auditorio, muchos de los judíos, y de los proselitos temerosos de Dios, siguieron á Pablo y á Bernabé, los cuales los exhortaban á perseverar en la gracia de Dios.

44 El sábado siguiente casi toda la ciudad concurrió á oir la palabra de Dios.

45 Pero los judíos, viendo tanto concurso, se llenaron de envidia, y contradecian con blasfemias á todo lo que Pablo predicaba.

46 Entónces Pablo y Bernabé con gran entereza les dijeron: A vosotros debia ser primeramente anunciada la palabra de Dios; mas ya que la rechazais, y os juzgais vosotros mismos indignos de la vida eterna, de hoy en adelante nos vamos á predicar á los gentiles;

47 que así nos lo tiene ordenado el Señor diciendo [64]: Yo te puse por lumbrera de las naciones, para que seas la salvacion de todas hasta el cabo del mundo.

48 Oido esto por los gentiles, se regocijaban, y glorificaban la palabra de Dios; y creyeron todos los que estaban preordinados para la vida eterna.

49 Así la palabra del Señor se esparcia por todo aquel pais.

50 Los judíos empero instigaron á varias mugeres devotas, y de distincion, y á los hombres principales de la ciudad, y levantaron una persecucion contra Pablo y Bernabé; y los echaron de su territorio.

51 Pero estos, sacudiendo contra ellos el polvo de sus pies, se fueron á Iconio.

52 Y los discípulos estaban llenos de gozo y del Espíritu santo.

CAPÍTULO XIV.
Lo que hicieron y padecieron Pablo y Bernabé en Iconio y otras ciudades de Lycaonia; y visitando las Iglesias, al volverse á Antiochîa de Syria.


1 Estando ya en Iconio, entraron juntos en la synagoga de los judios, y hablaron en tales términos, que se convirtió una gran multitud de judíos y de griegos.

2 Pero los judíos que se mantuvieron incrédulos, conmovieron y provocaron a ira los ánimos de los gentiles contra los hermanos.

3 Sin embargo se detuvieron allí mucho tiempo, trabajando llenos de confianza en el Señor, que confirmaba la palabra de su gracia con los prodigios y milagros que hacia por sus manos.

4 De suerte que la ciudad estaba dividida en dos bandos: unos estaban por los judíos, y otros por los apóstoles.

5 Pero habiéndose amotinado los gentiles y judíos con sus gefes, para ultrajar a los apóstoles, y apedrearlos,

6 ellos, sabido esto, se marcharon á Lystra y Derbe, ciudades tambien de Lycaonia, recorriendo toda la comarca, y predicando el Evangelio.

7 Habia en Lystra un hombre cojo desde su nacimiento, que por la debilidad de las piernas estaba sentado, y no habia andado en su vida.

8 Este oyó predicar a Pablo, el cual fijando en él los ojos, y viendo que tenia fé de que seria curado,

9 le dijo en alta VOZ: Levántate y mantente derecho sobre tus pies. Y al instante saltó en pie, y echó á andar.

10 Las gentes viendo lo que Pablo acababa de hacer, levantaron el grito, diciendo en su idioma lycaónico: Dioses son estos que han bajado a nosotros en figura de hombres.

11 Y daban á Bernabé el nombre de Júpiter [65], y a Pablo el de Mercurio, por cuanto era el que llevaba la palabra.

12 Ademas de eso el sacerdote de Júpiter, cuyo templo estaba al entrar en la ciudad, trayendo toros adornados con guirnaldas delante de la puerta, intentaba, seguido del pueblo, ofrecerles sacrificios.

13 Lo cual apenas entendieron los apóstoles Bernabé y Pablo, rasgando sus vestidos rompieron por medio del gentío, clamando,

14 y diciendo: Hombres, ¿qué es lo que haceis? tambien somos nosotros, de la misma manera que vosotros, hombres mortales que venimos á predicaros que, dejadas esas vanas deidades, os convirtais al Dios vivo, que ha criado el cielo, la tierra, el mar, y todo cuanto en ellos se contiene:

15 que si bien en los tiempos pasados permitió que las naciones echasen cada cual por su camino,

16 no dejó con todo de dar testimonio de quién era, ó de su divinidad, haciendo beneficios desde el cielo, enviando lluvias, y los buenos temporales para los frutos, dándonos abundancia de manjares, y llenando de alegría nuestros corazones.

17 Aun diciendo tales cosas, con dificultad pudieron recabar del pueblo que no les ofreciese sacrificio.

18 Despues sobrevinieron de Antiochîa y de Iconio ciertos judíos; y habiendo ganado al populacho, apedrearon á Pablo, y le sacaron arrastrando fuera de la ciudad, dándole por muerto.

19 Mas amontonándose al rededor de él los discípulos, levantóse curado milagrosamente, y entró en la ciudad, y al dia siguiente marchó con Bernabé á Derbe.

20 Y habiendo predicado en esta ciudad el Evangelio, é instruido á muchos, volvieron á Lystra, y á Iconio, y á Antiochîa de Pisidia,

21 para corroborar los ánimos de los discípulos, y exhortarlos á perseverar en la fé; haciéndoles entender, que es preciso pasar por medio de muchas tribulaciones para entrar en el reino de Dios.

22 En seguida, habiendo ordenado sacerdotes en cada una de las Iglesias, despues de oraciones y ayunos, los encomendaron al Señor, en quien habian creido.

23 Y atravesando la Pisidia, vinieron á la Pamphylia,

24 y anunciada la palabra divina en Perge, bajaron á Atlalia;

25 y desde aquí se embarcaron para Antiochîa de Syria, de donde los habian enviado, y encomendado a la gracia de Dios para la obra ó ministerio que acababan de cumplir.

26 Luego de llegados, congregaron la Iglesia, y refirieron cuan grandes cosas habia hecho Dios con ellos, y cómo habia abierto la puerta de la fé á los gentiles.

27 Y despues se detuvieron bastante tiempo aqui con los discípulos.

CAPÍTULO XV.
Concilio de Jerusalem, en que los gentiles convertidos son declarados exentos de la Ley mosáica. Pablo se separa de Bernabé, por razon del discípulo Márcos.


1 Por aquellos dias algunos venidos de Judea, andaban enseñando á los hermanos, que si no se circuncidaban segun el rito de Moysés, no podian salvarse.

2 Originóse de ahí una conmorcion, y oponiéndoseles fuertemente Pablo y Bernabé, acordóse que Pablo y Bernabé, y algunos del otro partido fuesen a Jerusalem á consultar los apóstoles y presbyteros sobre la dicha cuestion.

3 Ellos pues siendo despachados honoríficamente por la Iglesia, iban atravesando por la Fenicia y la Samaria, contando la conversion de los gentiles: con lo que, llenaban de grande gozo á todos los hermanos.

4 Llegados á Jerusalem, fueron bien recibidos de la Iglesia, y de los apóstoles, y de los presbyleros, y allí refirieron cuán grandes cosas habia Dios obrado por medio de ellos.

5 Pero (añadieron) algunos de la secta de los Fariseos, que han abrazado la fé, se han levantado diciendo: Ser necesario circuncidar á los gentiles, y mandarles observar la Ley de Moysés.

6 Entonces los apóstoles y los presbyteros se juntaron á examinar este punto.

7 Y despues de un maduro exámen, Pedro, como cabeza de todos', se levantó, y les dijo: Hermanos mios, bien sabeis que, mucho tiempo hace fuí yo escogido por Dios entre nosotros, para que los gentiles oyesen de mi boca la palabra evangélica, y creyesen.

8 Y Dios que penetra los corazones, dió testimonio de esto, dándoles el Espíritu santo, del mismo modo que á nosotros.

9 Ni ha hecho diferencia entre ellos y nosotros, habiendo purificado con la fé sus corazones.

10 Pues ¿por qué ahora quereis tentar á Dios, con imponer sobre la cerviz de los discípulos un yugo, que ni nuestros padres ni nosotros hemos podido soportar?

11 Pues nosotros creemos salvarnos únicamente por la gracia de nuestro Señor Jesu-Christo, así como ellos.

12 Calló á esto toda la multitud; y se pusieron á escuchar á Bernabé y á Pablo, que contaban cuántas maravillas y prodigios por su medio habia obrado Dios entre los gentiles.

13 Despues que hubieron acabado, tomó Santiago la palabra, y dijo: Hermanos mios, escuchadme.

14 Simon os ha manifestado de qué manera ha comenzado Dios desde el principio á mirar favorablemente á los gentiles, escogiendo entre ellos un pueblo consagrado á su nombre.

15 Con el están conformes las palabras de los Profetas, segun está escrito [66]:

16 Despues de estas cosas yo volveré, y reedificaré el tabernáculo ó reino de David, que fue arruinado, y restauraré sus ruinas, y le levantaré;

17 para que busquen al Señor los demas hombres, y todas las naciones que han invocado mi nombre, dice el Señor que hace estas cosas.

18 Desde la eternidad tiene conocida el Señor su obra.

19 Por lo cual yo juzgo que no se inquiete á los gentiles que se convierten á Dios,

20 sino que se les escriba, que se abstengan de las inmundicias de los ídolos ó manjares á ellos sacrificados, y de la fornicacion, y de animales sofocados, y de la sangre.

21 Porque en cuanto á Moysés, ya de tiempos antiguos tiene en cada ciudad quien predique su doctrina en las synagogas, donde se lee todos los sábados.

22 Oído esto acordaron los apóstoles y presbyteros con toda la Iglesia, elegir algunas personas de entre ellos, y enviarlas con Pablo y Bernabé á la Iglesia de Antiochîa; y así nombraron á Júdas, por sobrenombre Bársabas, y á Sílas, sugetos principales entre los hermanos,

23 remitiendo por sus manos esta carta: Los apóstoles y los presbyteros hermanos, á nuestros hermanos convertidos de la gentilidad, que están en Antiochîa, Syria y Cilicia, salud.

24 Por cuanto hemos sabido que algunos, que de nosotros fueron ahí sin ninguna comision nuestra, os han alarmado con sus discursos, desasosegando vuestras conciencias;

25 habiéndonos congregado, hemos resuelto, de comun acuerdo, escoger algunas personas, y enviároslas con nuestros carísimos Bernabé y Pablo,

26 que son sugelos que han expuesto sus vidas por el nombre de nuestro Señor Jesu-Christo.

27 Os enviamos pues á Júdas y a Sílas, los cuales de palabra os dirán tambien lo mismo.

28 Y es, que ha parecido al Espíritu santo, y á nosotros, inspirados por él, no imponeros otra carga, fuera de estas que son precisas, es á saber:

29 que os abstengaís de manjares inmolados á los ídolos, y de sangre, y de animal sofocado, y de la fornicacion; de las cuales cosas hareis bien en guardaros. Dios os guarde [67].

30 Despachados pues de esta suerte los enviados, llegaron a Antiochîa; y congregada la Iglesia, entregaron la carta,

31 que fue leida con gran consuelo y alegría.

32 Júdas y Sílas por su parte, siendo como eran tambien Profetas [68], consolaron y confortaron con muchísimas reflexiones á los hermanos.

33 Y habiéndose detenido allí por algun tiempo, fueron remitidos en paz por los hermanos á los que los habian enviado.

34 Verdad es que a Sílas le pareció conveniente quedarse allí; y así Júdas se volvió solo á Jerusalem.

35 Pablo y Bernabé se mantenían en Antiochîa, enseñando y predicando con otros muchos la palabra del Señor.

36 Mas pasados algunos dias, dijo Pablo á Bernabé: Demos una vuelta visitando á los hermanos por todas las ciudades, en que hemos predicado la palabra del Señor, para ver el estado en que se hallan.

37 Bernabé para esto queria llevar tambien consigo a Juan, por sobrenombre Márcos.

38 Pablo al contrario le representaba, que no debian llevarle, (pues les habia dejado desde Pamphylia, y no les habia acompañado en aquella mision).

39 La disension entre los dos vino a parar en que se apartaron uno de otro. Bernabé, tomando consigo a Márcos, se embarcó para Chypre.

40 Pablo, eligiendo por su compañero á Sílas, {emprendió su viage, despues de haber sido encomendado por los hermanos á la gracia ó favor de Dios.

41 Discurrió pues de esta suerte por la Syria y Cilicia, confirmando y animando las Iglesias; y mandando que observasen los preceptos de los apóstoles y de los presbyteros.

