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LIBRO IV.

iba siempre prevenido de dinero para hallarse pronto a la consecución de sus deseos, y aun lo escondía en agujeros. Hasta en la Academia se hallaron junto a una columna algunos trióbolos[1] escondidos por él para semejante referido uso. Entró una vez, junto con otros jóvenes, coronado y embriagado en la escuela de Jenócrates, y éste siguió y concluyó el discurso empezado sin alterarse en nada. Hablaba Jenócrates de la templanza, y oyéndolo el mozo Polemón, volvió poco a poco sobre sí, de manera que luego después superó a los demás en el estudio y aplicación, y finalmente le sucedió en la escuela, empezando en la Olimpíada CXVI. Antígono Caristio dice en las Vidas que su padre fue uno de los primeros ciudadanos, y de los que criaban caballos de carroza. Que su mujer lo acusó en juicio de que no la trataba debidamente y corrompía los jóvenes[2]. La misma vehemencia con que empezó a filosofar conservó siempre, sin que jamás mudase de costumbre y estilo[3]: ni aun en

  1. Trióbolo era una moneda real y efectiva de los atenienses, que valía tres óbolos o media dracma, correspondiente a unos 8 cuartos de nuestra moneda.
  2. ώς μειραχϊοις συνόντα.
  3. La frase ώστ΄ επί ταυτοϋ σχήματοςτής μορφής πάντοτε μήνειν, puede expresarse con alguna diversidad, traduciéndola literalmente así: De manera que siempre permaneció en una misma forma y figura, o cosa semejante.