La oración (Montgomery)

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Nota: Traducción de Miguel Antonio Caro incluída en el libro Traducciones poéticas (1889).

La oración es voz del alma,
 Ya palabras lleve ó nó,
De una llama que arde oculta
 Generosa vibración.

Un suspiro que se exhala,
 Una lágrima de amor,
La mirada que elevamos
 Cuando vemos solo á Dios.

De la fe vital aliento,
 Familiar inspiración;
Lo primero, lo más dulce
 Que el infante balbució.

Salvaguardia del que deja
 Este valle de dolor;

Llave de oro que le abre
 Serenísima región.

El clamor regocijado
 Del que al vicio dijo adiós;
El incienso que en sus alas
 Lleva el ángel al Señor.

En palabras, mente y obras
 Los que ruegan úno son,
y en su gremio los iguala
 El divino Redentor.

Y no es sólo de la tierra
 La virtud de la oración;
Quien nos ama desde el cielo
 Intercede allá por nós.

¡Oh Verdad, Camino y Yida,
 Ejemplar de perfección!
¡Buen Jesús! á orar enseña
 Al contrito pecador.

Cual rodando van los ríos
 Hacia el mar, así veloz
Huye el tiempo, y yace el hombre
 En letárgico sopor;

Yace el hombre, hasta que suene
 La final trompeta, y ¡oh!
¡Cuál será el crujir del orbe!
 ¡Cuál la horrenda convulsión!

¡Guarda, guárdame, Dios mío,
 Mientras pasa tu furor,
y á mis súplicas concede
 La esperanza del perdón!