CAPÍTULO XVI.
Pablo en Lystra toma consigo á Timotheo; y Lúcas, el autor de este libro, se les junta en Troade, ó se manifiesta por primera vez estar en su compañía. Van á Macedonia; y en Philippos, donde se detuvieron antes, obran vários prodigios. Son azotados, y puestos en la cárcel. Conviértese el carcelero, y los magistrados les suplican que se vayan de la ciudad.


1 Llegó Pablo á Derbe, y luego a Lystra, donde se hallaba un discípulo llamado Timotheo, hijo de madre judía convertida á la fé, y de padre gentil.

2 Los hermanos que estaban en Lystra y en Iconio, hablaban con mucho elogio de este discípulo.

3 Pablo pues determinó llevarle en su compañía; y habiéndole tomado consigo, le circuncidó por causa de los judíos que habia en aquellos lugares; porque todos sabian que su padre era gentil.

4 Conforme iban visitando las ciudades, recomendaban á los fieles la observancia de los decretos acordados por los apóstoles y los presbyteros, que residian en Jerusalem.

5 Así las Iglesias se confirmaban en la fé, y se aumentaba cada dia el número de los fieles.

6 Cuando hubieron atravesado la Phrygia y el pais de Galacia, les prohibió el Espíritu sanlo predicar la palabra de Dios en el Asia ó Jonia.

7 Y habiendo ido á la Mysia, intentaban pasar á Bithynia; pero tampoco se lo permitió el Espíritu de Jesu-Christo.

8 Con eso, atravesada la Mysia, bajaron á Troade,

9 donde Pablo tuvo por la noche esta vision: Un hombre de Macedonia poniéndosele delante, le suplicaba, y decia: Ven á Macedonia, y socórrenos.

10 Luego que tuvo esta vision, al punto dispusimos marchar a Macedonia, cerciorados de que Dios nos llamaba á predicar el Evangelio á aquellas gentes.

11 Así embarcándonos en Troade, fuimos en derechura á Samothracia, y al dia siguiente á Nápoles;

12 y de aqui á Philíppos, que es una colonia romana, y la primera ciudad de aquella parte de Macedonia. En esta ciudad nos detuvimos algunos dias conferenciando.

13 Un dia de sábado salimos fuera de la ciudad ácia la ribera del rio, donde parecia estar el lugar ó casa para tener oracion los judíos; y habiéndonos sentado allí, trabamos conversacion con varias mugeres, que habian concurrido a dicho fin.

14 Y una muger llamada Lydia, que comerciaba en púrpura ó grana, natural de Thyatira, temerosa de Dios, estaba escuchando; y el Señor le abrió el corazon para recibir bien las cosas que Pablo decia.

15 Habiendo pues sido bautizada ella y su familia, nos hizo esta súplica: Si es que me teneis por fiel al Señor, venid, y hospedáos en mi casa. Y nos obligó á ello.

16 Sucedió que yendo nosotros á la oracion, nos salió al encuentro una esclava moza, que estaba obsesa ó poseida del espíritu python, la cual acarreaba una gran ganancia á sus amos haciendo de adivina.

17 Esta, siguiendo detrás de Pablo y de nosotros, gritaba diciendo: Estos hombres son siervos del Dios altísimo, que os anuncian el camino de la salvacion.

18 Lo que continuó haciendo muchos dias. Al fin Pablo no pudiendo ya sufrirlo, vuelto á ella, dijo al espíritu: Yo te mando en nombre de Jesu-Christo que salgas de esta muchacha. Y al punto salió.

19 Mas sus amos, viendo desvanecida la esperanza de la grangería que hacian con ella, prendiendo á Pablo y á Silas, los condujeron al juzgado ante los gefes de la ciudad,

20 y presentándolos á los magistrados, dijeron: Estos hombres alborotan nuestra ciudad, son judíos,

21 y quieren introducir una manera de vida, que no nos es lícito abrazar, ni practicar, siendo como somos romanos.

22 Al mismo tiempo la plebe conmovida acudió de tropel contra ellos; y los magistrados mandaron que rasgándoles las túnicas, los azotasen con varas.

23 Y despues de haberles dado muchos azotes, los metieron en la cárcel, apercibiendo al carcelero para que los asegurase bien.

24 El cual recibida esta órden, los metió en un profundo calabozo, con los pies en el cepo. 25 Mas á eso de media noche, puestos Pablo y Sílas en oracion, cantaban alabanzas á Dios; y los demas presos los estaban escuchando,

26 cuando de repente se sintió un gran terremoto, tal que se meneaban los cimientos de la cárcel. Y al instante se abrieron de par en par todas las puertas, y se les soltaron á todos las prisiones.

27 En esto despertando el carcelero, y viendo abiertas las puertas de la cárcel, desenvainando una espada iba a matarse, creyendo que se habian escapado los presos.

28 Entónces Pablo le gritó con grande voz, diciendo: No te hagas ningun daño, que todos sin faltar uno estamos aquí.

29 El carcelero entónces habiendo pedido luz, entró dentro; y estremecido se arrojó a los pies de Pablo y de Sílas,

30 y sacándolos á fuera, les dijo: Señores, ¿qué debo hacer para salvarme?

31 Ellos le respondieron: Cree en el Señor Jesus, y te salvaras tú y tu familia.

32 Y enseñáronle la doctrina del Señor á él, y a todos los de su casa.

33 El carcelero en aquella misma hora de la noche llevándolos consigo, les lavó las llagas; y recibió luego el bautismo, así él como toda su familia.

34 Y conduciéndolos á su habitacion, les sirvió la cena, regocijándose con toda su familia de haber creido en Dios.

35 Luego que amaneció, los magistrados enviaron los alguaciles, con órden al carcelero para que pusiese en libertad á aquellos hombres.

36 El carcelero dió esta noticia á Pablo, diciendo: Los magistrados han ordenado que se os ponga en libertad: por tanto saliéndoos ahora, idos en paz.

37 Mas Pablo les dijo á los alguaciles: ¿Cómo? Despues de habernos azotado públicamente, sin oirnos en juicio, siendo ciudadanos romanos, nos metieron en la cárcel, ¿y ahora salen con soltarnos en secreto? No ha de ser así; sino que han de venir los magistrados,

38 y soltarnos ellos mismos. Los alguaciles refirieron á los magistrados esta respuesta; los cuales al oir que eran romanos, comenzaron á temer;

39 y así viniendo procuraron excusarse con ellos, y sacándolos de la cárcel, les suplicaron que se fuesen de la ciudad.

40 Salidos pues de la cárcel, entraron en casa de Lydia; y habiendo visto á los hermanos los consolaron, y despues partieron.

CAPÍTULO XVII.
Pablo predica con mucho fruto en Thessalónica, y los judíos le persiguen. Lo mismo sucede despues en Berea. Disputa con ellos en Athénas, y con los filósofos; y se convierte entre otros Dionysio areopagita, ó senador del Areopago.


1 Y habiendo pasado por Amphipolis y Apolonia, llegaron á Thessalónica, donde habia una synagoga de judíos.

2 Pablo segun su costumbre entró en ella, y por tres sábados continuos disputaba con ellos sobre las Escrituras,

3 demostrando, y haciéndoles ver, que habia sido necesario que el Christo ó Mesías padeciese, y resucitase de entre los muertos; y este Mesías (les decia) es Jesu-Christo, á quien yo os anuncio.

4 Algunos de ellos creyeron, y se unieron á Pablo y á Sílas, y tambien gran multitud de prosélitos y de gentiles, y muchas matronas de distincion.

5 Pero los judíos incrédulos, llevados de su falso zelo, se valieron de algunos malos hombres de la íntima plebe, y reuniendo gente, amotinaron la ciudad; y echáronse sobre la casa de Jason [69] en busca de Pablo y de Sílas, para presentarlos á la vista del pueblo.

6 Mas como no los hubiesen encontrado, trajeron por fuerza á Jason, y á algunos hermanos ante los magistrados de la ciudad, gritando: Ved ahí unas gentes que meten la confusion por todas partes: han venido acá,

7 y Jason los ha hospedado en su casa. Todos estos son rebeldes á los edictos de César, diciendo que hay otro rey, el cual es Jesus.

8 La plebe y los magistrados de la ciudad, oyendo esto, se alborotaron.

9 Pero Jason y los otros, habiendo dado fianzas, fueron puestos en libertad.

10 Como quiera, los hermanos sin perder tiempo aquella noche hicieron partir a Pablo y á Sílas para Berea. Los cuales luego que llegaron, entraron en la synagoga de los judíos.

11 Eran estos de mejor índole que los de Thessalónica, y así recibieron la palabra de Dios con grande ansia y ardor, examinando atentamente todo el dia las Escrituras, para ver si era cierto lo que se les decia.

12 De suerte que muchos de ellos creyeron, como tambien muchas señoras gentiles de distincion, y no pocos hombres.

13 Mas como los judíos de Thessalónica hubiesen sabido, que tambien en Berea predicaba Pablo el Evangelio, acudieron luego allá alborotando, y amotinando al pueblo.

14 Entónces los hermanos dispusieron inmediatamente que Pablo se retirase ácia el mar, quedando Sílas y Timotheo en Berea.

15 Los que acompañaban á Pablo, le condujeron hasta la ciudad de Athénas, y recibido el encargo de decir a Sílas y á Timotheo que viniesen á él cuanto antes, se despidieron.

16 Mientras que Pablo los estaba aguardando en Athénas, se consumía interiormente su espíritu, considerando aquella ciudad entregada toda á la idolatría.

17 Por tanto disputaba en la synagoga con los judíos y prosélitos; y todos los dias en la plaza, con los que allí se le ponian delante.

18 Tambien algunos filósofos de los epicureos y de los estoicos armaban con él disputas, y unos decian: ¿Qué quiere decir este charlatan? Y otros: Este parece que viene á anunciamos nuevos dioses: lo cual decian, porque les hablaba de Jesus y de la resurreccion.

19 Al fin cogiéndole en medio, le llevaron al Areopago, diciendo: ¿Podrémos saber qué doctrina nueva es esta que predicas?

20 Porque te hemos oido decir cosas que nunca habíamos oido; y así deseamos saber a que se reduce eso.

21 (Es de advertir que todos los athenienses, y los forasteros que allí vivian, en ninguna otra cosa se ocupaban, sino en decir ó en oir algo de nuevo.)

22 Puesto pues Pablo en medio del Areopago, dijo: Ciudadanos athenienses, echo de ver que vosotros sois casi nímios en todas las cosas de religion.

23 Porque al pasar, mirando yo las estatuas de vuestros dioses, he encontrado tambien un altar, con esta inscripcion: Al Dios no conocido. Pues ese Dios que vosotros adorais sin conocerlo, es el que yo vengo a anunciaros.

24 El Dios que crió al mundo y todas las cosas contenidas en él, siendo como es el Señor de cielo y tierra, no esta encerrado en templos fabricados por hombres,

25 ni necesita del servicio de las manos delos hombres, como si estuviese menesteroso de alguna cosa, antes bien él mismo esta dando á todos la vida, y el aliento, y todas las cosas:

26 él es el quede uno solo ha hecho nacer todo el linage de los hombres, para que habitase la vasta extension de la tierra, fijando el órden de los tiempos ó estaciones, y los limites de la habitacion de cada pueblo,

27 queriendo con esto que buscasen á Dios, por si rastreando. y como palpando, pudiesen por fortuna hallarle, como quiera que no está léjos de cada uno de nosotros.

28 Porque dentro de él vivimos, nos movemos y existimos; y como algunos de vuestros poetas dijeron: Somos del linage ó descendencia del mismo Dios.

29 Siendo pues nosotros del linage de Dios, no debemos imaginar que el Ser divino sea semejante al oro, á la plata, ó al mármol, de cuya materia ha hecho las figuras el arte é industria humana.

30 Pero Dios, habiendo disimulado ó cerrado los ojos sobre los tiempos de esta tan grosera ignorancia, intima ahora á los hombres que todos en todas partes hagan penitencia,

31 por cuanto tiene determinado el dia en que ha de juzgar al mundo con rectitud, por medio de aquel varon constituido por él, dando de esto á todos una prueba cierta, con haberle resucitado de entre los muertos.

32 Al oir mentar la resurreccion de los muertos, algunos se burlaron de él, y otros le dijeron: Te volveremos á oir otra vez sobre esto.

