Los corredores

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Los zapatos colorados pg 51.jpg
«Soy de vuestro parecer» dijo el mulo.



LOS CORREDORES


 Ofrecióse una vez un premio, dos premios, un primero y segundo premio á los que diesen pruebas de la mayor velocidad, no en una sola carrera, sino durante un año entero.

 El primer premio lo ganó la liebre. « Me han hecho justicia, dijo el cuadrúpedo; es verdad que entre los examinadores tenía bastantes parientes y amigos para estar segura de ganar; ¡pero que el caracol haya obtenido el segundo premio! es cosa que considero como una ofensa para mi.

 - Nada de eso, la respondió el poste que compareció como testigo en la deliberacion del jurado examinador; fué necesario tomar en consideracion su perseverancia y buena voluntad; así lo han expuesto personas muy respetables y yo lo hallo justo. El pobre caracol, no cabe duda, que ha gastado seis meses en arrastrarse desde la puerta hasta el fondo del jardin, y otros seis meses para volver; pero en atención á sus fuerzas, es una gran rapidez, y en prueba de ello es que so ha roto un cuerno al tropezar con una raíz. Todo el año no ha hecho más que pensar en la carrera á pesar de llevar la casa á cuestas. Eso merecía una recompensa y hé aquí porqué le han dado el segundo premio.

 - Bien hubieran podido admitirme en el certamen, interrumpió la golondrina. No creo que haya nadie que hienda el aire, ni gire ni dé vueltas con tanta rapidez como yo. Vuelo con tal velocidad, que he llegado hasta el extremo de la tierra.

 - Sí, respondió el poste, pero eso es precisamente vuestra desgracia. Sois demasiado vagamunda, corriendo continuamente por tierras y mares y partís como una flecha á paises lejanos cuando aparece el frio en los nuestros. No tenéis patriotismo, y el haberos excluido del certamen ha sido un acto de justicia.

 - ¿y si en todo el invierno anido en un hoyo cualquiera para dormir como hacen las marmotas durante los frias, me admitirán entónces á disputar el premio? dijo la golondrina.

 - Ciertamente que si, declaró el poste, pero será necesario que traigáis un certificado de la vieja hechicera que reina en las madrigueras, para que conste que habéis pasado el invierno en nuestros climas.

 - Yo merecía el primer premio en vez del segundo, murmuró el caracol. Yo sé una cosa y es que lo que hacia correr á la liebre como si se la llevase el diablo, es su cobardía, porque en todo y en todas partes ve enemigos y peligros. Yo, al contrário, he escogí lo la carrera como objeto de mi vicia y he ganado una honrosa cicatriz; por consiguiente, si álguien era digno del primer premio, ese era yo. Pero yo no sé alabarme, lisonjear á los grandes, desprecio las adulaciones y me repugnan las bajezas. »

 Y el buen caracol escupió en signo de desprecio.

 « Oid, dijo el viejo peste que habia sido uno de los examinadores del certamen, los premios se han adjudicado con equidad y discernimiento; lo sostengo contra todos y á pesar de todo, á lo ménos en lo tocante á mi voto, pues procedo siempre con órden y despues de madura reflexiono. He sido ya siete veces miembro del certámen y esta es la primera vez que he logrado que adopte mi parecer la mayoría.

 » Sin embargo, cada vez fundaba mi dictámen sobre principios. ¡Vaya! admirad mi sistema. Esta vez, hallándonos á doce del mes, he seguido las letras del alfabeto desde el a, y contando hasta la duodécima, llegué á la L, de modo que el primer premio le cupo á la liebre. En cuanto al segundo, adopté el mismo medio, y como eran las tres cuando empezó la votacion, me paré en la e y di mi voto al caracol.

 » La próxima vez si se conservan las fechas fijadas, el primer premio recaerá en la letra del alfabeto que tenga el mismo número de órden que el del dia del mes en que se juzgue el certamen, y el segundo el de la hora de la votacion. Se necesita en todas las cosas regularidad y partir de un punto fijo.

