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carlos r. darwin.

simos penachos, adquiere la voz toda su intensidad. Entonces los machos hacen gala de sus adornos ante las hembras, llegando á descuidar su propia seguridad para enamorarlas.

¿No parece natural que cuando llegue el momento en que la hembra haya de escoger entre sus pretendientes se entregará al que crea más bello ó mejor dotado? ¿No es probable tambien que las hembras tengan desarrollado á su modo algun sentimiento estético que las haga preferir unos adornos á otros, ó los imprevistos á los conocidos? Eligiendo siempre á los machos más vistosos, las hembras serian causa del perfeccionamiento, ó simplemente de la variedad en su especie.

La seleccion sexual tal como acabamos de definirla aparece, al lado de la natural, como un nuevo procedimiento para diversificar las razas; pero puede tambien obrar de otro modo. No se limitan los machos á contonearse siempre ante sus hembras; traban entre ellos numerosos combates, de que todos podemos haber sido testigos. En estas luchas la ventaja pertenece necesariamente, ya á los más fuertes, ya á aquellos en quienes la variacion espontánea ha dotado de alguna arma nueva, o de un medio de defensa excepcional. Así pueden haberse adquirido y conservado como caractéres específicos, los espolones del gallo, por ejemplo.