33 De esta suerte Pablo salió de en medio de aquellas gentes.

34 Sin embargo algunos se le juntaron, y creyeron, entre los cuales fue Dionysio el areopagita, y cierta muger llamada Dámaris, con algunos otros.
CAPÍTULO XVIII.
El fruto que hizo san Pablo en Corintho, animado del Señor. Es acusado al procónsul: parte á Épheso, y vuelve á Jerusalem. Apollo en su ausencia predica con gran fervor y fruto á los judíos.


1 Despues de esto Pablo, marchándose de Athénas, pasó á Corintho;

2 y encontrando allí á un judío, llamado Aquila, natural del Ponto, que poco antes habia llegado de Italia, con su muger Priscila, (porque el emperador Claudio habia expelido de Roma á todos los judíos) se juntó con ellos.

3 Y como era del mismo oficio, se hospedó en su casa, y trabajaba en su compañía: (el oficio de ellos era hacer tiendas de campaña [70]).

4 Y todos los sábados disputaba en la synagoga, haciendo entrar siempre en sus discursos el nombre del Señor Jesus, y procurando convencer á los judíos y á los griegos.

5 Mas cuando Sílas y Timotheo hubieron llegado de Macedonia, Pablo se aplicaba aun con mas ardor á la predicacion, testificando á los judíos que Jesus era el Christo.

6 Pero como estos le contradijesen, y prorumpiesen en blasfemias, sacudiendo sus vestidos, les dijo: Recaiga vuestra sangre sobre vuestra cabeza: yo no tengo la culpa. Desde ahora me voy á predicar a los gentiles.

7 En efecto, saliendo de allí, entró á hospedarse en casa de uno llamado Tito Justo, temeroso de Dios, cuya casa estaba contigua á la synagoga.

8 Con todo Crispo, gefe de la synagoga, creyó en el Señor con toda su familia; como tambien muchos ciudadanos de Corintho, oyendo á Pablo creyeron, y fueron bautizados.

9 Entónces el Señor apareciéndose una noche á Pablo le dijo: No tienes que temer, prosigue predicando, y no dejes de hablar;

10 pues que yo estoy contigo, y nadie llegara á maltratarte; porque ha de ser mia mucha gente en esta ciudad.

11 Con esto se detuvo aquí año y medio, predicando la palabra de Dios.

12 Pero siendo procónsul de Achâya Gallion [71], los judíos se levantaron de mancomun contra Pablo, y le llevaron á su tribunal,

13 diciendo: Este persuade á la gente que dé á Dios un culto contrario á la Ley.

14 Mas cuando Pablo iba á hablar en su defensa, dijo Gallion á los judíos: Si se tratase verdaderamente de alguna injusticia ó delito, ó de algun enorme crimen, seria razon ¡oh judíos! que yo admitiese vuestra delacion.

15 Mas si estas son cuestiones de palabras, y de nombres, y cosas de vuestra Ley, allá os las hayais; que yo no quiero meterme á juez de esas cosas.

16 É hízolos salir de su tribunal.

17 Entónces; acometiendo todos á Sosthenes, gefe de la synagoga, le maltrataban á golpes delante del tribunal, sin que Gallion hiciese caso de nada de esto.

18 Y Pablo habiéndose aun detenido allí mucho tiempo, se despidió de los hermanos, y se embarcó para la Syria, (en compañía de Priscilla y de Aquila) habiéndose hecho cortar antes el cabello en Cénchres, á causa de haber concluido ya el voto que habia hecho [72].

19 Arribó á Épheso, y dejó allí á sus compañeros. Y entrando él en la synagoga, disputaba con los judíos.

20 Y aunque estos le rogaron que se detuviese mas tiempo en su compañía, no condescendió,

21 sino que despidiéndose de ellos, y diciéndoles: Otra vez volveré á veros, si Dios quiere; partió de Épheso.

22 Y desembarcando en Cesarea [73], subió á saludar á la Iglesia, y en seguida tomó el camino de Antiochîa:

23 donde habiéndose detenido algun tiempo, partió despues, y recorrió por su órden los pueblos de el pais de la Galacia, y de la Phrygia, confortando á todos los discípulos.

24 En este tiempo vino á Épheso un judío llamado Apollo, natural de Alejandría, varon elocuente, y muy versado en las Escrituras.

25 Estaba este instruido en el camino del Señor; y predicaba con fervoroso espíritu, y enseñaba exactamente todo lo perteneciente á Jesus, aunque no conocia mas que el bautismo de Juan.

26 Apollo pues comenzó á predicar con toda libertad en la synagoga; y habiéndole oido Priscilla y Aquila, se le llevaron consigo, é instruyéronle mas á fondo en la doctrina del Señor.

27 Mostrando despues el deseo de ir á la província de Achâya, habiéndole animado á ello los hermanos, escribieron á los discípulos, para que le diesen buena acogida. El cual llegado á aquel pais, sirvió de mucho provecho á los que habian creido.

28 Porque con gran fervor redargüia á los judíos en público, demostrando por las Escrituras que Jesus era el Christo ó Mesías.
CAPÍTULO XIX.
Vuelve Pablo á Épheso, y manda que se bautizen vários discípulos, que solamente habian recibido el bautismo de Juan: hace bajar sobre ellos el Espíritu santo, y obra muchos milagros. Quémanse los malos libros; y Demetrio el platero mueve una sedicion contra el Apóstol.


1 Mientras Apollo estaba en Corintbo, Pablo, recorridas las provincias superiores del Asia, pasó á Épheso, y encontró á algunos discípulos,

2 y preguntóles: ¿Habeis recibido al Espíritu santo despues que abrazásteis la fé? Mas ellos le respondieron: Ni siquiera hemos oido si hay Espíritu santo.

3 ¿Pues con qué bautismo, les replicó, fuísteis bautizados? Y ellos respondieron: Con el bautismo de Juan.

4 Dijo entónces Pablo: Juan bautizó al pueblo con bautismo de penitencia, advirtiendo que creyesen en aquel que habia de venir despues de él, esto es, en Jesus.

5 Oido esto, se bautizaron en nombre del Señor Jesus.

6 Y habiéndoles Pablo impuesto las manos, descendió sobre ellos el Espíritu santo, y hablaban varias lenguas, y profetizaban.

7 Eran en todos como unos doce hombres.

8 Pablo entrando despues en la synagoga, predicó libremente por espacio de tres meses, disputando con los judíos, y procurando convencerlos en lo tocante al reino de Dios.

9 Mas como algunos de ellos endurecidos no creyesen, antes blasfemasen de la doctrina del Señor delante de los oyentes, apartándose de ellos, separó á los discípulos, y platicaba ó enseñaba todos los dias en la escuela de un tal Tyranno.

10 Lo que practicó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, oyeron la palabra del Señor, así judíos, como gentiles.

11 Y obraba Dios milagros extraordinarios por medio de Pablo;

12 tanto que en aplicando solamente los pañuelos y ceñidores [74] que habian tocado á su cuerpo, á los enfermos, al momento las dolencias se les quitaban, y los espíritus malignos salian fuera.

13 Tentaron asimismo ciertos judíos exorcistas que andaban girando de una parte á otra, el invocar sobre los espiritados el nombre del Señor Jesus, diciendo: Os conjuro por aquel Jesus, á quien Pablo predica.

14 Los que hacian esto, eran siete hijos de un judío llamado Sceva, príncipe de los sacerdotes.

15 Pero el maligno espíritu respondiendo, les dijo: Conozco á Jesus, y sé quien es Pablo; mas vosotros ¿quién sois?

16 Y al instante el hombre, que estaba poseido de un pésimo demonio, se echó sobre ellos, y apoderóse de dos, y los maltrató de tal suerte que los hizo huir de aquella casa desnudos y heridos.

17 Cosa que fue notoria á todos los judíos y gentiles que habitaban en Épheso; y todos ellos quedaron llenos de temor, y era engrandecido el nombre del Señor Jesus.

18 Y muchos de los creyentes ó fieles venian á confesar, y á declarar todo lo malo que habian hecho.

19 Muchos asimismo de los que se habian dado al ejercicio de vanas curiosidades ó ciencia mágica, hicieron un monton de sus libros, y los quemaron á vista de todos, y valuados, se halló que montaban á cincuenta mil denarios ó siclos de plata [75].

20 Así se iba propagando mas y mas, y prevaleciendo la palabra de Dios.

21 Concluidas estas cosas, resolvió Pablo por inspiracion divina, ir á Jerusalem, bajando por la Macedonia y Achâya, y decia: Despues de haber estado allí, es necesario que yo vaya tambien á Roma.

22 Y habiendo enviado á Macedonia á dos de los que le ayudaban en su ministerio, Timotheo y Erasto, él se quedó por algun tiempo en Asia.

23 Durante este tiempo fue cuando acaeció un no pequeño alboroto con ocasion del camino del Señor ó del Evangelio.

24 El caso fue, que cierto Demetrio, platero de oficio, fabricando de plata templitos de Diana, daba no poco que ganar á los demas de este oficio;

25 a los cuales, como a otros que vivian de semejantes labores, habiéndolos convocado, les dijo: Amigos, bien sabeis que nuestra ganancia depende de esta industria;

26 y veis tambien, y oís cómo ese Pablo, no solo en Épheso, sino casi en toda el Asia, con sus persuasiones ha hecho mudar de creencia á mucha gente, diciendo: Que no son dioses los que se hacen con las manos.

27 Por donde, no solo esta profesion nuestra correrá peligro de ser desacreditada [76], sino, lo que es mas, el templo de la gran diosa Diana perderá toda su estimacion, y la magestad de aquella, á quien toda el Asia y el mundo entero adora, caerá por tierra.

28 Oido esto, se enfurecieron y exclamaron, diciendo: Viva la gran Diana de los ephesios.

29 Llenóse luego la ciudad de confusion, y corrieron todos impetuosamente al teatro [77], arrebatando consigo á Gayo y a Aristarchô macedonios, compañeros de Pablo.

30 Queria este salir á presentarse en medio del pueblo, mas los discípulos no se lo permitieron.

31 Algunos tambien de los señores principales del Asia [78], que eran amigos suyos, enviaron á rogarle que no compareciese en el teatro [79]:

32 por lo demas unos gritaban una cosa, y otros otra; porque todo el concurso [80] era un tumulto; y la mayor parte de ellos no sabian á qué se habian juntado.

33 Entre tanto un tal Alejandro, habiendo podido salir de entre el tropel, ayudado de los judíos, pidiendo con la mano que tuviesen silencio, queria informar al pueblo.

34 Mas luego que conocieron ser judío, todos á una voz se pusieron á gritar por espacio de casi dos horas: Viva la gran Diana de los ephesios.

35 Al fin el secretario ó síndico, habiendo sosegado al tumulto, les dijo: Varones ephesinos, ¿quien hay entre los hombres que ignore que la ciudad de Épheso está dedicada toda al culto de la gran Diana, hija de Júpiter [81]?

36 Siendo pues esto tan cierto que nadie lo puede contradecir, es preciso que os sosegueis, y no procedais inconsideradamente.

37 Estos hombres que habeis traido aquí, ni son sacrílegos, ni biasfemadores de vuestra diosa.

38 Mas si Demetrio y los artífices que le acompañan, tienen queja contra alguno, audiencia pública hay, y procónsules; acúsenle y demanden contra él.

39 Y si teneis alguna otra pretension, podrá esta decidirse en legítimo ayuntamiento.

40 De lo contrario estamos á riesgo de que se nos acuse de sediciosos por lo de este dia, no pudiendo alegar ninguna causa para justificar esta reunion. Dicho esto, hizo retirar á todo el concurso.
CAPÍTULO XX.
Pablo, habiendo recorrido vários distritos de la Macedonia y Grecia, predica en Troade, donde resucita á Eutychô. En Mileto convoca á los presbyteros de Épheso, y les da saludables consejos y advertencias.


1 Despues que cesó el tumulto [82], convocando Pablo á los discípulos, y haciéndoles una exhortacion, se despidió, y puso en camino para Macedonia.

2 Recorridas aquellas tierras, y habiendo exhortado á los fieles con muchas pláticas, pasó a Grecia,

3 donde permaneció tres meses; y estando para navegar á Syria, le armaron los judíos una emboscada: por lo cual tomó la resolucion de volverse por Macedonia.

4 Acompañáronle Sópatro, hijo de Pyrrho natural de Berea, y los thessalonicenses Aristarchô y Segundo, con Gayo de Derbe, y Timotheo; y asimismo Tychîco y Tróphimo asiáticos,

5 los cuales habiéndose adelantado, nos esperaron en Troade:

6 nosotros despues de los dias de los ázymos ó Pascua nos hicimos á la vela desde Philíppos, y en cinco dias nos juntamos con ellos en Troade, donde, nos detuvimos siete dias.

