Página:Cuentos de hadas.djvu/14

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VI

grato que el calor que apetecen vuestras ateridas manecitas en las interminables veladas del invierno:

 A cierto señoron de los que se despepitan por arreglar el mundo, y de los que calzan botas de siete leguas para seguirle la pista al desaforado gigante Progreso, se le metió en la cholla que no debiais aprender más que matemáticas. ¡Pobrecitos de mi alma! Alguna mala pasada debieron jugarle las entremetidas brujas á aquel buen señor. Pero vosotros, infelices criaturas, ¿qué diablos le hicisteis para que tan mal os quisiera? Arrópese enhorabuena con sus matemáticas, y con su pan se lo coma. La manía es harto vieja. Cuando aquel famoso caballero andante, que no dejaba títere con cabeza, no pudo salirse con la suya, digo para mi capote: «Aquí hay intríngulis.»

 No es á vosotros, oh niños de mi alma, á quienes tanta falta hacen las matemáticas, no es á vosotros, por vida mia; sino á esos pobres diablos barbones, que se rien de vuestros cuentos, y con una gravedad de Edipos de teatro casero, evocan en misteriosos conciliábulos los espíritus de las mesas y de las calabazas. A la Inquisicion con ellos.

Vosotros no intentais engañar á nadie, ni sois tan hombrazos ni tan bobalicones para dejaros engañar. Escuchais los cuentos, como jugais con los caballitos y con las muñecas. E1 sentimiento de lo maravilloso se agita en vuestro pecho, y este sentimiento no es una farsa ni una mentira. Cuando lleguéis á la seca edad de las matemáticas, lucirá como la estrella de la mar,