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la ciudad encantada de los césares

se a la altura de Villarica, es decir, cerca del paso señalado por los impostores andaluces, como el camino mas recto hácia los Cesares. Los indios pampas o telhueches, que son de suyo embusteros i falaces como todos los bárbaros, interesados ademas en atraer a sus emboscadas a los cristianos, lisonjeaban con mil burdas tramas el apetito de los descubridores; que la lengua de la mentira es como la voz de las campanas, por cuanto su eco dice siempre a nuestro oido lo que mas apetecemos para nuestro deleite o nuestra perdicion.

Mas cuando le vieron internado en sus estepas i que se disponia a cruzar el caudaloso rio Negro, frontera setentrional de la Patagonia, i su línea divisoria con las Pampas propiamente dichas, cayeron sobre el confiado campo cordobes, los telhueches i sus aliados, i pusiéronlo en inesperados apuros. Cabrera habia dispuesto formar balsas con los maderos de sus carretas, porque allí los bosques son míseros matorrales, i comprendiendo esto los recelosos pampas, tehuelches, puelches i patagones confederados, las quemaron una noche, con cuyos desastres i las pérdidas de algunas vidas, el descubridor hubo de volverse desairado a su punto de partida. Lo que mas pesar, empero, le causara fué la pérdida de un magnífico caballo ensillado que le robaron sus falsos aliados.