7 Mas como el primer dia de la semana nos hubiésemos congregado para partir y comer el pan euchârístico, Pablo, que habia de marchar al dia siguiente, conferenciaba con los oyentes, y alargó la plática hasta la media noche.

8 Es de advertir que en el cenáculo ó sala donde estábamos congregados, habia gran copia de luces.

9 Y sucedió que un mancebo llamado Eutychô estando sentado sobre una ventana, le sobrecogió un sueño muy pesado, mientras proseguia Pablo su largo discurso, y vencido al fin del sueño, cayó desde el tercer piso de la casa abajo, y le levantaron muerto.

10 Pero habiendo bajado Pablo, echóse sobre él, y abrazándole dijo: No os asusteis, pues está vivo.

11 Y subiendo luego otra vez, partió ó distribuyó el pan, y habiendo comido, y platicado todavía con ellos hasta el amanecer, despues se marchó.

12 Al jovencito le presentaron vivo á la vista de todos, con lo cual se consolaron en extremo.

13 Nosotros empero embarcándonos, navegamos á el puerto de Asson, donde debíamos recibir á Pablo; que así lo habia dispuesto él mismo, queriendo andar aquel trecho de camino por tierra.

14 Habiéndonos pues alcanzado en Asson, tomándole en nuestra nave, venimos á Mitylene.

15 Desde allí, haciéndonos á la vela, llegamos al dia siguiente delante de Chîo, al otro dia aportamos a Sámos, y en el siguiente desembarcamos en Mileto;

16 porque Pablo se habia propuesto no tocar en Épheso, para que no le detuviesen poco ó mucho en Asia; por cuanto se daba priesa con el fin de celebrar, si le fuese posible, el dia de Pentecostés en Jerusalem.

17 Desde Mileto envió a Épheso á llamar á los ancianos ó prelados de la Iglesia.

18 Venidos que fueron, y estando todos juntos, les dijo:, Vosotros sabeis de qué manera me he portado todo el tiempo que he estado con vosotros, desde el primer dia que entré en el Asia,

19 sirviendo al Señor con toda humildad, y entre lágrimas, en medio de las adversidades que me han sobrevenido por la conspiracion de los judíos contra mí;

20 como nada de cuanto os era provechoso, he omitido de anunciároslo, y enseñároslo en público y por las casas,

21 y en particular exhortando á los judíos y gentiles á convertirse á Dios, y á creer sinceramente en nuestro Señor Jesu-Christo.

22 Al presente constreñido del Espíritu santo yo voy á Jerusalem, sin saber las cosas que me han de acontecer allí:

23 solamente puedo deciros que el Espíritu santo en todas las ciudades me asegura y avisa: Que en Jerusalem me aguardan cadenas y tribulaciones.

24 Pero yo ninguna de estas cosas temo; ni apercio mas mi vida que á mí mismo ó á mi alma, siempre que de esta suerte concluya felizmente mi carrera, y cumpla el ministerio que he recibido del Señor Jesus, para predicar el Evangelio de la gracia de Dios.

25 Ahora bien, yo sé que ninguno de todos vosotros, por cuyas tierras he discurrido predicando el reino de Dios, me volverá a ver.

26 Por tanto os protesto en este dia, que yo no tengo la culpa de la perdicion de ninguno.

27 Pues que no he dejado de intimaros todos los designios de Dios.

28 Velad sobre vosotros y sobre toda la grey, en la cual el Espíritu santo os ha instituido obispos, para apacentar ó gobernar la Iglesia de Dios, que ha ganado él con su propia sangre.

29 Porque sé que despues de mi partida os han de asaltar lobos voraces, que destrozen el rebaño.

30 Y de entre vosotros mismos se levantarán hombres que sembrarán doctrinas perversas, con el fin de atraerse á sí discípulos.

31 Por tanto estad alerta, teniendo en la memoria, que por espacio de tres años no he cesado de dia ni de noche de amonestar con lágrimas á cada uno de vosotros.

32 Y ahora por último os encomiendo á Dios, y á la palabra ó promesa de su gracia, á aquel que puede acabar el edificio de vuestra salud, y haceros participar de su herencia con todos los santos.

33 Yo no he codiciado ni recibido de nadie plata, ni oro, ni vestido, como

34 vosotros mismos lo sabeis; porque cuanto ha sido menester para mí y para mis compañeros, todo me lo han suministrado estas manos con su trabajo.

35 Yo os he hecho ver en toda mi conducta, que trabajando de esta suerte, es como se debe sobrellevar á los flacos [83], y tener presente las palabras del Señor Jesus, cuando dijo: Mucho mayor dicha es el dar, que el recibir.

36 Concluido este razonamiento, se puso de rodillas é hizo oracion con todos ellos.

37 Y aquí comenzaron todos á deshacerse en lágrimas; y arrojándose al cuello de Pablo, no cesaban de besarle,

38 afligidos sobre todo por aquella palabra que habia dicho, que ya no verian mas su rostro. Y de esta manera le fueron acompañando hasta la nave.

CAPÍTULO XXI.
Viage de san Pablo á Jerusalem. El Profeta Agabo le predice los trabajos que le han de suceder. Allí se purifica en el Templo; y maltratado por los judíos, le libra de sus manos el tribuna Lysias.


1 Al fin nos hicimos á la vela despues de habernos con pena separado de ellos, y navegarnos derechamente á la isla de Cóos, y al dia siguiente á la de Rhódas, y de allí á Pátara;

2 en donde habiendo hallado una nave que pasaba a Phenicia, nos embarcamos en ella y marchamos.

3 Y habiendo avistado á Chypre, dejándola á la izquierda, continuamos nuestros rumbo ácia la Syria, y arribamos á Tyro; en donde habia de dejar la nave su cargamento.

4 Habiendo encontrado aquí discípulos, nos detuvimos siete dias: estos discípulos decian á Pablo como inspirados, que no subiese á Jerusalem.

5 Pero cumplidos aquellos dias, pusímonos en camino, acompañándonos todos con sus mugeres y niños hasta fuera de la ciudad; y puestos de rodillas en la ribera, hicimos oracion.

6 Despidiéndonos unos de otros, entramos en la nave; y ellos se volvieron á sus casas.

7 Y concluyendo nuestra navegacion, llegamos de Tyro á Ptolemaida, donde abrazamos á los hermanos, y nos detuvimos un dia con ellos.

8 Partiendo al siguiente, llegamos á Cesarea. Y entrando en casa de Phelippe el evangelista [84], que era uno de los siete diáconos, nos hospedamos en ella.

9 Tenia este cuatro hijas vírgenes profetisas [85].

10 Deteniéndonos aquí algunos dias, sobrevino de la Judea cierto Profeta, llamado Agabo.

11 El cual viniendo á visitarnos, cogió el ceñidor de Pablo, y atándose con él los pies, y las manos [86], dijo: Esto dice el Espíritu santo: Así atarán los judíos, en Jerusalem al hombre, cuyo es este ceñidor, y entregarle han en manos de los gentiles.

12 Lo que oido, rogábamos á Pablo, así nosotros como los de aquel pueblo, que no pasase á Jerusalem.

13 A lo que respondió, y dijo: ¿Qué haceis con llorar, y afligir mi corazon? Porque yo estoy pronto, no solo á ser aprisionado, sino tambien á morir en Jerusalem, por el nombre del Señor Jesus.

14 Y viendo que no podíamos persuadírselo, dejamos de instarle mas, y dijimos: Hágase la voluntad del Señor.

15 Pasados estos dias nos dispusimos para el viage, y nos encaminamos ácia Jerusalem.

16 Vinieron tambien con nosotros algunos de los discípulos de Cesarea, trayendo consigo un antiguo discípulo llamado Mnason, oriundo de Chypre, en cuya casa habiamos de hospedarnos.

17 Llegados á Jerusalem, nos recibieron los hermanos con mucho gozo.

18 Al dia siguiente fuimos con Pablo á visitar á Santiago, á cuya casa concurrieron todos los ancianos ó presbyteros.

19 Y habiéndolos saludado, les contaba una por una, las cosas que Dios habia hecho por su ministerio entre los gentiles.

20 Ellos oido esto, glorificaban á Dios, y despues le dijeron: la ves, hermano, cuántos millares de judíos hay, que han creido, y que todos son zelosos de la observancia de la Ley.

21 Ahora pues, estos han oido decir que tu enseñas á los judíos que viven entre los gentiles, á abandonar a Moysés, diciéndoles que no deben circuncidar á sus hijos, ni seguir las antiguas costumbres.

22 ¿Qué es pues lo que se ha de hacer? sin duda se reunirá toda esta multitud de gente; porque luego han de saber que has venido.

23 Por tanto haz esto que vamos á proponerte: aquí tenemos cuatro hombres, con obligacion de cumplir un voto.

24 Unido á estos, purifícate con ellos; y hazles el gasto en la ceremonia á fin de que se hagan la rasura de la cabeza [87]: con eso sabrán todos, que lo que han oido de tí, es falso; antes bien que aun tú mismo continúas en observar la Ley.

25 Por lo que hace á los gentiles que han creido, ya les hemos escrito, que habíamos decidido que se abstuviesen de manjares ofrecidos á los ídolos, y de sangre, y de animales sofocados, y de la fornicacion.

26 Pablo pues, tomando consigo aquellos hombres, se purificó al dia siguiente con ellos, y entró en el Templo, haciendo saber cuándo se cumplian los dias de su purificacion, y cuándo debia presentarse la ofrenda por cada uno de ellos [88].

27 Estando para cumplirse los siete dias, los judíos venidos de Asia, habiendo visto á Pablo en el Templo, amotinaron todo el pueblo, y le prendieron, gritando:

28 Favor, israelitas: este es aquel hombre que, sobre andar enseñando á todos, en todas partes, contra la nacion, contra la Ley, y contra este santo Lugar ha introducido tambien á los gentiles en el Templo, y profanado este Lugar santo.

29 Y era que habian visto andar con él por la ciudad á Tróphimo de Epheso, al cual se imaginaron que Pablo le habia llevado consigo al Templo.

30 Con esto se conmovió toda la ciudad, y se amotinó el pueblo. Y cogiendo á Pablo, le llevaron arrastrando fuera del Templo, cuyas puertas fueron cerradas inmediatamente [89].

31 Mientras estaban tratando de matarle, fue avisado el tribuno de la cohorte, de que toda Jerusalem estaba alborotada.

32 Al punto marchó con los soldados y centuriones, y corrió á donde estaban. Ellos al ver al tribuno y la tropa, cesaron de maltratar á Pablo.

33 Entónces llegando el tribuno le prendió, y mandóle asegurar con dos cadenas [90]; y preguntaba quién era, y qué habia hecho.

34 Mas en aquel tropel de gente quién gritaba una cosa, y quién otra. Y no pudiendo averiguar lo cierto á causa del alboroto, mandó que lo condujesen á una fortaleza [91].

35 Al llegar á las gradas, fue preciso que los soldados le llevasen en peso á causa de la violencia del pueblo.

36 Porque le seguia el gentío, gritando: Que muera.

37 Estando ya Pablo para entrar en la fortaleza, dijo al tribuno: ¿No podré hablarte dos palabras? A lo cual respondió el tribuno: ¿Qué, sabes tú hablar en griego?

38 ¿Pues no eres tú el egypcio que los dias pasados excitó una sedicion, y se llevó al desierto cuatro mil salteadores [92]?

39 Díjole Pablo: Yo soy ciertamente judío ciudadano de Tarso en Cilicia, ciudad bien conocida. Suplícote pues que me permitas hablar al pueblo.

40 Y concediéndoselo el tribuno, Pablo poniéndose en pié sobre las gradas, hizo señal con la mano al pueblo, y siguiéndose á esto gran silencio, le habló así en lengua hebrea:

CAPÍTULO XXII.
Apología de san Pablo: furor contra él de los judíos obstinados: se declara ciudadano romano queriendo el tribuno azotarle.


