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cap.
darwin: viaje del «beagle»

varios modos, según las circunstancias: si hay debajo cualquier vegetación espesa, se deja caer en ella de pronto, y yo he visto distintamente alargarse el hilo que salía de las hileras, mientras el animal permanecía aún estacionario, como preparación para la caída. Si el terreno está despejado en la parte inferior, la Epeira rara vez se deja caer, y en lugar de eso se mueve rápidamente de un lado a otro por un paso central. Si se sigue molestándola, practica una maniobra sumamente curiosa, que es la siguiente: se fija en medio de la tela y la sacude con violencia en medio de los tallos elásticos a que está sujeta, hasta que al fin todo el sistema adquiere un movimiento vibratorio tan rápido, que hasta la silueta del cuerpo de la araña deja de verse claramente.

Es bien sabido que la mayor parte de las arañas británicas, cuando se engancha algún insecto grande en sus redes, procuran cortar los hilos que lo sujetan y dejarlo en libertad para evitar que se estropee enteramente la red. Sin embargo, en cierta ocasión vi en un invernadero de Shropshire una gran avispa hembra prendida en la tela irregular de una minúscula araña, la cual, en vez de cortar la tela, siguió con la mayor insistencia envolviendo el cuerpo, y especialmente las alas de su presa. La avispa asestaba en vano repetidas estocadas con su aguijón a su pequeño antagonista. Compadecido de la primera, después de permitirle luchar por más de una hora, la maté y volví a ponerla en la red. La araña volvió en breve, y una hora más tarde me sorprendió mucho hallarla con las mandíbulas clavadas en el orificio por donde la avispa sacaba el aguijón cuando viva. Retiré la araña de aquel sitio por dos o tres veces, pero en las siguientes veinticuatro horas siempre la hallé chupando en el mismo lugar. La araña se redondeó, hartándose de los jugos de su víctima, que era muchas veces mayor que ella.

Mencionaré aquí precisamente que cerca de Santa