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XVIII

AL REDEDOR DE UNA MESA

Al dia siguiente fué Armando en busca de Ernesto segun se lo habia prometido. Como era muy temprano, aun no habia vuelto el jóven de sus ocupaciones, por lo cual tuvo que esperarlo. Entretúvose en husmear en la pequeña biblioteca de Gonzalez, examinando los libros con toda atencion.

— No está malo, pensaba. Las obras son pocas, pero excelentes. Ernesto ha tenido buena mano para elejir; no lo hubiera creido... Temo que pueda todavia hacerme daño en mis proyectos .... Pero ya trataré de anonadarlo!

Pocos instantes despues se presentó el jóven.

— Estaba viendo tus libros, dijo Armando.

— ¿Qué te parecen?

— Decia entre mí que has elejido muy bien.