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obedencia á S. M. Tambien mandó llamar á todos los pueblos comarcanos, y todos vinieron á dar la obedencia al rey de España y mostraban gran contento de haber salido de la dominacion de los Chiapanecos. Encontraron los Españoles en aquella gran ciudad tres cárceles de redes de madera, llenas de prisioneros, que hacian estos indios en los caminos y unos eran de Soconusco, otros de Teguantepeque, otros Zapotecas, otros Quelenes y todos se pusieron en libertad; y á los indios de Xaltepeque é Istatlan, que tenian como esclavos los Chiapanecos, que habian ayudado á los nuestros y proveidolos de canoas para pasar el rio, se les sacó del poder tiranico de dichos indios y se fueron con sus mugeres, hijos y haciendas á poblar rio abajo, cosa de diez leguas de Chiapa. Tambien habia muchos ídolos en los cues ó adoratorios, que hizo quebrar Fr. Juan de las Varillas. Concluida la conquista de Chiapa y de otros pueblos que no quisieron venir de paz, se trató de poblar una villa en aquella provincia, como lo habia mandado Cortés; perro reflexionando que era pocos los españoles y muchos los indios de la comarca, tuvieron por mas conveniente volverse á su villa de Guazacoalco.




CAPITULO 12.º
De la fundación de la Ciudad Real.

Cuando se supo en Méjico la segunda sedición de la provincia de Chiapa, que fué al fin del año de 1526, hacia de Gobernador y Capitán general de la Nueva España el Tesorero Alonso de Estrada, el que de nuevo dio titulo de Capitán, para apaciguar la referida provincia de Chiapa, á Diego de Mazariegos. Salió de Méjico este Caballero, acompañado de muchos Hidalgos, y llegado á Chiapa, halló gran resistencia en sus hahitantes, de suerte que por muchas diligencias que hizo para pacificarlos, no lo pudo conseguir. Hiciéronse fuertes en su Peñón, donde se defendieron algunos dias, peleando con tanta pertinacia, que ya no podían alzar los brazos; y viendose perdidos, se despeñaron con sus mugeres é hi-