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LIBRO V.

Se refiere que Aristóteles dijo de él y de Calístenes lo mismo que Platón de Aristóteles y Jenócrates, como ya notamos arriba. Es que, como Teofrasto penetrase todas las cosas con su agudeza de ingenio, y Calístenes fuese naturalmente tardo y obtuso, dijo «que aquél necesitaba de freno, y éste de espuela». Dicen que tuvo huerto propio en la Academia después de la muerte de Aristóteles, cooperando a esto Demetrio Falereo, amigo suyo. Corren de él aquellos útiles apotegmas: «Antes se ha de fiar de un caballo desenfrenado que de palabras desordenadas». A uno que en cierto convite no hablaba palabra alguna, le dijo: «Si tú eres ignorante, obras prudentemente; pero si docto, imprudentemente». Solía decir con frecuencia «que el tiempo es el gasto o empleo más precioso». Murió a los ochenta y cinco años de edad, habiendo aflojado algún tanto en el trabajo. Mis versos a él son:

No era necio quien dijo
que el arco de la ciencia de los hombres
si se afloja, se quiebra; pues Teofrasto
se mantuvo robusto,
durante su trabajo;
pero aflojando en él, perdió la vida.

 3. Refiérese que preguntado por sus discípulos si les encargaba alguna cosa, respondió que «nada tenía que encargarles, sino que la vida humana nos promete falsamente muchas suavidades por