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DE DIÓGENES LAERCIO.

acepto a los atenienses, que habiendo Agnonides tenido valor para acusarlo de impiedad, faltó poco para ser él el condenado. Concurrían a su escuela hasta dos mil discípulos; y en la carta que escribió a Fanias Peripatético le dice entre otras cosas: «No hay un concurso general de toda Grecia, pero tampoco es fácil a todos hallar el asiento que desean. Las lecciones mismas forman las correcciones, y el diferir y omitir todas las cosas no lo sufren ya los tiempos». En esta carta se llama escolástico. Siendo tal como era, se retiró, no obstante, por un breve tiempo él y los demás filósofos, pues Sófocles, hijo de Amficlido, había puesto ley «que ningún filósofo regentase escuela sin decreto del Senado y del pueblo, bajo irremisible pena de muerte»; pero luego al año siguiente volvieron, habiendo Filión acusado a Sófocles contra dicha ley. Entonces anulándola los atenienses, multaron a Sófocles en cinco talentos, decretaron el regreso de los filósofos y mandaron en particular volviese Teofrasto a su primer empleo[1].

 2. Llamábase antes Tirtamo, y Aristóteles se lo mudó en el de Teofrasto por su divino estilo. Aunque fue maestro de Nicómaco, hijo de Aristóteles, fue, sin embargo, su amante, según Aristipo en el libro cuarto De las delicias antiguas.

  1. χαί εν τοϊς όμοίοις ή: et in similibus esset.