Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/285

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mento, y él fijó en mí los ojos.... Es una tonteria, pero me dió miedo. Quizá sea un presentimiento .. El es capaz de hacernos mucho daño....

Y era la verdad. Por mas que Manuela fuese una niña de ánimo entero y varonil, la mirada de Armando le causó un malestar indecible.

Ernesto se rió de esos temores que, aparentemcnte no tenian razon de ser.

Entre tanto Hazlo-todo se ocupaba de la manera de vengarse de quien habia desvanecido sus esperanzas. Era su idea fija. Estaba decidido á todo; solo le faltaba el plan de lo que iba á hacer.

La dificultad estribaba en que no podia buscar ayuda, ni aun penetrar en la casa de Arello. Tenia que trabajar de lejos.

Cuando vió salir á Manuela fijó en ella los ojos atrevidamente. La niña enrogeció é hizo ademan de volver atras, siguiendo su camino despues de un instante de indecision. Armando vió claro entonces. «Todo se ha de haber arreglado, pensó. Dá muestras de disgusto al verme, lo que prueba que ama á Ernesto; quizá se hayan dado palabra ya y se casen pronto. Es necesario impedIr que sean felices.

¿Cómo conseguirlo?»...