 - Soy de vuestro parecer, dijo el mulo; y si yo no hubiese sido miembro del jurarlo, me hubiera dado el voto á mi mismo, porque, al cabo y al fin, no consiste todo en la velocidad; hay que tener cuenta de otras cualidades como, por ejemplo, la fuerza muscular que me permite llevar una pesada carga andando al trote. De esto no se trató en la deliberación del certamen, porque ninguno de los candidatos reunia esa condicion. Tampoco tomé en consideracion la prudencia, la astucia de la liebre, su habilidad en dar de repente un desmedido salto de lado para hacer perder la huella á los perros y al cazador,

 En lo que más me he fijado es en considerar la belleza, que es una cualidad muy especial. En igualdad de mérito, dije entre mí, dar mí voto al más hermoso. ¿Hay por ventura en el mundo nada más hermoso que las largas orejas de la liebre, tan móviles y flexibles? Es mucho gusto el verlas caer hasta en medio del espinazo; me parecia estarme viendo á mí mismo tal como era en los días de mi más tierna infancia; así es que no he titubeado en votar por la liebre.

 - ¡Bah, dijo la mosca, permitidme una mera observacíon. Yo, que tengo el honor de hablaros, he alcanzado en la carrera más de cien liebres. Me coloco con frecuencia en la locomotiva de los trenes, donde se está con toda comodidad para juzgar de su propia velocidad. ¡Cuánta s veces me ha sucedido entonces dejar atras á las liebres más ligeras! No hace mucho que un lebratilló de los más ágiles, galopaba delante del tren; llego yo, y tuvo que hacerse á un lado para cederme el puesto; pero como no pudo apartarse á tiempo, una de las ruedas de la locomotiva le alcanza y le carla la oreja de recha. Hé aqui lo que se gana luchando conmigo, y ya podéis ver con cuánta facilidad batiría yo á vuestro vencedor; pero yo no necesito premio.

 - Tomó entónces la palabra el agavanzo, y con voz bastante baja por ser algo silvestre y nada comunicativo, dijo sin timidez: « Me parece que á quien se hubiera debido conceder el primer premio de honor y aun el segundo, es al rayo de sol, pues en un abrir y cerrar de ojos recorre el inmenso espacio que média desde el sol á la tierra, y pierde tan poco de su fuerza, que él es el que anima toda la naturaleza. Á él es á quien yo y las rosas mis hermanas, debemos nuestro brillo y perfume. La sábia é ilustre comision del certámen ni siquiera se ha acordado de esto, Si yo fuese rayo de sol, les arrojaría un rayo de calor que los volver ía locos.

 » Pero no iré á criticar en alta voz su fallo. Es dulce vivir y florecer junto al verde y fresco soto y no hoy necesidad de andar en vanas disputas. Por otro lado, el rayo de sol tendrá su desquite porque vivirá más tiempo que todos nosotros.

 - ¿Y en qué consiste el primer premio? interrumpió una voz que salia de debajo tierra, y era la de un gusano que acababa en efecto de salir de su agujero, donde habia dormido hasta entónces, sin lo cual hubiera concurrido al certamen.

 - El vencedor, respondió el mulo, tiene derecho de entrar, toda su vida, en una huerta sembrada de coles y de saciarse en ella hasta más no poder. Yo soy quien he propuesto este premio, porque habiendo adivinado que lo ganada la liebre, discurrí que necesitaba una recompensa que le fuese útil; ro siempre he estado por las cosas prácticas.

 « Hé aquí, pues, la liebre, que tiene lo que necesita; en cuanto al caracol, tiene derecho de permanecer cuanto tiempo le acomode en ese hermoso seto que circunda ese jardin y de comer cuanto quiera de las flores y hojas que le adornan. Es ademas, desde hoy, miembro y juez de la junta de examinadores, porque es muy importante para nosotros tener en la comision á álguien que sepa por experiencia propia las dificultades del certamen. Y á juzgar por la sabiduría de que acabamos de dar pruebas, la historia hablará de nosotros un dia. »