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Quiero que el pueblo no olvide lo que fueron los agitados días que mediaron entre el 4 de septiembre y el 3 de noviembre. No hay que olvidarlo porque hay muchos interesados en que tengamos mala memoria. Jamás vamos a olvidar todas las intentonas, todos los aviesos caminos, las maniobras turbias y torvas que utilizaron para tratar de impedir que, ustedes junto conmigo, llegaramos al gobierno de la República. Todo se utilizó deleznablemente: la amenaza, la campaña del miedo y del terror, la repercusión internacional de los infundios que creaban, la acción directa, el atentado, las bombas sembradas en la noche y por último el cobarde y vil asesinato del Comandante en Jefe del Ejercito de Chile, Comandante René Scheneider. No podemos olvidar lo que pretendieron hacer los que siempre representaron los intereses comprometidos y vinculados a las fuerzas foráneas que han explotado a Chile y a su pueblo, y defendían sus grangerías y privilegios. Al mártir del Ejército de Chile le debemos, fundamentalmente, el que el pueblo esté en el Gobierno y destaco aquí, la lealtad ejemplar de las Fuerzas Armadas y de Carabineros para respetar la voluntad del pueblo, el veredicto de las urnas y la decisión del Congreso Nacional. (Aplausos)

Desde que asumimos el gobierno, sostuve que cumpliríamos el Programa que el Pueblo se había dado. La Vía Chilena implicaba construír una democracia revolucionaria en pluralismo y libertad. Dije que el camino nuestro obedecía a nuestra historia, tradición y costumbres; sostuve que aquí había sido dura la batalla para conquistar la victoria y que si había sido tremendamente dura la etapa entre el 4 de septiembre y el 3 noviembre, más dura iba a ser todavía la etapa posterior, por las dificultades que se nos iban a presentar para convertir en realidad nuestro programa. Y agregué que esta no es la tarea de un hombre, sino que —más que de los Partidos—, del pueblo organizado, disciplinado y consciente; destaqué que lo que hemos llamado la Vía Chilena, implicaba un camino nuevo

(SIGUE)