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carlos r. darwin.

semejanzas se deban á la variacion analóga que, conforme he tratado de probar en otras obras, resulta de que ciertos organismos co-descendientes, provistos de una constitucion semejante, han estado sometidos á la influencia de las mismas causas determinantes de la variabilidad. En lo que concierne á la direccion análoga de los pelos del antebrazo en el hombre y ciertos monos, se puede atribuir este carácter con muchos visos de probabilidad á la herencia, ya que es comun á la mayor parte de los monos antropomorfos; pero no con absoluta certeza, porque algunos monos americanos muy distintos la presentan igualmente. La misma observacion se puede aplicar á la falla de cola en el hombre, porque todos los monos antropomorfos carecen de este órgano. Tampoco puede atribuirse con seguridad este carácter á la herencia, porque la cola, aunque no faltando enteramente, se conserva en estado rudimentario en algunas especies de monos del antiguo y nuevo continente, y carecen de ella por completo muchas especies pertenecientes al inmediato grupo de los Lemúridos.

Si, como acabamos de ver, no hay motivo para incluir al hombre en un órden especial, podríase tal vez comprenderle en un sub-órden ó una familia distinta. En su última obra el profesor Huxley divide los Primatos en tres sub-órdenes, que son; los Antropoideos, ó el hombre solo; los Simiódeos, comprendiendo los monos de toda especie; y los Lemurideos con los diversos géneros de lémures. Por lo que hace á las diferencias que se refieren á ciertos puntos importantes de conformacion, el hombre puede aspirar, con razon sin duda, á la categoria de un sub-órden; aunque merece algo más, si tenemos en cuenta sus facultades mentales. Esta categoria seria, con todo, demasiado elevada bajo el punto de vista ge-