La vuelta de Martín Fierro (1879)/25

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Nota: Se respeta la ortografía original de 1879.
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Despues de muy pocos dias,
Tal vez por no dar espera
Y que alguno no se fuera—
Hicieron citar la gente,
Pa riunir un contingente
Y mandar á la frontera.

Se puso arisco el gauchage,
La gente está acobardada,
Salió la partida armada,
Y trujo como perdices
Unos cuantos infelices
Que entraron en la voltiada.

Decia el ñato con soberbia
«Esta es una gente indina;
«Yo los rodié à la sordina
«No pudieron escapar;
«Y llevaba órden de arriar
«Todito lo que camina.»

Cuando vino el Comendante
Dijieron : «Dios nos asista»—
Llegó, y les clavó la vista
Yo estaba haciéndome el sonzo—
Le echo á cada uno un responso
Y ya lo plantó en la lista.

«Cuadrate, le dijo á un negro,
Te estás haciendo el chiquito—
Cuando sos el mas maldito
Que se encuentra en todo el pago,
Un servicio es el que te hago
Y por eso te remito.—

Á OTRO

«Vos no cuidás tu familia
Ni le das los menesteces;
Visitás otras mugeres
Y es preciso calabera,
Que aprendás en la frontera
A cumplir con tus deheres.

Á OTRO

Vos tambien sos trabajoso;
Cuando es preciso votar
Hay que mandarte llamar
Y siempre andas medio alzao;
Sos un desubordinao
Y yo te voy á filiar,

Á OTRO

¿Cuánto tiempo hace que vos
Andás en este partido?
¿Cuántas veces has venido
A la citacion del Juez?
No te he visto ni una vez
Has de ser algun perdido.

Á OTRO

Este es otro barullero
Que pasa en la pulperia
Predicando noche y dia
Y anarquizando á la gente,
Irás en el contingente
Por tamaña picardia.

Á OTRO

Dende la anterior remesa
Vos andás medio perdido;
La antoridá no ha podido
Jamas hacerte votar,—
Cuando te mandan llamar
Te pasás á otro partido.

Á OTRO

Vos siempre andas de florcita,
No tenés renta ni oficio;
No has hecho ningun servicio,
No has votado ni una ves—
Marchá.... para que dejés
De andar haciendo perjuicio.

Á OTRO

Dame vos tu papeleta
Yo te la rvy á tener.—
Esta queda en mi poder
Despues la recogerás—
Y ansi si te resertás
Todos te pueden prender.

Á OTRO

Vos porque sos ecetuao
Ya te queres sulevar;
No vinistes á votar
Cuando hubieron eleciones—
No te valdrán eseciones.
Yo te voy á enderezar.»


Y á este por este motivo
Y á otro por otra razon,
Toditos, en conclusion,
Sin que escapára ninguno,
Fueron pasando uno á uno
A juntarse en un rincon.

Y allí las pobres hermanas,
Las madres y las esposas
Redamaban cariñosas
Sus lágrimas de dolor;
Pero gemidos de amor—
No remedian estas cosas.

Nada importa que una madre
Se desespere ó se queje—
Que un hombre á su mujer deje
En el mayor desamparo;
Hay que callarse, ó es claro,
Que lo quiebran por el eje.

Dentran despues á empeñarse
Con este ó aquel vecino;
Y como en el masculino,
El que menos corre, vuela—
Dehen andar con cautela
Las pobres me lo imagino.

Muchas al Juez acudieron,
Por salvar de la jugada;
El les hizo una cuerpiada,
Y por mostrar su inocencia,
Les dijo: «tengan pacencia
«Pues yo no puedo hacer nada.»

Ante aquella autoridá
Permanecian suplicantes—
Y despues de hablar bastante
«Yo me lavo, dijo el Juez,
«Como Pilatos los piés,
«Esto lo hace el Comendante.»

De ver tanto desamparo
El corazon se partia—
Habia madre que salia
Con dos, tres hijos ó mas—
Por delante y por detras
Y las maletas vacias.

Donde irán, pensaba yo,
A perecer de miseria;
Las pobres si de esta feria
Hablan mal, tienen razon;
Pues hay bastante materia
Para tan justa aflicion.



La vuelta de Martín Fierro de José Hernández
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