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EL CASAMIENTO DE LAUCHA

querer arreglar el boliche... Pero, la verdad; el ginebrón y las barajas, con la yapa de la taba y los gallos, hicieron que de repente comenzaran á llover demandas y más demandas, toda una papelería. El aguacil no hacía más que viajar del Pago á la Polvadera, como conchabado... Y no teníamos adonde buscar madre que nos envolviera ¡ni el zaino, que de la rodada quedó manco del encuentro!... Entonces me acordé de lo que sabía decir el viejo ño Cipriano:

—¿Ande irá el guay, que nu are!

La desgracia me había perseguido siempre, ¿por qué me había de dejar entonces?

Carolina comprendió que estábamos más fregados que unos atorrantes, que nos iban á vender la pulpería para cobrarse, que no nos quedaba ni un cobre, y un día me armó una zafacoca. ¡Cristo santo! ¡ni me quiero acordar!... Cebada con lo de los arañones, hasta agarró un palo, y principió á darme de garro-