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EN LA BRECHA.

¿Y se discutirá que el huir de la pintura de las escenas inmundas, en cuya descripción se place tanto el señor Zola, importa desfigurar el cuadro de le verdad? ¿Querrá decirse que el ocultamiento de los detalles de baja naturaleza, que necesariamente deben existir en la vida terrena de un sér humano, es un pecado contra la fidelidad que parece pregonar la idea de naturalismo?

¡No, por Dios! Más ó menos bien analizadas, todos tenemos las mismas ideas respecto del objetivo del Arte. No ha sido nunca y no puede ser otro, que el de mejorar. Toda la fórmula del progreso está en esa palabra; por el culto á lo bello, nos hemos modificado, pasando sucesivamente de nuestras primeras etapas de tendencias groseras y puramente vegetativas, hasta ser el hombre de pensamientos elevados, que busca sin cesar, como un ave que remonta su vuelo al espacio, más ancho campo á sus santas aspiraciones de libertad.

¿Qué fuera del Arte, si no tendiera á elevar nuestra inteligencia en el amor de una vida cada vez más pura? Es justamente presentándonos de continuo las más bellas formas y las más altas ideas, cosas ambas que implican ocultación de detalles groseros, que el Arte cumple su sagrado ministerio en la Humanidad. Es así como entra á figurar en el número de los factores del Progreso.

Zola no es, pues, un poeta, puesto que le falta el sentimiento de delicadeza que caracteriza á esos sublimes desterrados, y que los lleva á hacer la selección de los detalles más bellos que por todas partes ofrece la naturaleza, de tal manera que es posible medir las fuerzas