1 Hermanos y padres mios, oid la razon que voy á daros ahora de mi persona.

2 Al ver que les hablaba en lengua hebrea, redoblaron el silencio.

3 Dijo pues: Yo soy judío, nacido en Tarso de Cilicia, pero educado en esta ciudad, en la escuela de Gamaliel, é instruido por él conforme á la verdad de la Ley de nuestros padres, y muy zeloso de la misma Ley, asi como al presente lo sois todos vosotros:

4 yo perseguí de muerte á los de esta nueva doctrina, aprisionando y metiendo en la cárcel á hombres y á mugeres,

5 como me son testigos el Sumo sacerdote, y todos los Ancianos, de los cuales tomé asimismo cartas para los hermanos de Damasco, é iba allá para traer presos a Jerusalem á los de esta secta que allí hubiese, a fin de que fuesen castigados.

6 Mas sucedió que, yendo de camino, y estando ya cerca de Damasco á hora de medio dia, de repente una luz copiosa del cielo me cercó con sus rayos;

7 y cayendo en tierra, oí una voz que me decia: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?

8 Yo respondí: ¿Quién eres tú, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesus nazareno, á quien tú persigues.

9 Los que me acompañaban, aunque vieron la luz, no entendieron bien la voz del que hablaba conmigo.

10 Yo dije: ¿Qué haré, Señor? Y el Señor me respondió: Levántate, y vé á Damasco, donde se te dirá todo lo que debes hacer.

11 Y como el resplandor de aquella luz me hizo quedar ciego, los compañeros me condujeron por la mano hasta Damasco.

12 Aquí un cierto Ananías, varon justo segun la Ley, que tiene á su favor el testimonio de todos los judíos sus conciudadanos,

13 viniendo á mí, y poniéndoseme delante me dijo: Saulo hermano mio, recibe la vista. Y al punto le vi ya claramente.

14 Dijo él entonces: El Dios de nuestros padres te ha predestinado, para que conocieses su voluntad, y vieses al Justo, y oyeses la voz de su boca:

15 porque has de ser testigo suyo delante de todos los hombres, de las cosas que has visto y oido.

16 Ahora pues ¿qué te detienes? Levántate, bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.

17 Sucedió despues que, volviendo yo á Jerusalem, y estando orando en el Templo, fuí arrebatado en éxtasis,

18 y le ví que me decia: Date prisa, y sal luego de Jerusalem, porque estos no recibirán el testimonio que les dieres de mí.

19 Señor, respondí yo; ellos saben que yo era el que andaba por las synagogas, metiendo en la cárcel, y maltratando á los que creian en tí;

20 y mientras se derramaba la sangre de tu testigo ó mártir Estéban, yo me hallaba presente, consintiendo en su muerte, y guardando la ropa de los que le mataban.

21 Pero el Señor me dijo: Anda, que yo te quiero enviar lejos de aquí ácia los gentiles.

22 Hasta esta palabra le estuvieron escuchando, mas aquí levantaron el grito diciendo: Quita del mundo á un tal hombre; que no es justo que viva.

23 Prosiguiendo ellos en sus alaridos, y echando de sí enfurecidos sus vestidos, y arrojando puñados de polvo al aire,

24 ordenó el tribuno que le metiesen en la fortaleza, y que azotándole le atormentasen, para descubrir por qué causa gritaban tanto contra él.

25 Ya que le hubieron atado con las correas, dijo Pablo al centurion que estaba presente: ¿Os es lícito á vosotros azotar á un ciudadano romano, y eso sin formarle causa?

26 El centurion, oido esto, fue al tribuno, y le dijo: Mira lo que haces; pues este hombre es ciudadano romano.

27 Llegándose entónces el tribuno á él, preguntóle: Dime, ¿eres tú romano? Respondió él: Sí que lo soy.

28 A lo que replicó el tribuno: A mí me costó una gran suma de dinero este privilegio. Y Pablo dijo: Pues yo lo soy de nacimiento.

29 Al punto se apartaron de él los que iban á darle tormento. Y el mismo tribuno entró en temor, despues que supo que era ciudadano romano, y que le habia hecho atar.

30 Al dia siguiente queriendo cerciorarse del motivo por qué le acusaban los judíos, le quitó las prisiones, y mandó juntar á los sacerdotes, con todo el synedrio ó consistorio, y sacando á Pablo, le presentó en medio de ellos.

CAPÍTULO XXIII.
Pablo con sus palabras ocasiona una disputa con que se dividen los Fariseos de los sadduceos. El tribuno Lysias le remite con escolta militar á Cesarea, á Félix, gobernador romano, para librarle de una horrible conjuracion.


1 Pablo entonces, fijos los ojos en el synedrio, les dijo: Hermanos mios, yo hasta el dia presente he observado tal conducta, que en la presencia de Dios nada me remuerde la conciencia.

2 En esto el príncipe de los sacerdotes Ananías mandó á sus ministros que le hiriesen en la boca.

3 Entónces le dijo Pablo: Herirte ha Dios a tí, pared blanqueada. ¿Tú estás sentado para juzgarme segun la Ley, y contra la Ley [93] mandas herirme?

4 Los circunstantes le dijeron: ¿Cómo maldices tú al Sumo sacerdote de Dios?

5 A esto respondió Pablo: Hermanos, no sabia que fuese el príncipe de los sacerdotes. Porque realmente escrito está [94]: No maldecirás al príncipe de tu pueblo.

6 Sabiendo empero Pablo que parte de los que asistían eran sadduceos, y parte Fariseos, exclamó en medio del synedrio: Hermanos mios, yo soy Fariseo, hijo de Fariseos, y por causa de mi esperanza de la resurreccion de los muertos es por lo que voy á ser condenado.

7 Desde que hubo proferido estas palabras, se suscitó discordia entre los Fariseos y sadduceos, y se dividió la asamblea en dos partidos.

8 Porque los sadduceos dicen que no hay resurreccion, ni ángel ni espíritu; cuando al contrario los Fariseos confiesan ambas cosas.

9 Así que, fue grande la gritería que se levantó. Y puestos en pié algunos Fariseos, porfiaban, diciendo: Nada de malo hallamos en este hombre: ¿quien sabe si le habló algun espíritu ó ángel?

10 Y enardeciéndose mas la discordia, temeroso el tribuno que despedazasen á Pablo, mandó bajar á los soldados, para que le quitasen de en medio de ellos, y le condujesen á la fortaleza.

11 A la noche siguiente se le apareció el Señor, y le dijo: Pablo, buen ánimo: así como has dado testimonio de mí en Jerusalem, así conviene tambien que le des en Roma.

12 Venido el dia se juntaron algunos judíos, é hicieron voto con juramento é imprecacion, de no comer ni beber hasta haber matado á Pablo.

13 Eran mas de cuarenta hombres los que se habian así conjurado;

14 los cuales se presentaron á los príncipes de los sacerdotes, y á los Ancianos, y dijeron: Nosotros nos hemos obligado con voto y grandes imprecaciones, á no probar bocado hasta que matemos á Pablo.

15 Ahora pues no teneis mas que avisar al tribuno de parte del synedrio, pidiéndole que haga conducir mañana [95] á Pablo delante de vosotros, como que teneis que averiguar de él alguna cosa con mas certeza. Nosotros de nuestra parte estaremos prevenidos para matarle antes que llegue.

16 Mas como un hijo de la hermana de Pablo entendiese la trama, fue, y entró en la fortaleza, y dió aviso á Pablo.

17 Pablo llamando á uno de los centuriones, dijo: Lleva este mozo al tribuno, porque tiene que participarle cierta cosa.

18 El centurion tomándole consigo le condujo al tribuno, y dijo: Pablo el preso me ha pedido que traiga á tu presencia á este jóven, que tiene que comunicarte alguna cosa.

19 El tribuno cogiendo de la mano al mancebo, se retiró con él á solas, y le preguntó: ¿Que es lo que tienes que comunicarme?

20 El respondió: Los judíos han acordado el suplicarte que mañana conduzcas á Pablo al concilio, con pretexto de querer examinarle mas individualmente de algun punto;

21 pero tú no los creas, porque de ellos le tienen armadas asechanzas mas de cuarenta hombres, los cuales con grandes juramentos han hecho voto de no comer ni beber hasta que le maten; y ya están alerta, esperando que tú les concedas lo que piden.

22 El tribuno despidió al muchacho, mandándole que á nadie dijese que habia hecho aquella delacion.

23 Y llamando á los centuriones, les dijo: Tened prevenidos para las nueve de la noche [96] doscientos soldados de infantería, para que vayan á Cesarea, y setenta de caballería, y doscientos alabarderos ó lanceros;

24 y preparad bagages para que lleven á Pablo, y le conduzcan sin peligro de su vida al gobernador Félix,

25 (porque temió el tribuno que los judíos le arrebatasen, y matasen, y despues él mismo padeciese la calumnia de haberlo permitido, sobornado con dinero) y al mismo tiempo escribió una carta al gobernador Félix, en los términos siguientes:

26 Claudio Lysias al óptimo gobernador Félix, salud.

27 A ese hombre preso por los judíos, y á punto de ser muerto por ellos, acudiendo con la tropa le libré, noticioso de que era ciudadano romano;

28 y queriendo informarme del delito de que le acusaban, condújele á su synedrio ó consistorio.

29 Allí averigüé que es acusado sobre cuestiones de su ley de ellos, pero que no ha cometido ningun delito digno de muerte ó de prision.

30 Y avisado despues de que los judíos le tenian urdidas asechanzas, te lo envío á tí, previniendo tambien á sus acusadores, que recurran á tu tribunal. Ten salud.

31 Los soldados pues segun la órden que se les habia dado, encargándose de Pablo, le condujeron de noche á la ciudad de Antipátrida.

32 Al dia siguiente dejando á los de á caballo para que le acompañasen, volviéronse los demas á la fortaleza.

33 Llegados que fueron á Cesarea, y entregada la carta al gobernador, le presentaron asimismo á Pablo.

34 Luego que leyó la carta, le preguntó de qué provincia era, y oido que de Cilicia, dijo:

35 Te daré audiencia en viniendo tus acusadores. Entre tanto mandó que le custodiasen en el pretorio llamado de Heródes.

CAPÍTULO XXIV.
Respuesta convincente de Pablo á las acusaciones falsas de los judíos. El gobernador Félix oye tambien a Pablo sobre la fé de Christo; y viendo que no le ofrecia dinero, le reserva preso para su succesor Porcio Festo.


1 Al cabo de cinco dias llegó á Cesarea el Sumo sacerdote Ananías con algunos Ancianos, y con un tal Tertullo orador ó abogado, los cuales comparecieron ante el gobernador contra Pablo.

2 Citado Pablo, empezó su acusacion Tertullo, diciendo: Como es por medio de tí, óptimo Félix, que gozamos de una paz profunda, y con tu prevision remedias muchos desórdenes;

3 nosotros lo reconocemos en todas ocasiones y en todos lugares, y te tributamos toda suerte de acciones de gracias.

4 Mas por no molestarte demasiado, suplícote nos oigas por breves momentos con tu acostumbrada humanidad.

5 Tenemos averiguado ser este un hombre pestilencial, que anda por todo el mundo metiendo en confusion y desórden á todos los judíos, y es el caudillo de la sediciosa secta de los nazarenos:

6 el cual ademas intentó profanar el Templo, y por esto habiéndole preso, quisimos juzgarle segun nuestra Ley.

7 Pero sobreviniendo el tribuno Lysias, le arrancó a viva fuerza de nuestras manos,

8 mandando que los acusadores recurriesen á tí: tú mismo, examinándole como juez, podrás reconocer la verdad de todas estas cosas de que le acusamos.

9 Los judíos confirmaron por su parte lo dicho, atestiguando ser todo verdad.

10 Pablo, empero, (habiéndole hecho señal el gobernador para que hablase) lo hizo en estos términos: Sabiendo yo que ya hace muchos años que tú gobiernas esta nacion, emprendo con mucha confianza el justificarme.

11 Bien fácilmente puedes certificarte, de que no há mas de doce dias que llegué á Jerusalem, á fin de adorar á Dios;

12 y nunca me han visto disputar con nadie en el Templo, ni amotinando la gente en las synagogas,

13 ó en la ciudad; ni pueden alegarte prueba de cuantas cosas me acusan ahora.

14 Es verdad, y lo confieso delante de tí, que siguiendo una doctrina, que ellos tratan de. heregía, yo sirvo al Padre y Dios mio, creyendo todas las cosas, que se hallan escritas en la Ley y en los Profetas;

15 teniendo firme esperanza en Dios, como ellos tambien la tienen, que ha de verificarse la resurreccion de los justos, y de los pecadores.

