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EL CARDENAL CISNEROS

estaba completamente admitido, permitiendo los antiguos Fueros á sus hijos heredar los bienes de los padres muertos sin hacer testamento, y Sempere, en su Historia del lujo, descubre las úlceras de tanta corrupción. Los Reyes Católicos quisieron regenerar á aquella sociedad, modelándola en su propia virtud, y Doña Isabel dio gracias al Cielo por encontrar un instrumento tan bien templado como era su Confesor para tener á raya al clero en sus desórdenes.

Propicias eran las circunstancias para acometer empresa tan noble y espinosa al mismo tiempo. Cuando habia una corte liviana como la de Enrique IV, favoritos como D. Juan Pacheco ó como D. Beltran de la Cueva, la ola de la corrupción bajaba atropellada y violenta, tanto más cuanto de mayor altura, á inundarlo todo en aquella sociedad, nobleza, clero, pueblo, pues, como decia el poeta romano:

Res haud mira tamen citharoedo principe, mimus Nobilis.

Pero cuando sobre el solio de Castilla se sentó una Princesa, hija respetuosísima, casta y severa esposa, amante madre, gran Reina, que huia por espíritu de justicia y por instinto del pudor, de las gentes disolutas y corrompidas, que son escándalo continuo y perdición definitiva de los reinos; que sólo entregaba su confianza á hombres como Cisneros, varón de entereza, de grandes luces y eminente virtud, era posible acometer con éxito la ardua empresa de reformar el clero, de enfrenar la nobleza y regenerar la sociedad. En vano los claustrales, perseguidos y castigados se coligaron y buscaron arrimos en Roma y en la nobleza. En vano el Prior del monasterio del Espíritu Santo en Segovia, con privilegios de la corte romana, favorecía la sedición de los frailes licenciosos, pues los Reyes Católicos le prendieron y ocuparon sus rentas, y aunque pudo escaparse y obtuvo en Roma de su Patrón el Cardenal Sforcia recomendaciones eficacísimas para el Rey D. Fernando y para Pedro Mártir, tan considerado en la corte, Cisneros rechazó ásperamente las gestiones de este último, que contestó al Cardenal hablándole de la conveniencia de abandonar á su suerte á aquel Prior inquieto y desasosegado que se habia puesto en pugna con un hombre que tenia toda la razón y el poder de su parte. En vano algunos grandes señores apoyaron á los Claustrales, por temor de que en manos de los