Página:Antigona - Roberto J Payro.pdf/90

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Hecho esto, Manuela se dejó caer en un sillon, agobiada por el cansancio, la emocion y los sufrimientos. Dolores se puso de rodillas.

Desde aquel instante no se pronunció una sola palabra. Ernesto volvió, y al ver la actitud de esos tres personages mudos y llorosos, permaneció en pié, oculto en las sombras de un rincon.

¿En qué pensaban, qué ocupaba á ese esposo sin esposa, á esa hija sin madre?

Quizá la esperanza de reunirse en lo futuro, quizá los recuerdos!

Solo en esas dos cosas puede pensarse, solo ellas pueden ocuparnos en el momento de la separacion eterna, cuando vemos cerca de nosotros á un sér querido que no es ya, á una persona amada que nos ha dejado para emprender el vuelo hacia lo desconocido, hácia lo que no nos es dado comprender.

Dolores se levantó, hizo fuego en un braserillo y sirvió té.

— Esto les hará bien. No se puede pasar una noche sin tomar nada. ¿No le parece? murmuró mirando a Ernesto.