Página:Compendio de Literatura Argentina.djvu/32

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tan ruidosas y apasionadas que no era dado permanecer indiferente á ellas á nadie que tuviese inclinación á cultivar la imaginación y el arte de expresar lo que es bello. Echeverría se sintió arrastrado por el encanto de estas luchas de la inteligencia: se hizo romántico, y sus poesías nos dicen de que modo influyó en su espíritu la escuela que aceptara.

Los primeros ensayos de Echeverría están encerrados en sus Ilusiones, en las que se propuso pintar los sueños y aspiraciones ideales de la juventud en general, encerrando en un cuadro pequeño, pero variado en situaciones y accidentes, un período completo de la existencia del hombre. Pero el tipo de su héroe lo había sacado de su propio corazón, delineándolo con el recuerdo de las luchas morales que él mismo había experimentado.

En 1829 la falta de recursos le obligó á regresar á Buenos Aires.

Su llegada no pasó inadvertida, «La Gaceta Mercantil» que á pesar de su pobreza tipográfica, era en aquellos días el porta voz de las novedades que podían interesar al público, había reproducido en sus menguadas columnas, dos composiciones poéticas de Echeverría, El regreso y Celebridad de Mayo, poesías como no se habían leído ni mejores, ni parecidas, desde muchos años atrás.

Pero apesar de esto, tanto el «retroceso degradante que halló en su patría á su regreso de la culta Europa, como la molesta enfermedad que le acompañó toda su vida, hicieron que desapareciera de la sociedad, retirándose como un misántropo al seno de los afectos del hogar. De este aislamiento nacieron una infinidad de producciones, de las cuales, no obstante, sólo publicó una mínima parte con el nombre de Consuelos.

El 25 de Mayo de 1831, Echeverría haciendo un paréntesis á sus dolores y desaliento, publicó en el «Diario de la tarde» su conocida Profecía del Plata. Un año después (1832) apareció su poema Elvira que publicó, como el anterior, anónimo.

Tenía esta composición por único concepto, el triunfo de las fuerzas funestas del mal sobre las aspiraciones legítimas á la felicidad. Lisardo, es la virtud y la ciencia encerradas en un alma joven y viril. Ehára, es la esencia candorosa de la belleza, bajo la forma de una mujer.

La unión de estos dos seres que se atraen por la simpatía, debía concretar en un hecho la idea de la ventura suprema; pero una mano diabólicamente envidiosa se pone entre uno y otro y los divorcia inexorable para siempre.