Las Fuerzas Extrañas/La vida de la materia

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Las Fuerzas Extrañas de Leopoldo Lugones
La vida de la materia
SEXTA LECCIÓN


LA VIDA DE LA MATERIA


Al adquirir la tercera dimensión, las lentejas se hacen perceptibles bajo la forma de copos de luz blanca, pues mientras fueron simples cambios de estado de la energía, tuvieron una existencia tan invisible como la de las "luces" α, β, γ que la ciencia conoce ahora. Entonces es cuando empieza a haber propiamente materia y fuerza, y á desarrollarse fenómenos más familiares para nosotros.

El primero de ellos (y en relación con la materia ponderable, el primordial) es el calor, ó sea la electricidad bajo este aspecto, resultante de la fricción de los átomos[1]. Átomos dotados de una velocidad casi infinita, producen al chocar entre si una incandescencia enorme, cuyo primer efecto es consumirá muchos, ó mejor dicho refundirlos en otros, condensando así la materia al revés de lo que el calor hace ahora. Los átomos sobrevivientes de esa verdadera lucha por la existencia, representan, pues, sumas colosales de energía en equilibrio, explicándose así la proveniencia de esta energía que tiene perpleja á la ciencia. La armonía vibratoria formada por proporciones numéricas, que resulta de este acomodo tanto como de la estructura poliédrica de los átomos, es el prototipo de las vibraciones armónicas que llamamos música, y que explica á la vez la "música de las esferas" de Pitágoras y el poder constructor de la lira de Amphion; pues siendo el sonido fuerza primordial, es naturalmente fuerza creadora[2].

El calor se manifiesta al mismo tiempo que la luz roja, la luz más caliente como es sabido; del propio modo que la electricidad fría de los anteriores estados, había coincidido con los rayos ultravioletas excitadores de la fosforescencia y de la fluorescencia, manifestaciones á su vez de la radioactividad de la materia.

De aquí que el calor y la luz carezcan (en sentido material) de magnitud y de tiempo respectivamente. Basta con reflexionar que la más pequeña llama puede encender los fuegos de toda la tierra sin disminuir absolutamente, y que el rayo de luz, según queda enunciado más arriba, no se pierde por razones de distancia, viajando incesantemente. No era necesario el radium, como se ve, para hacer perceptible la infinitud de la energía, pues bastaba observar la más mísera candela como fuente de luz y de calor; pero la ciencia requiere también sus maravillas. Por lo demás, sostenemos que el olor es también una forma de radioactividad, como lo prueba el ejemplo bien conocido de la partícula de almizcle que perfuma durante un siglo sin variar de peso. Ya veremos todo el alcance de estas consideraciones[3].

La materia, pues, existía ya, cada vez con mayor tendencia hacia la inercia; y para valemos de una analogía gráfica, que encierra una verdad, por otra parte, diremos que la tensión eléctrica se había transformado en gravedad, identificándose con el volumen. La materia es, si se tiene esto en cuenta, electricidad neutra cuya tensión se ha transformado en gravedad[4].

Pero, qué era esta materia? Esta materia era el hidrógeno, cuya raya figura única en el espectro de las nebulosas propiamente dichas. El hidrógeno es la electricidad bajo forma de gas, y de aquí sus cualidades características. Todos los gases son formas alotrópicas del hidrógeno, provienen de su átomo; pero este átomo, que es el exaedro primordial antes mencionado, desarrolla al girar un torbellino formado por espirales concéntricas, según resulta de su forma en rotación, y este torbellino constituye como quien dice su cuerpo. Asi, cuando la ciencia vea los átomos, no ha de ser bajo la forma de menudas chispas[5], sino de torbellinos espiraloides enteramente análogos á los sistemas solares.

Los tres estados que la energía debió asumir á convertirse en materia, son inapreciables para nosotros mientras no llegan al perfecto equilibrio y se manifiestan bajo forma de hidrógeno. He aquí por qué en los ochos grupos del sistema de los elementos, los compuestos hidrogenados primordiales no tienen clasificación sino á contar desde el cuarto (MH4); los tres restantes son materia radioactiva pura.

Esas masas de gas incandescente, sufren diversos percances: explosiones que las destruyen, absorciones, divisiones en regueros espirales que se convierten en cometas, y desplazamientos que las arrojan al espacio con movimiento parabólico, bajo forma de cometas igualmente[6]. Este desplazamiento eterno de las masas estelares, va dejando el sitio necesario para nuevas formaciones, y así es como vive el infinito, convirtiéndose perpetuamente; todo ello sin contar los cataclismos que semejantes movimientos suponen, y que explican la forma atormentada de las nebulosas.

La lucha por la vida es activísima entre esos errantes del espacio. Unos son devorados por los que ya se convirtieron en soles; otros se conjugan y forman seres mixtos: otros se organizan en sistemas pero al cabo de cierto tiempo, ninguno es simple ya, sino una suma de otros, exactamente como el animal que incorpora á su organismo los de diversos seres; y su vida se vuelve singularmente compleja. Menester es que aquí dejemos al astro hipotético, para seguir la evolución de la vida en nuestro planeta.

Antes de pasar á otro capítulo conviene tener presente, sin embargo, que las leyes primordiales de la vida son comunes á todos los astros y á todos aplicables por analogía; así como que dichos astros nunca pierden su relación substancial, continuando ésta bajo comunicaciones luminosas, magnéticas, etc. El átomo originario sigue siendo el prototipo de cada ser, tanto en el insecto como en la estrella.

  1. En la materia no atómica, es claro que no puede haber calor.
  2. Sábese que el sonido aumenta la producción de rayos N.
  3. La emanación continua cbl radium, tanto como la propagación de la luz, el desprendimiento odorífero, etc., resultan ser movimiento perpetuo. La locura del pasado, es la razón del presente.
  4. No damos á la palabra gravedad, su acepción corriente. Para nosotros, gravedad es atracción magnética, por más extraño que esto pueda parecer. Por lo demás, la atracción en razón directa de las masas é inversa del cuadrado de las distancias, no se efectúa conforme á esta ley, según es sabido, en las masas muy pequeñas; y en las grandes, existe un hecho por demás curioso: los cometas desarrollan su cola materia más tenue que el núcleo, en oposición al sol por el cual son atraídos en razón directa de las masas, etc. Se ve, entonces, que la gravedad tiene contradicciones harto serias.
  5. Como en el último aparato de Crookes, que pone al radium en presencia del sulfuro de cinc fosforescente á la distancia de medio milímetro.
  6. La astronomía supone que algunos cometas son masas desprendidas de las nebulosas.