La vuelta de Martín Fierro (1879)/21

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Nota: Se respeta la ortografía original de 1879.
21
PICARDIA

Voy á contarles mi historia
Perdonenme tanta charla—
Y les diré al principiarla,
Aunque es triste hacerlo asi,
Ami madre la perdí
Antes de saber llorarla.

Me quedé en el desamparo,
Y al hombre que me dió el ser
No lo pude conocer,
Ansi, pues, dende chiquito,
Volé como el pajarito
En busca de que comer.

O por causa del servicio
Que tanta gente destierra—
O por causa de la guerra
Que es causa bastante séria,
Los hijos de la miseria
Son muchos en esta tierra.

Ansi, por ella empujado
No sé las cosas que haria,
Y aunque con vergüenza mia,
Debo hacer esta alvertencia,
Siendo mi madre Inocencia
Me llamaban Picardia

Me llevó á su lado un hombre
Para cuidar las ovejas—
Pero todo el dia eran quejas
Y guazcazos á lo loco,
Y no me daba tampoco
Siquiera unas jergas viejas.

Dende la alba hasta la noche,
En el campo me tenia—
Cordero que se moria,
Mil veces me sucedió—
Los carancbos lo comian
Pero lo pagaba yo.

De trato tan rigoroso
Muy pronto me acobardé—
El bonete me apreté
Buscando mejores fines,
Y con unos bolantines
Me fui para Santa-Fé,

El pruebista principal
A enseñarme me tomó—
Y ya iba aprendiendo yó
A bailar en la maroma,
Mas me hicieron una broma
Y aquello me indijustó.

Una vez que iba bailando,
Porque estaba el calzon roto,
Armaron tanto alboroto
Que me hicieron perder pié;
De la cuerda me largué
Y casi me descogoto.

Ansi me encontré de nuevo
Sin saher donde meterme—
Y ya pensaba volverme
Cuando por fortuna mia,
Me salieron unas tias
Que quisierou recogerme.

Con aquella parentela,
Para mí desconocida,
Me acomodé ya en seguida,
Y eran muy buenas señoras;
Pero las mas rezadoras
Que he visto en toda mi vida.

Con el toque de oracion
Ya principiaba el rosario;—
Noche á noche un calendario
Tenian ellas que decir,
Y á rezar solian venir
Muchas de aquel vecinario.

Lo que allí me aconteció
Siempre lo he de recordar—
Pues me empiezo á equivocar
Y á cada paso refalo—
Como si me entrara el malo
Cuanto me hincaba á resar.

Era como tentacion
Lo que yo esperimenté—
Y jamás olvidaré.
Cuanto tuve que sufrir,
Porque no podia decir
«Artículos de la Fé»,

Tenia al lao una mulata
Que era nativa de allí—
Se hincaba cerca de mí
Como el angel de la guarda—
Pícara, y era la parda
La que me tentaba ansí.

«Resá, me dijo mi tia,
«Artículos de la Fé»—
Quise hablar y me atoré,
La dificultá me ailije—
Miré á la parda, y ya dije
«Artículos de Santa Fé».

Me acomodó el coscorron
Que estaba viendo venir—
Yo me quise corregir,
A la mulata miré
Y otra vez volví á decir
«Artículos de Santa Fé».

Sin dificultá ninguna
Rezaba todito el dia,
Y á la noche no podia
Ni con un trabajo inmenso;
Es por eso que yo pienso
Que alguno tentaria.

Una noche de tormenta,
Vi á la parda y me entró chucho—
Los ojos — me asusté mucho,
Eran como refocilo:
Al nombrar á San Camilo,
Le dije San Camilucho.

Esta me dá con el pié
Aquella otra con el codo—
Ah! viejas, — por ese modo,
Aunque de corazon tierno,
Yo las mandaba al infierno
Con oraciones y todo.

Otra vez, que como siempre
La parda me perseguia,
Cuando yo acordé, mis tias
Me habían sacao un mechon
Al pedir la estirpacion
De todas las heregías.

Aquella parda maldita
Me tenia medio afligido,
Y ansi, me habia sucedido,
Que al decir estirpacion—
Le acomodé entripacion
Y me cayeron sin ruido—

El recuerdo y el dolor
Me duraron muchos dias—
Soñé con las heregías
Que andaban por estirpar—
Y pedia siempre al resar.
La estirpacion de mis tias.

Y dale siempre rosarios,
Noche á noche y sin cesar—
Dale siempre barajar
Salves, trisagios y credos,
Me aburri de esos enriedos
Y al fin me mandé mudar.



La vuelta de Martín Fierro de José Hernández
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