Las Fuerzas Extrañas/La vida orgánica

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Las Fuerzas Extrañas de Leopoldo Lugones
La vida orgánica
OCTAVA LECCIÓN


LA VIDA ORGÁNICA


En los mundos de una y de dos dimensiones, no había sensibilidad, puesto que faltaba extensión y la vida de relación no era posible por lo tanto. Al existir aquélla, ó sea el espacio de tres dimensiones, la sensibilidad se hizo posible en la materia.

Pero, qué es la sensibilidad? La sensibilidad es la radioactividad de la materia, el fenómeno por el cual ésta se transforma en energía pura; y como toda materia es radioactiva, según lo prueba el descubrimiento de los rayos N, de Blondlot, toda materia posee sensibilidad.

La ciencia se encamina rápidamente á esta comprobación, que cuenta ya con una cantidad de hechos tan grande como singular. Los rayos N, la fatiga de los metales, sus propiedades eléctricas y terapéuticas, la vida de los cristales—han demostrado ya hasta la evidencia que la sensibilidad no es una propiedad exclusiva de la materia llamada orgánica.

Ahora, en cuanto á la producción de los seres vivos, las fuerzas de las moléculas libres en el seno de los líquidos; la presión osmótica que es un fenómeno fundamental de la vida orgánica, las propiedades todavía vagas—mas no por ello menos prodigiosas—de los metales coloidales tan semejantes á los fermentos orgánicos en sus manifestaciones[1]—todo eso está indicando cómo debió producirse grosso modo el fenómeno. La generación espontánea, es entonces un hecho real, bien que limitado á épocas, por la coexistencia en ellas de diversas circunstancias; todo depende de las condiciones en que se halle el átomo.

Los seres vivos son máquinas poderosas de eterización, porque son los cuerpos más sensibles, y la sensibilidad es-ya lo hemos dicho—la radioactividad de la materia. El amor es el producto eléctrico del contacto de dos cuerpos heterogéneos[2]. La sángre es un potentísimo reservorio de electricidad.

Ahora bien, los organismos siguieron al formarse, las mismas leyes que la materia. Un solo ser, primero difuso y de constitución unitaria, desarrolló de sí mismo los primeros órganos y se propagó por los conocidos procedimientos de generación,—fisiparidad, ovulación, hermafrodismo—hasta alcanzar en la sexualidad su máximum de materialización.

Poderosas oxidaciones habían engendrado la vegetación, cuyas formas asumió previamente el reino mineral como un intento prototípico, debiéndose á dichas oxidaciones el nacimiento de la vida orgánica.

El sexo único que concebía y paría por los métodos ya descriptos, era naturalmente femenino. Todos los seres eran madres, llevando reasumido, y luego latente en su facultad de autoengendrar, el sexo masculino futuro.

De aquí que la materia haya sido considerada por las antiguas filosofías como la "gran madre" (mater-ia) personificada en el agua, pues el agua es, á contar desde el punto en que la energía pura se manifiesta como materia, una permutación de la electricidad ó sea su cuarto estado.

Procuraremos hacer tangibles estas permutaciones de la energía absoluta, en un esquema que será un resumen á la vez de todo lo estudiado.

Lo que concibe y produce por sí mismo, llevará el signo (—) el signo de la pasividad ó femenino; y el elemento engendrador el signo (+), el signo de la actividad ó masculino.

El ser absoluto, la absoluta energía en que todo se reasume al concluir el universo su ciclo de manifestación material—será los dos elementos á la vez en un absoluto equilibrio equivalente á cero (+ —); mas como de eso sale el rayo primordial, puede ser considerado como elemento femenino: auto engendra.

Previa esta explicación, véase el esquema:


Energía absoluta
Ternario
de la
ideación
— Rayo primordial (primera dimensión)
— Magnitud sin volumen (segunda dimensión)
+ Extensión (tercera dimensión)

Septenario
de la Manifestación
Cuaternario
de la
ideación
— Estado atómico (materia difusa)
+ Gas (materia expansiva)
— Líquido (equilibrio material)
+ Sólido (materia cohesiva)
Estas propiedades lo son por excelencia de los diversos estados de materia, pero no excluyen las otras; forman sus características, pero no son exclusivas.

Se ve, entonces, que el elemento femenino es el primordial, y que la situación del estado líquido (agua) en el cuadro de las manifestaciones materiales, justifica su símbolo[3].

La biología moderna considera primitivo también al sexo femenino, y cree que desarrolló su contrario antecediéndolo con la fase hermafrodita. No tenemos, pues, por qué esforzarnos en buscar mayores razones.

Conviene hacer notar ahora que esas formas de vida eran fluídicas, verdaderos moldes de las actuales por causa del enorme calor del globo y de la todavía escasa diferenciación de sus elementos; y si el radium ú otra cosa análoga, era el sólido prototípico, dichas formas debían ser luminosas, ó en otros términos manifestar más intensamente la radiación que hoy perciben apenas los sensitivos (el od de Reichenbach, la exteriorización de la sensibilidad del coronel de Rochas) y que la placa fotográfica revela como rayos N.

La fluidez de esos seres, tanto como su relación de magnitud con la tierra que, al ser casi gaseosa, era de mucho mayor volumen, debía darles una estructura gigantesca y á la vez sencillísima, para que resistieran mejor los vastos conflictos de fuerzas á que se veían sometidos.

El hombre, ó mejor dicho el ser inteligente que sería hombre con el tiempo, bogaba en el fluido glutinoso del mar universal como una célula gigantesca, sin órganos, sin conciencia, sin mente, reproduciéndose como los zoófitos y desvaneciéndose como ellos, sin morir realmente, en los seres que de su masa engendraba.

  1. Las diastasas, las toxinas, presentan también analogías sorprendentes con los metales en estado coloidal. Estos obran sobre ciertos cuerpos (formiatos, alcoholes) como las bacterias específicas de ciertas transformaciones, y son neutralizadas por los mismos cuerpos. El átomo, resumen de las fuerzas primordiales, lleva en sí resumida la potencia de todos los fenómenos, y le basta cambiar de estad) para producirlos á todos.
  2. Basta ese contacto, como es sabido, para producir electricidad; y es claro que aquí nos referimos solamente al amor físico en su más simple expresión.
  3. Haremos notar, sin embargo, que el símbolo físico del agua en todas las filosofías antiguas, es la cruz, pero ello viene de que cuando se parte del espacio de tres dimensiones, ó sea de la materia tal como podemos percibirla, el agua ocupa el cuarto lugar; siendo la cruz el símbolo cuaternario. Los dos líneas horizontal y vertical que la componen, simbolizan también el equilibrio material que es la forma líquida, y ésta era otra razón.