16 Por lo cual procuro yo siempre conservar mi conciencia sin culpa delante de Dios, y delante de los hombres.

17 Ahora, despues de muchos años, vine á repartir limosnas á los de mi nacion, y á cumplir á Dios mis ofrendas y votos.

18 Y estando en esto, es cuando algunos judíos de Asia me han hallado purificado en el Templo; mas no con reunion de pueblo, ni con tumulto.

19 Estos judíos son los que habian de comparecer delante de tí, y ser mis acusadores, si algo tenian que alegar contra mí;

20 pero ahora digan estos mismos que me acusan, si, congregados en el synedrio, han hallado en mi algun delito,

21 á no ser que lo sea una expresion con que exclamé en medio de ellos, diciendo: Veo que por defender yo la resurreccion de los muertos, me formais hoy vosotros causa.

22 Félix pues, que estaba bien informado de esta doctrina, difirió para otra ocasion el asunto, diciendo: Cuando viniere de Jerusalem el tribuno Lysias, os daré audiencia otra vez.

23 Entre tanto mandó á un centurion que custodiára á Pablo, teniéndole con menos estrechez, y sin prohibir que los suyos entrasen á asistirle.

24 Algunos dias despues volviendo Félix á Cesarea y trayendo a su muger Drusilla, la cual era judía, llamó á Pablo, y le oyó explicar la fé de Jesu-Christo.

25 Pero inculcando Pablo la doctrina de la justicia, de la castidad, y del juicio venidero, despavorido Félix le dijo: Basta por ahora, retírate; que á su tiempo yo te llamaré;

26 y como esperaba que Pablo le daria dinero para conseguir la libertad, por eso llamándole á menudo, conversaba con él.

27 Pasados dos años, Félix recibió por sucesor a Porcio Festo; y queriendo congraciarse con los judíos, dejó preso a Pablo.

CAPÍTULO XXV.
Lo que sucedió al Apóstol con el gobernador Festo, ante quien apela al César. Festo le presenta al rey Agrippa y á Berenice su hermana.


1 Llegado Festo á la provincia, tres dias despues subió á Jerusalem desde Cesarea.

2 Presentáronsele luego los príncipes de los sacerdotes y los mas distinguidos entre los judíos, para acusar á Pablo, con una peticion,

3 en que le suplicaban por gracia, que le mandase conducir á Jerusalem, tramando ellos una emboscada para asesinarle en el camino.

4 Mas Festo respondió, que Pablo estaba bien custodiado en Cesarea, para donde iba á partir él cuanto antes.

5 Por tanto, los principales (dijo) de entre vosotros, vengan tambien á Cesarea, y acúsenle, si es reo de algun crimen.

6 En electo, no habiéndose detenido en Jerusalem mas que ocho, ó diez dias, marchó á Cesarea, y al dia siguiente sentándose en el tribunal, mandó comparecer á Pablo.

7 Luego que fue presentado, le rodearon los judíos venidos de Jerusalem, acusándole de muchos y graves delitos, que no podian probar,

8 y de los cuales se defendía Pablo, diciendo: En nada he pecado ni contra la Ley de los judíos, ni contra el Templo, ni contra César.

9 Mas Festo queriendo congraciarse con los judíos, respondiendo á Pablo, le dijo: ¿Quieres subir á Jerusalem, y ser allí juzgado ante mí?

10 Respondió Pablo: Yo estoy ante el tribunal de César, que es donde debo ser juzgado: tú sabes muy bien que yo no he hecho el menor agravio á los judíos.

11 Que si en algo les he ofendido, ó he hecho alguna cosa por la que sea reo de muerte, no rehuso morir; pero si no hay nada de cuanto estos me imputan, ninguno tiene derecho para entregarme á ellos. Apelo a César.

12 Entónces Festo habiéndolo tratado con los de su consejo, respondió: ¿A César has apelado? pues á César irás [97].

13 Pasados algunos dias, bajaron á Cesarea el rey Agrippa y Berenice á visitar á Festo.

14 Y habiéndose detenido allí muchos dias, Festo habló al rey de la causa de Pablo, diciendo: Aquí dejó Félix preso á un hombre,

15 sobre el cual estando yo en Jerusalem, recura rieron á mí los príncipes de los sacerdotes, y los Ancianos de los judíos, pidiendo que fuese condenado á muerte.

16 Yo les respondí: Que los romanos no acostumbran condenar á ningun hombre, antes que el acusado tenga presentes á sus acusadores, y lugar de defenderse para justificarse de los cargos [98].

17 Habiendo pues ellos concurrido acá sin dilacion alguna, al dia siguiente sentado yo en el tribunal, mandé traer ante mí al dicho hombre.

18 Compareciendo los acusadores, ví que no le imputaban ningun crimen de los que yo sospechaba fuese culpado:

19 solamente tenian con él no sé que disputa tocante á su supersticion judáica, y sobre un cierto Jesus difunto, que Pablo afirmaba estar vivo.

20 Perplejo yo en una causa de esta naturaleza, le dije, si queria ir á Jerusalem, y ser allí juzgado de estas cosas.

21 Mas interponiendo Pablo apelacion para que su causa se reservase al juicio de Augusto, di órden para que se le mantuviese en custodia, hasta remitirle á César.

22 Entonces dijo Agrippa á Festo: Desearia yo tambien oir á ese hombre. Mañana, respondió Festo, le oirás.

23 Con eso al dia siguiente, habiendo venido Agrippa y Berenice con mucha pompa, y entrando en la sala de la audiencia con los tribunos, y personas principales de la ciudad, fue Pablo traido por órden de Festo.

24 El cual dijo: Rey Agrippa, y todos vosotros que os hallais aquí presentes, ya veis á este hombre, contra quien todo el pueblo de los judíos ha acudido á mí en Jerusalem, representándome con grandes instancias y clamores que no debe vivir mas.

25 Mas yo he averiguado que nada ha hecho que mereciese la muerte. Pero habiendo él mismo apelado á Augusto, he determinado remitírsele.

26 Bien que como no tengo cosa cierta que escribir al Señor acerca de él, por esto le he hecho venir a vuestra presencia, mayormente ante tí, ¡oh rey Agrippa y para que examinándole tenga yo algo que escribir.

27 Pues me parece cosa fuera de razon el remitir á un hombre preso, sin exponer los delitos de que se le acusa.
CAPÍTULO XXVI.
Pablo justifica delante de Agrippa, y cuenta por menor su conversion.


1 Entonces Agrippa dijo á Pablo: Se te da licencia para hablar en tu defensa. Y luego Pablo accionando con la mano empezó así su apología.

2 Tengo á gran dicha mia, ¡oh rey Agrippa [99]! el poder justificarme ante tí, en el dia de hoy, de todos los cargos de que me acusan los judíos.

3 Mayormente sabiendo tú todas las costumbres de los judíos, y las cuestiones que se agitan entre ellos: por lo cual te suplico que me oigas con paciencia.

4 Y en primer lugar, por lo que hace al tenor de vida, que observé en Jerusalem desde mi juventud entre los de mi nacion, es bien notorio a todos los judíos:

5 sabedores son de antemano (si quieren confesar la verdad) que yo siguiendo desde mis primeros años la secta ó profesion mas segura de nuestra religion, viví cual Fariseo.

6 Y ahora soy acusado en juicio por la esperanza que tengo de la promesa hecha por Dios á nuestros padres:

7 promesa cuyo cumplimiento esperan nuestras doce tribus, sirviendo á Dios noche y dia. Por esta esperanza, ¡oh rey! soy acusado yo de los judíos.

8 Pues qué, ¿juzgais acaso increible el que Dios resucite á los muertos?

9 Yo por mí estaba persuadido de que debia proceder hostilmente contra el nombre de Jesus nazareno,

10 como ya lo hice en Jerusalem, donde no solo metí á muchos de los santos ó fieles en las cárceles, con poderes que para ello recibí de los príncipes de los sacerdotes, sino que siendo condenados á muerte, yo di tambien mi consentimiento.

11 Y andando con frecuencia por todas las synagogas, los obligaba á fuerza de castigos á blasfemar del nombre de Jesus; y enfurecido mas de cada dia contra ellos, los iba persiguiendo basta en las ciudades extrangeras.

12 En este estado, yendo un dia á Damasco, con poderes y comision de los príncipes de los sacerdotes,

13 siendo el medio dia, ví, ¡oh rey! en el camino una luz del cielo mas resplandeciente que el sol, la cual con sus rayos me rodeó á mí, y á los que iban juntamente conmigo.

14 Y habiendo todos nosotros caido en tierra, oí una voz que me decia en lengua hebrea: Saulo, Saulo, ¿por que me persigues? duro empeño es para ti el dar coces contra el aguijon.

15 Yo entonces respondí: ¿Quién eres tú, Señor? Y el Señor me dijo: Yo soy Jesus, á quien tú persigues.

16 Pero levántate, y ponte en pié; pues para esto te he aparecido, á fin de constituirte ministro, y testigo de las cosas que has visto, y de otras que te mostraré apareciéndome á tí de nuevo,

17 y yo te libraré de las manos de este pueblo, y de los gentiles, á los cuales ahora te envío,

18 á abrirles los ojos, para que se conviertan de las tinieblas á la luz, y del poder de Satanás á Dios, y con esto reciban la remision de sus pecados, y tengan parte en la herencia de los santos, mediante la fé en mí.

19 Así que, ¡oh rey Agrippa! no fui rebelde á la vision celestial:

20 antes bien empezé á predicar primeramente á los judíos que están en Damasco, y en Jerusalem, y por todo el pais de Judea, y despues á los gentiles, que hiciesen penitencia, y se convirtiesen á Dios, haciendo dignas obras de penitencia.

21 Por esta causa los judíos me prendieron, estando yo en el Templo, é intentaban matarme.

22 Pero ayudado del auxilio de Dios, he perseverado hasta el dia de hoy, testificando la verdad á grandes y á pequeños, no predicando otra cosa mas que lo que Moysés y los Profetas predijeron que habia de suceder,

23 es á saber, que Christo habia de padecer la muerte, y que seria el primero que resucitaria de entre los muertos, y habia de mostrar la luz del Evangelio á este pueblo y á los gentiles.

24 Diciendo él esto en su defensa, exclamó Festo, Pablo, tú estás loco; las muchas letras te han trastornado el juicio.

25 Y Pablo le respondió: No deliro, óptimo Festo, sino que hablo palabras de verdad y de cordura [100].

26 Que bien sabidas son del rey estas cosas, y por lo mismo hablo delante de él con tanta confianza; bien persuadido de que nada de esto ignora, puesto que ninguna de las cosas mencionadas se ha ejecutado en algun rincon oculto.

27 ¡Oh rey Agrippa! ¿crees tú en los Profetas? Yo sé que crees en ellos.

28 A esto Agrippa sonriéndose respondió á Pablo: Poco falta para que me persuadas á hacerme christiano.

29 A lo que contestó Pablo: Pluguiera á Dios, como deseo, que no solamente faltára poco, sino que no faltara nada para que tú y todos cuantos me oyen, llegáseis á ser hoy tales, cual soy yo, salvo estas cadenas.

30 Aquí se levantaron el rey, y el gobernador, y Berenice, y los que les hacian la corte.

31 Y habiéndose retirado á parte, hablaban entre sí, y decian: En efecto este hombre no ha hecho cosa digna de muerte, ni de prision.

32 Y Agrippa dijo á Festo: Si no hubiese ya apelado á César, bien se le pudiera poner en libertad.

CAPÍTULO XXVII.
Pablo navega para Roma conducido por el centurion Julio: la nave naufraga junto á una isla; pero todos se salvan.


1 Luego pues que se determinó que Pablo navegase á Italia, y que fuese entregado con los demas presos a un centurion de la cohorte ó legion Augusta llamado Julio,

2 embarcándonos en una nao de Adrumeto, nos hicimos á la vela, empezando á costear las tierras de Asia, acompañándonos siempre Aristarchô macedonio de Thessalónica.

3 El dia siguiente arribamos á Sidon; y Julio tratando á Pablo con humanidad, le permitió salir á visitar á los amigos, y proveerse de lo necesario.

4 Partidos de allí, fuimos bogando por debajo de Chypre, por ser contrarios los vientos.

5 Y habiendo atravesado el mar de Cilicia y de Pamphylia, aportamos á Lystra ó Mira de la Lycia,

6 donde el centurion, encontrando una nave de Alejandría que pasaba á Italia, nos trasladó á ella.

