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HISTORIA DE MARRUECOS

artillería y municiones y vivir sin inquietudes durante la guerra. V. M. comprende mejor que nadie cuántos habrían sido nuestros trabajos, si por no atar este cabo con tiempo, hubieran movido los ingleses al rey de Marruecos al sitio de Ceuta ó Melilla, ó á turbar con »un corso en el estrecho todas las medidas para el bloqueo de Gibraltar, é impedirnos los víveres para nues»tro campo.» De esta relación auténtica del primero de los políticos modernos de España, se deduce todo lo que debimos á la amistad del sultán de Marruecos; pero más aún todo lo que padecieron los ingleses por no haber mantenido á cualquier costa la superioridad de su influjo en el imperio. No era de esperar que aquella lección fuese perdida, ni los sucesos posteriores autorizan seguramente á imaginarlo. Lo cierto es que las relaciones de Sidi-Mohammed con Carlos III merecen detenido estudio por muchos conceptos, sobre todo en nuestros días.

Contribuyeron en gran parte á establecer primero y mantener luego estas relaciones, los misioneros españoles en Marruecos, y sobre todo el viceprefecto de ellas Fray José Bottas, que por sus servicios en el particular fué promovido al obispado de Urgel. Estaban los misioneros españoles en Marruecos más considerados que nunca por el respeto ó la tolerancia de los últimos sultanes, y porque al fin los naturales habían ido familiarizándose con su traje y costumbres, y admirando la virtud que resplandecía en todas sus obras. Como los sultanes empleaban á los cautivos en las obras públicas, que alternaban en los diversos puntos del territorio, y los misioneros no dejaban nunca de acompañar á aquellos en sus trabajos, llegó á ser el hábito franciscano