Página:Daany Beédxe.djvu/132

De Wikisource, la biblioteca libre.
Ir a la navegación Ir a la búsqueda
Esta página ha sido corregida


Caía a la oscuridad, densa y zumbante de la nada. Por un momento, sintió un malsano placer por lograr más velocidad y deseó hundirse buscando morbosamente el fondo, su espíritu se aflojo por completo y se entregó lujuriosamente a la caída.

Sin embargo algo desde lo más profundo de su ser, algo que estaba más allá de sí mismo, lo hizo detener su caída, hasta lograr que su cuerpo flotara ingrávido entre la oscuridad y el vacío. Sus propios pensamientos no le eran claros, ya que resonaban por el eco del vacío, haciendo imposible su comprensión. Águila Nocturna se sentía totalmente indefenso y vulnerable. A una remota distancia, alcanzaba a escuchar los ritmos de unos tambores, cada vez más claro percibía, las voces de cientos de personas que entonaban un canto de poder con mucha fuerza. Fue entonces que el proceso se invirtió y su cuerpo comenzó a ascender a una velocidad vertiginosa, el vértigo de la velocidad lo subyugaba. La bruma empezó a desaparecer y la claridad se extendía por todos lados. Las voces y la música cada vez eran más fuertes y cercanas. Cuando abrió los ojos estaba acostado en las puertas de la ciudad sagrada, su cara estaba quemada por los rayos solares. Un grupo de trece hombres que cantaban y tocaban sus instrumentos, seis por lado y uno al frente. Cuando se dieron cuenta que el joven volvía en sí, callaron y esperaron la voz del maestro que estaba al frente, quien dijo:

—Sé muy bien recibido, querido y admirado aspirante. Haz llegado desde los mismos abismos del infierno, desde el fondo de la nada. Haz logrado vencer la fuerza de la inercia de la materia, que la condenan sin remedio, a la degradación y a la muerte. Haz logrado cruzar los linderos de la obsesión y la estupidez. Haz templado tu voluntad, decantado tu espíritu y fortalecido tu cuerpo. Llegas sin ninguna carga, nada que te ate. Haz perdido todo y no tienes nada, estas en la raya; volviste a nacer, ahora brotaste ante nosotros. Somos tus compañeros de destino, te hemos estado esperando, permíteme que te enseñe el camino el anciano se acercó por detrás del joven y rápidamente le tomo la cabeza, torciéndola de derecha a izquierda, con una rapidez y habilidad, que dejo pasmado al aspirante. En la base del cráneo se

132