Página:Cuentos y cronicas.djvu/49

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CUENTOS Y CRÓNICAS


vida singular, la cabeza del Apóstol que en Roma hiciera brotar el agua de la tierra; y otra cabeza que Rodrigo Díaz de Vivar arrojó, en la cena de la venganza, sobre la mesa de su padre. Y otras que eran la del rey Carlos de Ingla- terra y la de la reina María Estuardo... Y las cabezas aumentaban, en grupos, en amonto- namientos macabros, y por el espacio pasa- ban relentes de sangre y de sepulcro; y eran las cabezas hirsutas de los dos mil halcone- ros de Bayaceto; y las de las odaliscas dego- lladas en los palacios de los reyes y potenta- dos asiáticos; y las de los innumerables de- capitados por su fe, por el odio, por la ley de los hombres; las de los decapitados de las hordas bárbaras, de las prisiones y de las torres reales, las de los Gengiskanes, Ab- dulhamides y Behanzines... Dije para mí: ¡Oh, mal triunfante! ¿Siempre seguirás sobre la faz de la tierra? ¿Y tú, Pa- rís, cabeza del mundo, serás también corta- da con hacha, arrancada de tu cuerpo in- menso? Cual si hubiesen sido escuchadas mis inte- riores palabras, de un grupo en que se veía la cabeza de Luis XVI, la cabeza de la prin- cesa de Lamballe, cabezas de nobles y cabe-37