Página:El Tratado de la Pintura.djvu/35

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XIII

Marquesa de Mantua. Es también hermosísimo el de Ginebra de Amerigo Benci, doncella de singular belleza en aquellos tiempos. No se debe omitir la Flora que pintó con tan admirable suavidad y con ademan tan divino, la cual se conserva en París en poder de un particular.

Debiéndose adornar la sala del Consejo en Florencia hacia el año de 1503, se eligió por decreto público á Leonardo para que la pintara. Para este efecto hizo un cartón con delicado arte y graciosa expresión, que representaba una historia de Piccino. Empezó á pintar la obra al óleo; y cuando ya llevaba la mitad advirtió que por haber puesto una imprimación muy fuerte saltaba todo el color de la pared, y dejó el trabajo.

En aquel tiempo, que fue en el Pontificado de Pío III, y no del segundo, como dice Vasari, Rafael de Urbino, que apenas tenia veinte años, y acababa de salir de la escuela de Pedro Perugino, deseoso de ver aquel tan famoso cartón, y llevado del renombre de Vinci (que entonces tenia ya cumplidos sesenta años), marchó por la primera vez á Florencia. Quedó pasmado á vista de las obras de Leonardo, y ellas fueron sin duda aquel poderoso estímulo que le obligó á volar con tanta rapidez á la cumbre de la perfección del arte, que después fue mirado y reverenciado de todos como el Dios de la Pintura, dejando desde entonces la manera seca y dura del Perugino para pasar á la morbidez y ternura de Vinci. También presenció el jóven Rafael las historias que motivaron después aquella tan grande enemistad entre Vinci y Miguel Angel Buonarrota, que entonces tenia veinte y nueve años, y por orden del Gobierno habia