7 Y navegando por muchos dias lentamente, y arribando con trabajo en frente de Gnido, por estorbárnoslo el viento, costeamos a Creta, por el cabo Salmon;

8 y doblado este con gran dificultad, arribamos á un lugar llamado Buenospuértos, que está cercano á la ciudad de Thalassa.

9 Pero habiendo gastado mucho tiempo, y no siendo desde entónces segura la navegacion, por haber pasado ya el tiempo del ayuno [101], Pablo los amonestaba,

10 diciéndoles: Yo conozco, amigos, que la navegacion comienza á ser muy peligrosa y de mucho perjuicio, no solo para la nave y cargamento, sino tambien para nuestras vidas [102].

11 Pero el centurion daba mas crédito al piloto y al patron del barco, que á cuanto decia Pablo.

12 Mas como aquel puerto no fuese á propósito para invernar, la mayor parte fueron de parecer que nos hiciésemos a la vela para ir á tomar invernadero, por poco que se pudiese, en Phenico, puerto de Creta opuesto al Abrego y al Poniente.

13 Así pues soplando el Austro, figurándose salir ya con su intento, levantando anclas en Asson [103], iban costeando por la isla de Creta.

14 Pero á poco tiempo dió contra la nave un viento tempestuoso, llamado Nordeste.

15 Arrebatada la nave, y no pudiendo resistir al torbellino, éramos llevados á merced de los vientos.

16 Arrojados con ímpetu ácia una isleta, llamada Cauda, pudimos con gran dificultad recoger el esquife.

17 El cual metido dentro, maniobraban los marineros cuanto podian, asegurando y liando la nave, temerosos de dar en algun banco de arena. De esta suerte abajadas las velas y el mástil, se dejaban llevar de las olas.

18 Al dia siguiente, como nos hallábamos furiosamente combatidos por la tempestad, echaron al mar el cargamento;

19 y tres dias despues arrojaron con sus propias manos las municiones y pertrechos de la nave.

20 Entre tanto, habia muchos dias que no se dejaban ver ni el sol, ni las estrellas, y la borrasca era continuamente tan furiosa, que ya habiamos perdido todas las esperanzas de salvarnos.

21 Entónces Pablo, como habia ya mucho tiempo que nadie habia tomado alimento, puesto en medio de ellos, dijo: En verdad, compañeros, que hubiera sido mejor, creyéndome á mi, no haber salido de Creta, y excusar este desastre y pérdida.

22 Mas ahora os exhorto á tener buen ánimo, pues ninguno de vosotros se perderá [104]; lo único que se perderá sera la nave.

23 Porque esta noche se me ha aparecido un ángel del Dios, de quien soy yo, y á quien sirvo,

24 diciéndome: No temas, Pablo, tú sin falta has de comparecer ante César; y hé ahí que Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo.

25 Por tanto, compañeros, tened buen ánimo; pues yo creo en Dios, que así será, como se me ha prometido.

26 Al fin hemos de venir á dar en cierta isla.

27 Mas llegada la noche del dia catorce, navegando nosotros por el mar Adriático, los marineros á eso de la media noche barruntaban hallarse á vista de tierra.

28 Por lo que tiraron la sonda, y hallaron veinte brazas [105] de agua; y poco mas adelante, solo hallaron ya quince.

29 Entónces temiendo cayésemos en algun escollo, echaron por la popa cuatro áncoras, aguardando con impaciencia el dia.

30 Pero como los marineros, intentando escaparse de la nave, echasen al mar el esquife, con el pretexto de ir á tirar las áncoras un poco mas lejos por la parte de proa,

31 dijo Pablo al centurion y á los soldados: Si estos hombres no permanecen en el navío, vosotros no podeis salvaros.

32 En la hora los soldados cortaron las amarras del esquife, y le dejaron perder.

33 Y al empezar á ser de dia, rogaba Pablo á todos que tomasen alimento, diciendo: Hace hoy catorce dias que aguardando el fin de la tormenta estais sin comer, ni probar casi nada.

34 Por lo cual os ruego que tomeis algun alimento para vuestra conservacion, seguros de que no ha de perderse ni un cabello de vuestra cabeza [106].

35 Dicho esto, tomando pan, dió gracias á Dios en presencia de todos, y partiéndole, empezó a comer.

36 Con eso animados todos, comieron tambien ellos.

37 Éramos los navegantes al todo doscientas y setenta y seis personas.

38 Estando ya satisfechos, aligeraban la nave, arrojando al mar el trigo.

39 Siendo ya dia claro, no reconocian que tierra era la que descubrian: echaban sí de ver cierta ensenada que tenia playa, donde pensaban arrimar la nave, si pudiesen.

40 Alzadas pues las áncoras, se abandonaban a la corriente del mar, aflojando al mismo tiempo las cuerdas de las dos planchas del timon; y alzada la vela del artimon ó de la popa, para tomar el viento preciso, se dirigían ácia la playa.

41 Mas tropezando en una lengua de tierra que tenia mar por ambos lados, encalló la nave, quedando inmoble la proa, fija ó encallada en el fondo, mientras la popa iba abriéndose por la violencia de las olas.

42 Los soldados entónces deliberaron matar á los presos, temerosos de que alguno se escapase á nado.

43 Pero el centurion deseoso de salvar á Pablo, estorbó que lo hiciesen; y mandó que los que supiesen nadar, saltasen los primeros al agua, y saliesen á tierra: 44 á los demas, parte los llevaron en tablas, y algunos sobre los deshechos que restaban del navío. Y así se verificó que todas las personas salieron salvas á tierra.

CAPÍTULO XXVIII.
Prosigue Pablo su viaje desde Malta á Roma; en donde luego de llegado, convocando á los principales judíos, les da razon de su apelacion, y les predica á Jesu-Christo: lo cual sigue haciendo despues, por espacio de dos años, á cuantos iban á él.


1 Salvados del naufragio, conocimos entónces que aquella isla se llamaba Malta [107]. Los bárbaros [108] por su parte nos trataron con mucha humanidad.

2 Porque luego, encendida una hoguera, nos refocilaban á todos contra la lluvia que descargaba, y el frio.

3 Y habiendo recogido Pablo una porcion de sarmientos, y echándolos al fuego, saltó una víbora huyendo del calor, y le trabó de la mano.

4 Cuando los bárbaros vieron la víbora colgando de su mano, se decian unos á otros: Este hombre sín duda es algun homicida, pues que habiéndose salvado de la mar, la venganza divina no quiere que viva.

5 Él empero sacudiendo la víbora en el fuego, no padeció daño alguno.

6 Los bárbaros al contrario se persuadian á que se hincharia y de repente caeria muerto. Mas despues de aguardar largo rato, reparando que ningun mal le acontecia, mudando de opinion, decian que era un Dios.

7 En aquellas cercanías tenia unas posesiones el príncipe de la isla, llamado Publio, el cual acogiéndonos benignamente nos hospedó por tres dias con mucha humanidad.

8 Y sucedió que, hallándose el padre de Publio muy acosado de fiebres y disentería, entró Pablo á verle; y haciendo oracion, é imponiendo sobre él las manos, le curó.

9 Despues de este suceso, todos los que tenian enfermedades en aquella isla, acudían á él, y eran curados:

10 por cuyo motivo nos hicieron muchas honras, y cuando nos embarcamos, nos proveyeron de todo lo necesario.

11 Al cabo de tres meses, nos hicimos á la vela en una nave alejandrina, que habia invernado en aquella isla, y tenia la divisa de Cástor y Pólux.

12 Y habiendo llegado á Syracusa, nos detuvimos allí tres dias.

13 Desde aquí costeando las tierras de Sicilia venimos á Rhegio; y al dia siguiente soplando el Sur, en dos dias nos pusimos en Puzol,

14 donde habiendo encontrado hermanos en Christo, nos instaron á que nos detuviésemos con ellos siete dias; despues de los cuales nos dirigimos á Roma.

15 Sabiendo nuestra venida los hermanos de esta ciudad, salieron á recibirnos hasta el pueblo llamado Foro Apio, y otros á Tres-Tabernas. A los cuales habiendo visto Pablo, dió gracias á Dios, y cobró grande ánimo.

16 Llegados á Roma, se le permitió á Pablo el estar de por sí en una casa con un soldado de guardia [109].

17 Pasados tres dias pidió á los principales de entre los judíos que fuesen á verle. Luego que se juntaron, les dijo: Yo, hermanos mios, sin haber hecho nada contra el pueblo, ni contra las tradiciones de nuestros padres, fui preso en Jerusalem y entregado en manos de los romanos,

18 los cuales despues que me hicieron los interrogatorios, quisieron ponerme en libertad, visto que no hallaban en mí causa de muerte.

19 Mas oponiéndose los judíos, me ví obligado á apelar á César; pero no con el fin de acusar en cosa alguna á los de mi nacion.

20 Por este motivo pues he procurado veros y hablaros, para que sepais que por la esperanza de Israél me veo atado con esta cadena [110]. 21 A lo que respondieron ellos: Nosotros ni hemos recibido cartas de Judea acerca de tí, ni hermano alguno venido de allá, ha contado ó dicho mal de tí.

22 Mas deseamos saber cuáles son tus sentimientos, porque tenemos noticia que esa tu secta halla contradiccion en todas partes.

23 Y habiéndole señalado dia para oirle, vinieron en gran número á su alojamiento, á los cuales predicaba el reino de Dios desde la mañana hasta la noche, confirmando con autoridades las proposiciones que sentaba, y probándoles lo perteneciente á Jesus con la Ley de Moysés y con los Profetas.

24 Unos creían las cosas que decia; otros no las creian.

25 Y no estando acordes entre sí, se iban saliendo, sobre lo cual decia Pablo: ¡Oh con cuanta razon habló el Espíritu santo á nuestros padres por el Profeta Isaías [111],

26 diciendo: Vé á ese pueblo, y díles: Oiréis con Vuestros oidos, y no entenderéis; y por mas que veréis con vuestros ojos, no miraréis!

27 Porque embotando este pueblo su corazon, ha tapado sus oidos, y apretado las pestañas de sus ojos; de miedo que con ellos vean, y oigan con sus oidos, y entiendan con el corazon, y así se conviertan, y yo les dé la salud.

28 Por tanto tened entendido todos vosotros, que á los gentiles es enviada esta salud de Dios, y ellos la recibirán.

29 Dicho esto, se apartaron de él los judíos, teniendo grandes debates entre sí.

30 Y Pablo permaneció por espacio de dos años enteros en la casa que habia alquilado, en donde recibia á cuantos iban á verle,

31 predicando el reino de Dios, y enseñando con toda libertad, sin que nadie se lo prohibiese, lo tocante á nuestro Señor Jesu-Christo.




FIN DE LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES.

