Página:Compendio de Literatura Argentina.djvu/79

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inconveniente, no podemos ser historiadores de nuestros tiempos, porque para escuchar las lecciones de esa historia, nos estorba el ruido contemporáneo.

Pero López también es orador, orador inspirado y enérgico cuando lo exigen las circunstancias. No podrá calificarlo de otra manera, ninguno que lea su discurso en defensa del acuerdo de San Nicolás, y bien merece ese título el que después de oír las aplaudidas palabras de Portela, de Mitre y de Vélez Sársfield, se levanta convencido de sí mismo, y en medio de una multitud que le llena de imprecaciones, empieza su discurso con estas enérgicas palabras: «En el curso de esta discusión, he notado que hay quien se permite interrumpir la voz de los oradores con señales de aprobación ó reprobación, según el impulso de sus pasiones.... Bién pues! Ya que eso existe y yo no lo puedo remediar, me honro en declarar bien alto, que esas demostraciones no tendrán ninguna influencia sobre mi espíritu».

En su constante labor de investigar las minuciosidades de la historia nacional, son numerosas las publicaciones que constantemente dió á luz, sin menoscabo de continuar su obra magna, que prosiguió con laboriosidad encomiable hasta sus últimos años.

De los más notables entre aquellos trabajos, son sus Recuerdos del pasado que publicó «La Nación» el año 1894.

También tiene como novelista dos trabajos dignos de citarse La novia del hereje y La loca de la guardia.