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islas keeling

piedras para aguzar sus instrumentos registrando las raíces de los árboles arrojados por el mar a la playa. Y evidentemente debió de suceder esto varias veces, puesto que se habían dictado leyes declarando que tales piedras pertenecían al jefe, imponiendo además un castigo al que intentara robarlas. Cuando se reflexiona sobre la aislada posición de estas pequeñas islas en medio del vasto océano, lo mucho que distan de todas las costas, exceptuando las de formación coralina, según testifica el gran valor concedido por los indígenas, que eran audaces navegantes, a cualquier clase de piedras [1], y la lentitud de las corrientes del mar abierto, el hallazgo de guijarros como los descubiertos entre las raíces de los árboles parece maravilloso. Pero el transporte de esas piedras puede verificarse a menudo, y si la isla a que han sido arrojadas se compusiera de otra substancia además del coral, apenas llamarían la atención, y desde luego su origen nunca podría sospecharse. Además, el medio de efectuarse el traslado podría permanecer oculto por largo tiempo, dada la probabilidad de que los árboles, especialmente los que estuvieran cargados de piedras, flotaran bajo de la superficie. En los canales de Tierra del Fuego las olas arrojan a la playa grandes cantidades de madera de deriva, y, sin embargo, rarísima vez se encuentra un árbol nadando en el agua. Estos hechos tal vez arrojen alguna luz sobre el descubrimiento de piedras ocultas, angulosas o redondeadas, embutidas en masas de fino sedimento.

Durante otro día visité la isleta Oeste, donde la vegetación crece acaso con mayor exuberancia que en ninguna otra. Los cocoteros, de ordinario, están separados; pero aquí los jóvenes se desarrollan entre los adultos, y forman con sus largas y encorvadas fron-


  1. Algunos indígenas llevados por Kotzebue a Kamtschatka recogieron piedras para llevarlas a su país.