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LAS BELDADES DE MI TIEMPO

a lo menos: En apoyo de lo que vengo exponiendo estamparé aquí un diálogo que al respecto no le falta oportunidad:

— ¿Quién? fulanita.

— ¡Si!

— ¡Pues si tiene mas de 30 años!

— ¡Qué ha de tener 30 años, doña Escolástica, si esa niña es de ayer!

— ¡Pues misia Cándida, si está usted equivocada! Hace diez años, cuando menos, en aquel baile que le dieron a Sarmiento en el Progreso, fué una de las mas festejadas y la pusieron en la crónica... hasta dijeron que se casaba, porque anduvo toda la noche de temporada con Pedrito, mi sobrino.

— Pero usted vió que no se casó... ¡y todavía no tiene novio!

— ¡Perfectamente! y desde entonces figura, y no seria extraño que ahora la sacaran entre las bellezas de aquel tiempo cuyo libro se anuncia...

Las ventajas de la educación europea al respecto son incuestionables. Por eso la vida de la mujer que entre nosotros termina a los 35 años, allí dura hasta los 60, porque las jóvenes no salen a la sociedad sino bien preparadas y fortalecidas por la edad. Así la vida de la madre es más extensa y más duradera, pues cuando se presenta con ella lo hace como una amiga, y no con una niña inexperta a quien es preciso enseñarle hasta el sentarse bien.

No ha mucho asistía en Burdeos a un baile, y vi señoras de mas de 50 abriles que valsaban como unas jóvenes, y se hacían admirar (buenas mozas todavía), más aún por la cultura de su trato y el encanto de sus maneras que por el lujo de sus tocados y el brillo de sus joyas.

Por eso allí la mujer no pierde sus formas plásticas, ni engorda desmesuradamente, como sucede