  1. Joann. XIV. v.16 y 26
  2. O globo de luz y resplandor que acompañaba á su cuerpo glorioso.
  3. Vease Sábado.
  4. Véase Cenáculo.
  5. Ejerciendo el oficio de vicario de Christo.
  6. Psalm. XL. v.10.
  7. Psalm. LXVIII. v.26.— CVIII. v.8.
  8. Véase Obispo.
  9. A la habitacion de los malvados.
  10. Véase Pentecostes.
  11. Véase Prosélitos.
  12. Véase Hora. Los judíos en los dias de fiesta no comian sino despues de haber hecho las oraciones de la mañana, que acababan cerca de las doce.
  13. Is. XLIV. v.3.—Joel II. v.28.
  14. Esto es, aparecerá de color sangriento.
  15. Joel II. v.32.
  16. Psalm. XV. v.8.
  17. Esto es, en poder de la muerte; o en el limbo, segun otros intérpretes. Véase Infierno, Alma.
  18. Psalm. CIX. v.1.
  19. Véase Pan.
  20. Significa esto, ó el convite de caridad llamado ágape, ó amor, que hacian en comun; ó la comunion del pan euchârístico; ó mas bien lo uno y lo otro; pues entónces á la comunion ordinariamente seguia la comida, que se hacia en comun. Véase Pan, Convite.
  21. De los que debian salvarse en esta comun union y género de vida, ó en la unidad de la Iglesia.
  22. Véase Oracion.
  23. Véase Venida de Jesu-Christo.
  24. Que perfeccionará la Ley que os entrego ahora.
  25. No solamente Moysés habló así de Jesus.
  26. ¡Cuán funestas son las consecuencias de entrar en un empeño á impulsos del ódio, de la envidia, ó de un amor desordenado! Es mas comun de lo que se piensa el hallarse el hombre en la terrible situacion ó estado en que nada puede oponer á la verdad, que se le presenta delante de los ojos, y con todo no tiene fuerza ó espíritu para ceder á ella, ó abrazarla.
  27. Los príncipes, por grande que sea su poder, no son mas que ejecutores de los designios de Dios. El Señor hace servir para la salvacion del género humano y santificacion de las almas, las voluntades corrompidas y criminales de Pilato, Heródes, etc.
  28. Que sean pruebas de su divinidad, y señales de que tú nos envías.
  29. En vista de la severidad con que castigaba Dios la hipocresía y mentira. Quiso Dios desde el principio de la Iglesia hacer ver cuán contrarias son á la moral evangélica la mentira é hipocresía que encierra el hecho de estos dos consortes, y cuán opuestas á una religion fundada en espíritu y verdad. Casi todos los santos Padres convienen en que solo perdieron la vida corporal, pero no la eterna.
  30. Los grandes males que ocasionan los que entran en empresas, ó injustas ó imprudentes, provienen siempre de no querer reconocer su error. Se tiene vergüenza de mudar de opinion: no se quiere confesar que se duda, se pasa la vida deliberando, y entre tanto los males crecen y la muerte viene. S. Joann. Chrysost. in Evang.
  31. Véase Consagracion, Manos.
  32. Matth. X. v.20.
  33. Châran es lo mismo que Haran.
  34. Algunos intérpretes creen que el padre de Ephron se llamaba Sichêm, y tambien Sehar. Pero es mas verosímil que S. Estéban dijo compendiosamente, que Jacob fue trasladado á Hebron, y enterrado en la sepultura comprada antes por Abraham á Epbron, y Joseph y sus hermanos en Sichêm, en la parte del campo que Jacob compró á los hijos de Hemor. Véase Genes. XXXIII. v.18 y 19.
  35. Amos V:25 Amos V. v. 25.
  36. Véase Remmon.
  37. Ex. XXV. v.40. Véase Tabernáculo.
  38. Josue III. v.14Hebr. VIII. v.9.
  39. I. Reg. XVI. v.13.—Psalm. CXXXI. v.5.
  40. I. Paral. XVII. v.12, 24.—Is. LXVI. v.1.
  41. Que segun la Ley debian tirar las primeras piedras. Deut. XVII. v.7.
  42. Véase Sepulcro.
  43. Y del modo que el Señor les habia prescrito.
  44. Is. LIII. v.7.
  45. Véase Cap. XXII. v. 10.
  46. Véase Vaso.
  47. Pablo habiéndose ido á la Arabia, volvió pasados tres años á Damasco, y continuó predicando la fé de Jesu-Christo. Galat. I. v.17.
  48. Galat. I. v.17 y 18.
  49. Véase Cohorte.
  50. Véase Adorar.
  51. Véase Profano, Purificacion.
  52. Luc. IV. v.18.
  53. Jer. XXXI. v.34.— Mich. VII. v.18.
  54. Esto es, los gentiles, ó quizá los judíos nacidos allí. Véase Gentiles.
  55. Véase profetizado este suceso en Is. LXV. v.15.
  56. Tal vez del nombre del procónsul que convirtió; ó para latinizar su apellido.
  57. Esto es, los prosélitos y los gentiles que adoraban al verdadero Dios.
  58. Cor. XV. v.6.
  59. San Pablo (Hebr. I) entiende estas palabras de la generacion eterna, y en el cap. V. ibid. del sacerdocio. Pero en este lugar habla de la resurrrecion.
  60. Y que cualquiera que cree en él, es justificado por él de todas las cosas de que no habeis podido ser justificados por la Ley de Moysés.
  61. Y cuantos lo fueron en la Ley antigua, lo fueron por la fé en el Mesías.
  62. Habac. I. v.5.
  63. Esto es, será arrasado ese Lugar santo, dejaréis de ser mi pueblo, y formaré otro de todas las naciones.
  64. Is. XLIX. v.6.
  65. Tal vez por ser de alta estatura, respecto de san Pablo, que era bajo y de poca presencia, llamado por el Chrysóstomo hombre de tres codos que sobrepuja los cielos.
  66. Amos IX. v.11.
  67. Véase Concilio, Presbyteros.
  68. Véase Profeta.
  69. I Rom. XVI. v.21.
  70. I. Cor. IV. v.12.—I. Thes. II. v.9.
  71. Parece que era este el hermano de Séneca.
  72. Véase Nazareo.
  73. Cesarea, sin adicion, se entiende en la Escritura una ciudad de la Palestina; así como Antiochîa la de Syria. Aunque á primera vista parece que se habla de la Iglesia de Cesarea, con todo es muy fundada la opinion de algunos que creen que aquí se designa por autonomasia la Iglesia de Jerusalem. En efecto, el verbo ascendere¿¿, sin añadir mas palabra, significa subir ó ir á Jerusalem; (Véase Joann. VII. v.8 y 10XII. v.20) así como descendere, bajar ó venir de dicha ciudad. (Act. XXIV. v.1)
  74. La voz griega σιμικίνθια denota los delantales de lienzo ó de piel con que trabajan los artesanos, cual era san Pablo.
  75. Esto es, unos ciento y cuarenta mil reales de vellon. Véase Denario.
  76. Hacer servir la religion á las pasiones ó intereses particulares, es un abuso contrario al buen órden y á la religion misma; pero por desgracia es abuso de todos tiempos. Cada uno tiene sus ídolos de que está enamorado: para este lo son las obras de sus manos, para aquel las de su espíritu: para unos el interes ó las riquezas; para otros el honor ó la vanagloria. La religion no sirve al interes ó torpe granjería, sino por lo que ella tiene de exterior, de lo cual abusan los hombres. De ahí nace que lo exterior de la religion con facilidad se aumenta, y no se disminuye ó limita sin grandes dificultades, y á veces conmociones; al paso que lo interior de la religion decae y perece muchas veces, sin que nadie ó casi nadie lo sienta ni se lamente. El Abulense.
  77. Lugar en que solia reunirse el pueblo.
  78. Asiarchâs ó principales sacerdotes gentiles, que presidian los juegos, espectáculos y demas asambleas.
  79. En todas las clases de personas puede hallarse la equidad, y tambien la obstinacion y capricho. La divina providencia se sirve de toda suerte de instrumentos para sus ocultos y sabios designios. La amistad de san Pablo con estos gentiles parecería mal y escandalizaria tal vez á aquellos que no conocen la senda de la caridad cristiana, la cual se hace toda para todos los hombres, á fin de ganarlos á todos para Dios.
  80. Véase Iglesia.
  81. El griego Διοπετοῦς, esto es, imágen enviada de Júpiter. Creía el pueblo que aquella imágen no era obra de mano de hombres, sino que habia bajado del cielo.
  82. La prudencia cristiana y el interes del Evangelio exigen á veces que se ceda á la tempestad. Dios se sirve de la malicia de un pueblo para ejercer su misericordia con otros. Lo que á los ojos de la carne solo parece huida necesaria, es á los ojos de la fé una mision evangélica mandada por el Espíritu santo. La confianza en Dios no nos priva de servirnos de la prudencia natural.
  83. A fin de que no sospechen que se les predica por interes.
  84. O predicador del Evangelio.
  85. Véase Profetas.
  86. Véase Profetas.
  87. Véase Nazareos.
  88. San Pablo conocia bien que las ceremonias de la Ley ya no eran necesarias: con todo su humildad le hace seguir el consejo de los eclesiásticos de Jerusalem; y su caridad le hace condescender con las inclinaciones de los judíos. El celo verdadero hace que nada omitamos para ilustrar á los ignorantes, ó ganar á los preocupados: la prudencia dicta que nos justifiquemos; y la humildad que procuremos no irritar la obstinacion y malicia de nuestros enemigos por mostrar una firmeza excesiva. Es verdad que la obstinacion del pueblo supersticioso frustró todo el efecto de la condescendencia del Apóstol: la cábala y la malicia hicieron inútil su caridad complaciente: sin embargo la caridad nunca se pierde, siempre edifica; es útil para todas las cosas.
  89. Para que no pudiese refugiarse en aquel asilo inviolable. Pero como san Pablo, segun ellos, era blasfemo, creyeron que no debía gozar de él.
  90. Antes v. 11. y cap. XII. v. 6.
  91. O torre llamada Antonia, contigua al Templo, donde estaban las tropas que guarnecian á Jerusalem. Joseph. De bello jud. VI. c. 6.
  92. Llamados en latin sicarios, porque llevaban un puñal (sica) debajo del vestido.
  93. Lev. XIX. v.15.
  94. Exod. XXII. v.28.
  95. Así lo dice el texto griego.
  96. Véase Hora.
  97. Festo sirve, sin conocerlo, á una órden superior de la divina providencia, cuando manda que Pablo sea llevado á Roma. Vemos los sucesos humanos; pero no vemos los resortes con que la Providencia los dirige al cumplimiento de sus adorables designios. Justo es que adoremos siempre los designios de Dios escondidos en las empresas de los hombres.
  98. Los paganos con la sola luz de la razon conocieron y practicaron este axioma de justicia. ¡Y habrá cristiano que juzgue y condene al prójimo, sin oir antes ó examinar lo que puede alegar en su defensa! Juzgar mal de otro sin oirle, ó sin prueba muy fundada, es ser su verdugo. y no su juez.
  99. Nos enseña aquí san Pablo el respeto, sumision y rendimiento con que se debe venerar la autoridad, poder ó elevacion de las potestades de la tierra, aunque los príncipes ó grandes que las ejercen, sean malos y enemigos de Dios.
  100. A las injurias ó dicterios que recaen contra la doctrina de Jesu-Christo, se debe responder aun á los superiores con vigor respetuoso; pero siempre con moderacion. Un silencio humilde no es virtud para todos tiempos y ocasiones; pero hay muy pocos que sean capaces de hablar á los grandes en tales lances de un modo que reuna la libertad que exige la causa de Dios, y el respeto que se debe siempre á la suprema autoridad. En tales lances es muy necesario implorar la especial asistencia del Espíritu santo, y atender mucho á purificar bien nuestra intencion.
  101. Esto es, el de la fiesta de las Expiaciones, la cual cala en otoño, tiempo de tempestades. Levit. XXIII. Véase Fiestas, Año.
  102. San Pablo sabe que ha de llegar á Roma: con todo eso obra como si no lo supiese. Conocia el (Apóstol que el órden sobrenatural de los designios de Dios no muda regularmente el órden natural y ordinario de las cosas humanas; porque sabe bien el Señor cómo ha de hacer que este sirva á aquel.
  103. Así se llama una ciudad de la isla de Creta, ó Candia, delante de cuyo territorio anclaria la nave. Otros, segun el texto griego, creen que asson es un adverbio, que significa cerca, contiguo, inmediato, etc.
  104. Un verdadero cristiano no insulta jamás á los que se han hecho infelices por haber despreciado los sábios consejos que les habia dado, antes bien procura consolarlos y animarlos.
  105. El paso de los latinos corresponde á una braza, ó al espacio que hay entre las extremidades de los brazos extendidos. Véase Monedas y Medidas.
  106. Dios habia prometido á san Pablo la vida de todos los que navegaban con él. (Véase el v. 24). Mas el santo no por eso espera un milagro: lo que espera es que Dios bendecirá los conatos y esfuerzos que hagan los marineros para evitar el naufragio. Nunca la confianza en Dios debe hacernos remisos ó indolentes en valernos de los medios que dicta la prudencia humana para conseguir el fin que deseamos.
  107. Algunos modernos creen que Melita no es la isla de 'Malta, sino Meleda que se llama Melita como aquella, y de la cual habla Plinio. Suponen que en Malta nunca ha habido víboras, pero si en Meleda. Así lo manifiesta la relacion que hace el sabio señor Luch. Desde que los romanos conquistaron á Malta del poder de los cartagineses, no se sabe que haya habido allí príncipe alguno.
  108. Véase Bárbaros.
  109. Que solia estar atado por medio de una larga cadena con el prisionero á quien guardaba.
  110. Por haber predicado la resurreccion de los muertos en la persona del Mesías, que es la esperanza de Israél. Antes cap. XII. v. 6.—XXIII. v. 6.—XXIV. v. 15. y XXVI. v. 6.
  111. Is. VI. v.9.—Matth. XIII. v.14.