Página:Compendio de Literatura Argentina.djvu/70

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de nuestras naves y á la cabeza de nuestras legiones; que el honor sea su aliento, la gloria su aureola, la justicia su empresa!....

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Esa bandera cumplió ya la promesa que el signo ideográfico de nuestras armas expresan. Las naciones, hijas de la guerra, levantaron por insignias, para anunciarse á los otros pueblos, lobos y águilas carniceras, leones, grifos y leopardos. Pero en las de nuestro escudo ni hipógrifos fabulosos, ni unicornios, ni aves de dos cabezas, ni leones alados pretenden amedrentar al extranjero. El sol de la civilización que alboreaba para fecundar la vida nueva; la libertad con el gorro frigio sostenido por manos fraternales como objeto y fin de nuestra vida; he aquí cuanto ofrecieron nuestros padres, y lo que hemos venido cumpliendo nosotros como república, y harán extensivo á todas esas regiones como nación, nuestros hijos».


Es Domingo F. Sarmiento, de quien sólo hemos trazado los más señalados rasgos de su vida intelectual, uno de los publicistas más originales á la par que fecundos de Sud-América, el campeón incansable de la causa pública, cuya preocupación constante fué la de toda su vida, y cuya inteligencia poderosa, consagrada durante sesenta años al engrandecimiento de su patria y á la regeneración de América, no tuvo más impulso que las luces del saber, ni otro aliciente que la virtud sacrosanta del derecho.





Nació el 29 de Agosto de 1810 en la ciudad de Tucumán.

Por la escasez de medios que había en aquel tiempo, en las provincias, para nutrir la inteligencia de los jóvenes, Alberdi, vino á Buenos Aires á los quince años, ingresando en el Colegio de Ciencias Morales, y más tarde en la Universidad, donde concluyó sus estudios.

Era este el instante preciso, en que las ciencias morales y políticas, emancipándose del escolasticismo, trataban de elevar por el raciocinio la inteligencia de la juventud. Alberdi, dotado de un espíritu esencialmente liberal y de una naturaleza propensa para asimilarse las ideas modernas, comprendió el alcance de esta revolución intelectual, y se adhirió á ella con todo su entusiasmo ingénito.

Dos ó tres tentativas de mérito relativo, fueron su ensayo