Motivos de Proteo: 148

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CXLVII - Versatilidad que remata en convicción firme y segura.[editar]

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Una extrema versatilidad de ideas suele parar en una convicción más firme y segura que una roca. Y es que aquel vagabundear del juicio no era signo de incapacidad de creer, ni ausencia de personalidad resistente. Era, por lo contrarío, ese presentimiento de fe que persuade a no contentarse sino con la fe cabal y recia. Era la inquietud de quien busca su rumbo y no se aquieta hasta encontrarlo.

Toma el caminante un camino, y lo deja al corto trecho por otro, en que tampoco persevera. El espectador le tilda acaso de hombre vago o voluble. Luego, el caminante acierta a hallar la dirección que apetecía, y con la seguridad del sonámbulo, sin desviar siquiera la mirada, sigue imperturbable -aun en la soledad, aun en las sombras-, como el baqueano en las tierras vírgenes de América.

San Justino, padre de los apologistas cristianos, ofrece ejemplo de este modo de llegar, como por sucesivas pruebas y eliminaciones, al rumbo en que uno se reconoce orientado con fijeza. Ese hombre insigne fue primero pagano. Vagó después, abandonando a los dioses, por la extensión de la antigua filosofía; y pasó de una a otra de las escuelas de su tiempo, sin que le retuviesen ni las ideas de Zenón, ni las de los peripatéticos, ni las de los pitagóricos. Convirtióse más tarde a la religión revelada, y esta vez su espíritu arraigó y se reposó para siempre en la creencia, hasta abonar con el martirio la fortaleza de su grande amor. Pero aquel husmear anhelante de su pensamiento no fue inútil para el temple y el sello personal que tomó en él la fe definitiva, porque de todo ello quedó, en lo hondo de su alma, como un fermento, que sazona y enfervoriza a esa fe con la viril audacia de la razón independiente, y que, en la primera «Apología», pone en sus labios este grito sublime, cuyo sentido penetra, como un filo sutil, en la raíz de las intolerancias del dogma: Todo el que ha vivido según la razón merece nombre de cristiano.

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